Le quemaban las piernas por la caminata. Llevaba todo el día cuesta arriba y cuesta bajo, y cuesta abajo y cuesta arriba. Congelando cada mínima cosa en la memoria de la cámara. Llevaba el pelo enredado por el viento y la humedad del ambiente metida en los huesos. A su alrededor el día llegaba a su fin, el cielo cada vez más oscuro. Se había alejado demasiado del punto de partida, habían pasado horas desde que comenzara a inspeccionar aquel lugar. Tranquilidad. Todo estaba tan silencioso y en calma…cerraba los ojos y no oía más que el sonido de sus pisadas, su respiración pesada tras la bufanda, las hojas y papeles que el viento arrastraba por el suelo, los árboles que se mecían. Nada más. ¿Dónde se había metido todo el mundo? La noche aún no había llegado aunque estaba próxima y aquel sitio estaba desierto. Ni perros ni gatos siquiera. Casas con puertas y ventanas cerradas, ninguna luz asomaba. Tampoco salía humo de las múltiples chimeneas a pesar del frío. Observando atentamente cada detalle a su alrededor cayó en la cuenta de que estaba sola, todo lo demás completamente cerrado, hermético, daba la sensación de que todo trataba de esconderse. Se encendió repentinamente la farola más próxima, la luz titilante arrojando su propia sombra a la calle. Parada como estaba con la bufanda ocultándole todo salvo los ojos, y la cámara encendida entre los guantes apuntando a ninguna parte, no había advertido la caída de la noche, se le había pasado el tiempo. Quizás debería volver. ¿Pero cómo? En cualquier dirección que mirase solo divisaba oscuridad, la farola a su lado solo llegaba a iluminar la distancia entre ellos y la verja al frente. Se acercó a la verja y tocó el hierro helado de los barrotes. Intentó mirar más allá pero poco se veía, la silueta de una casa, la hierba del jardín en estado de dejadez. Pocos detalles. Volvió junto a la farola y se sentó en el suelo. Mejor quedarse allí bajo la luz y esperar que conseguir perderse intentando llegar a alguna parte. Abriendo el bolso se acordó del móvil que llevaba dos días sin cargar, apagado cualquiera sabía dónde ¿qué bien le habría venido, no? Buscó el bollo de crema recién hecho que había comprado por la mañana nada más llegar a aquel lugar. Pero no estaba. ¿Se lo había comido? No lo recordaba. La verdad no recordaba muchas cosas de ese día. Se había levantado, desayunado, abrigado y dicho que iba a salir a tomar fotos, a aquel sitio tan pintoresco del que le habían hablado. ¿Qué nombre tenía? Tampoco recordaba. Realmente no recordaba nada salvo el paisaje, ni voces, ni sonidos, ni miradas de otras personas. Así que debió traer el bollo de crema de casa, no podía ser de otra forma. Quizás había comenzado a caminar y caminar y había ido a parar a otro sitio, despistándose, sin darse cuenta… quizás no había llegado a salir de la cama, quizás aún dormía… no, no era posible, estaba despierta, más que despierta y lo sabía en su estómago rugiente y el frío en su cuerpo, en la punta de la nariz que le dolía, las manos, los pies…”con[N1] los pies fríos no se piensa bien, no estoy siendo coherente, estoy cansada, estoy helada y esto es muy raro”.
- Ten, te ayudará a entrar en calor- . Dijo repentinamente una voz a su derecha. Soltó la cámara entre sus piernas flexionadas en el suelo y cogió la taza humeante que le ofrecían. Apenas estaba sorprendida.
- Gracias-. Bebió un sorbo de aquella cosa caliente y espesa y tan deliciosa…bajó rápidamente hasta su estómago que se relajó de inmediato agradecido.
- ¿Qué es? No sabe a nada que hubiera probado antes.
- Un poco de todo y de nada. Y sí lo sabes, tú me enseñaste a prepararlo.
- No lo recuerdo. De hecho, no te recuerdo.
- No siempre se recuerda cuando se despierta… ¿dónde estuviste? Hacía tanto que no venías por aquí… te extrañaba.
- ¿Lo hacías?
- Todos lo hacíamos.
- No me he dado cuenta cuándo has llegado…
- Puedo ser muy silencioso… - dijo el pequeño apenas entre susurros.
- ¿No tienes que ir a casa? Es muy tarde para que estés aquí… – comentó ella tras una larga pausa. Vamos que te acompaño…
- ¡No! No me quiero ir, quiero estar aquí, tú estás aquí.
- Pero yo soy mayor y tú eres un crío-. Se puso de pie rápidamente e hizo ademán de adentrarse en la oscuridad. - Voy a llevarte a tu casa, ¿por qué vives aquí, no? Tienes que saber cómo salir de aquí aunque esté oscuro, si has podido llegar, debemos poder volver…
- Espera.
Esa voz grave no era la de un niño. Al darse la vuelta se encontró con un hombre que la miraba desde toda su altura. Le sacaba al menos dos cabezas y su pelo negro, ondulado y espeso le llegaba a la altura de las caderas. Los ojos de un verde que no existía.
- Vale, de ti me acuerdo…-. Vaya si se acordaba. Era el tipo con aquella moto vieja y aquel perro enorme, siempre de aquí para allá, siempre disponible cuando se le necesitaba.
- Soy más reciente. Ahora deja de hablar, deja de pensar. Ven, siéntate conmigo y termínate eso, se enfría.
- De acuerdo.- Mientras volvía a sentarse en el suelo esta vez junto al tipo gigante comenzó a reírse, las carcajadas sonoras en la noche.
- ¿De qué te ríes?
- Esto es tan propio…-. Le sonrió.
- Lo sé. Ahora cuéntame algo. Has estado muy lejos, quiero saber.
- ¿Tan lejos?
- Mucho. Pero sabía que volverías-. Le sonrió con aquella mirada verde tan imposible suya, sus ojos inteligentes que sabían tantas cosas.- Bienvenida de nuevo.





Mabel
¡Me encanta! Un abrazo Noelia y mi voto desde Andalucía
mingus
Muchas gracias!
GermánLage
Misterioso y enigmático. Quizá por eso se deja leer tan bien; por eso y porque está muy bien escrito.
Un cordial aludo, Mingus, y mi voto.
mingus
Gracias por pasarte Germán, hacía mucho que no entraba!