PROLOGO
Es una época de oscuridad, una era de muerte y sangre, de demonios y de Dioses que luchan por la supremacía, es una era donde el hombre se ve envuelto en guerras internas, donde los Dioses han abandonado al hombre y la locura embarga la tierra.
También es una era de héroes, mitos y leyendas.
En una tierra fuera de los confines del universo se dice que habita, Igh’ galatowa, el rey Negro, esta entidad nació junto con el Dios inti pues ambos fueron hermanos, pero él deseaba la creación para sí mismo, y el rey negro ataco las estancias de Inti, pues tanto deseaba ser como su hermano que llego a odiarlo, el Dios querido por los dioses y odiado por su hermano, y así Igh’ galatowa descendió a la tierra y creo en el anchuroso mar a los sin nombre, a los Giath’gi, que más tarde serian conocidos como los profundos.
Está en la historia de Igh’galatowa y su ascenso al poder y su caída, pues mucho se ha olvidado, y nada será recuperado, pues ansiaba ser más que los demiurgos y ser más que su hermano, esta es la historia del Rey negro, esta es la historia de Igh’ galatowa, Señor de los profundos.
MALEUM
“Escuchad entonces su voz, en las horas oscuras, pero no pronuncies su nombre porque solo encontraran muerte, sin misericordia”
( Astrod Vallvehk – Gobernador de la ciudad de Fordmond)
En las lejanas estrellas de Adundile, próximas al reino De Khirg’humet ciudad de los Dioses. Existe una ancestral ciudad estelar, de la cual se escribió en un infame libro, extraños son los días en el que se divisan estrellas negras, y extrañas lunas giran por los cielos, pero más extraña todavía es la perdida carcosa a orillas de esta ciudad, y bajo sus soles gemelos, se encuentra el mar de los Ag’rakar, y en sus profundas aguas, ya hace Igh’ galatowa, el rey de los sin nombre. La muerte huye de él, porque la muerte le teme, y su impío culto está repartido por todo el mar oscuro y por la ciudad de Hipon.
Lo veneran diferentes razas dimensionales como los Lemurias, que acuden a su búsqueda en cualquier rincón de las puertas dimensionales, y también por los hombres cuyo culto secreto ya hace en la capital de Hait’nos cercana a Hipon y cuyo culto del signo estridente, es el más temido y conocido por los guerreros, los dementes cultitas de esta secta se desfiguran el rostro en honor a su Dios.
Igh’ galatowa posee varias formas de materializarse en el plano material, pero de todas ellas la más conocida es la del rey de la muerte que camina en la forma, de un anciano con una túnica gris, haciéndose pasar por un mendigo y haci infestando pueblos enteros, ciudades, fortalezas y reinos. Infundiendo el culto en los diversos países, en secreto despojando hijos a sus madres, destronando a reyes. Destrozando vidas humanas, pero en varios reinos lo conocen con otros nombres, Hip’petotep el ser sin piel, Rasak’ghul el infestador, el señor de la sangre.
Atroz es la presencia del rey de la muerte, avatar con el que se presenta ante sus seguidores, Igh’ galatowa fue uno de los hermanos del Dios sol, el más sabio y el más querido por sus hermanos, pero ansiaba dominar para sí mismo el mundo y la creación y crear criaturas a quienes enseñar su poder y magnificencia, pero temiendo que el padre supremo de los Dioses lo descubriera trabajo en secreto y creo a los sin nombre, o como los conocen en las ciudades de Valimar, los ignotos giath’ gi, los señores del mar, a las hermosas sirenas que lo adoran en el plenilunio, Igh’galatowa es el hermano de “Rah’ahba” el Dios demiurgo, el señor de los Lemurias.
Más tarde se unió al mar infestándolo. Plagándolo de criaturas semi – derruidas que le rendían pleitesía, Igh’ galatowa es el Dios estelar más temido de las tierras de Valimar, ya que fue el quien infesto las ciudades transformándolos en reinos olvidados, ejerciendo su influencia de distintas maneras, aun ya haciendo a miles de Kilómetros. O en planos de sistencia diferentes, como por medio de un talismán con el que pesa una terrible maldición, pues este artefacto está ligado a Igh ‘galatowa. Quien manipula, a quien lo posea, y aquel que no debería ser nombrado lo perseguirá allá donde huya, también puede apoderarse de los putrefactos cuerpos de aquellos que han muerto y usarlos para acabar con reinos pues los muertos no hablan no temen, no cuestionan.
Y existe un libro conocido como el libró Negro, que aquel que lo lea, terminara siendo esclavo de Igh, galatowa, y su voluntad será doblegada, así es como este dios se apodero de los demás reinos instaurando los cultos. En dicho libro está el ritual donde se invocara al Igh’galatowa el maldito por los Dioses, pues fue el quien persuadió al resto de Dioses a seguirlo, donde los arrastro y torturo doblegando sus esencias transformándolos en los temibles demiurgos y algunos pasaron llamarse los arcontes, los dioses renegados, que se enfrentaron al temible Dios.
Escuchad la voz del temible Igh’galatowa pero no lo miréis al rostro pues terrible será el destino de aquel que observe el rostro del Dios caído, escuchad el cruel torbellino y la loca impetuosidad del viento, aquel que ruge en el centro final de la vacío, el cuyo rugido sin fin siempre colma los cielos eternos de la poderosa Hait’nos, su poder es capaz de arrasar bosques y aplastar ciudades, pero ningún bosque o ciudad alguno vera la mano que lo golpea ni el rostro de quien los destruye, porque el maldito vaga invisible y sin vergüenza, mofándose de los hombres y de las demás razas, jamás pronuncies su nombre en voz alta, pues el escucha ahí donde no hay ojos el observa, y si el ve, la plaga infestara su reino, esta es la historia de “Inek’raka Igh’galatowa”, el Dios de los sin nombre, el señor de los profundos.
Capitulo I
Oracion de los Malditos.
“Los demiurgos son, los Demiurgos fueron, los Demiurgos serán, no conocen nada del universo, sino por intermedio de ellos”
Valerio I, Rey de la ciudad de Maldea, había despertado a las horas previas al amanecer, escuchando el sonido del gran ejército que ya hacía a las afueras de las murallas, los gritos moribundos de los Giath’gi se escuchaban en la quietud de los bosques. Podía oír los relinchos de los caballos en el corral. En el norte se escuchaba el cuerno de guerra, los comandantes y generales corrían alarmados a los cuarteles despertando a los guerreros que recorrían la basta fortaleza.
El rey inspiro hondo el aire perfumado, y se llenó los pulmones. Sentía la mente despejada y el espíritu tranquilo, lo que tomo como un buen augurio, en el comienzo de una batalla tan trascendental. El frescor de la noche le resultaba agradable.
Valerio se soltó de los brazos de su mujer, y se retiró a su recinto real frente a el ya hacia su armadura ancestral la cual llamaba Ghal’ahat. La tomo y se preparó para el combate. Valerio, vestía una armadura ancestral creada en las montañas de Kur’ghal, la montaña de hierro, donde habitaban los enanos en la ciudad de Khath’zaran.
Valerio se movió con cuidado, entre las pieles que utilizaba como abrigo. Su armadura estaba creada de un acero que según algunos escribas procedía de una estrella que había caído del cielo, el rey Valerio había salvado en aquel entonces a los enanos de un ataque orco; en una guerra conocida como “PUÑO DE HIERRO”. Krathtul el rey de los enanos había creado su armadura a partir del metal que conocían como horgon, dicha aleación había caído del cielo hace ciclos, y que habia resultado ser uno de los componentes más importantes en el gobierno de la Eolice.
Aquella aleación era capaz de resistir ataque de lanzas, flechas y la cual se encontraba a en la montaña Kur’ghal, denominada así por la criatura que habitaba aquellas montañas y cuya cabeza había sido el trofeo del rey enano, después de un tiempo él rey Merkon y el rey ValerioI habían llegado junto con miembros de la corte, para reclamar aquella aleación para la Eolice junto con sus ejércitos pues sabían muy bien que los enanos no serían un rival fácil de derrotar, pero ante aquella tesitura, el rey Krathtul les propuso una negociación a cambio del metal. No hace mucho después de la llegada de los enanos a las montañas de hierro, los Orcos y los Giath’gi habían empezado invadir el reino de Khath’zaran, el rey enano les había propuesto que si los ayudaban a despojar a los orcos y a los Giath’gi de sus tierras: el mismo en persona les cedería armaduras y armas para el combate; en producto de agradecimiento, el rey enano había forjado cuantiosa armadura para el rey de Maldea capaz de resistir ataques de lanzas y flechas y así había iniciado la guerra del “Puño de Hierro”.
Pero aquella invasión no era nada parecido a la batalla del “Puño de hierro”, aquello era un ataque masivo en lugar sagrado y los Maldeos no podían permitirse semejante herejía, su rey había declarado la guerra a Ihg’galatowa el Dios del mar oscuro, el Señor de la Plaga, y haría que el rey Tártaro el traidor quien había pactado con dicho Dios, pagaría por sus transgresiones, ante los Dioses y ante la corte de la Eolice.
Se oyó el sonido de la puerta en el recinto real. Dragan el sirviente favorito de Valerio, entro y se inclinó ante el rey, el hombre vestía una toga larga de tela que le envolvía su cuerpo hasta la cintura y un pantalón de cuero. Aquel hombre entro descalzo pues el lugar en el que pisaba era sagrado, según muchos el rey de Maldea era considerado la encarnación de un Dios hecho hombre y que debía ser venerado y respetado como tal, de caso contrario cada hombre que deshonraba al rey en la ciudadela era exiliado y destinado a vagar sin Reino.
– Levántate – ordeno – necesito que encuentres a mis generales y comandantes, diles que el rey en persona solicita su presencia. – El rey tomo unos 4 pergaminos y se los dio a Dragan – dale esto a los generales y a los comandantes diles que su rey los convoca – las palabras de Valerio fueron claras y precisas; Dragan tomo los pergaminos y los guardo dentro de su túnica y corrió rápidamente.
En las afueras el tumulto de los guerreros era grande, los soldados corrían a todas direcciones buscando los cuarteles para cada una de sus clasificaciones.
Los soldados se dividían en distintas facciones de guerreros comunes y corrientes hasta los temibles custodios que eran entrenados de la manera más abominable, se les extirpaba todo miedo a la muerte, los custodios adoraban a Rhan’ka, el Dios de la furia y en honor a ese Dios los soldados rendían como tributo a un niño para que pase la prueba de sangre. El niño en muchas ocasiones era un hijo indeseado por sus padres y odiado por su pueblo, el Dios de la Furia, tomaba y elegía a estos niños, que son detectados por los “Agaros” videntes seleccionados por los Dioses, para hallar y encontrar a estos niños y llevarlos ante el seno del Dios de la Furia, lugar donde eran entrenados de manera brutal y sin piedad, por los custodios anteriores, que luego serían sucedidos por dichos niños a la edad de 20 años.
En los Caballeros Reales, que adoraban a la Diosa Yhk’shara, la Diosa de los vientos y cuyo soplido destruye reinos enteros, los que adoran a esta Diosa llegan a hacer un pacto de sanidad enfocándose en el interior de sus pensamientos, para muchos el interior de la mente es la más compleja que evocaba muchas estructuras y los que la dominaban, eran capaces de dominar habilidades psíquicas, los que eran escogidos por esta diosa eran usualmente los puros de corazón pues asaban por muchos entrenamientos mentales y psicológicos.
- Que los Dioses os bendigan – dijo el sirviente con voz cansada y cortante – vuestros generales y comandantes ya llegaron y os aguardan en las afueras del palacio real, mi Lord.
Valerio levanto los brazos y se estiro hasta rozar los dedos al techo, el hombre media, como casi todos los comandantes y generales el rey media como algo más de dos metros y ocho centímetros, producto del fuerte entrenamiento en su cultura que le instigaba a que el rey debía estar por encima o a la altura de sus comandantes y generales.
–Trae mis armas y que mis generales y comandantes me atiendan. – Ordeno.
El esclavo se retiró rápidamente, unos esclavos entraron con las espadas y dagas, armaron rápidamente al rey para la batalla, uno de ellos colocaba las espadas dobles en su espada y trajeron la espada “Drobolav” el regalo del rey enano, el sirviente se inclinó ofreciéndole la espada; este la tomo rápidamente y contemplo el filo de la espada, mientras miraba su reflejo en esta, miro a uno de sus sirvientes y dijo – dile a Drazan y Elric que ingresen rápidamente – ambos hombres eran generales de batalla con muchos años de experiencia en los campos de batalla. El sirviente se inclinó y luego salió corriendo de la habitación. Al cabo de unos minutos los dos generales ingresaron rápidamente ambos hombres eran altos y miraban fijamente al rey, y se arrodillaron, tras ellos los nobles de la corte real ingresaron y se arrodillaron de igual manera.
- Levantaos - ordeno Valerio.
Los generales se levantaron y el rey fijo su mirada a sus generales y consejeros de la corte, luego volteo rápidamente a mirar la interperie, a las afueras los soldados trataban de retener a las criaturas que se apilaban a las puertas.
– ¿Qué nuevas hay del enemigo, tienen alguna información?
– El ejército enemigo se apilo a las afueras y se están agrupando a lo largo de las arboledas – contesto Elric.
Elric era uno de los paladines más fuertes del rey Valerio y recibía el apodo del lobo de Maldea, apodo que se había ganado en la guerra del “Puño de Hierro” e incluso entre su propia gente; el hombre se levantó, el paladín llevaba un collar del lobo de Forgon en sus manos hizo una ademan en la estatua del Dios de la furia en señal de respeto, según muchos decían que el lobo Forgon era un lobo enorme que media nueve metros de altura, algunos decían que se trataba de un hombre lobo, pero otros más escépticos decían que solo era una leyenda para asustar a los niños. El hombre se irguió poniéndose el amuleto en el cuello para que su espíritu pudiera ser protegido.
– ¿Que ocurrió con el resto de guerreros que estaban a las afueras?
– Los últimos guerreros llegaron hace apenas unas horas, no sabemos que paso con la mayoría envié una paloma a los reinos de Valimar tenemos que resistir hasta mañana para que nos envíen refuerzos; por otro lado el ejército enemigo se ha reunido, están viniendo con un gran ejercito de 5000 guerreros por el norte, por el oeste los Giath’gi están llegando.
Valerio miro a su general, frunció en entrecejo y pregunto.
– ¿Cómo lo sabes?
– Tenemos centinelas en el perímetro que han presenciado una cantidad enorme de Giath’gi, además hay un ejército de no muertos que vienen desde el Este donde era el reino de Kazimir; según nuestros informes todo el reino fue destruido, las personas murieron por la misma plaga, que azoló los demás reinos restantes. - dijo Elric.
– ¿Cuantos centinelas regresaron de su recorrido general Drazan?
Drazan era el segundo general al mando quien lideraba al grupo de los custodios que protegían el palacio real y era conocido como el águila de Maldea por su certeza con el arco.
– Mi señor solo regresaron tres de los quince que enviamos, la mayoría de ellos desaparecieron, según hasta donde tenemos conocimiento, la mayoría de ellos fueron sacrificados, según el informe de nuestro centinela, fueron llevados hasta un santuario y fueron sacrificados como pago a su Dios, solo dejaron ir a tres.
– ¡MALDICION! - exclamo el rey - ¡necesito que me traigan a los centinelas y que vengan mis comandantes ahora mismo!
Dragan el sirviente del rey corrió rápidamente. A las afueras se podía sentir el temor que muchos guerreros tenían en las afueras del palacio real. Llego al salón real, donde se hallaban los comandantes.
– El rey solicita su presencia ahora mismo, comandante Tennen, comandante Velasco. – Dragan hizo una reverencia en señal de respeto.
Los dos comandantes se irguieron y se dirigieron rápidamente al recinto real. En las afueras se escuchaba el sonido, crepitante de los sin nombre o mejor conocidos como los Giath’gi, que habían salido de la superficie del anchuroso mar, donde sumirían no solo a la humanidad, sino al resto de razas en una era de anarquía sangre y muerte, donde su pervertido Dios les enseñaría nuevas formas de gritar y celebrar, sea cierto o no, aquellas criaturas se habían hecho con 5 reinos y se habían apoderado de uno de los reyes más importantes. Tártaro el más sabio de uno de los reinos de occidente había caído ante la influencia de los profundos y ante la influencia de alguna entidad demoniaca, que se había apoderado de sus pensamientos y lo había vuelto loco. Según algunos informes se decía que el mismo rey había condenado a su propio reino transformando a sus buenas gentes en seres con formas que según decía, eran como peces con tentáculos, algunos llevaban tenazas, otros eran corpulentos como los ogros de las montañas; pero lo más terrible era que la mayoría de ellas ya no disponía de voluntad propia, en sus mentes, había un vacío indescriptible y verlos era de lo más desagradable que jamás se hubieran imaginado, las criaturas median más de dos metros y cada uno de ellos tenían la fuerza de 20 hombres lo cual resultaba más difícil de hacerles frente.
Subieron las escaleras lo más rápido que pudieron el palacio era un laberinto de pasadizos que llevaban a distintas entradas y salidas como una de sus estancias llevaba a una zona diferente que para cualquier persona le hubiera resultado difícil encontrar el recinto real, pero los comandantes conocían cada cámara, cada salida, cada entrada del palacio real. Cuando al fin llegaron al recinto los custodios que resguardaban las puertas del recinto real los reconocieron, abrieron las puertas y los comandantes ingresaron al interior del recinto, el Rey los miro con ojos penetrantes, los observo fijamente a todos miro a las calles y observo como sus soldados trataban de bloquear las puertas a las afueras una criaturas de un tamaño desmesurado estaba impactando fuertemente la puerta aquellas criaturas babeaban llenas de ira y hambre ansiosos de querer desgarrar la carne humana, el Rey por primera vez en la vida sintió desesperación ante la situación crítica en la que se encontraban muchos de sus soldados estaban desorganizados los custodios estaban recién organizándose lo más rápido que podían y Maldea estaba a un punto de sucumbir ante las tenazas de los Giath’gi.
– Velasco - dijo el rey dirigiéndose hacia la posición del comandante - ¿tengo entendido que fuiste tú quien envió a los exploradores a las afueras de la ciudad, y solo de todos ellos llegaron tres no es verdad?.
