Ella era roja

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Buenas tardes! Hace mucho no me aparezco por acá. Sin embargo, hoy los invito a leer el prefacio de lo que, espero que, será mi nueva novela.

Un abarzo a todos y espero comentarios que me ayuden a crecer como escritora!

 

Ya la recordaría más tarde, y para el resto de sus días, como Roja. Tenía un gran tapado rojo, de un rojo tan intenso al igual que sus labios y tan carmesí como los mechones de su ardiente melena, al igual que la llama de sus fervorosas pecas. Además, poseía en sus manos ese libro viejo, de portada color sangre, tan aburrido como intrigante con su tapa de aquel color sólido de muerte y nada más.

Ella miraba ansiosa a un lado y al otro de la calle. El semáforo estaba en rojo, podía cruzar, pero no se decidía. Él no le sacaba los ojos de encima y ella siquiera le dirigió una simple mirada de reojo. La luz cambió a verde y los autos comenzaron a circular de nuevo en su coreografía infinita, con el mismo dinamismo que los niños en la plaza del frente se balancean en sus hamacas.

Los niños iban y venían, tocaban el cielo y retornaban al infierno, se reían y finalmente lloraban cuando el envión los empujaba tanto que el vuelo mismo provocaba su inminente caída. Los autos marchaban a una velocidad constante, siempre tan monótona y continua, con su interior de gente apurada y mal humorada porque otra vez llega tarde al trabajo. Y ella allí, fuera de este mundo y ajena a todo lo que ocurría a su alrededor, que no se habrá imaginado como de repente todo ese dinamismo se detuvo por su culpa. Los niños pararon, los autos frenaron. Todo porque ella se decidió a cruzar. Y es que el Rojo y el verde son tan dispares y contrastan tanto como la vida y la muerte.

Él miró la situación y lo único que hizo fue frenar sus pasos en seco y atinar a sacarse los auriculares, pero finalmente se los dejó. La música electrónica acompañaba las imágenes que aparecían frente a sus ojos. Se sentó en una banca cerca suyo y suspiró mientras veía el muchedumbre de gente inútil intentando hacer algo cuando en realidad todo estaba perdido. Veía una ambulancia llegar y se imaginaba que sus sirenas emitían aquella música sintética que él estaba escuchando.

Él no era indiferente a lo que estaba pasando, claro que no ¿quién lo estaría? Más bien todo lo contrario. Él estaba muy conmocionado con la situación que acababa de suceder frente a sus ojos. Todavía recordaba los chirridos de los autos, así como el momento del golpe, tan altos y siniestros, que hasta había atravesado sus auriculares y lo único que quería hacer ahora era pensar en otra cosa, escuchar otros sonidos, aislarse de los gritos y las sirenas de las ambulancias. Quería correr, pero no podía, sus pies se desplomarían si siquiera osaba a pararse.

Él lo había visto todo. Roja lo había mirado fijamente, con ojos muertos en vida y continuó la conexión de sus miradas mientras ella se precipitaba sin miedo a la Avenida repleta de autos. Él también vio el momento exacto en que el airbag se abrió y salvó a la conductora, que tuvo la mala fortuna de salir a andar con su auto justo cuando a Roja se le ocurrió suicidarse de una forma más que extraña. Sin embargo, cuando un policía se le acercó para pedirle una declaración de testigo, creyó haber olvidado todo.

No recordaba qué hacía allí, ni qué estaba haciendo. Tuvo ganas de llorar y tirarse al suelo al igual que un niño, pero le daba vergüenza hacerlo delante de aquel policía, tan varonil y musculoso, tan intimidante y rígido de mirada, que lo escrutaba con sus ojos impacientes en busca de una respuesta.

– No vi nada.- Respondió el joven que sabía qué había pasado, pero que no recordaba nada.- Pregúntele a la gente que está allá – Dijo señalando con la cabeza a la gente llorando que se encontraba todavía reunida en un pequeño grupo de desprotegidos, los mismos que habían querido ayudar, los que primero quisieron ser parte y llamaron a aquel policía.

– Ellos no han podido decirnos nada. – Claro que no, pensó él.-Pero sí nos han dicho que usted se ha encontrado aquí desde el momento en que ocurrió el incidente. Hágame el favor y acompáñeme con mis colegas.

Con malas ganas y con miedo de trastabillar en el intento, se paró lentamente y siguió al señor policía. Cuando llegaron lo suficientemente cerca como para dejarlo ver todo, pero haciéndose quienes no podían dejarlo pasar por ser confidencial, dos policías diferentes al anterior lo acribillaban a preguntas que no sabía responder y que solo los irritaban más de lo que estaban.

Él sabía que esto le estaba ocurriendo porque vio ese rojo tan espantoso antes que cualquier otra persona se haya percatado de ello y escuchó segundos antes el horror y los gritos comiencen a aflorar desesperadamente del pecho de las personas presentes.

Un flaco escarba dientes recitó en voz alta para sus compañeros, y él escuchó sin querer queriendo, la primera frase del libro que traía la chica Roja entre sus manos.

La vida es bella cuando solo te quedan 24 horas.- Dijeron al unísono, el flaco escarba dientes para sus compañeros y él lo suficientemente bajo como para que nadie lo oyese.

El horror de haber suscitado aquellas palabras sin saber por qué lo invadió por dentro.  En aquel momento comprendió todo y emitió un grito de dolor.

No le hizo falta escuchar, que el cuaderno había sido escrito a puño y letra. Podía recitar de memoria todo su contenido. Él lo había escrito, en sus sueños de no sé cuántas noches atrás.

Comentarios

  1. Mabel

    8 noviembre, 2016

    A medida que vamos escribiendo, la historia se va diseñando, programándose a todo nuestro Mundo. Un abrazo Mar y mi voto desde Andalucía.

  2. Patry

    8 noviembre, 2016

    Me encanta. Muy bien narrado cada detalle, cada sentimiento. Espero la continuación de la historia.

  3. Walter Alan

    9 noviembre, 2016

    Me encanta tu historia, que genial, no nos hagas esperar para la continuación. Un saludo, te sigo y mi voto.

  4. Errante wey

    29 noviembre, 2016

    ¡Vaya!, el final me ha dejado con montones de curiosidad encima. Me muero por saber qué pasó después. Saludos.

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