Ojos negros

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No recuerdo si fue porque había llegado demasiado pronto a causa de una confusión con el horario o porque el tren venía con retraso, pero aquella mañana la espera en la estación se me estaba haciendo tediosa e interminable. Hacía frío y para sentarse apenas si había unos incómodos bancos de cemento anexos a una pared. Mis pies estaban doloridos de tanto recorrer el andén; mi mente ya no hallaba ideas en que ocuparse y mi ánimo comenzaba a ser presa de la impaciencia. Y, en medio de aquellas incomodidades, o, tal vez, para huir de ellas, mis ojos se posaron sobre unas líneas breves, perdidas en la pared entre un sinnúmero de garabatos y signos.

¿Qué había en aquellas líneas para atraer mi atención? Lo ignoro. Tal vez la frescura de la tinta, o la forma de la letra o, simplemente, que algo en mi inconsciente había querido verlas distintas de los demás textos que afeaban aquella superficie. Me detuve a leerlas, y sus palabras entraron en mi mente como un bálsamo que, al instante, me hizo olvidar toda incomodidad. Eran tres versos recientes, escritos con rotulador verde; con letra redonda, firme, hermosa; letra de mujer, de mujer joven; y expresaban un pensamiento tan bello, sin duda, como el alma y el rostro de su autora.

Qué importa que mis ojos no sean verdes,

si con estos ojos negros

puedo igual ver el verdor de las hojas”.

Por fin, llegó el tren. Subí; me acomodé en mi asiento al lado de la ventanilla, y ante mis ojos comenzó a desfilar el paisaje verde de la costa acompasado al ritmo de aquellos versos que en mi mente seguían resonando, y de aquella conjunción de imágenes vi surgir unos ojos que, sin ser verdes, podían captar igual el azul del cielo que el verdor de la pradera. Ojos de mujer; de mujer joven, sensible y hermosa, inteligente y pletórica de vida. Ojos negros.

A partir de aquel día, al entrar cada mañana en el andén, mis ojos volaban hacia aquellos versos para recrearme una vez más en su lectura. Y, a fuerza de leerlos, de mí se fue apoderando un imperioso deseo de conocer a su autora; ver sus verdaderos ojos, sus labios, su rostro. Y mi mente comenzó a hilvanar cábalas y deducciones que pudieran algún día proporcionarme aquel placer.

Si aquellos versos estaban en la estación, sin duda su autora habría de frecuentarla, y, por ser joven, no podía sino tratarse de una estudiante de las que a diario compartían conmigo el mismo tren para desplazarse al instituto concentrado en una villa cercana. Una alumna de secundaria, que un día, cansada, como yo, de tanto esperar, había plasmado en aquella pared la huella de su alma.

Sin disimulo mis ojos observaban los movimientos de cada una de aquellas jóvenes que cada día esperaban el tren, en busca de un indicio que me permitiera descubrir a la autora de aquellos versos. Palmo a palmo escudriñé aquella pared en busca de algún nuevo texto que, salido de la misma mano, pudiera guiarme hacia mi objetivo. Y, a falta de resultados, mi fantasía se aplicó a soñarla, a construir su imagen a partir de los datos de que disponía. Aquella letra redonda me hablaba de un espíritu redondo, sin aristas; un rostro redondo, más bien, ovalado; con unos senos redondos, generosos, igual que los muslos y las caderas. Y todo integrado en un conjunto tan armónico y firme como su letra y el pulso de la mano que la escribió. La imagen que cada día me acompañaba luego en todo mi recorrido.

Pasaron los días y los meses, y mi desilusión acabó por llevarse consigo mis esperanzas y también la intensidad de mis pesquisas. Y, cuando ya aquella obsesión parecía haberse borrado de mi pensamiento, un día, en el asiento de enfrente, vi sentarse a una joven de pechos generosos, de rostro ovalado, labios carnosos, iluminados por una sonrisa angelical, y unos ojos negros, rebosantes de vida que fugazmente se cruzaron con mis ojos. Por un instante, sus mejillas se ruborizaron y bajó su vista. Abrió su mochila; sacó su móvil y, a través de su pantalla, se ausentó de mi presencia secuestrándome también sus ojos. Dos estaciones después se bajó del tren sin apartar del móvil su mirada. Mas, aquellos ojos negros, que fugazmente había visto, ya nunca más se borraron de mi mente.

Caracas, 30 de Septiembre de 2007

 

Comentarios

  1. Qwertytantos

    20 octubre, 2016

    Todos tenemos a un autor que no dejamos de buscar…me ha encantando Germán, sugerente y divino.Mi voto y un saludo.

    • GermánLage

      20 octubre, 2016

      Gracias, Qwertytantos, por haber leído este relato y por tan elogioso comentario.
      Un cordial saludo.

  2. Mabel

    20 octubre, 2016

    Muy buen Cuento. Un abrazo Germán y mi voto desde Andalucía.

    • GermánLage

      20 octubre, 2016

      Gracias, Mabel, por leerme y por tu comentario.
      Un afectuoso saludo.

  3. LluviaAzul

    20 octubre, 2016

    Querido Germán, maravilloso cuento. Un abrazo, fuerte.

