Mientras vivas en esta tierra

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MIENTRAS VIVAS EN ESTA TIERRA

       El sol aún no ha salido y los gallos ya están homenajeando con sus cantos la tierra de los ancianos muertos. Camina uno por la calle empedrada con una antorcha en su mano, arropado por un silencio misterioso sin ningún tipo de presunción pero con la idea de alimentarse con algo de esa pequeña felicidad que brindan esas aves. Luego pasan otros dos: uno con muletas y otro con el espinazo encorvado acompañado de un perro, arrastrando una carreta con candados y llaves para venderlas en la plaza de mercado. De repente rompe la quietud el grito desesperado de una que sufre con un dolor en su brazo derecho desencajado desde el hombro. Su nombre es Anita y en ese momento se encuentra sentada sobre el tronco de un árbol desgarbado, con las manos negras y uñas muy parecidas a las de Perry, su loro viejo desarrapado de pico escamoso, alas erizadas y ojos opacos.

      Perry ha perdido casi todas sus fuerzas pero menos su capacidad de imitar todo lo que escucha. Le gusta cantar para Anita y decirle te quiero, porque sabe que con eso le saca una buena sonrisa.

La cabeza de Anita posee un tic nervioso muy leve pero es permanente. Su mirada está cansada, su cabello blanco se perfila desgreñado y desabrido. Su piel se encuentra mancillada por las arrugas y no ve la hora en que alguno de sus hijos, nietos o bisnietos vengan tan siquiera a decirle «hola mamá, hola abuela».

—Otro día más —lo dice con una tristeza mezclada de rabia y ansiedad. De pronto agarra un pedazo de leña, se arma de coraje y lo ve. Contempla lentamente a ese gran monstruo de barro en forma de cúpula echando candela por la boca y desata su furia contra él. Su pedazo de leña termina hecho trizas y el tal monstruo permanece intacto. Perry canta en ese momento y Anita aterriza de nuevo su ira.

—¿Qué me está pasando? —se pregunta.

—El horno —dice Perry.

—Ya lo sé. El horno.

—El horno —repite Perry.

—¡Oh carajo!, se me están quemando las…

—Almojábanas —repite Perry.

            Anita comienza a sacar del horno de barro una bandeja con almojábanas en forma de aros gruesos, con el tamaño aproximado de la palma de una mano y las organiza en un platón de madera. Cruza su mirada con Perry: «Mientras tenga fuerza en mis piernas y en mi brazo izquierdo lo seguiré haciendo Perry. Tú me comprendes. Gracias a ti me siento viva y con esperanza». De pronto comienza el ritual acostumbrado torciendo una camisa con mucha dificultad; le faltan fuerzas pero lo logra. Después coloca la camisa en forma de bola encima de la cabeza y más arriba el platón. El cielo oscuro truena y llueve. Por su mente pasa el recuerdo del día en que fue abandonada por su venerado hijo en aquella tierra donde la felicidad es escasa como la hierba en tierra de verano.

            Anita espera y cuando escampa se despide besando a Perry en su cabecita y camina en silencio con su platón en la cabeza como otros más de aquellos que transitan la calle principal de la tierra de los ancianos muertos. La mañana ya está clara pero es húmeda con olor a pasto, aun así, pinta su belleza el sol dorado las hermosas flores y los espléndidos árboles cargados de frutos frescos. De repente tropieza, cae y se maltrata el brazo inválido; casi todas las almojábanas terminan rodando por el suelo y en segundos son devoradas por cientos de palomas.

—He notado que casi todos los días te pasa lo mismo — dijo un anciano extendiéndole su mano.

—Me distraje y tropecé con una piedra.

—Si lo sé. ¿No crees que sea tiempo de abandonar ese oficio y aceptar tu realidad?

—¿Tu no lo comprendes, verdad? ¿Sabes por qué estás aquí?

—Mis hijos se dedicaron a sus empresas. Me trajeron y me visitan todos los meses.

—¿Qué te traen? ¿Qué te regalan?

—Me traen todo lo que necesito.

—¿Eso te hace feliz?

—Yo vivo feliz con todo lo que me dan.

—¿Te han dicho alguna vez cuanto te quieren?

El anciano se queda pensativo tragando saliva mientras ve como Anita se repone del dolor y continúa con su marcha a la plaza de mercado. Luego la alcanza, le pone la mano en el hombro y le dice:

—Eres muy valiente pero tengo una curiosidad… ¿Qué te hace feliz a ti en esta tierra?

—Mientras vivas en esta tierra y no tengas a alguien que te quiera de verdad, estás muerto.

 

 

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    24 octubre, 2016

    Los ancianos por tener más experiencia en la vida, nos enseñan muchas cosas que el día de mañana nosotros enseñaremos a nuestros hijos, debemos de comprometernos con ellos en cuerpo y alma y ser bondadosos a la hora de extraviarnos un poco. Tenemos que tener conciencia de todo lo que nos enseñan y amarlos por encima de todo, porque la felicidad está en cada persona y tienes que regalarla a los demás con generosidad. Un abrazo Eder y mi voto desde Andalucía.

    • Eder Noriega

      24 octubre, 2016

      Muchas gracias Mabel. Espero que este pequeño relato ayude a tomar conciencia de la importancia de darle más amor a los ancianos, especialmente a nuestros padres y abuelos. Hay que darle mayor estima y hacerlos sentir útiles para que vivan mejor. Gracias por su voto y comentario.

  2. Imagen de perfil de gonzalez

    gonzalez

    24 octubre, 2016

    Excelente, amigo Eder. Coincido con vos. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

  3. Sualvez

    24 octubre, 2016

    Hola Eder. Muy lindo tu relato. Igualmente el mensaje. Oh… las almojabanas…

    Un abrazo

  4. Imagen de perfil de Germán Lage

    Germán Lage

    24 octubre, 2016

    Un buen relato, Eder; muy tierno y con un sentido mensaje.
    Un cordial saludo.

  5. Imagen de perfil de Patry

    Patry

    24 octubre, 2016

    Excelente relato. Me da tanta tristeza y, a la vez, rabia que los hijos, nietos etc se olviden de las personas mayores. Pienso en mi abuela y en cómo la echo de menos y… no me parece justo que sigan sucediendo cosas así. Mi voto para ti.

    • Eder Noriega

      24 octubre, 2016

      Es triste decirlo pero así es. Conozco personas que maltratan a sus abuelos. Otros los abandonan en asilos y jamás se acuerdan de ello. Yo aún sigo afirmando que mientras vivas en esta tierra y no tengas a alguien que te quiera de verdad, estás muerto.

  6. Imagen de perfil de JAB

    JAB

    25 octubre, 2016

    Muy lindo relato Eder, con un trasfondo duro y real: el olvido a nuestros mayores. Un saludo y mi voto

    • Eder Noriega

      26 octubre, 2016

      Muchas gracias Jab. Miraré tus trabajos y te daré mi opinión.

  7. Imagen de perfil de Claudio_3

    Claudio_3

    30 octubre, 2016

    Un buen relato, felicitaciones, me gustó como lo has escrito, los sentimientod que imprimes en tu relato. El final me provocó un nudo en la garganta. Saludos y te dejo mi voto.

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