La escalera real

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Hola, un cordial saludo a todos, hoy he decidido compartir un nuevo cuento con ustedes, es un poco largo por eso ofrezco mis disculpas, espero que la lectura no se les haga muy tediosa, además ofrezco mis agradecimientos a todos los que tengan la oportunidad de leer este humilde cuento y demás está decir que son bienvenidas todas sus opiniones acerca del mismo.

La escalera real

Sólo las cucarachas y el fuego perenne que arde en la hoguera son los únicos testigos del crimen, eso creí, ignorando que alguien más había sido testigo presencial del pecado que me ha condenado al infierno, peligroso testigo que ahora amenaza con desvelar mi más recóndito secreto, ese testigo tiene un nombre y una apariencia conocida, porque fue mi mejor amigo y la única persona en que pude confiar ciegamente, una persona de la que conozco cada una de sus mañas, debilidades y  pasiones, una persona que conozco muy bien y  que miro todos los días… al verme al espejo, ya saben entonces que no exagero al decir que lo conozco muy bien.

Ahora trastornado por la locura esporádica que se presenta en la figura del hoy occiso que se aparece como fantasma en mis fantasías, que aun en la muerte no me deja vivir en paz, no puedo callar mis pecados, no me queda de otra que hacer esta confesión escrita para que todos conozcan la verdad… yo lo maté, el otrora confiable y decente caballero al que todos mostraban su admiración, se ha convertido en una de las lacras más detestables de la sociedad, un vil y vulgar asesino.

Pero os ruego por favor, tened piedad, no me juzguen tan duramente, no antes de conocer toda la historia, y entonces sí,  descarguen su látigo contra mi espalda desnuda y háganme padecer del mismo fuego que padeció mi víctima, y al igual que yo hice con él,  ignoren todo clamor de misericordia que brote de mi boca, y dejar luego que el fuego consuma este terrible y doloroso remordimiento.

Pero antes presten sincera atención a este documento, porque no son razones las que quiero exponer,  tan sólo quiero desahogarme, lo hago como última voluntad para  así poder descansar en paz.

Todo comenzó una tarde de verano, cuando cayendo el crepúsculo unos camaradas, apresurados y a todo galope llegaron hasta los predios de mi propiedad para avisarme que mi padre yacía borracho y moribundo a orillas del lago Madine. Inmediatamente los hice ir a buscarlo escoltados por dos de mis fieles sirvientes. Media hora después estaba en la cama en su habitación, el médico no tuvo tiempo de llegar, pues la gravedad de la condición de mi padre no se lo permitió. Murió a las 7:30 pm, y antes de dar su último suspiro nos confesó que había adquirido una deuda con un viejo conocido perdiendo  la fábrica y todos nuestros bienes y ahorros en una partida de póker, dejándonos solos y sumidos en la más triste y profunda miseria.

Después de la muerte de mi padre nuestras vidas cambiaron para siempre, ya no contábamos con la fábrica que era la responsable de nuestra distinguida posición económica, nos vimos en la obligación de desprendernos de todos los lujos y pertenencias a las cuales ya nos habíamos habituado, mientras que nuestras deudas con el apostador crecían en intereses, después de un año lo poco que nos quedaba apenas nos alcanzaba para comer, mi madre se vio en la obligación de vender los bordados que hacía por las tardes antes sólo por diversión, ahora para completar la despensa, mientras que mi hermana trabajaba en casas de amigas, limpiando los pisos y lavando los platos, trabajos que hasta hace muy poco consideraba indigno de su estirpe.

Nos encontrábamos en una situación compleja, y producto de esa misma complejidad tomé una resolución un tanto desesperada, la cual contemplé con buenos ojos después de confirmar que no tenía más opciones.

Una mañana de domingo  salí muy temprano, sin dar parte a nadie de mis planes, esa misma mañana me presenté ante Carlos Mateo, el hombre con quien mi padre había adquirido la deuda, y en un ataque de desesperación me desprendí de todo  mi orgullo, y me eché a sus pies suplicándole piedad.