– Si mi señor fui yo quien lo hizo
– Y me podéis decir con que autorización enviaste a tantos hombres a morir en vano.
– mi señor teníamos que saber con qué…….
– Silencio – argullo en rey, su voz retumbo en todo el recinto y el cuarto se llenó de un silencio total - no me pongas pretextos, tienes suerte de que no sea tan sanguinario como mi padre porque de ser así te hubieras visto envuelto en una desgracia peor que la muerte, ahora deja de poner esa cara de culo, y dime que es lo que está ocurriendo, de donde vinieron estas criaturas.
– Mi señor, hasta donde sabemos la mayoría de esas criaturas arrasaron con 5 ciudadelas y sus reyes traicionaron a la Eolice, ahora la mayoría de ellos y sus ciudadanos dejaron de ser humanos renunciaron a su humanidad, según nos dijeron que estuvieron practicando artes oscuras desconocemos que fue lo que sucedió exactamente pero los exploradores vinieron diciendo que el fin del mundo se acercaba.
– ¿Y los presagios? – pregunto.
Velasco se inclinó con gran pesar - mi señor los videntes han ocultado los rostros – dijo Velasco refiriéndose a los Agaros, del templo del Dios de la furia – uno de los videntes aseguro haber visto a un Lobo cazando en las afueras de la gran muralla.
– Son magníficos Augurios, pero los Grandes videntes que dicen.
Tennen se inclinó con pesar.
– El gran vidente me ha garantizado que realizara una adivinación – dijo el segundo comandante al mando –. No ha habido ocasión todavía, incluso los altos mandos, y los mayores videntes de mayor rango están ocupados con sus tareas de baja categoría.
– Por supuesto – tercio Valerio con vos fría.
El rey hizo una ligera mueca al recordar que aquella sombra había caído primero en el imperio de Fordmond y desde ahí se había expandido por los cinco reinos vecinos, incluso el reino de Willford estaba siendo asediada por las mismas criaturas. Desde hace mucho el rey Valerio había escuchado que todo aquel que tocase aquella sombra, había sido transformado, aquellas personas habían dejado de ser ellos para volverse en marionetas, con las cuales el rey Tártaro se reía y divertía. Luego recordó que aquella sombra había caído en su reino, recordó que los términos culturales del reino de Fordmond eran escépticas por lo cual sus ciudadanos no creían en Dioses, pero aun así la Eolice respeto sus formas de pensar y la cual dejo al reino de Fordmond ser parte de la Eolice, con el fin de que ellos pudieran contribuir con los avances tecnológicos y constructivos. Su rey era un hombre justo y valeroso con el cual se podía confiar; desgraciadamente el rey Tártaro nunca le vio la necesidad de creer en Dioses y Santos por lo cual su reino solo se basaba en el conocimiento absoluto y en el trabajo, el rey Tártaro había transformado el reino de Fordmond en un bastión de progreso y entendimiento, pero actualmente la ciudad y buenas gentes, eran criaturas derruidas que solo buscaban sangre para complacer a su sádico Dios, la ciudad de hermosas galeras y alegres colores se había transformado en un páramo horrido y abominable, las calles se llenaban de sangre, y los ecos de los gritos de dolor y angustia se escuchaban en cada esquina.
A Valerio no le cabía la menor duda de que la vil sombra se había extendido desde el anchuroso mar y había infestado el reino de Fordmond. Todos los males habían asolado aquellas tierras benditas a lo largo de 10 años se le podían achacar al tirano que reinaba ahí su nombre era Tártaro, un gran amigo del rey Valerio, pero ahora era diferente, Valerio sabía que debía salvar a su amigo, pero después la carga de responsabilidad lo cargaría el, no. Tártaro debía morir, y aunque fuera un gran pesar para la Eolice, el rey Valerio tenía que darle fin a esta locura.
Valerio volteo tomando su espada, el sol daba sus primeros brillos, pero la guerra no había acabado los enemigos estaban reagrupándose el rey exigió visitar a los videntes quienes tocaban los cuernos dando la bienvenida al amanecer, en la llanura del norte los custodios ya se habían reunidos, relucían como un mar de oro y plata, cada uno de ellos dispuestos a morir por su rey. Al este, la línea erosionada de las cumbres quebradizas estaba grabada con la luz amarilla del sol, mientras los interminables arboles cubrían la vista de los enemigos, y estaban envueltas en sombras.
Valerio salió del recinto junto con sus comandantes, generales y nobles del ejército, rutilantes con sus galas marciales, junto a los videntes mientras estos los bendecían para que sus espíritus estuvieran llenos de impurezas y sus almas no pudieran ser engañadas.
El rey se acercó a uno de los Agaros y preguntando – ¿Que augurios hay mi sanidad?
El Rey de los videntes se levantó y su magnificencia era grandiosa de ver, su ropa era blanca y mostraba una brillantes única e incomparable, observaba fijamente al rey.
– Cuídese mi señor pues la muerte se acerca, pero no será hoy, sin embargo los Dioses me han mostrado un presagio del futuro y en el solo he visto muerte. Pero este se puede retener, de una tierra olvidada la salvación llegara de un continente olvidado ya hace mucho – el vidente camino a los alrededores mirando a los generales y comandantes – ustedes tendrán otro destino, este reino no caerá, pero hoy se harán sacrificios para salvarlo.
Observo a Velasco, este sintió un aguijón en el pecho, la mirada del Agaro había sido fulminante y era algo que no podía ignorar, en su interior se preguntaba sí su destino seria la muerte o el caos imprescindible de su caída.
El Agaro miro a Tennen y este no se inmuto, si su muerte estaba próxima la aceptaría. Tennen era un hombre templado, callado y grande en la amistad. Había sido exiliado de las tierras de Hait’nos; había llegado hasta el reino de Maldea en un estado deplorable, el rey Valerio lo había encontrado junto con sus custodios en el camino real, el hombre estaba débil, desangrado. Aquel hombre era flaco, desnutrido, y ya a un paso de la muerte, fue entonces que el Rey Valerio tuvo la decisión de acogerlo en el palacio real. En sus primeros días hablaba poco y se mantenía serio, cuando se recuperó por completo, comenzó a demostrar grandes capacidades en el manejo de la lanza y de la espada, demostrando ser un letal guerrero. Tennen el de “Filos certeros” así se le conocía en los demás reinos, su manejo con la lanza era tan preciso que llegaba a matar a 30 hombres con sutileza mucho antes de que llegase a empuñar la espada; cuando empuñaba la espada se movía con tal precisión y elegancia que los rivales quedaban pasmados con la ferocidad y exactitud de sus ataques, tan rápidos eran sus movimientos, que sus enemigos tardaban en seguirlos con exactitud, los movimientos que este ejercía sobre el oponente eran tan rápidos que los rivales no llegaban a acercársele. Fue tanto así que al acabar una guerra, terminaba con la vida de 70 hombres.
Su determinación fue tan buena, que llego a ascender a comandante, gracias a eso llego a salvar el reino de Maldea de incontables incursiones que se presentaban en las tierras del norte; los Centauros estaban invadiendo las pequeñas cabañas y aldeas, habían logrado unir una hueste numerosa para invadir reinos enteros; pero el Rey Valerio no lo permitiría, así que la Eolice; el consejo de Ancianos había declarado la guerra a las fuerzas enemigas, aquella guerra había sido la segunda guerra que se llevaba a cabo después de la guerra del “Puño de Hierro” y a diferencia de los Orcos aquellas criaturas atacaban en distintos flancos haciendo ataques estratégicos, y luchando con una ferocidad que helaba la sangre. Muchos se esperaban encontrar a los centauros con armaduras negras como usualmente se describía a los malvados, pero la realidad sus armaduras eran de color plata llevaban cascos con cuernos y a diferencia de los demás guerreros, llegaban a medir dos metros con cincuenta centímetros, eran altos, fornidos y fuertes y recordaron mucho a la caballería de la Guardia Real.
En aquella guerra Tennen y Velasco habían estado a cargo de comandar un escuadrón de guerreros custodios, todos ellos eran asesinos de elite que luchaban en nombre del Rey y en nombre de la Eolice, aquel día Tennen y Velasco habían usado el entorno como estrategia para atacar la retaguardia de centauros que atacaría por el lado oeste, el plan era sencillo, acabar con todas las unidades posibles para que la caballería pudiera avanzar y abrirse paso en el camino real. Tennen había ordenado a todos los custodios escalar los arboles del camino real ocultándose de la vista de los fieros enemigos. Velasco no objeto susodicho plan puesto que le parecía algo demente y el siempre encontraba la gracia a sus planes. Cuando llego el momento los centauros habían llegado. Tennen espero el momento exacto de que los centauros no se percataran de la presencia de los custodios y entonces vio a Velasco, este estaba agarrado fuertemente en uno de los árboles, Tennen lo vio y dio una sonrisa burlona volteo y levanto las manos, luego dio la señal, los custodios cayeron sobre el enemigo como una lluvia de muerte, algunas lanzas se clavaron fuertemente en los lomos de los centauros, algunos habían caído en las cabezas logrando decapitar a todas las fuerzas enemigas, silenciosos como un viento que llega sobre en enemigo, inadvertido.
Ese día Tennen y Velasco habían logrado detener el asalto de los centauros por el flanco oeste. Horas después la Guardia Real había llegado, tan afeminados como siempre, los generales Drazan y Elric estaban con sus armaduras relucientes de perla y plata ambos generales comandaban la caballería. Aquella guerra se había pagado con la vida de varios buenos hombres, aquella con eso había concluido la guerra de razas.
Pero aquella guerra era distinta, aquello era una masacre en lugar civilizado y Valerio le haría frente a tal amenaza.
El Agaro miro a Velasco y a Tennen y dirigiéndose a los dos dijo– ambos tendrán un destino distinto, pero no morirán – Velasco y Tennen miraron con asombro al Agaro mientras este se dirigía al Rey. El Agaro brillaba debido a la gloria reflejada de los Dioses en él. Su cuerpo iba ataviado con una túnica blanca con linos de oro unos brazaletes dorados le piñizcaban los brazos blancos. Sobre todo el pecho se hallaba un talismán, parecido a los que llevaban los ancianos de la Corte en Valimar la ciudad de la Eolice, aquellos talismanes permitían canalizar la energía etérea, para que así los Videntes pudiesen contactar con los Dioses y predecir acontecimientos futuro.
– Mi señor – pronuncio el Agaro con vos fuerte. – Dígame ¿Qué sacrificaría, para salvar este reino?
– Mi vida y mi espíritu, para salvar a este reino y a la Eolice.
El Agaro sonrió y luego miro a las afueras – Su padre fue un tirano y un cobarde; pero usted demostró ser diferente y me alegra que aun hallan personas como usted.
El Agaro volteo lo miro afablemente y luego lo tomo del hombro diciéndole – Siempre hay esperanza Rey Valerio, incluso en los momentos en los que sentimos que todo está perdido, con esto, yo entrego su alma a los Dioses, que ellos guíen su camino mi Rey.
Valerio sintió una sensación de tristeza y melancolía, el Agaro estaba a puertas de la muerte, su tiempo ya se había acabado, y era momento de encontrar un sucesor. Desgraciadamente muchos de los videntes presentes en el Templo no eran dignos, ni estaban preparados para tal cargo, ante aquella tesitura sabía que aquellos poderes se irían desvaneciendo con el paso del tiempo, si no encontraba un sucesor el reino estaría en peligro de quedarse en un estancamiento del que no podría salir sin el Agaro no se crearían más custodios y tampoco se podrían predecir los eventos del futuro que llegarían para la humanidad.
El Agaro se irguió tomo el Kohl negro con nerviosismo y volvió el rostro hacia el rey.
– Mi Señor necesitó que venga conmigo, quiero que vea algo, pero necesitó que venga solo – se hizo un silencio en todo el podio, y luego el rey lo miro asintiendo con la cabeza.
– Vosotros quedaos aquí – ordeno el rey los generales y comandantes asintieron mientras el rey se dirigía hacia la parte baja del Templo de Yhk’shara, los videntes ya hacían en la superficie de aquellos túneles y muchos de ellos hacían plegarias a los dioses a cuales habían sido asignados aquellos, túneles se internaban en el subterráneo, en lo más recóndito de la superficie el Agaro lo condujo rápidamente hacia un espejo.
– Espere aquí su majestad – Valerio miro asombrado aquellas estancias, frente a el ya hacia la estatua de la Diosa de los videntes y la diosa de los vientos y la sabiduría.
El Agaro hecho el kohl alrededor del espejo, el Kohl negro revelaba los acontecimientos del futuro, desvelar los pensamientos. El humo adopto formas inicuas, durante largo rato el Agaro estuvo rezando en un idioma desconocido, luego miro al Valerio.
– Mi Señor ya está listo. – Cuando el Agaro se levantó los grandes humos se disiparon dando una visión más apta para Valerio. El rey observo en su delante un espejo echo de oro puro en la ranura del frente había un símbolo de algún Dios desconocido. El Agaro se apartó dando paso al rey.
– Mi Señor necesitó que mire directamente al espejo, necesito que se concentre mi rey. – Valerio contemplo el espejo, pero solo observo su reflejo y el reflejo del rey de los Agaros.
– No veo nada, solo te veo a ti – replico Valerio, con ojos de frustración.
– No se está concentrando mi rey, necesito que se concentre, su salvación y la salvación de todo su reino, ya hace en lo que vea ante los ojos de la Diosa.
Valerio miro nuevamente el espejo, se concentró no en su reflejo, sino puso sus pensamientos en los acontecimientos ocurridos en los últimos años, las caídas de los reinos las muertes y mutilamientos de niños, todas esas sensaciones hicieron que su mente se viera turbada. Entonces lo vio todo con claridad, atreves del espejo se revelo el futuro que le aguardaba a la humanidad, si Valerio fracasaba en esta guerra la humanidad se sumiría en un estado de caos primordial donde los Dioses primordiales serian gobernantes absolutos. Atreves del espejo vio
“Un trono hecho de huesos unas hileras hechas de sangres los hombres danzaban alrededor de un execrable Dios, pronunciando su nombre en un idioma desconocido para él, vio a criaturas reptiloides que depradaban y violaban los demás reinos, el mar se había vuelto de color carmesí y los profundos se daban baños de sangre y escucho que en las hogueras los hombres adoraban y pronunciaban el nombre de algún Dios enloquecido y sediento de Sangre y escucho el nombre de tal Dios “
– “ Ia Ia Ia Igh’galatowa, Ia Ia Ia Igh’galatowa” –
Escucho aquellas voces y se repetían constantemente y pudo ver que en los mares de sangre emergía una criatura colosal, sus ojos eran amarillos y refulgían como dos diamantes, y sobre él se alzaban discos de oro y en esos discos se erigía una corona de hierro, aquella entidad se rio macabramente mientras miraba a los Dioses y los devoraba y su poder aumentaba.
Había bajado su mirada y entonces le vio.
– ¿Y tú quién eres? – Pregunto aquella entidad mientras miraba a Valerio – Ha ya veo tú no eres de aquí – .Aquel ente se acercó directamente rápidamente hacia la posición de Valerio, y sus ojos estaban puesto en el, Valerio sintió su energía y no pudo pronunciar palabra alguna la presión que esta entidad ejercía.
– Vaya al parecer no puedes hablar, tu fuerza se ha muerto muchacho, lo que me demuestra que eres débil – aquella entidad sonrió y miro – He aquí que tienes una fortaleza fuerte y bien guardada, pero no creas que el disco de la creación está a salvo, y aunque lo tuvieras que podrías hacer con él si no sabes usarlo, además habéis matado al único que pudo haberlos salvado. – Aquel ente sonrió en señal de victoria, pero lo que ocurrió después enfureció al Dios de la mano negra.
Una explosión siseante se escuchó desde la trinchera norte se escucharon gritos de guerra desde el otro lado del campo, el Dios fijo su mirada hacia el otro lado del campo de batalla.
– Lo siento muchacho hablaremos luego cuando acabe con estos idiotas.
Valerio no pudo moverse pero pudo escuchar gritos de ataque desde el otro lado del podio y corrió rápidamente para observar lo que realmente estaba ocurriendo. Vio a guerreros Maldeos y de otros reinos enfrentándose y delante de ellos estaba el Inquisidor Fran el señor de la ciudad de Dorian.
– ¡Avancen! – Exclamo Fran, mientras llevaba detrás suyo a los custodios – somos la única resistencia de la humanidad hoy tomaremos lo que es nuestro y expulsaremos a estas basuras de nuestras tierras.
Los Giath’gi se habían agrupado en un número inconmensurable y estaban atacando los flancos de los bastos ejércitos de la ciudad de Dorian, Fran dio un barrido de con su espada y la sangre negra de los Giath’gi revoloteaba en el aire todo lo que se le acercaba moría y dejo un camino de sangre ahí donde paso, pero el número de los profundos era inmensa y pronto la superioridad numérica los hizo prevalecer en la batalla, su brutalidad y fuerza era superior y pronto el ejército Doriano comenzó a menguar. Fran se apilo en las rocas los Profundos psíquicos empezaron a barrer con ondas de energía eléctrica a los guerreros que eran reventados como ampollas, otros eran triturados y devorados.
– Fran soy yo, Valerio.
Fran volteo para mirar, con ojos sorprendidos.
– ¿Valerio? Eres tu pero….. No es imposible, yo vi cómo te mataron los ancianos de la Eolice – Fran tomo el rostro de Valerio. – Por los dioses eres tú estás vivo Valerio.
Valerio lo vio con una sensación de sorpresa, encogió los hombros.
– Fran la verdad no se de lo que me estás hablando, no sé lo que está pasando la realidad, no tengo idea de lo que está sucediendo. – Fran miro con tristeza nuevamente.
– Eso quiere decir que aún no ha ocurrido nada en la ciudad de Maldea y en el reino de Willford – replico Fran mientras miraba a Valerio – eso significa que aún hay una esperanza para salvar nuestro mundo. – dijo Fran.
– ¿A qué te refieres Fran? – Pregunto Valerio con vos preocupada.
– tenemos que ir a por el disco de la creación. – Replico Fran mirándolo con ojos serios. – Daré la señal de retirada, tu hija estará feliz de verte.
– ¿Mi hija? – Pregunto Valerio.
– Fue ella la que lidero en las demás guerras ahora es mi comandante – contesto el inquisidor Fran.
