Rusty, el husky que soñaba con tirar del trineo de Papá Noel

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Este es mi nuevo cuento de Navidad, lo conté en un cuentacuentos el mes pasado y los niños se quedaron encantados con el husky de peluche que utilicé para dramatizar la historia. Al finalizar, ¡recibió más de un abrazo!

Rusty era el husky más fuerte y veloz de la manada, tiraba del trineo con energía y tenacidad, siendo siempre el primero del grupo y alentando a sus compañeros cuando se desanimaban.

– Rusty, ¿nunca te cansas? -Le preguntaban sus amigos.

– Estoy entrenándome, ¿sabéis? -explicaba Rusty emocionado- Este año me quiero presentar en el poblado de Papá Noel y ofrecerme para tirar del trineo la noche de Navidad.

– ¡Jajaja! -Reía el grupo canino- ¿No sabes que son renos, no perros, los que llevan ese trineo?

– ¿Y por qué no pueden añadir un husky? -protestaba nuestro amigo- ¡Todos saben que somos los mejores tiradores de trineo del mundo!

– Si, pero es una tradición y creo que a Papá Noel le gustan las tradiciones.

– ¡Pues ya lo veremos!

Sin pensárselo dos veces, Rusty se dirigió a Rovaniemi, sabía que el pueblo al que deseaba dirigirse no quedaba lejos de esa localidad. Pasó todo el día corriendo, sin cansarse, alentado por cumplir su sueño. Al llegar a su destino, se acercó a un grupo de renos que pastaba tranquilamente. Sólo faltaba un día para la noche de Navidad y estaban alimentándose bien.

– ¡Hola amigos! -se presentó ilusionado- Soy Rusty, el mejor tirador de trineos del mundo, ¿dónde puedo ver a Papá Noel? Este año me encantaría poder llevar el trineo con vosotros.

– ¡Jajaja! -por lo que se veía, no solo su manada se reía de sus ideas, también los renos- ¿Tirar del trineo? ¿Un perro? ¡Qué divertido!

– Anda chucho- añadió otro reno, con un tono algo despectivo- Ve a darte un paseito y te quitas esas tonterías de la mente.

Rusty bajó la cabeza, sus sueños comenzaban a desmoronarse, se dio la vuelta y empezó a andar despacio, como nunca lo haría un perro de su especie. Cuando se alejaba, un pequeño y alegre elfo que había escuchado la conversación, se le acercó.

– ¡Oye Rusty! -gritó con una vocecita diminuta- ¡No pierdas la esperanza!

El husky miró a su alrededor hasta que descubrió un ser menudo y verde que lo contemplaba con una sonrisa brillante, esas sonrisas que se contagian. Aún así, Rusty no sonrió.

– Si sabes mi nombre es porque has oído el diálogo con los renos, así que ya sabes que es imposible. -Por primera vez en su vida, Rusty utilizaba esa palabra.

– ¡Nada es imposible!- Exclamó Tintilón, nuestro elfo, que jamás perdía la esperanza- ¡Yo te puedo ayudar!

– ¿Cómo? -Se interesó nuestro husky, comenzando a contagiarse de la alegría y positividad de Tintilón.

– ¡Tengo una idea! Mañana noche, después de la cena de Papá Noel, te presentarás en la cabaña donde guardamos el trineo, es aquella que destaca sobre las demás -aclaró nuestro simpático elfo, señalando el punto de encuentro.

Al día siguiente, Rusty estaba nervioso y confundido a la vez, no terminaba de entender cómo se las arreglaría Tintilón para colocarlo en el trineo sin que nadie protestara. Se aproximó a la cabaña y allí estaba esperándolo el elfo, con su sonrisa perenne, llena de luz y armonía. En sus diminutas manos llevaba una bolsita, se la ofreció diciendo:

– Cuando veas llegar a Papá Noel, rocíate los polvos mágicos de esta bolsita encima y te convertirás en un reno más. Únete a la manada disimuladamente, ya me encargué yo de añadir un enganche extra al trineo, están tan ansiosos de salir que ni se darán cuenta. Ahora me tengo que ir y continuar con mi trabajo.