La deuda que manteníamos con ese hombre me obligaba a tratarlo como la realeza, a pesar de que no era más que uno de los más detestables y vulgares habitantes del pueblo, un hombre de la más asquerosa calaña, que bien se había ganado su apodo de “el cerdo”, no tanto por su prominente obesidad sino por sus actuaciones deshonestas.

Frente a él me arrodillé suplicando, mientras él sólo se reía con creciente entusiasmo.

-sabes te pareces mucho a tu padre. Su risa resonaba en toda la habitación.-El también vino a mi suplicando de rodillas, y con esas mismas lagrimas que se asoma en tus ojos, y mi respuesta a sus suplicas fue la misma que voy a dar a las tuyas.  Mi amigo cuando se habla de dinero yo no puedo dejar pasar las faltas así nada más, lo siento no puedo mostrar mi… enorme piedad en esta ocasión. Evidentemente el cerdo estaba siendo sarcástico.

-Podemos llegar a un acuerdo. Le dije.

-que clase de acuerdo puedo hacer yo con un noble caballero como tú.

-puedo trabajar para usted. Le dije.

-¿Cómo dices?

-puedo trabajar para  usted. Esta fábrica fue de mi padre, y yo sé muy bien el negocio, hasta hace sólo un año era mi herencia, yo puedo trabajar para usted, y así pagar la deuda que nos pone a sus pies.

El cerdo se sonrió, recorrió la habitación rascándose la barbilla y adoptando un semblante reflexivo dijo.- ¿Sabes qué?  Me agrada tu idea, como veras no hay mucha gente trabajando aquí, y los pocos que quedan no saben nada de esta mierda.

-entonces no se diga más, trabajaré para usted y así cumpliré con mis obligaciones.

-está bien, empiezas el lunes, pero te lo advierto, es mucho dinero lo que me debes, así que trabajaras como un esclavo, entiendes, te tengo en mis manos, eres mío ahora.

El lunes y según lo acordado estuve muy temprano en la fábrica, empecé a trabajar para el cerdo bajo condiciones infrahumanas y por un sueldo irrisorio del cual tenía que abonar la mitad a la deuda heredada de mi padre.

Pero con el tiempo no tardé mucho en convertirme en un hombre de valor en la fábrica, y sólo un mes después ascendía en posición aunque con los mismos beneficios, sin embargo seguía siendo no menos que el esclavo del cerdo.

Yo me repetía tratando de hincharme el orgullo que algún día yo vería nuevamente hacia arriba, el cerdo me escuchaba y me decía, “si mira hacia arriba”, “allí” y me señalaba un grueso mecate colgado en la viga de madera, “ese es tu destino”, sólo lo hacía para ridiculizarme ante los demás quienes complacidos no dejaban de mofarse del quien se había convertido ahora en el bufón de todo el pueblo.

Ya para el otoño  de ese año, las cosas en la fábrica habían cambiado por completo, ahora  éramos sólo el cerdo y yo, todos los demás habían sucumbido ante los tratos vejatorio del cerdo y simplemente se habían marchado, algo que a mí, también me daba ganas de hacer, simplemente marcharme,  pero la deuda que sostenía con el cerdo me amarraba a sus designios con irrompibles grilletes de acero, no me quedaba de otra sino aguantar con estoicismo la amarga condena.

Sólo quedábamos él y yo, encargándonos de todas las actividades diarias y entre el calor sofocante que se desprendía de los poderosos hornos encendidos, la ruina del caótico lugar en que se había convertido la siderúrgica, un creciente cólera fue naciendo en mí, en ocasiones empuñaba el cuchillo, mientras el me daba la espalda, y sólo imaginaba como seria tomarlo de su grueso cuello y rebanárselo, para luego colocar su cabeza en un cazo con una manzana en la boca, la rabia empezaba a dominar mis sentidos.

Las primeras obligaciones con el cerdo las pude, aunque con mucho esfuerzo, cumplir a cabalidad, pero los intereses generados por los mismos eran enormes, y se incrementaba con cada nuevo amanecer, la deuda ya parecía imposible de pagar.