– ¿Pero a dónde iremos? – pregunto el rey.
– te llevare al reino de Dorian ahí tenemos un disco de la creación. – replico el inquisidor.
Fran toco fuertemente cuerno de retirada, los custodios restantes se retiraron rápidamente de la batalla y corrieron hacia el sur.
– Valerio vámonos ahora – Fran dio la señal y los guerreros siguieron el camino lleno de sangre lo heridos se contaban entre miles y estaban siendo llevados rápidamente en hacia los conductos de escape que habían creado hace mucho.
– Valerio tenemos que irnos apresúrate – replico en inquisidor, mientras cerraba las compuertas y se retiraban del campo de batalla.
– Fran explícame que fue lo que paso por los reinos están derruidos que fue lo que sucedió maldita sea.
Fran lo miro y no dijo nada, al cabo de unos minutos respondió. – solo te diré que todo esto es culpa de la Eolice, sus deseos de querer controlar los discos de la creación llevo a la ruina nuestro pueblo.
– ¿La Eolice ocasiono esto? – pregunto el rey con voz preocupante.
– No solo la Eolice sino la corte del gobierno, los inquisidores accedieron a esta clase de cosas. – Respondió Fran. – Pronto la mayoría de inquisidores desaparecía por mucho tiempo y luego volvía a aparecer su comportamiento cambiaba poco a poco los ancianos se fueron corrompiendo.
– Eso quiere decir que la Eolice es….
– No la Eolice no es el verdadero enemigo. – Dijo Fran. – Pero Créeme cuando te digo que el enemigo se infiltrara en nuestras filas te sugiero estés atento Valerio, tienes que tener cuidado, no confíes en nadie, días oscuros se acercan.
– ¿Entonces qué podemos hacer Fran? – Pregunto Valerio.
– Eso te lo diré a su momento Valerio, primero tenemos que ir al santuario de lo Kadios.
– ¿Los kadios? Había escuchado sobre ellos pensé que eran un mito – Valerio se mostró interesado en ver a tales seres existian, hace mucho había escuchado que lo kadios habían creado las joyas del tiempo espacio y gracias a eso pudieron dar forma y movimiento a las criaturas existente en los mundos según algunos viejos relatos que había escuchado es que esas entidades eran sirvientes de un Dios más antiguo y viejo que los mismos Dioses.
– Son verdaderos, fueron ellos fueron nos ayudaron, pero ahora están debilitados, sin los discos de la creación están debilitándose. – dijo Fran mientras lo llevaba directo a las a la fortaleza de Dorian – Este es el único lugar donde nos resguardamos pero ya cuando este lugar caiga no habrá lugar donde refugiarnos ven Valerio. – replico Fran mientras lo guiaba al interior del palacio de ignotos
– Necesito que los custodios refuercen la puerta – Exclamo Mirela – los Giath’gi no deben entrar quiero que la guardia Real resguarde los muros si Fran a fracasado en su invasión estoy segura que llegaran aquí, así que necesitamos…. – La voz de Mírela se cortó cuando vio al hombre que estaba junto a Fran la figura era familiar, soltó su espada y se lanzó a abrazarlo.
– Dime que no eres una ilusión – dijo ella mirándolo al rostro.
–Soy yo mi pequeña. – La abrazo y fue en ese entonces que se dio cuenta que lo que estaba viendo era real, y por un momento había olvidado que su alma había viajado a las estelas del tiempo.
– No lo puedo creer, tú estabas muerto… no sé qué decir – dijo Mirela mientras miraba a su padre sorprendida.
– Mirela no disponemos de mucho tiempo no se quedara para siempre tenemos que enviarlo a su línea tiempo, para eso necesitamos a los Kadios. – replico Fran, Mirela asintió secándose las lágrimas.
– Es cierto padre si viniste aquí es decir que solo lo hiciste gracias al acceso de una deidad poderosa que intervino en tu visión,
– ¿Qué quieres decir con eso? – pregunto Valerio.
– Con eso quiero decir que la deidad que te materializo quería que presenciaras algo pero no sé qué la verdad porque te trajo a este tiempo, sin embargo tienes pero tienes que regresar. – ella sonrió y le toco la mejilla en un gesto de cariño y luego le dijo – escúchame cuando estés ahí con los Kadios te sugiero que te quedes callado Fran hablara por ti.
– Entiendo la verdad me gustaría quedarme más tiempo tengo mucho que hablar contigo –. Valerio sonrió, y luego Mirela la llevo rápidamente al templo de los Agaros.
–Valerio te sugiero que no mires a los ojos a los a ningún Kadio son orgullosos y no les gusta que los hombres los observen – Dijo Fran. Valerio asintió y avanzaron a la superficie del templo, ingresaron por unas compuertas y se dirigieron hacia una sala oscura. – No importa lo que veas no importa lo que sientas no alces la mirada, limítate a mirar solo los pies. – Fran se acercó y comenzó a hablar en un idioma que le era desconocido –.
– Valerio – Exclamo Fran – Ya puedes ingresar. Recuerda no alces el rostro, a no ser que ellos te lo ordenen.
– Entendido – Valerio ingreso a aquella sala bajo la vista en el suelo y se posicionó en el medio del podio.
– Tú has de ser Valerio, te hemos estado esperando por mucho tiempo, Rey de Maldea.
Valerio escucho unas voces en su mente, y aunque quería alzar el rostro para ver a esas míticas criaturas sabia queno debía hacerlo.
– Te sugiero que no alces la vista, nuestra psoique es demasiado fuerte si nos ves a los ojos tu alma morirá, asi que te sugiero que mantengas la cabeza agachada.
– ¿ Que es lo que está sucediendo en este lugar, como es que llegue aquí? – pregunto Valerio.
Uno de los Kadios descendió y le dijo.
– Tu llegada aquí estaba planeado por nuestro padre, fue el quien materializo tu alma en esta línea de tiempo, él quería que presencies este futuro y nosotros nos hemos preparado para tu llegada –. Replico una de aquellas entidades.
– ¿Qué es lo que quieren de mí? ¿Quién fue el que me trajo a esta línea de Tiempo? ¿Por qué a mí?
– Todo a su tiempo vuestra majestad pero ahora es momento de que presencie el destino de este mundo – entonces los Khadios se alzaron y descendieron y lo tomaron de la cabeza y uno de ellos le dije –. Te sugiero que te relajes nos será más difícil enviar nuestra psique a tu interior si te resistes.
Valerio, trato de tranquilizarse respiro hondo y entonces le mostraron el destino del universo y el final del mundo
“El mundo se convertirá en sangre, con la muerte del ultimo “Apu”, la humanidad ha perdido la posibilidad de salvar su tierra, los discos de la creación que alguna vez han equilibrado al mundo. Serán vuestras perdiciones, la era del hombre se acaba, la era de la cosecha ha fracasado, el último demiurgo ha caído, su última esperanza ha caído, ahora el Dios de la mano negra se ha alzado desde las cenizas y los Dioses que alguna vez os han protegido serán alimento para el hambriento Dios de los profundos los mundos arderán, la creación ardera”
Los Khadios lo soltaron y Valerio tuvo una sensación de melancolía, odio, ira, tristeza y amargura.
– ¿Qué fue eso? ¿Qué es lo que me hicieron? – Pregunto el Rey consternado-
– Solo pasamos nuestras memorias, junto a las sensaciones, es eso lo que los elfos sienten cuando ustedes los esclavizan.
– ¿Espera como saben?
– Nuestras almas pueden viajar al futuro he internarse en el interior de un cuerpo, viajamos grandes distancias ya sea futuro o pasado para cambiar algún acontecimiento. Pero ahora ya es imposible sin los discos y las joyas de la creación ya no podemos viajar a ningún evento del pasado. – Replico el Khadio.
– ¿Cuál es su función en este mundo, quien fue el que me trajo a este tiempo? – Pregunto Valerio seriamente.
–El Dios al que servimos está más allá de tiempo y espacio, fue el quien creo a la humanidad, y al resto de razas, pero los demás Dioses querían dominar esta creación y someter al hombre a su voluntad, y ser llamados señores, y viendo que los Dioses habían dominado y doblegado a la humanidad a su servicio el creador enfurecio. Fue ahí cuando Wiracocha se irguió y toco el cuerno de Yah’jaleg creando así al primer Dragon, así empezó la guerra de las Edades – comento uno de los Khadios que se puso en frente de Valerio, Aquella entidad se mantenía suspendida en el aire sus pies eran tres garras – Tu mente esta turbada entre este tiempo y el otro no es así, sin embargó te mantienes firme –. El Kadio miro a sus hermanos y dijo – Khal’jeg, esto puede funcionar.
– ¿A qué te refieres? – pregunto Valerio.
– Hace rato te mencionamos, que podíamos internarnos en un cuerpo humano pero no te dijimos que cuando nos internamos tenemos que aprender a convivir con el usuario, a cambio de eso el usuario recibe conocimiento no solo del mundo sino del universo y de nuestras costumbres. – Respondió el Khadio
– ¿Si y que hay con eso?
–. Bueno sucede que tu alma está en el futuro junto con tu cuerpo material.
– Espera tu plan es poseer mi cuerpo, que mierda están dementes. – Exclamo Valerio.
El khadio lo miro haciendo un ademan de negación. – Valerio, mal interpretas nuestras intenciones, al parecer no has entendido nada. – Replico el Khal’jeg –. Nuestro propósito es que uno de los nuestros valla contigo, tu seguirás teniendo control sobre tu cuerpo y tus pensamientos, sin embargo solo habrá espacio para uno de nosotros – Dijo Khal’jeg.
– Aun así es una completa mierda, no compartiré mi cuerpo con otro ser… – Las palabras se cortaron cuando Valerio tubo visión febril de Adultos desnudos caminando hacia los hornos, las madres ocultando a sus hijos y asecinandolos, y con esta visión supo la respuesta antes de que los Khadios se la dieran – “ puede ser esa la respuesta de los Dioses a los hombres” – Pensó Valerio
– Puede ser la respuesta de los Dioses, no la tuya.
– ¿Por qué?
– Porque ese sacrificio ya hace milenios se ha aceptado, nosotros estamos más allá de eso.
–Entonces ¿Qué? ¿Qué?
Y como un sueño Valerio tubo la visión de ver a las madres escondiendo a sus hijos en pilas de abrigos, fue en ese momento cuando supo cómo debía ser, y todo se aclaró en su mente.
– Si uno de ustedes se interna en mi tengo la certeza de que seguiré siendo yo cuando regrese.
El Khadio se irguió y respondió:
– Te aseguro que seremos de utilidad en vuestro camino su majestad; ahora puedes retirarte, debatiremos quien será el que se retire junto a ti.
Valerio asintió con la cabeza y luego se retiró lo más rápido que pudo del circulo las puertas se abrieron y al otro lado de esta, se encontraba Fran junto a su hija.
– ¿Y? ¿Cómo te fue? – Pregunto el inquisidor Fran.
– Digamos que fue algo perturbador e interesante a la vez, pero eso si nunca creí que aquellas criaturas pudieran hablar atreves de la mente, creí solo ustedes, los inquisidores podían –. Respondió Valerio mientras se retiraban del templo de los Agaros.
– Hay muchas cosas que se ignoran en este mundo, todo esto de los viajes astrales me deja consternado antes se creían que eran obra de brujería y ahora los llaman energía espiritual o éter.
– Había escuchado esas terminologías en un libro, hablaba de una mitología antigua. De una conquista y la pérdida de los discos de la creación que se habían perdido tras aquella conquista –. Comento Valerio.
– Es posible que aquellos conquistadores hallan visto como herejía aquellas creencias, por lo cual fue motivo de destrucción de su cultura. – Comento Fran
–Si había encontrado unos manuscritos, sobre aquella conquista, dijeron que fue la peor era de la humanidad, se hicieron casas atroces y compadezco al imperio que padeció aquellas barbaries, no me imagino como pudo haber sido. – Replico Valerio.
Al otro extremo de la fortaleza, se escuchó una explosión y el sonido de escombros caendo.
–! Mi señor ¡los Giath’gi acaban de destrozar el muro, están ingresando.
– ¿Qué? Maldita sea, necesitamos que los custodios se preparen y que la caballería se aliste para el asalto.
– Yo iré…
–No Valerio, te necesito vivo, Mirela llévate a tu padre al interior del templo y que no salgan hasta que llegue ¡entendiste!
Mirela asintió, y se dirigió con su padre hacia el templo de los Agaros.
El aire bullía con el estridente ritmo de los Giath’gi, los profundos habían tomado el primer y el segundo castillo y habían ,logrado derribar la retaguardia del primer palacio el resto de guerreros se estaban reagrupando lo más rápido posible. Aquellas criaturas eran desorganizadas y atacaban al azar.
– Necesito que los arqueros se posicionen en la parte superior del tercer palacio, y necesito que la caballería ataque el flanco izquierdo – Exclamo Fran, se escuchó un rugido de un de los Giath’gi que se había lanzado a raudales hacia Fran. El inquisidor maniobro la espada rápidamente, decapitando en el acto al profundo, la espada bullía una energía eléctrica y la cabeza del profundo salió disparada hacia el cuerpo de uno de los soldados que soltó un grito asustado y asqueado.
– Hey ese será tu primer regalo Ahora recuerden sois novatos así que no os aseguro que salgan con vida, no les daré un discurso motivacional de mierda, así que mi único consejo que les dare será que luchen cada uno por sus vidas resguarden al de su lado, ahora solo tengan en cuenta algo más antes de entrar a la batalla.
– ¿Y qué cosa es eso mi señor? – pregunto uno de los guerreros.
– De que no te maten en la primera batalla –. El resto de sus compañeros dieron una carcajada y luego se armaron para el combate.
Los guerreros detenían la puerta superior del templo, los profundos impactaban sus cuerpos contra la puerta, aquellas criaturas daban rugidos estrepitosos, y luego se escuchó un silencio y la puerta principal dejo de tronar, se escuchó un rugido que se emitio por el techo, como si cuerpos gelatinosos estuvieran trepando los muros y tratando de subir.
– Apilen las puertas con las vigas, rápidamente – Exclamo Fran. – Trataran de subir por arriba, tenemos que defender este templo que los comandantes se dirijan rápidamente en la primera fila – Fran se dirigió al interior del templo lo más rápido.
– !¿Mi señor a dónde ira?¡
– Necesito asegurarme de que los Khadios lleven a nuestro anfitrión a su línea de tiempo, Drazan te dejo al mando – Drazan asintió, se dirigió rápidamente al patíbulo superior.
Fran se dirigió rápidamente hacia la cámara de las leyendas, frente a él, ya hacia uno de los Discos de la creación, sabía que no disponía de mucho tiempo antes de que los Giath’gi y los profundos ingresaran.
“maldita sea, como fue que llegaron a este lugar, ¿se habrán dado cuenta de la presencia eterica de los Khadios? como sea no tengo que permitir que lleguen al disco de la creación o sino será el fin de todo, y los sacrificios que hicimos habrán sido en vano”
Pensó Fran, mientras se dirigía al salón de las leyendas, y entonces ante él estaba el disco solar de Tonatiuh, un aquel disco tenia grabada la cara de un Dios que sostenía dos báculos y que según los ancianos de la Eolice, había sido tal Dios el que había salvado si reino en la era de la tecnología brindándoles conocimiento e inmortalidad.
Fran se acercó y tomo aquel disco de oro rápidamente, dentro de aquel santuario ya hacían los jeroglíficos de la historia de los Apus los guardianes del imperio inca, espíritus antiguos que había llegado junto con el Dios Viracocha, cuando la tierra era vacía, hueca y sin vida, y hace mucho había dejado a los Apus para que defendiesen el imperio incaico, y ahí vio el retrato de un antiguo rival con el que se había enfrentado hace mucho tiempo.
– “Me pregunto qué hubieras hecho tú, Agueon.” – Pensó Fran, mientras tomaba el disco solar y se dirigía hacia el exterior del santuario, llego a unas cubículos concéntricos que conectaba a distintos caminos, aquel templo se había creado en como un laberinto para aquel que robase el disco solar no pudiere salir del templo, pero Fran que era conocedor de aquellas estancias y que conocía aquel templo se dirigió tercer santuario, entonces ahí pudo ver a Valerio y a Mirela.
– Valerio, hubo un cambio de planes te largas en este momento.
– ¿Pero qué paso Fran? – Pregunto Valerio preocupado.
– Te daré los detalles en el camino, ahora andando, Mirela necesito que nos cubras a este paso lo Giath’gi estarán ingresando no creo que los soldados hallan resistido lo suficiente para resguardar la puerta.
– ¿Que sucedió Fran?
– Valerio escúchame tú tienes que regresar, no digas nada de lo que viste a los ancianos, ni a los inquisidores, solo empeoraras las cosas, te tomaran como hereje y te sentenciaran a la pena emocional, y tu bien sabes que esa sentencia es peor que la muerte. – Fran pudo sentir que la psique de los Giath’ gi se aproximaba, estabo a punto de desenvainar la espada, Hasta que Mirela se aproximó y dijo.
– Yo me encargare de esto Fran ahora lárgate, llévate a mi padre fuera dice aquí.
– Son psíquicos te mataran y lo sabes – Replico Fran.
– Sin sacrificio no hay victoria Fran, ahora lárgate, padre hoy redimiré los errores del pasado, cuida de la pequeña niña que esta recostada en tu cama cada día, hazme ese pequeño favor.
– ¿Qué, espera?
– Valerio tenemos que irnos.
– No me pidas que abandone a mi hija.
– Maldita sea Valerio vámonos, tu hija nos dará el tiempo suficiente para que te podamos mandar a tu línea temporal.
– ¡No, Irela!
– Maldita sea Valerio vámonos.
Fran jalo a Valerio lo más rápido que pudo a las profundidades del templo y lo último que Valerio pudo ver es como su hija abatía a los Giath’gi, con rapidez decapitándolos de manera rápida, luchaba con la fuerza de las leyendas, matando y descuartizando todo lo que se acercase, uno de los Giath’gi se lanzó con potencia e impacto el cuerpo de la mujer, la criatura rugió mostrando sus dientes, el polvo se levantó, Mirela balanceo la espada cortando el brazo del Giath’gi, huesos rotos y sangre derramada, los Giath’gi psíquicos comenzaron a lanzar energías eléctricas que emanaban desde la punta de sus dedos. Mirela sabía que si los dejaba ingresar seria el fin de todo se levando, dio un barrido con su espada cortando por la mitad a la criatura, sintió los poderosos impactos pero los ignoro, cargando ante los escombros esparcidos hacia la pendiente, mientras el polvo la cegada por momentos, todo lo que podía ver eran formas queme hundas a su alrededor, odiaba a los Giath’gi como nunca nadie había odiado en la vida.
