Ella llevaba un par de minutos mirándolo a los ojos. Julián dio un profundo respiro y entonces despegó los labios.
—Lo que no te he dicho es precisamente lo que más quiero que sepas. No imagino una vida a la que le falte tu sonrisa por la mañana. De hecho, no puedo imaginarme a mí extrañando tu sonrisa por la mañana. Ni por las tardes, ni por las noches…, a veces creo que soy yo el que debe pedirte perdón por haberte escrito demasiadas cosas sin tu permiso.
—¿Me has estado escribiendo cosas? Lo siento, es que yo ni enterada.
—No te preocupes. Creo que es mejor así.
—¿Julián? ¿Estás bien?
Pero Julián no se atrevió a mirarla a los ojos.
—Lo que pasa es que me gustaría tener suficientes palabras, ¿sabes? Cuando no te veo siento tantas ganas de traerte de vuelta y por eso escribo. Pero ahora no sé, es como si al mirarte en mi mente de pronto los pensamientos dejaran de hacer ruido.
—Eso es muy bonito.
—Y duele. Quiero decir, duele no poder decirte lo que sólo puedo escribir a tus espaldas. Mira, voy a tratar de sintetizarlo: te quiero. Todo lo que quiero decirte se resume en eso. No necesito que respondas, sólo que lo sepas. Te quiero y me alivia quitarme este peso de encima.
—Julián, a veces hay cosas que no comprendemos en el momento, pero te prometo que…
—No lo prometas. No necesito saber que mañana todo va a seguir siendo como hoy, eso es algo que asumo todos los días.
—¿Seguro de que no has estado bebiendo?
—Sabes lo que opino de las bebidas. Estoy triste y los efectos de la tristeza son peores que la de cualquier licor.
—…
—Mira, yo a veces quisiera ser distinto a lo que soy ahora.
—¿A qué te refieres?
—Que quisiera ser alguien mejor sólo para ti.
—No tienes que cambiar por una persona.
—Quiero hacerlo por mí, porque sé que estaría mejor sabiendo que soy suficiente para ti.
—Me tienes en un pedestal.
—Te lo has ganado.
—No lo creo.
—Nadie cree ser capaz de merecer un lugar importante en la vida de otra persona, eso se gana y a veces no hay méritos de por medio. Juraría que nos pasa a todos. ¿Tú nunca te has sentido así?
—Creo que no es momento de hablar de esto, Julián. En serio. Y ya tengo que irme.
—Espera. Hay otra cosa que tengo que decirte.
—Dime.
—Te quiero.
—Ya me dijiste eso.
—Nunca es suficiente.
Ella guardó silencio.
—Julián, lo que tú sientes no es amor, sino una necesidad de estar bien contigo mismo. Y no lograrlo es frustrante. Enfermizo. ¿Entiendes lo que digo?
Julián asintió.
—Lo siento.
—Nada de eso. Ven aquí.
Fue entonces cuando ambos se acercaron para abrazarse. Y él la abrazó como se abraza a alguien que se está a punto de perder. Aquel abrazo pasó en cámara lenta. Julián trató de encerrarla como si, además, intentase encerrar su alma, o dejar la suya al lado de la de ella. Pero luego ella se marchó y Julián regresó al coche, donde le estaba esperando su amigo que había visto toda la escena.
—¿Le dijiste todo? —preguntó su amigo.
Julián mintió con un asentimiento.
—Vámonos ya.
Mientras el carro ganaba velocidad por la carretera, Julián miró a través de la ventana a la gente, las luces y las casas. Y entonces el mundo le pareció un lugar demasiado grande.





Mabel
Muy bueno. Un abrazo y mi voto desde Andalucía.