    • GermánLage

      20 octubre, 2016

      Gracias también a ti, LluviaAzul, por haberme leído, y por tu elogioso comentario.
      Un cordial saludo.

  4. Sualvez

    20 octubre, 2016

    Me gusta mucho tu relato, pleno de imagenes y de emociones. Un abrazo!!

    • GermánLage

      21 octubre, 2016

      Gracias, Sualvez, por haberte permitido leerlo y por tu comentario,
      Un cordial saludo.

  5. gonzalez

    20 octubre, 2016

    Me gustó mucho. Te felicito, amigo Germán. Me quedo con la frase “Qué importa que mis ojos no sean verdes, si con estos ojos negros puedo igual ver el verdor de las hojas” Excelente. Mi voto y un fuerte abrazo! (Hace más de un año, creo, escribí algo que tiene un lejano, muy lejano, pero parecido a esta historia. Si querés leela, http://www.falsaria.com/2015/06/los-destinos-la-vida/)

    • GermánLage

      21 octubre, 2016

      Gracias, González, por haber leído mi relato y por tan elogioso comentario.
      Gracias también por haberme enviado el enlace de tu hermoso cuento, de cuyo disfrute, de no haberlo hecho, me hubiera visto privado.
      Un cordial saludo.

  6. Lourdes

    20 octubre, 2016

    Me ha encantado tu relato Germán. Que bien escribes!!!. Una va absorviendo las palabras con tanto gusto que no desea que acaben nunca. Me ha encantado la fantasía. Creo que es algo que nos pasa a todos aquellos que amamos la literatura. Fantaseamos con el autor/a y componemos su imagen y pensamientos en nuestra cabeza. Un beso. Y mi voto

    • GermánLage

      21 octubre, 2016

      Hola, Lourdes. La verdad es que la admiración que expresas hacia mi forma de escribir me llena de satisfacción. Lo malo es que, si algún día llegase a creérmelo, ese mismo día empezaría a decepcionarte, porque seguro que bajaría la intensidad de mi concentración. Mientras tanto, prefiero seguir considerándome lo que soy: un eterno aprendiz.
      Gracias, Lourdes, por haberme leído y por tus comentarios. Un fuerte abrazo.

  7. Charlotte

    21 octubre, 2016

    Cuánta belleza, Germán. El verdadero romanticismo está hecho de trocitos de fantasía. Un abrazo y mis felicitaciones

    • GermánLage

      21 octubre, 2016

      Hola, Charlotte: gracias por haber leído este relato y por sentido comentario.
      Un afectuoso saludo.

  8. Anakin85

    21 octubre, 2016

    Que bonita historia, Germán. Parece mentira pero, gracias a las cosas más insignificantes y pequeñas, como esta que nos narras, pueden surgir esta clase de sentimientos y esa inspiración que pocas veces en la vida nos iluminará. Un abrazo y mi voto, amigo!

    • GermánLage

      21 octubre, 2016

      Hola, Anekin: Sotto voce voy a revelarte un secreto: con este relato he pretendido rendir un homenaje a nuestros predecesores; aquellos que, por no tener una Falsaria a través de la cual expresar sus sentimientos, se veían obligados a confiarlos a la corteza de un árbol o a la pared de una estación. Los precursores de las redes sociales, que hoy no levantan los ojos de una pantalla.
      Un saludo afectuoso, Anekin.

      • Anakin85

        23 octubre, 2016

        Cierto es, Germán, un homenaje precioso este que has hecho! Me he sentido identificada en la parte en que, muchas veces, sobre todo en mis viajes, me paro a leer muchos de estos escritos de los que hablas. Algunos son lapidarios!

  9. arcano

    21 octubre, 2016

    Enhorabuena Germán, muy bueno tu relato. Es fascinante cómo atrapa tu historia, tan sencilla e inspirada a la vez. Sólo unos ojos negros podían ser tan seductores como tus palabras … Mi voto y mis felicitaciones.

    • GermánLage

      22 octubre, 2016

      Hola, Arcano: gracias por haberte permitido leer mi cuento y por tus entusiastas elogios.
      Un cordial saludo.

  10. irisdeasomo

    22 octubre, 2016

    Un cuento precioso Germán, lo he disfrutado muchísimo, saludos y mi voto.

    • GermánLage

      22 octubre, 2016

      Hola, Irisdeasomo: Gracias, por haber leído mi cuento y por tu comentario. Yo, a mi aire, sigo buceando en tu interesantísima página.
      Un cordial saludo.

    • GermánLage

      23 octubre, 2016

      Hola, Edagar: Gracias por haber leído mi relato y por tu comentario.

  11. Miss_Eli

    23 octubre, 2016

    Precioso relato. Hay versos que enganchan, que no se olvidan. Solo unas palabras, unidas de forma precisa, pueden mantener un sueño despierto. ¡Gracias!

    • GermánLage

      23 octubre, 2016

      Hola, Miss_Eli; Gracias por leer mi relato y por tu comentario. Cierto; hay versos que no se olvidan, como tampoco olvida uno los personajes de tus cuentos.
      Un cordial saludo.