Rusty no podía salir de su asombro, tan contento estaba que comenzó a lanzar la bolsita al aire, eufórico y sonriente. Estando la bolsita en lo más alto, el lazo se soltó y el polvo cayó, repartiéndose por el suelo. La cara de nuestro amigo cambió de forma radical e instantánea. ¿Qué haría ahora? Escuchó un ruido, era Papá Noel acercándose con sus renos. Sin pensarlo dos veces, se revolcó por el suelo, como suelen hacer todos los perros, restregándose con fuerza e intentando recoger con su pelambre cada partícula de polvo mágico esparcida.

De repente, sintió como crecía y se transformaba, observó su reflejo en un cubo de agua que había allí y pudo ver su rostro.

– ¡Soy un reno! -susurró, satisfecho del cambio.

Salió con cuidado y se unió al grupo, un reno giró su cabeza hacia él, nuestro amigo le sonrió y nadie dijo nada. Rusty contempló a Papá Noel, ese hombretón alegre y bonachón de panza redonda y traje rojo y se alegró enormemente de poder contribuir a repartir ilusión a todos los niños del mundo.

El trineo comenzó a elevarse, él quedaba justo detrás de Rodolfo, el famoso reno de nariz roja que siempre dirigía el trineo. Se alegraba de ser el segundo esta vez, ya que no conocía el camino, y desde esa posición podía ver perfectamente y aprender del reno guia.

Pasaron la noche volando de casa en casa, Rusty no terminaba de entender como Papá Noel podía entrar en tantos hogares sin despertar a los expectantes y nerviosos niños en su noche mágica. Ya casi al amanecer, cuando Papá Noel salía de la última vivienda, Rusty comenzó a sentir unos picores por todo el cuerpo, olvidó que no tenía sus patas para rascarse y empezó a hacer unos movimientos extraños. Llamó la atención de los demás renos, que lo observaban pasmados. De repente, nuestro amigo recuperó su forma original, convirtiéndose nuevamente en el husky que era.

– ¡Qué es esto! -Grito un reno, dando un salto y alejándose de él lo más que le permitía el enganche del trineo.

– ¡Es el perro de ayer! -protestaba otro reno- ¿Cómo es posible?

Papá Noel le dirigió una seria mirada y, antes de que pudiese decir una palabra, Rusty intervino.

– ¡Lo siento! ¡Toda mi vida he soñado con llevar este mágico trineo la noche de Navidad y repartir ilusión a los niños del planeta! -agachó la cabeza y añadió- Lo siento Papá Noel, no quería ofenderte. Los renos me dijeron que era imposible, que un perro nunca podría hacer este trabajo, por eso recurrí a la magia, quise ser uno más entre ellos. Es la primera vez en mi vida que odié ser un perro y no un reno.

Papá Noel suavizó su rostro y lo acarició,

– Nunca sientas vergüenza de ser lo que eres ni desees ser otro ser diferente a ti mismo.

Rusty levantó la cabeza y lo miró con una tímida sonrisa.

– ¿Me perdonas entonces?

– No me gustan las mentiras -declaró el hombre de rojo- Pero esta vez te voy a perdonar. Eso sí, la condición será que todos los años nos tendrás que acompañar y tirar de este trineo en la noche de Navidad.

Rusty no pudo más que saltar de la alegría y arrojarse a los brazos de ese hombre bonachón y de corazón enorme, cubriéndolo de lengüetazos, que es como los perros manifiestan su alegría y agradecimiento. Todos reían observando la escena, Papá Noel lo acariciaba y abrazaba y los renos saltaban alrededor.

– ¡Vamos, se nos hace tarde, ya amanece! -interrumpió Rodolfo, que era el reno más responsable del grupo.

– Si, prosigamos el camino, a vuestros puestos -Declaró Papá Noel.

Y desde ese día, todas y cada una de las noches de Navidad, Rusty ocupa su puesto en el trineo de Papá Noel, justo detrás de Rodolfo. Aceptado por los renos, orgulloso de ser un perro y feliz de continuar repartiendo magia e ilusión a todos los niños del mundo.

 

Comentarios

  1. Lauper

    25 noviembre, 2016

    Enhorabuena Eli, que preciosidad de cuento. Esta misma noche yo se de una que lo va a leer al pequeño público en casa jaja. Me encantan tus fábulas porque combinan a la perfección el entretenimiento con la educación en valores. Un besos y por supuesto mi voto.

    • Miss_Eli

      25 noviembre, 2016

      Muchas gracias, Lauper. Me alegra les cuentes la historia a los peques de casa.
      Yo se la conté a mi sobrino para que comiese y se terminó todo lo que había en el plato, jeje.