Una tarde al regresar de la fábrica, me sorprendió una noticia que hirió mí  ya pisoteado orgullo en lo más profundo, el cerdo había ido ese día a mi casa, única propiedad que nos quedaba, con la intensión de proponer una forma de pago que nos deslindaría de nuestras deudas de inmediato y definitivamente, sólo pedía poder desposar a mi hermana y así perdonaría toda la deuda, hasta el último centavo. Me opuse rotundamente a la idea, pero hasta tal punto estaban desesperadas las mujeres de la casa, que empezaron a contemplar el ofrecimiento del cerdo como una posibilidad.

Entonces bajo estas circunstancias, y díganme si ustedes no hubieran hecho lo mismo en mi posición, tomé una determinación definitiva,  ¡sí!  Claro que si, había otra forma de deshacernos de la deuda que nos oprimía, y era simplemente deshacernos del adeudado.

En los días siguientes me propuse seguirle los pasos al cerdo, lo seguía a cada lugar que iba, después de una semana ya sabía su rutina de memoria, la cual variaba de ir a los diferentes bares del pueblo, al depósito de chatarra a trazar uno que otro negocio sucio, y a jugar en los clubes de apostadores. Y fue precisamente en este último sitio que me di cuenta de algo increíble, las maneras en que el cerdo se había apoderado de una fortuna tan basta que le hacían el dueño de casi la mitad de Lorena.

El cerdo además de ser una persona despreciable, era además un gran apostador, nadie lo había visto perder dinero en el juego del póker, así se había  granjeada su fortuna, de ganar a los distinguidos caballeros apuesta exorbitantes como la que había llevado a mi padre a la muerte. Su estilo de juego era de lo más notable, cuando se hablaba de juego nunca la suerte estaba en su contra, pero tampoco las mañas. Prestando mucha atención me di cuenta de cómo hacía para hacerse ganador en cada partida, pues este barajaba las cartas de una manera poco usual, después de un tiempo me di cuenta que cuando barajaba siempre lo hacía de la siguiente forma, cinco veces hacia adelante, dos veces hacia atrás, y luego seguía con el mismo estándar por diez a quince veces más, para luego tomar la mitad de las cartas y hablando sandeces como método de distracción aprovechaba para mirar la última carta de cada medio resultante, al colocar el mazo de cartas en la mesa procuraba con mucho cuidado inclinar con el meñique el mazo de cartas para que el contrincante al cortar lo hiciera en una posición cercana a la última carta del segundo grupo  que él ya había marcado, y de esta forma procurarse una mano ventajosa, pero además tenía  otro secreto, el cerdo era practicante del arte de la prestidigitación. Al descubrir esto sólo pude reír de amargura, el cerdo ganaba con trampas, y con trampas había llevado a mi padre a la tumba, era un verdadero mago con las cartas, sus técnicas de prestidigitación eran tan rápidas y sutiles que nadie se daba cuenta que al sentarse en una mesa junta a él estaban destinados a perderlo todo, con eso había logrado timar a más de una veintena de millonarios en toda Francia, pero ahora yo sabía su secreto, me desprendí de mi primera idea de ir a por el cerdo, y esta vez había procurado una venganza más dulce.

Los días siguientes me hice de una idea más clara de su técnica de juego, logré conocer cada uno de sus trucos, y tan sólo un par de semanas después había desarrollada una  técnica de juego bastante aceptable con la cual gané mucho dinero en algunos bares, lo suficiente para desahogarme en la deuda que mantenía con el cerdo, y evitar que mi hermana pasara por tal tormento que supondría desposar a tan asqueroso personaje por necesidad. Después de un mes, mi fama como jugador me había granjeado un nombre, me empezaron a conocer como “el suertudo escoses”, y sólo tres meses más me bastaron para cumplir con mis obligaciones con el cerdo, pero allí no habían quedado las cosas, porque aun la deuda de honor estaba pendiente.