Entonces le vio, ante el ya hacia el hombre que había desgraciado no solo a su tierra sino a toda la humanidad, odiaba Mas a esa persona como nunca había odiado antes. Una espada se balanceo hacia su cabeza golpeando su hombrera y rasgando hacia arriba, el hombro de Mirela se desgarro en un baño de sangre y carne, ella aulló de dolor y luego se levantó lo más rápido que pudo tratando de detener el sangrado, mientras se veía rodeada por sus enemigos, los Giath’gi se apiñaron a su alrededor, mientras ella balanceaba la espada con la poca fuerza que le quedaba pero a cada paso su fuerza se iba disminuyendo, detrás suyo uno de los Giath’gi balanceo su enorme espada, ella se movió y lo esquivo con dificultad, podía escuchar el grito de los soldados que estaba tratando de confrontar a los criaturas con cabezas de pulpo, y se dio cuenta que estaba sola. Mirela se levantó y dio un barrido con su espada y continúo con su carnicería, su hoja se levantaba y caia con la sangre negra de los Giath’gi, ningún ataque podía atravesarla ninguna flecha podía detenerla, los cuerpos de los Giath’gi la rodeaban formando su altar de muerte. La humareda se apartó y pudo ver a aquel hombre que había destrozado su hombro izquierdo.
– Mirela me sorprende que hallas podido soportar todo este dolor. – Dijo aquella vos penumbrosa.
Mirela reconoció la vos y supo de quien se trataba volteo su faz para mirar aquella figura y entonces lo reconoció ante ella ya hacia el mismísimo Tartarus, el hombre que había traicionado al Imperio de la Eolice hace ya mucho tiempo, ahí estaba el monstruo que había pactado con los Dioses del Vacío. Nubes de humo carmesí salieron del cuerpo de Tartarus mientras tomaba a Mirela del cuello y la levantaba, y sentía que la furia y el odio la consumían. Tartarus el mayor y más queridos de los reyes ya hacia ante ella.
– ¿Porque Tartarus? ¿Por qué?
Pero Tartarus no dijo nada, se detuvo para contemplar el cuerpo de la guerrera y luego la acaricio en la mejilla, y luego giro su espada, ella respondió rápido y balanceo su espada hacia el tórax de su oponente, Mirela salto con el pie hacia adelante esquivando los dos mandobles que lanzo Tartarus, sintiendo como se rompían las cuchillas de su armadura, aterrizo suavemente y rodo alejándose de Tartarus, antes de que pudiera reaccionar. Su espalda estaba contra un muro sin ningún lugar donde escapar, solamente podía avanzar.
– Aquí se acaba Mirela. – Dijo Tartarus, lanzando una sonrisa macabra.
Los dos rivales se encontraron espada contra espada y Mirela se dio cuenta que no podría vencer a Tartarus, su espada se partió, y Tartarus clavo su garra profundamente en su abdomen, un estallido de atormentadora agonía retumbo en todo el escenario cuando Tartarus le hundio su garra.
Mirela escupió sangre en el rostro de Tartarus y siseo.
– Moriré aquí, pero tú te iras conmigo traidor.
Mirela levanto su espada y rasgo la garganta de su enemigo en una lluvia de sangre, sintió como la garra de Tartarus se debilito y cayó al suelo, con su fuerza vital derramándose ante ella, pudo escuchar vagamente como sus compañeros la llamaban pero a cada grito el eco de sus voces se apagaba. Había logrado su cometido, sonrió y cerro sus ojos mientras la vida la abandonaba.
Drazan y Elric observaron como el pequeño grupo de Giath’gi transportaba el cuerpo caído de Tartarus atreves de sus cuerpos, los demás guerreros avanzaron abriéndose paso entre los cuerpos de los Giath’gi, y los túneles interiores estaba ahora en manos de los generales y la guardia real. Mirela había mantenido retenidos a los Giath’gi lo suficiente, para que los demás guerreros pudiesen llegar y salvar el día, y con una apariencia melancólica que era notoria en la apariencia de Mirela, depositaron a su comandante a los pies del Agaro. Elric y Drazan se arrodillaron ante el cuerpo de Mirela poniendo las manos en su frente clavando la mirada en la cara de su comandante, quizás fuera la relajación de ,los músculos que sobreviene al morir, pero creyó ver dulzura en los rasgos de Mirela, a pesar de la terrible cantidad de sangre que bañaba su rostro.
– Deseo que fuera así, hasta siempre comandante, nunca será olvidada.
“Los demiurgos son, los Demiurgos fueron, los Demiurgos serán, no conocen nada del universo, sino por intermedio de ellos”
Valerio I, Rey de la ciudad de Maldea, había despertado a las horas previas al amanecer, escuchando el sonido del gran ejército que ya hacía a las afueras de las murallas, los gritos moribundos de los Giath’gi se escuchaban en la quietud de los bosques. Podía oír los relinchos de los caballos en el corral. En el norte se escuchaba el cuerno de guerra, los comandantes y generales corrían alarmados a los cuarteles despertando a los guerreros que recorrían la basta fortaleza.
El rey inspiro hondo el aire perfumado, y se llenó los pulmones. Sentía la mente despejada y el espíritu tranquilo, lo que tomo como un buen augurio, en el comienzo de una batalla tan trascendental. El frescor de la noche le resultaba agradable.
Valerio se soltó de los brazos de su mujer, y se retiró a su recinto real frente a el ya hacia su armadura ancestral la cual llamaba Ghal’ahat. La tomo y se preparó para el combate. Valerio, vestía una armadura ancestral creada en las montañas de Kur’ghal, la montaña de hierro, donde habitaban los enanos en la ciudad de Khath’zaran.
Valerio se movió con cuidado, entre las pieles que utilizaba como abrigo. Su armadura estaba creada de un acero que según algunos escribas procedía de una estrella que había caído del cielo, el rey Valerio había salvado en aquel entonces a los enanos de un ataque orco; en una guerra conocida como “PUÑO DE HIERRO”. Krathtul el rey de los enanos había creado su armadura a partir del metal que conocían como horgon, dicha aleación había caído del cielo hace ciclos, y que habia resultado ser uno de los componentes más importantes en el gobierno de la Eolice.
Aquella aleación era capaz de resistir ataque de lanzas, flechas y la cual se encontraba a en la montaña Kur’ghal, denominada así por la criatura que habitaba aquellas montañas y cuya cabeza había sido el trofeo del rey enano, después de un tiempo él rey Merkon y el rey ValerioI habían llegado junto con miembros de la corte, para reclamar aquella aleación para la Eolice junto con sus ejércitos pues sabían muy bien que los enanos no serían un rival fácil de derrotar, pero ante aquella tesitura, el rey Krathtul les propuso una negociación a cambio del metal. No hace mucho después de la llegada de los enanos a las montañas de hierro, los Orcos y los Giath’gi habían empezado invadir el reino de Khath’zaran, el rey enano les había propuesto que si los ayudaban a despojar a los orcos y a los Giath’gi de sus tierras: el mismo en persona les cedería armaduras y armas para el combate; en producto de agradecimiento, el rey enano había forjado cuantiosa armadura para el rey de Maldea capaz de resistir ataques de lanzas y flechas y así había iniciado la guerra del “Puño de Hierro”.
Pero aquella invasión no era nada parecido a la batalla del “Puño de hierro”, aquello era un ataque masivo en lugar sagrado y los Maldeos no podían permitirse semejante herejía, su rey había declarado la guerra a Ihg’galatowa el Dios del mar oscuro, el Señor de la Plaga, y haría que el rey Tártaro el traidor quien había pactado con dicho Dios, pagaría por sus transgresiones, ante los Dioses y ante la corte de la Eolice.
Se oyó el sonido de la puerta en el recinto real. Dragan el sirviente favorito de Valerio, entro y se inclinó ante el rey, el hombre vestía una toga larga de tela que le envolvía su cuerpo hasta la cintura y un pantalón de cuero. Aquel hombre entro descalzo pues el lugar en el que pisaba era sagrado, según muchos el rey de Maldea era considerado la encarnación de un Dios hecho hombre y que debía ser venerado y respetado como tal, de caso contrario cada hombre que deshonraba al rey en la ciudadela era exiliado y destinado a vagar sin Reino.
– Levántate – ordeno – necesito que encuentres a mis generales y comandantes, diles que el rey en persona solicita su presencia. – El rey tomo unos 4 pergaminos y se los dio a Dragan – dale esto a los generales y a los comandantes diles que su rey los convoca – las palabras de Valerio fueron claras y precisas; Dragan tomo los pergaminos y los guardo dentro de su túnica y corrió rápidamente.
En las afueras el tumulto de los guerreros era grande, los soldados corrían a todas direcciones buscando los cuarteles para cada una de sus clasificaciones.
Los soldados se dividían en distintas facciones de guerreros comunes y corrientes hasta los temibles custodios que eran entrenados de la manera más abominable, se les extirpaba todo miedo a la muerte, los custodios adoraban a Rhan’ka, el Dios de la furia y en honor a ese Dios los soldados rendían como tributo a un niño para que pase la prueba de sangre. El niño en muchas ocasiones era un hijo indeseado por sus padres y odiado por su pueblo, el Dios de la Furia, tomaba y elegía a estos niños, que son detectados por los “Agaros” videntes seleccionados por los Dioses, para hallar y encontrar a estos niños y llevarlos ante el seno del Dios de la Furia, lugar donde eran entrenados de manera brutal y sin piedad, por los custodios anteriores, que luego serían sucedidos por dichos niños a la edad de 20 años.
En los Caballeros Reales, que adoraban a la Diosa Yhk’shara, la Diosa de los vientos y cuyo soplido destruye reinos enteros, los que adoran a esta Diosa llegan a hacer un pacto de sanidad enfocándose en el interior de sus pensamientos, para muchos el interior de la mente es la más compleja que evocaba muchas estructuras y los que la dominaban, eran capaces de dominar habilidades psíquicas, los que eran escogidos por esta diosa eran usualmente los puros de corazón pues asaban por muchos entrenamientos mentales y psicológicos.
- Que los Dioses os bendigan – dijo el sirviente con voz cansada y cortante – vuestros generales y comandantes ya llegaron y os aguardan en las afueras del palacio real, mi Lord.
Valerio levanto los brazos y se estiro hasta rozar los dedos al techo, el hombre media, como casi todos los comandantes y generales el rey media como algo más de dos metros y ocho centímetros, producto del fuerte entrenamiento en su cultura que le instigaba a que el rey debía estar por encima o a la altura de sus comandantes y generales.
–Trae mis armas y que mis generales y comandantes me atiendan. – Ordeno.
El esclavo se retiró rápidamente, unos esclavos entraron con las espadas y dagas, armaron rápidamente al rey para la batalla, uno de ellos colocaba las espadas dobles en su espada y trajeron la espada “Drobolav” el regalo del rey enano, el sirviente se inclinó ofreciéndole la espada; este la tomo rápidamente y contemplo el filo de la espada, mientras miraba su reflejo en esta, miro a uno de sus sirvientes y dijo – dile a Drazan y Elric que ingresen rápidamente – ambos hombres eran generales de batalla con muchos años de experiencia en los campos de batalla. El sirviente se inclinó y luego salió corriendo de la habitación. Al cabo de unos minutos los dos generales ingresaron rápidamente ambos hombres eran altos y miraban fijamente al rey, y se arrodillaron, tras ellos los nobles de la corte real ingresaron y se arrodillaron de igual manera.
- Levantaos - ordeno Valerio.
Los generales se levantaron y el rey fijo su mirada a sus generales y consejeros de la corte, luego volteo rápidamente a mirar la interperie, a las afueras los soldados trataban de retener a las criaturas que se apilaban a las puertas.
– ¿Qué nuevas hay del enemigo, tienen alguna información?
– El ejército enemigo se apilo a las afueras y se están agrupando a lo largo de las arboledas – contesto Elric.
Elric era uno de los paladines más fuertes del rey Valerio y recibía el apodo del lobo de Maldea, apodo que se había ganado en la guerra del “Puño de Hierro” e incluso entre su propia gente; el hombre se levantó, el paladín llevaba un collar del lobo de Forgon en sus manos hizo una ademan en la estatua del Dios de la furia en señal de respeto, según muchos decían que el lobo Forgon era un lobo enorme que media nueve metros de altura, algunos decían que se trataba de un hombre lobo, pero otros más escépticos decían que solo era una leyenda para asustar a los niños. El hombre se irguió poniéndose el amuleto en el cuello para que su espíritu pudiera ser protegido.
– ¿Que ocurrió con el resto de guerreros que estaban a las afueras?
– Los últimos guerreros llegaron hace apenas unas horas, no sabemos que paso con la mayoría envié una paloma a los reinos de Valimar tenemos que resistir hasta mañana para que nos envíen refuerzos; por otro lado el ejército enemigo se ha reunido, están viniendo con un gran ejercito de 5000 guerreros por el norte, por el oeste los Giath’gi están llegando.
Valerio miro a su general, frunció en entrecejo y pregunto.
– ¿Cómo lo sabes?
– Tenemos centinelas en el perímetro que han presenciado una cantidad enorme de Giath’gi, además hay un ejército de no muertos que vienen desde el Este donde era el reino de Kazimir; según nuestros informes todo el reino fue destruido, las personas murieron por la misma plaga, que azoló los demás reinos restantes. - dijo Elric.
– ¿Cuantos centinelas regresaron de su recorrido general Drazan?
Drazan era el segundo general al mando quien lideraba al grupo de los custodios que protegían el palacio real y era conocido como el águila de Maldea por su certeza con el arco.
– Mi señor solo regresaron tres de los quince que enviamos, la mayoría de ellos desaparecieron, según hasta donde tenemos conocimiento, la mayoría de ellos fueron sacrificados, según el informe de nuestro centinela, fueron llevados hasta un santuario y fueron sacrificados como pago a su Dios, solo dejaron ir a tres.
– ¡MALDICION! - exclamo el rey - ¡necesito que me traigan a los centinelas y que vengan mis comandantes ahora mismo!
Dragan el sirviente del rey corrió rápidamente. A las afueras se podía sentir el temor que muchos guerreros tenían en las afueras del palacio real. Llego al salón real, donde se hallaban los comandantes.
– El rey solicita su presencia ahora mismo, comandante Tennen, comandante Velasco. – Dragan hizo una reverencia en señal de respeto.
Los dos comandantes se irguieron y se dirigieron rápidamente al recinto real. En las afueras se escuchaba el sonido, crepitante de los sin nombre o mejor conocidos como los Giath’gi, que habían salido de la superficie del anchuroso mar, donde sumirían no solo a la humanidad, sino al resto de razas en una era de anarquía sangre y muerte, donde su pervertido Dios les enseñaría nuevas formas de gritar y celebrar, sea cierto o no, aquellas criaturas se habían hecho con 5 reinos y se habían apoderado de uno de los reyes más importantes. Tártaro el más sabio de uno de los reinos de occidente había caído ante la influencia de los profundos y ante la influencia de alguna entidad demoniaca, que se había apoderado de sus pensamientos y lo había vuelto loco. Según algunos informes se decía que el mismo rey había condenado a su propio reino transformando a sus buenas gentes en seres con formas que según decía, eran como peces con tentáculos, algunos llevaban tenazas, otros eran corpulentos como los ogros de las montañas; pero lo más terrible era que la mayoría de ellas ya no disponía de voluntad propia, en sus mentes, había un vacío indescriptible y verlos era de lo más desagradable que jamás se hubieran imaginado, las criaturas median más de dos metros y cada uno de ellos tenían la fuerza de 20 hombres lo cual resultaba más difícil de hacerles frente.
Subieron las escaleras lo más rápido que pudieron el palacio era un laberinto de pasadizos que llevaban a distintas entradas y salidas como una de sus estancias llevaba a una zona diferente que para cualquier persona le hubiera resultado difícil encontrar el recinto real, pero los comandantes conocían cada cámara, cada salida, cada entrada del palacio real. Cuando al fin llegaron al recinto los custodios que resguardaban las puertas del recinto real los reconocieron, abrieron las puertas y los comandantes ingresaron al interior del recinto, el Rey los miro con ojos penetrantes, los observo fijamente a todos miro a las calles y observo como sus soldados trataban de bloquear las puertas a las afueras una criaturas de un tamaño desmesurado estaba impactando fuertemente la puerta aquellas criaturas babeaban llenas de ira y hambre ansiosos de querer desgarrar la carne humana, el Rey por primera vez en la vida sintió desesperación ante la situación crítica en la que se encontraban muchos de sus soldados estaban desorganizados los custodios estaban recién organizándose lo más rápido que podían y Maldea estaba a un punto de sucumbir ante las tenazas de los Giath’gi.
– Velasco - dijo el rey dirigiéndose hacia la posición del comandante - ¿tengo entendido que fuiste tú quien envió a los exploradores a las afueras de la ciudad, y solo de todos ellos llegaron tres no es verdad?.
– Si mi señor fui yo quien lo hizo
– Y me podéis decir con que autorización enviaste a tantos hombres a morir en vano.
– mi señor teníamos que saber con qué…….
– Silencio – argullo en rey, su voz retumbo en todo el recinto y el cuarto se llenó de un silencio total - no me pongas pretextos, tienes suerte de que no sea tan sanguinario como mi padre porque de ser así te hubieras visto envuelto en una desgracia peor que la muerte, ahora deja de poner esa cara de culo, y dime que es lo que está ocurriendo, de donde vinieron estas criaturas.
– Mi señor, hasta donde sabemos la mayoría de esas criaturas arrasaron con 5 ciudadelas y sus reyes traicionaron a la Eolice, ahora la mayoría de ellos y sus ciudadanos dejaron de ser humanos renunciaron a su humanidad, según nos dijeron que estuvieron practicando artes oscuras desconocemos que fue lo que sucedió exactamente pero los exploradores vinieron diciendo que el fin del mundo se acercaba.
– ¿Y los presagios? – pregunto.
