Paracetamol

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Ya me cansé de estas ridiculeces, ¡para ya, por favor! ¿No te sientes agotado? Ya no tengo palabras para continuar. Si de menos tú no quieres hablar, yo sí. Yo si porque siento que me lo merezco, merezco saber que lo que pasó ese día no fue producto del alcohol. Sé que no lo fue porque mis amigos fueron testigos. ¿Y luego quiénes? ¡Mis amigos! También los tuyos y todos en ese lugar pero eso, claramente, ya me da igual.

“Fue una fiesta” será la excusa que nuestra fracturada mente utilizará; a duras penas, tus amigos se acordarán dentro de dos meses y te harán burla; ahí estarás, riéndote y diciendo “no sé de qué me hablan” como si nada hubiese pasado… Y por mí está bien, si eso te hace feliz ¿qué más da?

Mientras tanto, ¿qué pasará? ¿Manejaremos el puto silencio como mecanismo de defensa? He llegado a ese punto en el que mi enojo es más grande que la tristeza, sería completamente inútil sentirme triste, sentir lástima porque otra vez heriste a la princesa.

¡Todo eso es inútil! ¡No me sirve!

Lo único que lograría sería que en – aproximadamente - dos semanas cuando me vuelvas a buscar, te bese con mi cara de pendeja pensando que esta vez “todo estará bien”.

Ese estado emocional no funciona si estamos juntos. No funcionaba y sin embargo, yo me sentía aliviada. Me sentía completa con ese desastre que nos hacía tan nosotros.

“¡Tú y yo somos nada!”

¡Claro! Después de entregarte mi puta vida, lo único que éramos era “nada”. Los putos besos, la noche que dormimos juntos, las peleas constantes, el sexo… ¡el maldito sexo!

¿Nada? ¿En serio? ¿Nada?

Días atrás habíamos hablado de hacer las cosas bien, pedí perdón por haberme alejado, por haber tratado de huir… y hoy todo eso da igual. Te da igual.

Lo mejor sería devolverte aquella chamarra que tomé sin permiso el día que nos vimos, llevarme los suéteres que dejé contigo, que quites los dibujos que sin pensar puse en tu pared, desdicarte la canción que me vuelve vulnerable ante ti, que no digamos palabra alguna respecto a lo que pasó y que dejemos todo en paz.

¿No lo habías pensado? ¿Cuántas veces lo hemos intentado y todo termina mal? Las peleas absurdas, nuestros miedos irracionales, tus cortantes deseos.

Yo no te hago mejor, conmigo no quieres contar. No tienes que fingir. Me rompiste el corazón y gracias al Universo hay bastante paracetamol en mi cajón.

“Los corazones rotos se curan con paracetamol”

Espero sea verdad.

“¡Qué impulsiva!” dijo mi mejor amiga. ¿Impulsiva? ¿Qué debería hacer? ¿Esperar? ¿Esperar qué? ¿Esperar una disculpa que diga “perdón no sabía lo que decía”? ¡Patrañas! ¡Eso sería una vil mentira!

Entendías que no servía para querer a las personas, que se me dificultaba entablar relaciones, que todo me aburría. Todo eso lo sabías y cuando te dije que eras la única persona con la que pedía a gritos estar, tú sólo te reías.

No sirvo para prometer, quizá por eso jamás quisiste creer, Nunca podíamos vernos en fin de semana o vacaciones porque yo era un fraude haciendo planes.

He aguantado tantos desaires desde el día que entraste a mi vida, tantos que hubiese preferido escuchar muchas de las cosas que dijiste aquella noche en un lugar más intimo y con menos cervezas encima.

Quiero mantenerte conmigo bajo una idea errónea, tú no perteneces conmigo, tampoco estás dispuesto a ceder y ya me cansé de buscar que “pertenezcas” a algo que no entiendo por qué se mantiene unido. Somos como un collage viejo que con el tiempo lo único que ha hecho ha sido romperse; esquina por esquina, recuerdo por recuerdo.

Siempre hablas de que soy yo la que debería tomar la decisión. ¡No mientas! Esta batalla ya no es mía. Yo he tomado la misma decisión otras cincuenta veces y estamos aquí, justamente, por la indecisión; tu indecisión. Así que no trates de dejar todo en mis manos como si yo fuese quien lo arruina cada vez que no nos hablamos.

Pensé que como entre tú y yo había “nada” no me volverías a hablar.

Habrá alguien más que si merezca esa parte de ti que por más que intenté ganarme jamás lo logré. Habrá alguien más bonita y con una mejor sonrisa. Alguien más que cuando duerma salga hermosa en las fotos que tomas por venganza. Alguien menos fastidiosa y que no exija tanto de ti. Alguien que hable menos sobre su vida y no olvide los géneros de música que más te gustan. Alguien que sepa poner un alto a sus peleas en el momento adecuado. Siempre habrá alguien que te haga ser, lo que por inseguridad, no fuiste conmigo.

¡Te quiero!

Realmente lo hago pero no sé cuánto de todo eso que siento sea válido para ti. Lo hice todo para que supieras que lo que estaba pasando dentro de mí era tan verdadero como aquel “vamos a tomar un café”. Al parecer no lo demostré con toda esa fuerza que tú exiges de mí o probablemente, debí utilizar el método de contradicción.

Nunca he sabido terminar los textos que hablan sobre ti, quizá, porque no he encontrado la manera correcta para ponerle un punto y fin. Me gusta hablar de ti, me gusta que la gente vea la maravillosa persona que eres sin complejos y sin ataduras. Me gusta que vean lo fascinante que eres cuando te propones ser libre, me gusta que disfruten lo que hemos vivido con palabras que riman. Me gusta que tengan una parte de ti, la parte que creo me he ganado por mí.

¡Sé infinito para mí!

Vuélvete polvo cósmico. Cada cabello, cada hueso, cada recuerdo, hazlos navegar en el inmenso cielo por el simple hecho de que yo siempre estaré ahí para verlos. Eres lo que me daña pero me hace querer no dañarme. Eres el “érase una vez…” que siempre volvería a leer.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    3 noviembre, 2016

    Muy bueno. Un abrazo Athena y mi voto desde Andalucía.

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