Me hice de una técnica de juego propia, también de una identidad falsa, y haciéndome pasar por un influyente catedrático escoses, me sumergí en los bajos fondos, me procuré además un buen disfraz para  ocultar mi identidad, y haciendo eco de mi habilidad jugando al póker, desafié al cerdo a una última partida, sólo él y yo, apostando mano a mano en un juego de póker.

El día designado llegó, alrededor del bar donde se llevaría a cabo la partida se reunió una gran cantidad de personas, muchas de ellas armadas, el cerdo nunca había perdido en apuestas de esa magnitud, si perdía esta vez, esa noche se armaría una guerra.

Las apuestas esa noche iban 10 a 1 a favor del cerdo, nadie daba crédito de que yo pudiera ganar.

El juego se presentaba como una gran batalla, y tan sólo al comenzar un gran silencio azotó al auditorio, el cerdo hizo sus jugadas y yo las mías, y en el clímax del juego su rostro mostraba  una creciente desesperación al verse perdido, sudaba como el cerdo que era, sus manos temblaban al tomar cada carta, entonces vi el momento ideal para hacer mi última jugada, puse el contrato sobre la mesa y dije. -el cerdo, ciertamente su sobrenombre es conocido hasta en Escocia señor, es usted toda una celebridad por ser muy rico. Se le conoce  además por jamás declinar una apuesta, y más cuando se trata de mucho dinero, ahora yo le tengo una propuesta que si es cierta la leyenda no podrá dejar pasar, un todo o nada, se bien que usted es dueño de una prolífica fábrica de hierro, y una vasta fortuna, yo tengo menos, pero lo suficiente para hacer peso a sus propiedades y cerrar este trato.

-¿Cómo dice? dijo con voz temblorosa el cerdo.

-como lo oye, todas sus posesiones por toda mi fortuna, uno de los dos saldrá de esta mesa con todas las propiedades del otro, acepta o tiene tanto miedo que va a dejar escapar la oportunidad, se va a dejar bajar los pantalones ante este humilde servidor.

El cerdo me miró con desprecio, tomó el bolígrafo y puso su nombre justo al lado del mío, mientras un estallido de emoción me embargó al imaginar la cara del cerdo al saber quién era su verdadero contrincante.

Pero lo único predecible de la vida es que esta es totalmente impredecible, y a mis 4 reinas el cerdo replicó con una escalera real. “yo gano señor, yo siempre gano” dijo para terminar, mientras sus aliados lo felicitaban como quien felicita al rey en su cumpleaños.

Al día siguiente una sensación de vacío me abatía, sentía rabia,  tan cerca y ahora tan lejos de deshacerme de mi pesada carga, dejé que el deseo de venganza me controlara y el mismo me había llevado nuevamente a la desgracia.

El cerdo llegó más temprano que de  costumbre a  la fábrica, muy alegre como era natural.-veras amigo como me he convertido en el hombre más feliz del mundo. Dijo dándome fuertes palmadas en la espalda.-fue tan fácil timar a ese idiota anoche, como veras algunas personas creen ser muy lista, más lista que yo, pero todos son unos tontos, porque todos se dejan engañar por este hombre al que todos despectivamente se refieren como el cerdo, pero me deberían llamar… el genio. Ha pero que hombre tan idiota ese de anoche, dicen que es escocés, es nuevo en esta zona, y es tan patético, seguro no lo conoces verdad… porque  sabes… me sorprendió algo  de él, se parecía mucho a ti,  tenía tu misma apariencia de niña piojosa, y tu mirada llena de miedo.

Mis manos temblaron ante sus palabras, y si bien no había volteado a mirarlo me tomó por el cuello.

-que creías idiota, que no me iba a dar cuenta de que ese imbécil de ayer, eras tú. Dijo mientras apretaba mi cuello con  todas las fuerzas de sus pesadas manos.- me debes jovencito, me debes y mucho, crees que puedes engañarme, mira que tonto eres, tratar de engañar con trampas al diablo, el que de trampas sabe de sobra, pues  ahora si eres completamente mío…  pero te cambio por tu hermana, esta mañana fui con tu familia y  ya saben de tu error, y para liberarte de mis garras, tu hermana esta mañana a decidido desposar a este humilde servidor. Como voy a gozar eso amigo, no sabes cómo lo voy a gozar.