Velasco se inclinó con gran pesar - mi señor los videntes han ocultado los rostros – dijo Velasco refiriéndose a los Agaros, del templo del Dios de la furia – uno de los videntes aseguro haber visto a un Lobo cazando en las afueras de la gran muralla.
– Son magníficos Augurios, pero los Grandes videntes que dicen.
Tennen se inclinó con pesar.
– El gran vidente me ha garantizado que realizara una adivinación – dijo el segundo comandante al mando –. No ha habido ocasión todavía, incluso los altos mandos, y los mayores videntes de mayor rango están ocupados con sus tareas de baja categoría.
– Por supuesto – tercio Valerio con vos fría.
El rey hizo una ligera mueca al recordar que aquella sombra había caído primero en el imperio de Fordmond y desde ahí se había expandido por los cinco reinos vecinos, incluso el reino de Willford estaba siendo asediada por las mismas criaturas. Desde hace mucho el rey Valerio había escuchado que todo aquel que tocase aquella sombra, había sido transformado, aquellas personas habían dejado de ser ellos para volverse en marionetas, con las cuales el rey Tártaro se reía y divertía. Luego recordó que aquella sombra había caído en su reino, recordó que los términos culturales del reino de Fordmond eran escépticas por lo cual sus ciudadanos no creían en Dioses, pero aun así la Eolice respeto sus formas de pensar y la cual dejo al reino de Fordmond ser parte de la Eolice, con el fin de que ellos pudieran contribuir con los avances tecnológicos y constructivos. Su rey era un hombre justo y valeroso con el cual se podía confiar; desgraciadamente el rey Tártaro nunca le vio la necesidad de creer en Dioses y Santos por lo cual su reino solo se basaba en el conocimiento absoluto y en el trabajo, el rey Tártaro había transformado el reino de Fordmond en un bastión de progreso y entendimiento, pero actualmente la ciudad y buenas gentes, eran criaturas derruidas que solo buscaban sangre para complacer a su sádico Dios, la ciudad de hermosas galeras y alegres colores se había transformado en un páramo horrido y abominable, las calles se llenaban de sangre, y los ecos de los gritos de dolor y angustia se escuchaban en cada esquina.
A Valerio no le cabía la menor duda de que la vil sombra se había extendido desde el anchuroso mar y había infestado el reino de Fordmond. Todos los males habían asolado aquellas tierras benditas a lo largo de 10 años se le podían achacar al tirano que reinaba ahí su nombre era Tártaro, un gran amigo del rey Valerio, pero ahora era diferente, Valerio sabía que debía salvar a su amigo, pero después la carga de responsabilidad lo cargaría el, no. Tártaro debía morir, y aunque fuera un gran pesar para la Eolice, el rey Valerio tenía que darle fin a esta locura.
Valerio volteo tomando su espada, el sol daba sus primeros brillos, pero la guerra no había acabado los enemigos estaban reagrupándose el rey exigió visitar a los videntes quienes tocaban los cuernos dando la bienvenida al amanecer, en la llanura del norte los custodios ya se habían reunidos, relucían como un mar de oro y plata, cada uno de ellos dispuestos a morir por su rey. Al este, la línea erosionada de las cumbres quebradizas estaba grabada con la luz amarilla del sol, mientras los interminables arboles cubrían la vista de los enemigos, y estaban envueltas en sombras.
Valerio salió del recinto junto con sus comandantes, generales y nobles del ejército, rutilantes con sus galas marciales, junto a los videntes mientras estos los bendecían para que sus espíritus estuvieran llenos de impurezas y sus almas no pudieran ser engañadas.
El rey se acercó a uno de los Agaros y preguntando – ¿Que augurios hay mi sanidad?
El Rey de los videntes se levantó y su magnificencia era grandiosa de ver, su ropa era blanca y mostraba una brillantes única e incomparable, observaba fijamente al rey.
– Cuídese mi señor pues la muerte se acerca, pero no será hoy, sin embargo los Dioses me han mostrado un presagio del futuro y en el solo he visto muerte. Pero este se puede retener, de una tierra olvidada la salvación llegara de un continente olvidado ya hace mucho – el vidente camino a los alrededores mirando a los generales y comandantes – ustedes tendrán otro destino, este reino no caerá, pero hoy se harán sacrificios para salvarlo.
Observo a Velasco, este sintió un aguijón en el pecho, la mirada del Agaro había sido fulminante y era algo que no podía ignorar, en su interior se preguntaba sí su destino seria la muerte o el caos imprescindible de su caída.
El Agaro miro a Tennen y este no se inmuto, si su muerte estaba próxima la aceptaría. Tennen era un hombre templado, callado y grande en la amistad. Había sido exiliado de las tierras de Hait’nos; había llegado hasta el reino de Maldea en un estado deplorable, el rey Valerio lo había encontrado junto con sus custodios en el camino real, el hombre estaba débil, desangrado. Aquel hombre era flaco, desnutrido, y ya a un paso de la muerte, fue entonces que el Rey Valerio tuvo la decisión de acogerlo en el palacio real. En sus primeros días hablaba poco y se mantenía serio, cuando se recuperó por completo, comenzó a demostrar grandes capacidades en el manejo de la lanza y de la espada, demostrando ser un letal guerrero. Tennen el de “Filos certeros” así se le conocía en los demás reinos, su manejo con la lanza era tan preciso que llegaba a matar a 30 hombres con sutileza mucho antes de que llegase a empuñar la espada; cuando empuñaba la espada se movía con tal precisión y elegancia que los rivales quedaban pasmados con la ferocidad y exactitud de sus ataques, tan rápidos eran sus movimientos, que sus enemigos tardaban en seguirlos con exactitud, los movimientos que este ejercía sobre el oponente eran tan rápidos que los rivales no llegaban a acercársele. Fue tanto así que al acabar una guerra, terminaba con la vida de 70 hombres.
Su determinación fue tan buena, que llego a ascender a comandante, gracias a eso llego a salvar el reino de Maldea de incontables incursiones que se presentaban en las tierras del norte; los Centauros estaban invadiendo las pequeñas cabañas y aldeas, habían logrado unir una hueste numerosa para invadir reinos enteros; pero el Rey Valerio no lo permitiría, así que la Eolice; el consejo de Ancianos había declarado la guerra a las fuerzas enemigas, aquella guerra había sido la segunda guerra que se llevaba a cabo después de la guerra del “Puño de Hierro” y a diferencia de los Orcos aquellas criaturas atacaban en distintos flancos haciendo ataques estratégicos, y luchando con una ferocidad que helaba la sangre. Muchos se esperaban encontrar a los centauros con armaduras negras como usualmente se describía a los malvados, pero la realidad sus armaduras eran de color plata llevaban cascos con cuernos y a diferencia de los demás guerreros, llegaban a medir dos metros con cincuenta centímetros, eran altos, fornidos y fuertes y recordaron mucho a la caballería de la Guardia Real.
En aquella guerra Tennen y Velasco habían estado a cargo de comandar un escuadrón de guerreros custodios, todos ellos eran asesinos de elite que luchaban en nombre del Rey y en nombre de la Eolice, aquel día Tennen y Velasco habían usado el entorno como estrategia para atacar la retaguardia de centauros que atacaría por el lado oeste, el plan era sencillo, acabar con todas las unidades posibles para que la caballería pudiera avanzar y abrirse paso en el camino real. Tennen había ordenado a todos los custodios escalar los arboles del camino real ocultándose de la vista de los fieros enemigos. Velasco no objeto susodicho plan puesto que le parecía algo demente y el siempre encontraba la gracia a sus planes. Cuando llego el momento los centauros habían llegado. Tennen espero el momento exacto de que los centauros no se percataran de la presencia de los custodios y entonces vio a Velasco, este estaba agarrado fuertemente en uno de los árboles, Tennen lo vio y dio una sonrisa burlona volteo y levanto las manos, luego dio la señal, los custodios cayeron sobre el enemigo como una lluvia de muerte, algunas lanzas se clavaron fuertemente en los lomos de los centauros, algunos habían caído en las cabezas logrando decapitar a todas las fuerzas enemigas, silenciosos como un viento que llega sobre en enemigo, inadvertido.
Ese día Tennen y Velasco habían logrado detener el asalto de los centauros por el flanco oeste. Horas después la Guardia Real había llegado, tan afeminados como siempre, los generales Drazan y Elric estaban con sus armaduras relucientes de perla y plata ambos generales comandaban la caballería. Aquella guerra se había pagado con la vida de varios buenos hombres, aquella con eso había concluido la guerra de razas.
Pero aquella guerra era distinta, aquello era una masacre en lugar civilizado y Valerio le haría frente a tal amenaza.
El Agaro miro a Velasco y a Tennen y dirigiéndose a los dos dijo– ambos tendrán un destino distinto, pero no morirán – Velasco y Tennen miraron con asombro al Agaro mientras este se dirigía al Rey. El Agaro brillaba debido a la gloria reflejada de los Dioses en él. Su cuerpo iba ataviado con una túnica blanca con linos de oro unos brazaletes dorados le piñizcaban los brazos blancos. Sobre todo el pecho se hallaba un talismán, parecido a los que llevaban los ancianos de la Corte en Valimar la ciudad de la Eolice, aquellos talismanes permitían canalizar la energía etérea, para que así los Videntes pudiesen contactar con los Dioses y predecir acontecimientos futuro.
– Mi señor – pronuncio el Agaro con vos fuerte. – Dígame ¿Qué sacrificaría, para salvar este reino?
– Mi vida y mi espíritu, para salvar a este reino y a la Eolice.
El Agaro sonrió y luego miro a las afueras – Su padre fue un tirano y un cobarde; pero usted demostró ser diferente y me alegra que aun hallan personas como usted.
El Agaro volteo lo miro afablemente y luego lo tomo del hombro diciéndole – Siempre hay esperanza Rey Valerio, incluso en los momentos en los que sentimos que todo está perdido, con esto, yo entrego su alma a los Dioses, que ellos guíen su camino mi Rey.
Valerio sintió una sensación de tristeza y melancolía, el Agaro estaba a puertas de la muerte, su tiempo ya se había acabado, y era momento de encontrar un sucesor. Desgraciadamente muchos de los videntes presentes en el Templo no eran dignos, ni estaban preparados para tal cargo, ante aquella tesitura sabía que aquellos poderes se irían desvaneciendo con el paso del tiempo, si no encontraba un sucesor el reino estaría en peligro de quedarse en un estancamiento del que no podría salir sin el Agaro no se crearían más custodios y tampoco se podrían predecir los eventos del futuro que llegarían para la humanidad.
El Agaro se irguió tomo el Kohl negro con nerviosismo y volvió el rostro hacia el rey.
– Mi Señor necesitó que venga conmigo, quiero que vea algo, pero necesitó que venga solo – se hizo un silencio en todo el podio, y luego el rey lo miro asintiendo con la cabeza.
– Vosotros quedaos aquí – ordeno el rey los generales y comandantes asintieron mientras el rey se dirigía hacia la parte baja del Templo de Yhk’shara, los videntes ya hacían en la superficie de aquellos túneles y muchos de ellos hacían plegarias a los dioses a cuales habían sido asignados aquellos, túneles se internaban en el subterráneo, en lo más recóndito de la superficie el Agaro lo condujo rápidamente hacia un espejo.
– Espere aquí su majestad – Valerio miro asombrado aquellas estancias, frente a el ya hacia la estatua de la Diosa de los videntes y la diosa de los vientos y la sabiduría.
El Agaro hecho el kohl alrededor del espejo, el Kohl negro revelaba los acontecimientos del futuro, desvelar los pensamientos. El humo adopto formas inicuas, durante largo rato el Agaro estuvo rezando en un idioma desconocido, luego miro al Valerio.
– Mi Señor ya está listo. – Cuando el Agaro se levantó los grandes humos se disiparon dando una visión más apta para Valerio. El rey observo en su delante un espejo echo de oro puro en la ranura del frente había un símbolo de algún Dios desconocido. El Agaro se apartó dando paso al rey.
– Mi Señor necesitó que mire directamente al espejo, necesito que se concentre mi rey. – Valerio contemplo el espejo, pero solo observo su reflejo y el reflejo del rey de los Agaros.
– No veo nada, solo te veo a ti – replico Valerio, con ojos de frustración.
– No se está concentrando mi rey, necesito que se concentre, su salvación y la salvación de todo su reino, ya hace en lo que vea ante los ojos de la Diosa.
Valerio miro nuevamente el espejo, se concentró no en su reflejo, sino puso sus pensamientos en los acontecimientos ocurridos en los últimos años, las caídas de los reinos las muertes y mutilamientos de niños, todas esas sensaciones hicieron que su mente se viera turbada. Entonces lo vio todo con claridad, atreves del espejo se revelo el futuro que le aguardaba a la humanidad, si Valerio fracasaba en esta guerra la humanidad se sumiría en un estado de caos primordial donde los Dioses primordiales serian gobernantes absolutos. Atreves del espejo vio
“Un trono hecho de huesos unas hileras hechas de sangres los hombres danzaban alrededor de un execrable Dios, pronunciando su nombre en un idioma desconocido para él, vio a criaturas reptiloides que depradaban y violaban los demás reinos, el mar se había vuelto de color carmesí y los profundos se daban baños de sangre y escucho que en las hogueras los hombres adoraban y pronunciaban el nombre de algún Dios enloquecido y sediento de Sangre y escucho el nombre de tal Dios “
– “ Ia Ia Ia Igh’galatowa, Ia Ia Ia Igh’galatowa” –
Escucho aquellas voces y se repetían constantemente y pudo ver que en los mares de sangre emergía una criatura colosal, sus ojos eran amarillos y refulgían como dos diamantes, y sobre él se alzaban discos de oro y en esos discos se erigía una corona de hierro, aquella entidad se rio macabramente mientras miraba a los Dioses y los devoraba y su poder aumentaba.
Había bajado su mirada y entonces le vio.
– ¿Y tú quién eres? – Pregunto aquella entidad mientras miraba a Valerio – Ha ya veo tú no eres de aquí – .Aquel ente se acercó directamente rápidamente hacia la posición de Valerio, y sus ojos estaban puesto en el, Valerio sintió su energía y no pudo pronunciar palabra alguna la presión que esta entidad ejercía.
– Vaya al parecer no puedes hablar, tu fuerza se ha muerto muchacho, lo que me demuestra que eres débil – aquella entidad sonrió y miro – He aquí que tienes una fortaleza fuerte y bien guardada, pero no creas que el disco de la creación está a salvo, y aunque lo tuvieras que podrías hacer con él si no sabes usarlo, además habéis matado al único que pudo haberlos salvado. – Aquel ente sonrió en señal de victoria, pero lo que ocurrió después enfureció al Dios de la mano negra.
Una explosión siseante se escuchó desde la trinchera norte se escucharon gritos de guerra desde el otro lado del campo, el Dios fijo su mirada hacia el otro lado del campo de batalla.
– Lo siento muchacho hablaremos luego cuando acabe con estos idiotas.
Valerio no pudo moverse pero pudo escuchar gritos de ataque desde el otro lado del podio y corrió rápidamente para observar lo que realmente estaba ocurriendo. Vio a guerreros Maldeos y de otros reinos enfrentándose y delante de ellos estaba el Inquisidor Fran el señor de la ciudad de Dorian.
– ¡Avancen! – Exclamo Fran, mientras llevaba detrás suyo a los custodios – somos la única resistencia de la humanidad hoy tomaremos lo que es nuestro y expulsaremos a estas basuras de nuestras tierras.
Los Giath’gi se habían agrupado en un número inconmensurable y estaban atacando los flancos de los bastos ejércitos de la ciudad de Dorian, Fran dio un barrido de con su espada y la sangre negra de los Giath’gi revoloteaba en el aire todo lo que se le acercaba moría y dejo un camino de sangre ahí donde paso, pero el número de los profundos era inmensa y pronto la superioridad numérica los hizo prevalecer en la batalla, su brutalidad y fuerza era superior y pronto el ejército Doriano comenzó a menguar. Fran se apilo en las rocas los Profundos psíquicos empezaron a barrer con ondas de energía eléctrica a los guerreros que eran reventados como ampollas, otros eran triturados y devorados.
– Fran soy yo, Valerio.
Fran volteo para mirar, con ojos sorprendidos.
– ¿Valerio? Eres tu pero….. No es imposible, yo vi cómo te mataron los ancianos de la Eolice – Fran tomo el rostro de Valerio. – Por los dioses eres tú estás vivo Valerio.
Valerio lo vio con una sensación de sorpresa, encogió los hombros.
– Fran la verdad no se de lo que me estás hablando, no sé lo que está pasando la realidad, no tengo idea de lo que está sucediendo. – Fran miro con tristeza nuevamente.
– Eso quiere decir que aún no ha ocurrido nada en la ciudad de Maldea y en el reino de Willford – replico Fran mientras miraba a Valerio – eso significa que aún hay una esperanza para salvar nuestro mundo. – dijo Fran.
– ¿A qué te refieres Fran? – Pregunto Valerio con vos preocupada.
– tenemos que ir a por el disco de la creación. – Replico Fran mirándolo con ojos serios. – Daré la señal de retirada, tu hija estará feliz de verte.
– ¿Mi hija? – Pregunto Valerio.
– Fue ella la que lidero en las demás guerras ahora es mi comandante – contesto el inquisidor Fran.
– ¿Pero a dónde iremos? – pregunto el rey.
– te llevare al reino de Dorian ahí tenemos un disco de la creación. – replico el inquisidor.
Fran toco fuertemente cuerno de retirada, los custodios restantes se retiraron rápidamente de la batalla y corrieron hacia el sur.
– Valerio vámonos ahora – Fran dio la señal y los guerreros siguieron el camino lleno de sangre lo heridos se contaban entre miles y estaban siendo llevados rápidamente en hacia los conductos de escape que habían creado hace mucho.
– Valerio tenemos que irnos apresúrate – replico en inquisidor, mientras cerraba las compuertas y se retiraban del campo de batalla.
– Fran explícame que fue lo que paso por los reinos están derruidos que fue lo que sucedió maldita sea.
Fran lo miro y no dijo nada, al cabo de unos minutos respondió. – solo te diré que todo esto es culpa de la Eolice, sus deseos de querer controlar los discos de la creación llevo a la ruina nuestro pueblo.
