Gracias por todo, amigo.
Te extraño, te amé, te entregué toda mi confianza y sé que tú hiciste lo mismo. Sé que te dolió. Sé que viviste esto tan profundo y tan doloroso como yo. Gracias por traicionarme y lastimarme, por intentar quitarme lo único que amaba, por conseguirlo, por esforzarte. Gracias por enseñarme que ella no era perfecta. Gracias por regresar mis pies a la tierra. Gracias por desaparecer sangrando, perro.
Tenemos suerte de que mi violencia nunca vaya más allá de mis fantasías oníricas y rara vez llegue a mis fantasías diurnas. Te habría matado mil veces y de mil maneras posibles. Te habría descuartizado, enterrado y abandonado. Te habría ahorcado, quemado, apuñalado y disparado. Te habría hecho explotar en tu auto, o en tu cuarto con tu gato. Pero tendría que haberme matado también, tendría que haberme disparado, aventado de un puente o ahorcado. Tienes suerte de que yo quiera vivir. Tenemos suerte de que mis fantasías violentas sólo son un puñado de imágenes insoportables e incomprensibles que jamás se harían realidad. Además, sé que tú harías exactamente lo mismo. Lo sé, porque te sé, te conocí hace quince años y sé que somos inmensamente similares. Por eso te amo, a pesar del odio que me hiciste sentir hacia ti.
Te odié, te aborrecí, te deshumanicé. En mi mente desaparecieron todas tus cualidades y resaltaron todos tus defectos, tu ojo chueco, tu barbilla hundida, tu barba mediocre, tu falta de realidad. Te agregué otros tantos, llenos de mí, traidor, tantos defectos que te convertiste en un pedazo de mierda repudiable e intolerable. Nos llené de dolor y odio. Actué, dije, hice y deshice a través de ese odio. Planeé, medité, elaboré y construí con ese odio. Pero al final se derrumba todo aquello que con odio se construye. Bajé hasta mi punto más miserable, llegué al fondo de mi abismo. Pero ella me tendió una mano y me ayudó a subir. Ya no era perfecta, pero seguía siendo buena.
Ella, la que tiene todos los adjetivos del mundo, la que tiene todos los defectos del mundo, la que tiene todas las cualidades del mundo. Ella. Ella me eligió, a pesar de todo. Ella sigue aquí, a pesar de haber entrado en ti. Ella, a quien ya no veía venir, apareció a mi lado, decidiendo al final que sí quería estar junto a mí. Tú eras mejor, excepto porque eras un traidor de mierda, pero eras mejor para ella. Quizás al final descubrió algo en mí que yo no podía ver. Pero no vino sola, te trajo. Siempre te trae consigo. No puedo verla sin verte a ti, aunque no estés presente. No puedo pensar en ella sin pensar en lo que hicieron, en lo que me hicieron. A mí…
Me lo merecía, de cierto modo, y en cierta medida. ¿Pero así? ¿Mi mejor amigo y mi mujer? Vaya, no sería ni la primera ni la última vez que esto pasa en el mundo, pero es mi primera y, espero, mi última vez en esta situación. Yo alguna vez la engañé, nunca se lo conté y esperé olvidarlo. Pero mi alma nunca se tranquilizó y fue hasta que este mal amigo rompió mi tranquilidad que pude contarle a ella. Error. No muy grande, nada reparador, pero un total error. Sí, el error fue hacerlo, el siguiente error fue no decirle a tiempo. No mentía al expresar mis sentimientos. Mentía al decirle que por tantos años ella había sido la única. Eso me partía. Me dolía. Me mataba…pero poco a poco el tiempo fue curando ese dolor. Ya sentía por ella la fascinación del principio, la adoración, el amor total sin fin. Ya no lo sentía en mí cuando todo esto comenzó. Y fue su turno de traicionarse y de traicionarme.
La traición fue múltiple. No fue sólo un evento ni una oportunidad. Fue un día. Fue un millar de besos. No fue sexo, según lo que sé y lo que quiero creer. Aunque a veces lo creo. Pero no sólo fue eso, fueron mentiras, fueron discusiones, fueron palabras que no querían ser. Fue una bofetada con explicación, pero sin justificación, porque ningún acto de violencia se justifica. Fue control, fueron celos, miedo, odio… Nada de eso existía antes de ti, traidor. Cuando no eras un traidor todo era perfecto…te di mi confianza, a pesar de ver esto venir.
Todos los amigos comunes me dijeron “no, él no haría algo así”, las primeras veces que desconfié de ti, y me lo tragué, pensé “claro, él no es así…”. Pues me falló la confianza. Se la di a un imbécil que no la merecía. Y con eso me demostraste que ni a los amigos más viejos los puedo amar tanto. No tenían la culpa mis otros amigos, ni el más viejo, ni el mejor… Pero gracias a ti dejé de confiar en ellos. Aún no recupero esa parte de mí noble y confiada que abría su corazón para que sus amigos entraran y robaran cuanto quisieran, y parece que tardará un buen rato en regresar. Todos me pidieron confiar en ti, y todos se equivocaron, como yo lo predije.
Amigo, traidor, humano, cualquiera. Me he dado cuenta de que eres un ser humano normal, con sentimientos intensos pero sin control sobre ti mismo. Me he dado cuenta de que aprendí muchísimo de esta horrible experiencia. Me di cuenta de que, aunque al principio de todo esto no era así, podría vivir sin ella en mi vida, no es lo que quisera, pero aún así sé que estaré bien. Me he dado cuenta de que las dos personas que conocía con la moral más fuerte y los principios más firmes se traicionaron hasta los huesos. Nadie es impenetrable a la tentación hormonal. Nadie.
Ahora, haciendo las hormonas de lado, te entiendo. Entiendo tus procesos. Entiendo tu frustración y tu molestia, tu enojo y tu tristeza. Te entiendo y te compadezco, por ser tan humano. Por ser tan similar a mí. Por no haberte ayudado antes a que esto no se saliera de control. Lo lamento mucho, amigo. Te extraño, como dije antes, pero eso no significa que quiera verte de vuelta, no quiero que regreses, no quiero volver a verte en mi casa ni cerca de mi mujer. Me gustaría verte feliz a pesar de nosotros, con una vida sin contacto con nosotros y sin futuro con nosotros, porque sólo entonces sabré que habrás superado aquello tan profundo y dañino que sentiste por la mujer de tu mejor amigo, y porque, la peor parte, supiste que era mutuo. Pero todos te amábamos. Yo más que ella. Eras mi hermano, lo fuiste por quince años. Ahora te pienso y lloro en silencio. A veces lloro de verdad. Ahora no eres más que un desconocido, alguien cuyos movimientos no comprendo y de los cuales desconfío. Si me falta tiempo para curar mi confianza en aquellos que no me han traicionado, imagínate cómo será contigo. Lo lamento mucho. Lamento tu pérdida. Pero lamento más haberte dado tanto y haber recibido esto. Traidor. Te deseo lo mejor, lejos, muy lejos de mí.
Tu hermano.
Tu viejo amigo.
Tu alguna vez rival.




Mabel
Muy buen relato. Un abrazo Carlos y mi voto desde Andalucía.