  2. LluviaAzul

    25 noviembre, 2016

    Querida Mis_ Eli, que hermosura de cuento. Gracias, porque hace rato no viajaba a infancia y recordar es vivir. Un abrazo, fuerte.

  3. Mabel

    25 noviembre, 2016

    ¡Qué hermoso Cuento! Un abrazo Elisabeth y mi voto desde Andalucía.

  4. Miss_Eli

    25 noviembre, 2016

    Gracias Lluvia azul, me alegra haberte hecho viajar a tan tiernas y dulces épocas.

  5. GermánLage

    25 noviembre, 2016

    Hola, Miss-Eli; Enhorabuena por tan precioso cuento. Haciendo mía la idea de Lauper, éste será uno de los que estas navidades leeré a mis nietos.
    Un saludo afectuoso y mi voto.

    • Miss_Eli

      27 noviembre, 2016

      Muchas gracias Germán, tienes otros de Naviadad del año pasado, por si los quieres ver. Los otros los inventé para que los niños donen juguetes que ya no usan. Os voy a tener de cuentacuentos toda la Navidad, jeje. Gracias

  6. Patry

    26 noviembre, 2016

    Me encanta tu cuento. Me ilusiona mucho la navidad, sobre todo por los niños… y a la vez me encantan los perros. Los huskys en especial. Por eso y por los valores que transmiten tus historias, mi voto para ti y un abrazo.

    • Miss_Eli

      27 noviembre, 2016

      Muchas gracias Patry, me alegra que te gusten las historias de Navidad con valores. Normalmente cuando escribo cuentos siempre incluyo algún valor, será por eso de ser profe, jeje.

  7. Maria garcia

    26 noviembre, 2016

    Precioso cuento. Enhorabuena.

    • Miss_Eli

      27 noviembre, 2016

      Muchas gracias, María Gracia, me alegra que te gute.

  8. Qwertytantos

    26 noviembre, 2016

    Precioso, porque es un cuento de los de verdad, para leerles y disfrutar con los niños. Mi enhorabuena, Miss_Eli, porque además transmites unos valores importantísimos en tus cuentos. Un abrazo.

    • Miss_Eli

      27 noviembre, 2016

      Muchas gracias, Qwertytantos. A los niños les encantan las historias llenas de magia y la Navidad está repleta de sueños para ellos.

  9. jon

    26 noviembre, 2016

    ¡Vaya con Rusty!
    Imagino los ojos de los niños y niñas, inmersos en un silencio sepulcral, dibujando una mirada intensa e ilusionada y abstraidos por la curiosidad hasta el final del cuento.
    Imagino también la cara de satisfacción y los contagiados aplausos a la narradora de tan entretenido cuento; pues no siempre se tiene la suerte de tener delante a la autora de la obra. Pero con esta historia creo firmemente que uno recibe, mirando sus caritas, el más expléndido pago por su labor.
    Te felicito Eli. Enhorabuena.

    • Miss_Eli

      27 noviembre, 2016

      Muchas gracias Jon por este comentario tan alentador y literario.

      No suelen estar en silencio porque yo les hago preguntas, es divertido,ya que ellos se sienten partícipes de la historia y sus comentarios, en muchas ocasiones, nos hacen reír a todos y disfrutar más aún.

      Hay una chica que vino al cuentacuentos y ahora les dice a sus amigas que tengo un cuento muy chulo de un perrito. Esos comentarios son los que a los autores y cuentacuentos nos encanta escuchar, saber que no solo han disfrutado la historia, sino que días después, la siguen recordando y desean que se la vuelvas a contar.

  10. Anakin85

    27 noviembre, 2016

    Me ha superencantado, de verdad! Me ha parecido un cuento super original para contar a los niños la noche de navidad! Los perros son mi debilidad, y además el mensaje que trasmite es uno de los que muchos niños necesitan. Un saludo y mi voto!

    • Miss_Eli

      1 diciembre, 2016

      Muchas gracias Ana, intento fomentar los valores en mis historias, para que los niños, además de disfrutar un cuento, aprendan. Manías de maestras, jeje.

  11. gonzalez

    28 noviembre, 2016

    Me gustó mucho, amiga Eli. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

    • Miss_Eli

      20 junio, 2017

      Muchas gracias, Iván. Perdona que no te contestase antes, he estado un tiempo sin entrar por aquí.

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