– ¿La Eolice ocasiono esto? – pregunto el rey con voz preocupante.
– No solo la Eolice sino la corte del gobierno, los inquisidores accedieron a esta clase de cosas. – Respondió Fran. – Pronto la mayoría de inquisidores desaparecía por mucho tiempo y luego volvía a aparecer su comportamiento cambiaba poco a poco los ancianos se fueron corrompiendo.
– Eso quiere decir que la Eolice es….
– No la Eolice no es el verdadero enemigo. – Dijo Fran. – Pero Créeme cuando te digo que el enemigo se infiltrara en nuestras filas te sugiero estés atento Valerio, tienes que tener cuidado, no confíes en nadie, días oscuros se acercan.
– ¿Entonces qué podemos hacer Fran? – Pregunto Valerio.
– Eso te lo diré a su momento Valerio, primero tenemos que ir al santuario de lo Kadios.
– ¿Los kadios? Había escuchado sobre ellos pensé que eran un mito – Valerio se mostró interesado en ver a tales seres existian, hace mucho había escuchado que lo kadios habían creado las joyas del tiempo espacio y gracias a eso pudieron dar forma y movimiento a las criaturas existente en los mundos según algunos viejos relatos que había escuchado es que esas entidades eran sirvientes de un Dios más antiguo y viejo que los mismos Dioses.
– Son verdaderos, fueron ellos fueron nos ayudaron, pero ahora están debilitados, sin los discos de la creación están debilitándose. – dijo Fran mientras lo llevaba directo a las a la fortaleza de Dorian – Este es el único lugar donde nos resguardamos pero ya cuando este lugar caiga no habrá lugar donde refugiarnos ven Valerio. – replico Fran mientras lo guiaba al interior del palacio de ignotos
– Necesito que los custodios refuercen la puerta – Exclamo Mirela – los Giath’gi no deben entrar quiero que la guardia Real resguarde los muros si Fran a fracasado en su invasión estoy segura que llegaran aquí, así que necesitamos…. – La voz de Mírela se cortó cuando vio al hombre que estaba junto a Fran la figura era familiar, soltó su espada y se lanzó a abrazarlo.
– Dime que no eres una ilusión – dijo ella mirándolo al rostro.
–Soy yo mi pequeña. – La abrazo y fue en ese entonces que se dio cuenta que lo que estaba viendo era real, y por un momento había olvidado que su alma había viajado a las estelas del tiempo.
– No lo puedo creer, tú estabas muerto… no sé qué decir – dijo Mirela mientras miraba a su padre sorprendida.
– Mirela no disponemos de mucho tiempo no se quedara para siempre tenemos que enviarlo a su línea tiempo, para eso necesitamos a los Kadios. – replico Fran, Mirela asintió secándose las lágrimas.
– Es cierto padre si viniste aquí es decir que solo lo hiciste gracias al acceso de una deidad poderosa que intervino en tu visión,
– ¿Qué quieres decir con eso? – pregunto Valerio.
– Con eso quiero decir que la deidad que te materializo quería que presenciaras algo pero no sé qué la verdad porque te trajo a este tiempo, sin embargo tienes pero tienes que regresar. – ella sonrió y le toco la mejilla en un gesto de cariño y luego le dijo – escúchame cuando estés ahí con los Kadios te sugiero que te quedes callado Fran hablara por ti.
– Entiendo la verdad me gustaría quedarme más tiempo tengo mucho que hablar contigo –. Valerio sonrió, y luego Mirela la llevo rápidamente al templo de los Agaros.
–Valerio te sugiero que no mires a los ojos a los a ningún Kadio son orgullosos y no les gusta que los hombres los observen – Dijo Fran. Valerio asintió y avanzaron a la superficie del templo, ingresaron por unas compuertas y se dirigieron hacia una sala oscura. – No importa lo que veas no importa lo que sientas no alces la mirada, limítate a mirar solo los pies. – Fran se acercó y comenzó a hablar en un idioma que le era desconocido –.
– Valerio – Exclamo Fran – Ya puedes ingresar. Recuerda no alces el rostro, a no ser que ellos te lo ordenen.
– Entendido – Valerio ingreso a aquella sala bajo la vista en el suelo y se posicionó en el medio del podio.
– Tú has de ser Valerio, te hemos estado esperando por mucho tiempo, Rey de Maldea.
Valerio escucho unas voces en su mente, y aunque quería alzar el rostro para ver a esas míticas criaturas sabia queno debía hacerlo.
– Te sugiero que no alces la vista, nuestra psoique es demasiado fuerte si nos ves a los ojos tu alma morirá, asi que te sugiero que mantengas la cabeza agachada.
– ¿ Que es lo que está sucediendo en este lugar, como es que llegue aquí? – pregunto Valerio.
Uno de los Kadios descendió y le dijo.
– Tu llegada aquí estaba planeado por nuestro padre, fue el quien materializo tu alma en esta línea de tiempo, él quería que presencies este futuro y nosotros nos hemos preparado para tu llegada –. Replico una de aquellas entidades.
– ¿Qué es lo que quieren de mí? ¿Quién fue el que me trajo a esta línea de Tiempo? ¿Por qué a mí?
– Todo a su tiempo vuestra majestad pero ahora es momento de que presencie el destino de este mundo – entonces los Khadios se alzaron y descendieron y lo tomaron de la cabeza y uno de ellos le dije –. Te sugiero que te relajes nos será más difícil enviar nuestra psique a tu interior si te resistes.
Valerio, trato de tranquilizarse respiro hondo y entonces le mostraron el destino del universo y el final del mundo
“El mundo se convertirá en sangre, con la muerte del ultimo “Apu”, la humanidad ha perdido la posibilidad de salvar su tierra, los discos de la creación que alguna vez han equilibrado al mundo. Serán vuestras perdiciones, la era del hombre se acaba, la era de la cosecha ha fracasado, el último demiurgo ha caído, su última esperanza ha caído, ahora el Dios de la mano negra se ha alzado desde las cenizas y los Dioses que alguna vez os han protegido serán alimento para el hambriento Dios de los profundos los mundos arderán, la creación ardera”
Los Khadios lo soltaron y Valerio tuvo una sensación de melancolía, odio, ira, tristeza y amargura.
– ¿Qué fue eso? ¿Qué es lo que me hicieron? – Pregunto el Rey consternado-
– Solo pasamos nuestras memorias, junto a las sensaciones, es eso lo que los elfos sienten cuando ustedes los esclavizan.
– ¿Espera como saben?
– Nuestras almas pueden viajar al futuro he internarse en el interior de un cuerpo, viajamos grandes distancias ya sea futuro o pasado para cambiar algún acontecimiento. Pero ahora ya es imposible sin los discos y las joyas de la creación ya no podemos viajar a ningún evento del pasado. – Replico el Khadio.
– ¿Cuál es su función en este mundo, quien fue el que me trajo a este tiempo? – Pregunto Valerio seriamente.
–El Dios al que servimos está más allá de tiempo y espacio, fue el quien creo a la humanidad, y al resto de razas, pero los demás Dioses querían dominar esta creación y someter al hombre a su voluntad, y ser llamados señores, y viendo que los Dioses habían dominado y doblegado a la humanidad a su servicio el creador enfurecio. Fue ahí cuando Wiracocha se irguió y toco el cuerno de Yah’jaleg creando así al primer Dragon, así empezó la guerra de las Edades – comento uno de los Khadios que se puso en frente de Valerio, Aquella entidad se mantenía suspendida en el aire sus pies eran tres garras – Tu mente esta turbada entre este tiempo y el otro no es así, sin embargó te mantienes firme –. El Kadio miro a sus hermanos y dijo – Khal’jeg, esto puede funcionar.
– ¿A qué te refieres? – pregunto Valerio.
– Hace rato te mencionamos, que podíamos internarnos en un cuerpo humano pero no te dijimos que cuando nos internamos tenemos que aprender a convivir con el usuario, a cambio de eso el usuario recibe conocimiento no solo del mundo sino del universo y de nuestras costumbres. – Respondió el Khadio
– ¿Si y que hay con eso?
–. Bueno sucede que tu alma está en el futuro junto con tu cuerpo material.
– Espera tu plan es poseer mi cuerpo, que mierda están dementes. – Exclamo Valerio.
El khadio lo miro haciendo un ademan de negación. – Valerio, mal interpretas nuestras intenciones, al parecer no has entendido nada. – Replico el Khal’jeg –. Nuestro propósito es que uno de los nuestros valla contigo, tu seguirás teniendo control sobre tu cuerpo y tus pensamientos, sin embargo solo habrá espacio para uno de nosotros – Dijo Khal’jeg.
– Aun así es una completa mierda, no compartiré mi cuerpo con otro ser… – Las palabras se cortaron cuando Valerio tubo visión febril de Adultos desnudos caminando hacia los hornos, las madres ocultando a sus hijos y asecinandolos, y con esta visión supo la respuesta antes de que los Khadios se la dieran – “ puede ser esa la respuesta de los Dioses a los hombres” – Pensó Valerio
– Puede ser la respuesta de los Dioses, no la tuya.
– ¿Por qué?
– Porque ese sacrificio ya hace milenios se ha aceptado, nosotros estamos más allá de eso.
–Entonces ¿Qué? ¿Qué?
Y como un sueño Valerio tubo la visión de ver a las madres escondiendo a sus hijos en pilas de abrigos, fue en ese momento cuando supo cómo debía ser, y todo se aclaró en su mente.
– Si uno de ustedes se interna en mi tengo la certeza de que seguiré siendo yo cuando regrese.
El Khadio se irguió y respondió:
– Te aseguro que seremos de utilidad en vuestro camino su majestad; ahora puedes retirarte, debatiremos quien será el que se retire junto a ti.
Valerio asintió con la cabeza y luego se retiró lo más rápido que pudo del circulo las puertas se abrieron y al otro lado de esta, se encontraba Fran junto a su hija.
– ¿Y? ¿Cómo te fue? – Pregunto el inquisidor Fran.
– Digamos que fue algo perturbador e interesante a la vez, pero eso si nunca creí que aquellas criaturas pudieran hablar atreves de la mente, creí solo ustedes, los inquisidores podían –. Respondió Valerio mientras se retiraban del templo de los Agaros.
– Hay muchas cosas que se ignoran en este mundo, todo esto de los viajes astrales me deja consternado antes se creían que eran obra de brujería y ahora los llaman energía espiritual o éter.
– Había escuchado esas terminologías en un libro, hablaba de una mitología antigua. De una conquista y la pérdida de los discos de la creación que se habían perdido tras aquella conquista –. Comento Valerio.
– Es posible que aquellos conquistadores hallan visto como herejía aquellas creencias, por lo cual fue motivo de destrucción de su cultura. – Comento Fran
–Si había encontrado unos manuscritos, sobre aquella conquista, dijeron que fue la peor era de la humanidad, se hicieron casas atroces y compadezco al imperio que padeció aquellas barbaries, no me imagino como pudo haber sido. – Replico Valerio.
Al otro extremo de la fortaleza, se escuchó una explosión y el sonido de escombros caendo.
–! Mi señor ¡los Giath’gi acaban de destrozar el muro, están ingresando.
– ¿Qué? Maldita sea, necesitamos que los custodios se preparen y que la caballería se aliste para el asalto.
– Yo iré…
–No Valerio, te necesito vivo, Mirela llévate a tu padre al interior del templo y que no salgan hasta que llegue ¡entendiste!
Mirela asintió, y se dirigió con su padre hacia el templo de los Agaros.
El aire bullía con el estridente ritmo de los Giath’gi, los profundos habían tomado el primer y el segundo castillo y habían ,logrado derribar la retaguardia del primer palacio el resto de guerreros se estaban reagrupando lo más rápido posible. Aquellas criaturas eran desorganizadas y atacaban al azar.
– Necesito que los arqueros se posicionen en la parte superior del tercer palacio, y necesito que la caballería ataque el flanco izquierdo – Exclamo Fran, se escuchó un rugido de un de los Giath’gi que se había lanzado a raudales hacia Fran. El inquisidor maniobro la espada rápidamente, decapitando en el acto al profundo, la espada bullía una energía eléctrica y la cabeza del profundo salió disparada hacia el cuerpo de uno de los soldados que soltó un grito asustado y asqueado.
– Hey ese será tu primer regalo Ahora recuerden sois novatos así que no os aseguro que salgan con vida, no les daré un discurso motivacional de mierda, así que mi único consejo que les dare será que luchen cada uno por sus vidas resguarden al de su lado, ahora solo tengan en cuenta algo más antes de entrar a la batalla.
– ¿Y qué cosa es eso mi señor? – pregunto uno de los guerreros.
– De que no te maten en la primera batalla –. El resto de sus compañeros dieron una carcajada y luego se armaron para el combate.
Los guerreros detenían la puerta superior del templo, los profundos impactaban sus cuerpos contra la puerta, aquellas criaturas daban rugidos estrepitosos, y luego se escuchó un silencio y la puerta principal dejo de tronar, se escuchó un rugido que se emitio por el techo, como si cuerpos gelatinosos estuvieran trepando los muros y tratando de subir.
– Apilen las puertas con las vigas, rápidamente – Exclamo Fran. – Trataran de subir por arriba, tenemos que defender este templo que los comandantes se dirijan rápidamente en la primera fila – Fran se dirigió al interior del templo lo más rápido.
– !¿Mi señor a dónde ira?¡
– Necesito asegurarme de que los Khadios lleven a nuestro anfitrión a su línea de tiempo, Drazan te dejo al mando – Drazan asintió, se dirigió rápidamente al patíbulo superior.
Fran se dirigió rápidamente hacia la cámara de las leyendas, frente a él, ya hacia uno de los Discos de la creación, sabía que no disponía de mucho tiempo antes de que los Giath’gi y los profundos ingresaran.
“maldita sea, como fue que llegaron a este lugar, ¿se habrán dado cuenta de la presencia eterica de los Khadios? como sea no tengo que permitir que lleguen al disco de la creación o sino será el fin de todo, y los sacrificios que hicimos habrán sido en vano”
Pensó Fran, mientras se dirigía al salón de las leyendas, y entonces ante él estaba el disco solar de Tonatiuh, un aquel disco tenia grabada la cara de un Dios que sostenía dos báculos y que según los ancianos de la Eolice, había sido tal Dios el que había salvado si reino en la era de la tecnología brindándoles conocimiento e inmortalidad.
Fran se acercó y tomo aquel disco de oro rápidamente, dentro de aquel santuario ya hacían los jeroglíficos de la historia de los Apus los guardianes del imperio inca, espíritus antiguos que había llegado junto con el Dios Viracocha, cuando la tierra era vacía, hueca y sin vida, y hace mucho había dejado a los Apus para que defendiesen el imperio incaico, y ahí vio el retrato de un antiguo rival con el que se había enfrentado hace mucho tiempo.
– “Me pregunto qué hubieras hecho tú, Agueon.” – Pensó Fran, mientras tomaba el disco solar y se dirigía hacia el exterior del santuario, llego a unas cubículos concéntricos que conectaba a distintos caminos, aquel templo se había creado en como un laberinto para aquel que robase el disco solar no pudiere salir del templo, pero Fran que era conocedor de aquellas estancias y que conocía aquel templo se dirigió tercer santuario, entonces ahí pudo ver a Valerio y a Mirela.
– Valerio, hubo un cambio de planes te largas en este momento.
– ¿Pero qué paso Fran? – Pregunto Valerio preocupado.
– Te daré los detalles en el camino, ahora andando, Mirela necesito que nos cubras a este paso lo Giath’gi estarán ingresando no creo que los soldados hallan resistido lo suficiente para resguardar la puerta.
– ¿Que sucedió Fran?
– Valerio escúchame tú tienes que regresar, no digas nada de lo que viste a los ancianos, ni a los inquisidores, solo empeoraras las cosas, te tomaran como hereje y te sentenciaran a la pena emocional, y tu bien sabes que esa sentencia es peor que la muerte. – Fran pudo sentir que la psique de los Giath’ gi se aproximaba, estabo a punto de desenvainar la espada, Hasta que Mirela se aproximó y dijo.
– Yo me encargare de esto Fran ahora lárgate, llévate a mi padre fuera dice aquí.
– Son psíquicos te mataran y lo sabes – Replico Fran.
– Sin sacrificio no hay victoria Fran, ahora lárgate, padre hoy redimiré los errores del pasado, cuida de la pequeña niña que esta recostada en tu cama cada día, hazme ese pequeño favor.
– ¿Qué, espera?
– Valerio tenemos que irnos.
– No me pidas que abandone a mi hija.
– Maldita sea Valerio vámonos, tu hija nos dará el tiempo suficiente para que te podamos mandar a tu línea temporal.
– ¡No, Irela!
– Maldita sea Valerio vámonos.
Fran jalo a Valerio lo más rápido que pudo a las profundidades del templo y lo último que Valerio pudo ver es como su hija abatía a los Giath’gi, con rapidez decapitándolos de manera rápida, luchaba con la fuerza de las leyendas, matando y descuartizando todo lo que se acercase, uno de los Giath’gi se lanzó con potencia e impacto el cuerpo de la mujer, la criatura rugió mostrando sus dientes, el polvo se levantó, Mirela balanceo la espada cortando el brazo del Giath’gi, huesos rotos y sangre derramada, los Giath’gi psíquicos comenzaron a lanzar energías eléctricas que emanaban desde la punta de sus dedos. Mirela sabía que si los dejaba ingresar seria el fin de todo se levando, dio un barrido con su espada cortando por la mitad a la criatura, sintió los poderosos impactos pero los ignoro, cargando ante los escombros esparcidos hacia la pendiente, mientras el polvo la cegada por momentos, todo lo que podía ver eran formas queme hundas a su alrededor, odiaba a los Giath’gi como nunca nadie había odiado en la vida.