Las palabras del cerdo me dieron el coraje que otrora no había encontrado y sin darle ni el más mínimo resquicio a la cordura, me dejé llevar por la ira demoniaca que envolvió mi alma, y con fuerza sobrehumana tomé al cerdo en peso y lo alcé sobre mi cabeza para luego lanzarlo al horno encendido, cerrando la reja tras de sí y dejándolo asar, sus gritos de súplica eran como canciones de cuna para mis oídos,  sólo podía sonreír al verlo sufrir envuelto en fuego, al fin estaba en donde siempre debió estar, abrazado a las llamas inmisericordes del infierno.

En mi vida me había sentido tan feliz, recuperé mi vida, mi fabrica, mis bienes, en una o dos ocasiones la policía vino a preguntar por el cerdo, sólo por formalidad, cualquier explicación de mi parte, por más tonta que fuera, eran recibidas con beneplácito, luego de algunos días el nombre del cerdo ya no era mencionado  ni por sus más fieles amigos de juergas.

Pero ya lo he dicho, que lo único predecible de la vida es que esta es totalmente impredecible. Tiempo después un sueño recurrente empezó a trastocar mi cordura, el cerdo se me aparecía en los sueños, jurando venganza, aun en la muerte no me dejaba en paz, el remordimiento por lo que había hecho se apoderó de mí. Él, el cerdo, era un pillo, un timador, pero yo era algo peor, un ser despreciable, un detestable asesino.

Aún está presente la locura de la que hago referencia al inicio de esta carta, y el cerdo esta frente a mí mientras envió esta carta a la policía, se ríe y se burla de mí como antes.

-Dentro de media hora la policía llegará a arrestarme, ahora estas feliz.

Y el cerdo ante mí contesta.- no, aun no, todavía puedes mirar arriba Ulrich, como te lo prometiste aquel día, mira hacia arriba.

Y mirando el techo sólo pude ver la  gruesa soga aun colgaba en la  viga de madera.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Anakin85

    Anakin85

    29 noviembre, 2016

    Muy buen relato, amiga. ¡Muchas gracias por compartirlo con nosotros!
    Pone los pelos de punta lo que somos capaces de hacer cuando estamos desesperados, ¿verdad?
    Esta clase de historias a mi me encantan y se me hace súper rápidas de leer, y la tuya lo ha conseguido, dejas para la imaginación del lector lo justo y lo necesario. Espero poder seguir leyendote!
    Un saludo y mi voto!

    • Niccolle

      30 noviembre, 2016

      Claro Anakin85, cuando las personas están desesperadas tienden a cometer algunas locuras.
      Me alegra que te halla gustado, un saludo y un abrazo.

  2. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    29 noviembre, 2016

    ¡Excelente relato que me ha dejado sin habla! Un abrazo Nicolle y mi voto desde Andalucía

    • Niccolle

      30 noviembre, 2016

      Saludos Mabel muchas gracias, me alegra mucho que te haya gustado.

  3. Imagen de perfil de Vladodivac

    Vladodivac

    29 noviembre, 2016

    Me gusta Nicolle, bonito relato que te atrapa en la trama y te conduce al desenlace final con ritmo y maestría. Mi voto y un abrazo amiga.

    • Niccolle

      30 noviembre, 2016

      Gracias Vladodivac por haberle dedicado un poco de tu tiempo a este relato, un fuerte abrazo.

  4. Imagen de perfil de Lauper

    Lauper

    30 noviembre, 2016

    Magnífico relato, Niccolle. Atrapa desde el principio. Me encantó, un abrazo y mi voto.

    • Niccolle

      30 noviembre, 2016

      Gracias Lauper, no es un secreto que soy fanática tuya así que aprecio mucho tu comentario, un abrazo Lauper.

  5. Imagen de perfil de LluviaAzul

    LluviaAzul

    30 noviembre, 2016

    Querida Niccolle, extraordinario de principio a fin. Un abrazo, fuerte.

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