  12. Santiago Accini S.

    23 octubre, 2016

    Muy bonito relato. Lo que dice Lourdes es muy cierto, escribes con palabras tan acertadas y de una forma tan bonita que el texto se deja leer con mucha facilidad. Te felicito, un abrazo.

    • GermánLage

      23 octubre, 2016

      Gracias, Santiago, por haber dedicado tu tiempo a leer mi relato, y por tus elogiosos comentarios.

    • GermánLage

      23 octubre, 2016

      Gracias, Mafalda, por leerme y por tu comentario. Ya he visto que estás de vuelta a casa; pues, bienvenida.
      Un cordial saludo.

  13. Eder Noriega

    23 octubre, 2016

    Wow. Excelente narrativa mi amigo Germán. Usted es un maestro jejeje. Mis respetos, se lo digo con toda sinceridad y sin hipocresía. Dios le siga bendiciendo ese talento. Mi voto sincero para ti. Un fan más. Te invito a leer un adelante de mi primer capítulo de una obra que pronto lanzaré al mercado…me caería como anillo al dedo su opinión y la valoraré en gran manera.

    • GermánLage

      23 octubre, 2016

      Gracias, Edgar, por tus encendidos elogios, aunque, a mis 71 años ya poca mella me puedan hacer. Pero nunca amarga un dulce.
      Ya he leído el avance del primer capítulo de tu novela. Sé que el resto no defraudará.
      Un cordial saludo.

  14. JAB

    23 octubre, 2016

    Hola Germán, a través de tu relato me vinieron a la cabeza los interminables viajes en tren y en metro que realizado, como me sigue pasando, un minúsculo detalle durante el trayecto o en la misma estación, encendía una historia y en muchas ocasiones viajaba a dos sitios distintos a la vez.
    Una gran historia y un cordial saludo.

    • GermánLage

      23 octubre, 2016

      Eso es la vida, JAB; está hecha de pequeños detalles; lo importante es saber trasnformarlos en satisfacciones.
      Gracias por haberme leído, y un saludo.

  15. icorre

    23 octubre, 2016

    Qué tres versos más buenos! Como todo el relato. Un abrazo y mi voto,

    • GermánLage

      29 octubre, 2016

      Gracias, Icorre, por dedicar tu tiempo en leer mi relato y por tu comentario.
      Un cordial saludo.

  16. Fisquero

    24 octubre, 2016

    Bueno Germán, que puedo yo añadir a lo que – con justicia- aquí ya se ha dicho de tu exquisito relato. En ocasiones las casualidades y el azar suelen concurrir,dando lugar a situaciones que dejan huella.
    Saludos amigo.

    • GermánLage

      29 octubre, 2016

      Gracias, Fisquero, por seguir dedicando tu tiempo a leer mis publicaciones y por elogioso comentario.
      un cordial saludo.

  17. Daniel Peraldi

    25 octubre, 2016

    Excelente Germán. He visto todo lo que describís con un detalle perfecto. Yo también he buscado amores mas ensoñados que reales en trozos de vida que encontré desparramados. Un abrazo grande, muy buen texto. Va mi voto.

    • GermánLage

      29 octubre, 2016

      Hola, Daniel: gracias por heber encontrado tiempo para leer este relato y por tu elogioso comentario.
      Un afectuoso saludo.

    • GermánLage

      17 noviembre, 2016

      Hola, Franz; gracias por tu comentario y mis disculpas por no haberte contestado antes.
      Un saludo.

  18. Calle

    13 noviembre, 2016

    ¿Y si fuera suficiente imaginar?… Entonces nunca estaríamos solos. buen relato Germán.

    • GermánLage

      17 noviembre, 2016

      Bueno, a veces un compañero imaginario también aporta su alivio.
      Un cordial saludo y mis disculpas por haber tardado tanto en cantestar.

  19. Vladodivac

    27 noviembre, 2016

    “Qué importa que mis ojos no sean verdes,

    si con estos ojos negros

    puedo igual ver el verdor de las hojas”.

    Precioso Germán, de verdad, es un relato que me llena de melancolía y sabes que ella es la hermana guapa de la tristeza.
    Mi voto por supuesto y un abrazo compañero.

    • GermánLage

      27 noviembre, 2016

      Definitivamente me quedo con la hermana guapa.
      Gracias, Vladodivac, por leer mis relatos y por tu comentario.
      Un cordial saludo.

  20. Ruba

    13 febrero, 2017

    “Qué importa que mis ojos no sean verdes, si con estos ojos negros puedo igual ver el verdor de las hojas” Hermosas palabras en un sublime relato. Esos viajes en el tren que te hacen soñar.
    Mi voto y un saludo.

    • GermánLage

      13 febrero, 2017

      Gracias, Ruba, por rebuscar en mis textos y seguir leyéndome.
      Un cordial saludo.

  21. Ratón

    19 abril, 2017

    Lírico. Me recordó algunos relatos de Gustavo Adolfo Bécquer.

    • GermánLage

      19 abril, 2017

      Cierto, Elko, pero un Béquer un poco actualizado.
      Un cordial saludo.

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