Entonces le vio, ante el ya hacia el hombre que había desgraciado no solo a su tierra sino a toda la humanidad, odiaba Mas a esa persona como nunca había odiado antes. Una espada se balanceo hacia su cabeza golpeando su hombrera y rasgando hacia arriba, el hombro de Mirela se desgarro en un baño de sangre y carne, ella aulló de dolor y luego se levantó lo más rápido que pudo tratando de detener el sangrado, mientras se veía rodeada por sus enemigos, los Giath’gi se apiñaron a su alrededor, mientras ella balanceaba la espada con la poca fuerza que le quedaba pero a cada paso su fuerza se iba disminuyendo, detrás suyo uno de los Giath’gi balanceo su enorme espada, ella se movió y lo esquivo con dificultad, podía escuchar el grito de los soldados que estaba tratando de confrontar a los criaturas con cabezas de pulpo, y se dio cuenta que estaba sola. Mirela se levantó y dio un barrido con su espada y continúo con su carnicería, su hoja se levantaba y caia con la sangre negra de los Giath’gi, ningún ataque podía atravesarla ninguna flecha podía detenerla, los cuerpos de los Giath’gi la rodeaban formando su altar de muerte. La humareda se apartó y pudo ver a aquel hombre que había destrozado su hombro izquierdo.
– Mirela me sorprende que hallas podido soportar todo este dolor. – Dijo aquella vos penumbrosa.
Mirela reconoció la vos y supo de quien se trataba volteo su faz para mirar aquella figura y entonces lo reconoció ante ella ya hacia el mismísimo Tartarus, el hombre que había traicionado al Imperio de la Eolice hace ya mucho tiempo, ahí estaba el monstruo que había pactado con los Dioses del Vacío. Nubes de humo carmesí salieron del cuerpo de Tartarus mientras tomaba a Mirela del cuello y la levantaba, y sentía que la furia y el odio la consumían. Tartarus el mayor y más queridos de los reyes ya hacia ante ella.
– ¿Porque Tartarus? ¿Por qué?
Pero Tartarus no dijo nada, se detuvo para contemplar el cuerpo de la guerrera y luego la acaricio en la mejilla, y luego giro su espada, ella respondió rápido y balanceo su espada hacia el tórax de su oponente, Mirela salto con el pie hacia adelante esquivando los dos mandobles que lanzo Tartarus, sintiendo como se rompían las cuchillas de su armadura, aterrizo suavemente y rodo alejándose de Tartarus, antes de que pudiera reaccionar. Su espalda estaba contra un muro sin ningún lugar donde escapar, solamente podía avanzar.
– Aquí se acaba Mirela. – Dijo Tartarus, lanzando una sonrisa macabra.
Los dos rivales se encontraron espada contra espada y Mirela se dio cuenta que no podría vencer a Tartarus, su espada se partió, y Tartarus clavo su garra profundamente en su abdomen, un estallido de atormentadora agonía retumbo en todo el escenario cuando Tartarus le hundio su garra.
Mirela escupió sangre en el rostro de Tartarus y siseo.
– Moriré aquí, pero tú te iras conmigo traidor.
Mirela levanto su espada y rasgo la garganta de su enemigo en una lluvia de sangre, sintió como la garra de Tartarus se debilito y cayó al suelo, con su fuerza vital derramándose ante ella, pudo escuchar vagamente como sus compañeros la llamaban pero a cada grito el eco de sus voces se apagaba. Había logrado su cometido, sonrió y cerro sus ojos mientras la vida la abandonaba.
Drazan y Elric observaron como el pequeño grupo de Giath’gi transportaba el cuerpo caído de Tartarus atreves de sus cuerpos, los demás guerreros avanzaron abriéndose paso entre los cuerpos de los Giath’gi, y los túneles interiores estaba ahora en manos de los generales y la guardia real. Mirela había mantenido retenidos a los Giath’gi lo suficiente, para que los demás guerreros pudiesen llegar y salvar el día, y con una apariencia melancólica que era notoria en la apariencia de Mirela, depositaron a su comandante a los pies del Agaro. Elric y Drazan se arrodillaron ante el cuerpo de Mirela poniendo las manos en su frente clavando la mirada en la cara de su comandante, quizás fuera la relajación de ,los músculos que sobreviene al morir, pero creyó ver dulzura en los rasgos de Mirela, a pesar de la terrible cantidad de sangre que bañaba su rostro.
– Deseo que fuera así, hasta siempre comandante, nunca será olvidada.
“Los demiurgos son, los Demiurgos fueron, los Demiurgos serán, no conocen nada del universo, sino por intermedio de ellos”
Valerio I, Rey de la ciudad de Maldea, había despertado a las horas previas al amanecer, escuchando el sonido del gran ejército que ya hacía a las afueras de las murallas, los gritos moribundos de los Giath’gi se escuchaban en la quietud de los bosques. Podía oír los relinchos de los caballos en el corral. En el norte se escuchaba el cuerno de guerra, los comandantes y generales corrían alarmados a los cuarteles despertando a los guerreros que recorrían la basta fortaleza.
El rey inspiro hondo el aire perfumado, y se llenó los pulmones. Sentía la mente despejada y el espíritu tranquilo, lo que tomo como un buen augurio, en el comienzo de una batalla tan trascendental. El frescor de la noche le resultaba agradable.
Valerio se soltó de los brazos de su mujer, y se retiró a su recinto real frente a el ya hacia su armadura ancestral la cual llamaba Ghal’ahat. La tomo y se preparó para el combate. Valerio, vestía una armadura ancestral creada en las montañas de Kur’ghal, la montaña de hierro, donde habitaban los enanos en la ciudad de Khath’zaran.
Valerio se movió con cuidado, entre las pieles que utilizaba como abrigo. Su armadura estaba creada de un acero que según algunos escribas procedía de una estrella que había caído del cielo, el rey Valerio había salvado en aquel entonces a los enanos de un ataque orco; en una guerra conocida como “PUÑO DE HIERRO”. Krathtul el rey de los enanos había creado su armadura a partir del metal que conocían como horgon, dicha aleación había caído del cielo hace ciclos, y que habia resultado ser uno de los componentes más importantes en el gobierno de la Eolice.
Aquella aleación era capaz de resistir ataque de lanzas, flechas y la cual se encontraba a en la montaña Kur’ghal, denominada así por la criatura que habitaba aquellas montañas y cuya cabeza había sido el trofeo del rey enano, después de un tiempo él rey Merkon y el rey ValerioI habían llegado junto con miembros de la corte, para reclamar aquella aleación para la Eolice junto con sus ejércitos pues sabían muy bien que los enanos no serían un rival fácil de derrotar, pero ante aquella tesitura, el rey Krathtul les propuso una negociación a cambio del metal. No hace mucho después de la llegada de los enanos a las montañas de hierro, los Orcos y los Giath’gi habían empezado invadir el reino de Khath’zaran, el rey enano les había propuesto que si los ayudaban a despojar a los orcos y a los Giath’gi de sus tierras: el mismo en persona les cedería armaduras y armas para el combate; en producto de agradecimiento, el rey enano había forjado cuantiosa armadura para el rey de Maldea capaz de resistir ataques de lanzas y flechas y así había iniciado la guerra del “Puño de Hierro”.
Pero aquella invasión no era nada parecido a la batalla del “Puño de hierro”, aquello era un ataque masivo en lugar sagrado y los Maldeos no podían permitirse semejante herejía, su rey había declarado la guerra a Ihg’galatowa el Dios del mar oscuro, el Señor de la Plaga, y haría que el rey Tártaro el traidor quien había pactado con dicho Dios, pagaría por sus transgresiones, ante los Dioses y ante la corte de la Eolice.
Se oyó el sonido de la puerta en el recinto real. Dragan el sirviente favorito de Valerio, entro y se inclinó ante el rey, el hombre vestía una toga larga de tela que le envolvía su cuerpo hasta la cintura y un pantalón de cuero. Aquel hombre entro descalzo pues el lugar en el que pisaba era sagrado, según muchos el rey de Maldea era considerado la encarnación de un Dios hecho hombre y que debía ser venerado y respetado como tal, de caso contrario cada hombre que deshonraba al rey en la ciudadela era exiliado y destinado a vagar sin Reino.
– Levántate – ordeno – necesito que encuentres a mis generales y comandantes, diles que el rey en persona solicita su presencia. – El rey tomo unos 4 pergaminos y se los dio a Dragan – dale esto a los generales y a los comandantes diles que su rey los convoca – las palabras de Valerio fueron claras y precisas; Dragan tomo los pergaminos y los guardo dentro de su túnica y corrió rápidamente.
En las afueras el tumulto de los guerreros era grande, los soldados corrían a todas direcciones buscando los cuarteles para cada una de sus clasificaciones.
Los soldados se dividían en distintas facciones de guerreros comunes y corrientes hasta los temibles custodios que eran entrenados de la manera más abominable, se les extirpaba todo miedo a la muerte, los custodios adoraban a Rhan’ka, el Dios de la furia y en honor a ese Dios los soldados rendían como tributo a un niño para que pase la prueba de sangre. El niño en muchas ocasiones era un hijo indeseado por sus padres y odiado por su pueblo, el Dios de la Furia, tomaba y elegía a estos niños, que son detectados por los “Agaros” videntes seleccionados por los Dioses, para hallar y encontrar a estos niños y llevarlos ante el seno del Dios de la Furia, lugar donde eran entrenados de manera brutal y sin piedad, por los custodios anteriores, que luego serían sucedidos por dichos niños a la edad de 20 años.
En los Caballeros Reales, que adoraban a la Diosa Yhk’shara, la Diosa de los vientos y cuyo soplido destruye reinos enteros, los que adoran a esta Diosa llegan a hacer un pacto de sanidad enfocándose en el interior de sus pensamientos, para muchos el interior de la mente es la más compleja que evocaba muchas estructuras y los que la dominaban, eran capaces de dominar habilidades psíquicas, los que eran escogidos por esta diosa eran usualmente los puros de corazón pues asaban por muchos entrenamientos mentales y psicológicos.
- Que los Dioses os bendigan – dijo el sirviente con voz cansada y cortante – vuestros generales y comandantes ya llegaron y os aguardan en las afueras del palacio real, mi Lord.
Valerio levanto los brazos y se estiro hasta rozar los dedos al techo, el hombre media, como casi todos los comandantes y generales el rey media como algo más de dos metros y ocho centímetros, producto del fuerte entrenamiento en su cultura que le instigaba a que el rey debía estar por encima o a la altura de sus comandantes y generales.
–Trae mis armas y que mis generales y comandantes me atiendan. – Ordeno.
El esclavo se retiró rápidamente, unos esclavos entraron con las espadas y dagas, armaron rápidamente al rey para la batalla, uno de ellos colocaba las espadas dobles en su espada y trajeron la espada “Drobolav” el regalo del rey enano, el sirviente se inclinó ofreciéndole la espada; este la tomo rápidamente y contemplo el filo de la espada, mientras miraba su reflejo en esta, miro a uno de sus sirvientes y dijo – dile a Drazan y Elric que ingresen rápidamente – ambos hombres eran generales de batalla con muchos años de experiencia en los campos de batalla. El sirviente se inclinó y luego salió corriendo de la habitación. Al cabo de unos minutos los dos generales ingresaron rápidamente ambos hombres eran altos y miraban fijamente al rey, y se arrodillaron, tras ellos los nobles de la corte real ingresaron y se arrodillaron de igual manera.
- Levantaos - ordeno Valerio.
Los generales se levantaron y el rey fijo su mirada a sus generales y consejeros de la corte, luego volteo rápidamente a mirar la interperie, a las afueras los soldados trataban de retener a las criaturas que se apilaban a las puertas.
– ¿Qué nuevas hay del enemigo, tienen alguna información?
– El ejército enemigo se apilo a las afueras y se están agrupando a lo largo de las arboledas – contesto Elric.
Elric era uno de los paladines más fuertes del rey Valerio y recibía el apodo del lobo de Maldea, apodo que se había ganado en la guerra del “Puño de Hierro” e incluso entre su propia gente; el hombre se levantó, el paladín llevaba un collar del lobo de Forgon en sus manos hizo una ademan en la estatua del Dios de la furia en señal de respeto, según muchos decían que el lobo Forgon era un lobo enorme que media nueve metros de altura, algunos decían que se trataba de un hombre lobo, pero otros más escépticos decían que solo era una leyenda para asustar a los niños. El hombre se irguió poniéndose el amuleto en el cuello para que su espíritu pudiera ser protegido.
– ¿Que ocurrió con el resto de guerreros que estaban a las afueras?
– Los últimos guerreros llegaron hace apenas unas horas, no sabemos que paso con la mayoría envié una paloma a los reinos de Valimar tenemos que resistir hasta mañana para que nos envíen refuerzos; por otro lado el ejército enemigo se ha reunido, están viniendo con un gran ejercito de 5000 guerreros por el norte, por el oeste los Giath’gi están llegando.
Valerio miro a su general, frunció en entrecejo y pregunto.
– ¿Cómo lo sabes?
– Tenemos centinelas en el perímetro que han presenciado una cantidad enorme de Giath’gi, además hay un ejército de no muertos que vienen desde el Este donde era el reino de Kazimir; según nuestros informes todo el reino fue destruido, las personas murieron por la misma plaga, que azoló los demás reinos restantes. - dijo Elric.
– ¿Cuantos centinelas regresaron de su recorrido general Drazan?
Drazan era el segundo general al mando quien lideraba al grupo de los custodios que protegían el palacio real y era conocido como el águila de Maldea por su certeza con el arco.
– Mi señor solo regresaron tres de los quince que enviamos, la mayoría de ellos desaparecieron, según hasta donde tenemos conocimiento, la mayoría de ellos fueron sacrificados, según el informe de nuestro centinela, fueron llevados hasta un santuario y fueron sacrificados como pago a su Dios, solo dejaron ir a tres.
– ¡MALDICION! - exclamo el rey - ¡necesito que me traigan a los centinelas y que vengan mis comandantes ahora mismo!
Dragan el sirviente del rey corrió rápidamente. A las afueras se podía sentir el temor que muchos guerreros tenían en las afueras del palacio real. Llego al salón real, donde se hallaban los comandantes.
– El rey solicita su presencia ahora mismo, comandante Tennen, comandante Velasco. – Dragan hizo una reverencia en señal de respeto.
Los dos comandantes se irguieron y se dirigieron rápidamente al recinto real. En las afueras se escuchaba el sonido, crepitante de los sin nombre o mejor conocidos como los Giath’gi, que habían salido de la superficie del anchuroso mar, donde sumirían no solo a la humanidad, sino al resto de razas en una era de anarquía sangre y muerte, donde su pervertido Dios les enseñaría nuevas formas de gritar y celebrar, sea cierto o no, aquellas criaturas se habían hecho con 5 reinos y se habían apoderado de uno de los reyes más importantes. Tártaro el más sabio de uno de los reinos de occidente había caído ante la influencia de los profundos y ante la influencia de alguna entidad demoniaca, que se había apoderado de sus pensamientos y lo había vuelto loco. Según algunos informes se decía que el mismo rey había condenado a su propio reino transformando a sus buenas gentes en seres con formas que según decía, eran como peces con tentáculos, algunos llevaban tenazas, otros eran corpulentos como los ogros de las montañas; pero lo más terrible era que la mayoría de ellas ya no disponía de voluntad propia, en sus mentes, había un vacío indescriptible y verlos era de lo más desagradable que jamás se hubieran imaginado, las criaturas median más de dos metros y cada uno de ellos tenían la fuerza de 20 hombres lo cual resultaba más difícil de hacerles frente.
Subieron las escaleras lo más rápido que pudieron el palacio era un laberinto de pasadizos que llevaban a distintas entradas y salidas como una de sus estancias llevaba a una zona diferente que para cualquier persona le hubiera resultado difícil encontrar el recinto real, pero los comandantes conocían cada cámara, cada salida, cada entrada del palacio real. Cuando al fin llegaron al recinto los custodios que resguardaban las puertas del recinto real los reconocieron, abrieron las puertas y los comandantes ingresaron al interior del recinto, el Rey los miro con ojos penetrantes, los observo fijamente a todos miro a las calles y observo como sus soldados trataban de bloquear las puertas a las afueras una criaturas de un tamaño desmesurado estaba impactando fuertemente la puerta aquellas criaturas babeaban llenas de ira y hambre ansiosos de querer desgarrar la carne humana, el Rey por primera vez en la vida sintió desesperación ante la situación crítica en la que se encontraban muchos de sus soldados estaban desorganizados los custodios estaban recién organizándose lo más rápido que podían y Maldea estaba a un punto de sucumbir ante las tenazas de los Giath’gi.
– Velasco - dijo el rey dirigiéndose hacia la posición del comandante - ¿tengo entendido que fuiste tú quien envió a los exploradores a las afueras de la ciudad, y solo de todos ellos llegaron tres no es verdad?.
– Si mi señor fui yo quien lo hizo
– Y me podéis decir con que autorización enviaste a tantos hombres a morir en vano.
– mi señor teníamos que saber con qué…….
– Silencio – argullo en rey, su voz retumbo en todo el recinto y el cuarto se llenó de un silencio total - no me pongas pretextos, tienes suerte de que no sea tan sanguinario como mi padre porque de ser así te hubieras visto envuelto en una desgracia peor que la muerte, ahora deja de poner esa cara de culo, y dime que es lo que está ocurriendo, de donde vinieron estas criaturas.
– Mi señor, hasta donde sabemos la mayoría de esas criaturas arrasaron con 5 ciudadelas y sus reyes traicionaron a la Eolice, ahora la mayoría de ellos y sus ciudadanos dejaron de ser humanos renunciaron a su humanidad, según nos dijeron que estuvieron practicando artes oscuras desconocemos que fue lo que sucedió exactamente pero los exploradores vinieron diciendo que el fin del mundo se acercaba.
– ¿Y los presagios? – pregunto.
Velasco se inclinó con gran pesar - mi señor los videntes han ocultado los rostros – dijo Velasco refiriéndose a los Agaros, del templo del Dios de la furia – uno de los videntes aseguro haber visto a un Lobo cazando en las afueras de la gran muralla.
– Son magníficos Augurios, pero los Grandes videntes que dicen.
Tennen se inclinó con pesar.
– El gran vidente me ha garantizado que realizara una adivinación – dijo el segundo comandante al mando –. No ha habido ocasión todavía, incluso los altos mandos, y los mayores videntes de mayor rango están ocupados con sus tareas de baja categoría.
– Por supuesto – tercio Valerio con vos fría.
El rey hizo una ligera mueca al recordar que aquella sombra había caído primero en el imperio de Fordmond y desde ahí se había expandido por los cinco reinos vecinos, incluso el reino de Willford estaba siendo asediada por las mismas criaturas. Desde hace mucho el rey Valerio había escuchado que todo aquel que tocase aquella sombra, había sido transformado, aquellas personas habían dejado de ser ellos para volverse en marionetas, con las cuales el rey Tártaro se reía y divertía. Luego recordó que aquella sombra había caído en su reino, recordó que los términos culturales del reino de Fordmond eran escépticas por lo cual sus ciudadanos no creían en Dioses, pero aun así la Eolice respeto sus formas de pensar y la cual dejo al reino de Fordmond ser parte de la Eolice, con el fin de que ellos pudieran contribuir con los avances tecnológicos y constructivos. Su rey era un hombre justo y valeroso con el cual se podía confiar; desgraciadamente el rey Tártaro nunca le vio la necesidad de creer en Dioses y Santos por lo cual su reino solo se basaba en el conocimiento absoluto y en el trabajo, el rey Tártaro había transformado el reino de Fordmond en un bastión de progreso y entendimiento, pero actualmente la ciudad y buenas gentes, eran criaturas derruidas que solo buscaban sangre para complacer a su sádico Dios, la ciudad de hermosas galeras y alegres colores se había transformado en un páramo horrido y abominable, las calles se llenaban de sangre, y los ecos de los gritos de dolor y angustia se escuchaban en cada esquina.
A Valerio no le cabía la menor duda de que la vil sombra se había extendido desde el anchuroso mar y había infestado el reino de Fordmond. Todos los males habían asolado aquellas tierras benditas a lo largo de 10 años se le podían achacar al tirano que reinaba ahí su nombre era Tártaro, un gran amigo del rey Valerio, pero ahora era diferente, Valerio sabía que debía salvar a su amigo, pero después la carga de responsabilidad lo cargaría el, no. Tártaro debía morir, y aunque fuera un gran pesar para la Eolice, el rey Valerio tenía que darle fin a esta locura.
Valerio volteo tomando su espada, el sol daba sus primeros brillos, pero la guerra no había acabado los enemigos estaban reagrupándose el rey exigió visitar a los videntes quienes tocaban los cuernos dando la bienvenida al amanecer, en la llanura del norte los custodios ya se habían reunidos, relucían como un mar de oro y plata, cada uno de ellos dispuestos a morir por su rey. Al este, la línea erosionada de las cumbres quebradizas estaba grabada con la luz amarilla del sol, mientras los interminables arboles cubrían la vista de los enemigos, y estaban envueltas en sombras.
Valerio salió del recinto junto con sus comandantes, generales y nobles del ejército, rutilantes con sus galas marciales, junto a los videntes mientras estos los bendecían para que sus espíritus estuvieran llenos de impurezas y sus almas no pudieran ser engañadas.
El rey se acercó a uno de los Agaros y preguntando – ¿Que augurios hay mi sanidad?
El Rey de los videntes se levantó y su magnificencia era grandiosa de ver, su ropa era blanca y mostraba una brillantes única e incomparable, observaba fijamente al rey.
– Cuídese mi señor pues la muerte se acerca, pero no será hoy, sin embargo los Dioses me han mostrado un presagio del futuro y en el solo he visto muerte. Pero este se puede retener, de una tierra olvidada la salvación llegara de un continente olvidado ya hace mucho – el vidente camino a los alrededores mirando a los generales y comandantes – ustedes tendrán otro destino, este reino no caerá, pero hoy se harán sacrificios para salvarlo.
Observo a Velasco, este sintió un aguijón en el pecho, la mirada del Agaro había sido fulminante y era algo que no podía ignorar, en su interior se preguntaba sí su destino seria la muerte o el caos imprescindible de su caída.
El Agaro miro a Tennen y este no se inmuto, si su muerte estaba próxima la aceptaría. Tennen era un hombre templado, callado y grande en la amistad. Había sido exiliado de las tierras de Hait’nos; había llegado hasta el reino de Maldea en un estado deplorable, el rey Valerio lo había encontrado junto con sus custodios en el camino real, el hombre estaba débil, desangrado. Aquel hombre era flaco, desnutrido, y ya a un paso de la muerte, fue entonces que el Rey Valerio tuvo la decisión de acogerlo en el palacio real. En sus primeros días hablaba poco y se mantenía serio, cuando se recuperó por completo, comenzó a demostrar grandes capacidades en el manejo de la lanza y de la espada, demostrando ser un letal guerrero. Tennen el de “Filos certeros” así se le conocía en los demás reinos, su manejo con la lanza era tan preciso que llegaba a matar a 30 hombres con sutileza mucho antes de que llegase a empuñar la espada; cuando empuñaba la espada se movía con tal precisión y elegancia que los rivales quedaban pasmados con la ferocidad y exactitud de sus ataques, tan rápidos eran sus movimientos, que sus enemigos tardaban en seguirlos con exactitud, los movimientos que este ejercía sobre el oponente eran tan rápidos que los rivales no llegaban a acercársele. Fue tanto así que al acabar una guerra, terminaba con la vida de 70 hombres.
Su determinación fue tan buena, que llego a ascender a comandante, gracias a eso llego a salvar el reino de Maldea de incontables incursiones que se presentaban en las tierras del norte; los Centauros estaban invadiendo las pequeñas cabañas y aldeas, habían logrado unir una hueste numerosa para invadir reinos enteros; pero el Rey Valerio no lo permitiría, así que la Eolice; el consejo de Ancianos había declarado la guerra a las fuerzas enemigas, aquella guerra había sido la segunda guerra que se llevaba a cabo después de la guerra del “Puño de Hierro” y a diferencia de los Orcos aquellas criaturas atacaban en distintos flancos haciendo ataques estratégicos, y luchando con una ferocidad que helaba la sangre. Muchos se esperaban encontrar a los centauros con armaduras negras como usualmente se describía a los malvados, pero la realidad sus armaduras eran de color plata llevaban cascos con cuernos y a diferencia de los demás guerreros, llegaban a medir dos metros con cincuenta centímetros, eran altos, fornidos y fuertes y recordaron mucho a la caballería de la Guardia Real.
En aquella guerra Tennen y Velasco habían estado a cargo de comandar un escuadrón de guerreros custodios, todos ellos eran asesinos de elite que luchaban en nombre del Rey y en nombre de la Eolice, aquel día Tennen y Velasco habían usado el entorno como estrategia para atacar la retaguardia de centauros que atacaría por el lado oeste, el plan era sencillo, acabar con todas las unidades posibles para que la caballería pudiera avanzar y abrirse paso en el camino real. Tennen había ordenado a todos los custodios escalar los arboles del camino real ocultándose de la vista de los fieros enemigos. Velasco no objeto susodicho plan puesto que le parecía algo demente y el siempre encontraba la gracia a sus planes. Cuando llego el momento los centauros habían llegado. Tennen espero el momento exacto de que los centauros no se percataran de la presencia de los custodios y entonces vio a Velasco, este estaba agarrado fuertemente en uno de los árboles, Tennen lo vio y dio una sonrisa burlona volteo y levanto las manos, luego dio la señal, los custodios cayeron sobre el enemigo como una lluvia de muerte, algunas lanzas se clavaron fuertemente en los lomos de los centauros, algunos habían caído en las cabezas logrando decapitar a todas las fuerzas enemigas, silenciosos como un viento que llega sobre en enemigo, inadvertido.
Ese día Tennen y Velasco habían logrado detener el asalto de los centauros por el flanco oeste. Horas después la Guardia Real había llegado, tan afeminados como siempre, los generales Drazan y Elric estaban con sus armaduras relucientes de perla y plata ambos generales comandaban la caballería. Aquella guerra se había pagado con la vida de varios buenos hombres, aquella con eso había concluido la guerra de razas.
Pero aquella guerra era distinta, aquello era una masacre en lugar civilizado y Valerio le haría frente a tal amenaza.
El Agaro miro a Velasco y a Tennen y dirigiéndose a los dos dijo– ambos tendrán un destino distinto, pero no morirán – Velasco y Tennen miraron con asombro al Agaro mientras este se dirigía al Rey. El Agaro brillaba debido a la gloria reflejada de los Dioses en él. Su cuerpo iba ataviado con una túnica blanca con linos de oro unos brazaletes dorados le piñizcaban los brazos blancos. Sobre todo el pecho se hallaba un talismán, parecido a los que llevaban los ancianos de la Corte en Valimar la ciudad de la Eolice, aquellos talismanes permitían canalizar la energía etérea, para que así los Videntes pudiesen contactar con los Dioses y predecir acontecimientos futuro.
– Mi señor – pronuncio el Agaro con vos fuerte. – Dígame ¿Qué sacrificaría, para salvar este reino?
– Mi vida y mi espíritu, para salvar a este reino y a la Eolice.
El Agaro sonrió y luego miro a las afueras – Su padre fue un tirano y un cobarde; pero usted demostró ser diferente y me alegra que aun hallan personas como usted.
El Agaro volteo lo miro afablemente y luego lo tomo del hombro diciéndole – Siempre hay esperanza Rey Valerio, incluso en los momentos en los que sentimos que todo está perdido, con esto, yo entrego su alma a los Dioses, que ellos guíen su camino mi Rey.
Valerio sintió una sensación de tristeza y melancolía, el Agaro estaba a puertas de la muerte, su tiempo ya se había acabado, y era momento de encontrar un sucesor. Desgraciadamente muchos de los videntes presentes en el Templo no eran dignos, ni estaban preparados para tal cargo, ante aquella tesitura sabía que aquellos poderes se irían desvaneciendo con el paso del tiempo, si no encontraba un sucesor el reino estaría en peligro de quedarse en un estancamiento del que no podría salir sin el Agaro no se crearían más custodios y tampoco se podrían predecir los eventos del futuro que llegarían para la humanidad.
El Agaro se irguió tomo el Kohl negro con nerviosismo y volvió el rostro hacia el rey.
– Mi Señor necesitó que venga conmigo, quiero que vea algo, pero necesitó que venga solo – se hizo un silencio en todo el podio, y luego el rey lo miro asintiendo con la cabeza.
– Vosotros quedaos aquí – ordeno el rey los generales y comandantes asintieron mientras el rey se dirigía hacia la parte baja del Templo de Yhk’shara, los videntes ya hacían en la superficie de aquellos túneles y muchos de ellos hacían plegarias a los dioses a cuales habían sido asignados aquellos, túneles se internaban en el subterráneo, en lo más recóndito de la superficie el Agaro lo condujo rápidamente hacia un espejo.
– Espere aquí su majestad – Valerio miro asombrado aquellas estancias, frente a el ya hacia la estatua de la Diosa de los videntes y la diosa de los vientos y la sabiduría.
El Agaro hecho el kohl alrededor del espejo, el Kohl negro revelaba los acontecimientos del futuro, desvelar los pensamientos. El humo adopto formas inicuas, durante largo rato el Agaro estuvo rezando en un idioma desconocido, luego miro al Valerio.
– Mi Señor ya está listo. – Cuando el Agaro se levantó los grandes humos se disiparon dando una visión más apta para Valerio. El rey observo en su delante un espejo echo de oro puro en la ranura del frente había un símbolo de algún Dios desconocido. El Agaro se apartó dando paso al rey.
– Mi Señor necesitó que mire directamente al espejo, necesito que se concentre mi rey. – Valerio contemplo el espejo, pero solo observo su reflejo y el reflejo del rey de los Agaros.
– No veo nada, solo te veo a ti – replico Valerio, con ojos de frustración.
– No se está concentrando mi rey, necesito que se concentre, su salvación y la salvación de todo su reino, ya hace en lo que vea ante los ojos de la Diosa.
Valerio miro nuevamente el espejo, se concentró no en su reflejo, sino puso sus pensamientos en los acontecimientos ocurridos en los últimos años, las caídas de los reinos las muertes y mutilamientos de niños, todas esas sensaciones hicieron que su mente se viera turbada. Entonces lo vio todo con claridad, atreves del espejo se revelo el futuro que le aguardaba a la humanidad, si Valerio fracasaba en esta guerra la humanidad se sumiría en un estado de caos primordial donde los Dioses primordiales serian gobernantes absolutos. Atreves del espejo vio
“Un trono hecho de huesos unas hileras hechas de sangres los hombres danzaban alrededor de un execrable Dios, pronunciando su nombre en un idioma desconocido para él, vio a criaturas reptiloides que depradaban y violaban los demás reinos, el mar se había vuelto de color carmesí y los profundos se daban baños de sangre y escucho que en las hogueras los hombres adoraban y pronunciaban el nombre de algún Dios enloquecido y sediento de Sangre y escucho el nombre de tal Dios “
– “ Ia Ia Ia Igh’galatowa, Ia Ia Ia Igh’galatowa” –
Escucho aquellas voces y se repetían constantemente y pudo ver que en los mares de sangre emergía una criatura colosal, sus ojos eran amarillos y refulgían como dos diamantes, y sobre él se alzaban discos de oro y en esos discos se erigía una corona de hierro, aquella entidad se rio macabramente mientras miraba a los Dioses y los devoraba y su poder aumentaba.
Había bajado su mirada y entonces le vio.
– ¿Y tú quién eres? – Pregunto aquella entidad mientras miraba a Valerio – Ha ya veo tú no eres de aquí – .Aquel ente se acercó directamente rápidamente hacia la posición de Valerio, y sus ojos estaban puesto en el, Valerio sintió su energía y no pudo pronunciar palabra alguna la presión que esta entidad ejercía.
– Vaya al parecer no puedes hablar, tu fuerza se ha muerto muchacho, lo que me demuestra que eres débil – aquella entidad sonrió y miro – He aquí que tienes una fortaleza fuerte y bien guardada, pero no creas que el disco de la creación está a salvo, y aunque lo tuvieras que podrías hacer con él si no sabes usarlo, además habéis matado al único que pudo haberlos salvado. – Aquel ente sonrió en señal de victoria, pero lo que ocurrió después enfureció al Dios de la mano negra.
Una explosión siseante se escuchó desde la trinchera norte se escucharon gritos de guerra desde el otro lado del campo, el Dios fijo su mirada hacia el otro lado del campo de batalla.
– Lo siento muchacho hablaremos luego cuando acabe con estos idiotas.
Valerio no pudo moverse pero pudo escuchar gritos de ataque desde el otro lado del podio y corrió rápidamente para observar lo que realmente estaba ocurriendo. Vio a guerreros Maldeos y de otros reinos enfrentándose y delante de ellos estaba el Inquisidor Fran el señor de la ciudad de Dorian.
– ¡Avancen! – Exclamo Fran, mientras llevaba detrás suyo a los custodios – somos la única resistencia de la humanidad hoy tomaremos lo que es nuestro y expulsaremos a estas basuras de nuestras tierras.
Los Giath’gi se habían agrupado en un número inconmensurable y estaban atacando los flancos de los bastos ejércitos de la ciudad de Dorian, Fran dio un barrido de con su espada y la sangre negra de los Giath’gi revoloteaba en el aire todo lo que se le acercaba moría y dejo un camino de sangre ahí donde paso, pero el número de los profundos era inmensa y pronto la superioridad numérica los hizo prevalecer en la batalla, su brutalidad y fuerza era superior y pronto el ejército Doriano comenzó a menguar. Fran se apilo en las rocas los Profundos psíquicos empezaron a barrer con ondas de energía eléctrica a los guerreros que eran reventados como ampollas, otros eran triturados y devorados.
– Fran soy yo, Valerio.
Fran volteo para mirar, con ojos sorprendidos.
– ¿Valerio? Eres tu pero….. No es imposible, yo vi cómo te mataron los ancianos de la Eolice – Fran tomo el rostro de Valerio. – Por los dioses eres tú estás vivo Valerio.
Valerio lo vio con una sensación de sorpresa, encogió los hombros.
– Fran la verdad no se de lo que me estás hablando, no sé lo que está pasando la realidad, no tengo idea de lo que está sucediendo. – Fran miro con tristeza nuevamente.
– Eso quiere decir que aún no ha ocurrido nada en la ciudad de Maldea y en el reino de Willford – replico Fran mientras miraba a Valerio – eso significa que aún hay una esperanza para salvar nuestro mundo. – dijo Fran.
– ¿A qué te refieres Fran? – Pregunto Valerio con vos preocupada.
– tenemos que ir a por el disco de la creación. – Replico Fran mirándolo con ojos serios. – Daré la señal de retirada, tu hija estará feliz de verte.
– ¿Mi hija? – Pregunto Valerio.
– Fue ella la que lidero en las demás guerras ahora es mi comandante – contesto el inquisidor Fran.
– ¿Pero a dónde iremos? – pregunto el rey.
– te llevare al reino de Dorian ahí tenemos un disco de la creación. – replico el inquisidor.
Fran toco fuertemente cuerno de retirada, los custodios restantes se retiraron rápidamente de la batalla y corrieron hacia el sur.
– Valerio vámonos ahora – Fran dio la señal y los guerreros siguieron el camino lleno de sangre lo heridos se contaban entre miles y estaban siendo llevados rápidamente en hacia los conductos de escape que habían creado hace mucho.
– Valerio tenemos que irnos apresúrate – replico en inquisidor, mientras cerraba las compuertas y se retiraban del campo de batalla.
– Fran explícame que fue lo que paso por los reinos están derruidos que fue lo que sucedió maldita sea.
Fran lo miro y no dijo nada, al cabo de unos minutos respondió. – solo te diré que todo esto es culpa de la Eolice, sus deseos de querer controlar los discos de la creación llevo a la ruina nuestro pueblo.
– ¿La Eolice ocasiono esto? – pregunto el rey con voz preocupante.
– No solo la Eolice sino la corte del gobierno, los inquisidores accedieron a esta clase de cosas. – Respondió Fran. – Pronto la mayoría de inquisidores desaparecía por mucho tiempo y luego volvía a aparecer su comportamiento cambiaba poco a poco los ancianos se fueron corrompiendo.
– Eso quiere decir que la Eolice es….
– No la Eolice no es el verdadero enemigo. – Dijo Fran. – Pero Créeme cuando te digo que el enemigo se infiltrara en nuestras filas te sugiero estés atento Valerio, tienes que tener cuidado, no confíes en nadie, días oscuros se acercan.
– ¿Entonces qué podemos hacer Fran? – Pregunto Valerio.
– Eso te lo diré a su momento Valerio, primero tenemos que ir al santuario de lo Kadios.
– ¿Los kadios? Había escuchado sobre ellos pensé que eran un mito – Valerio se mostró interesado en ver a tales seres existian, hace mucho había escuchado que lo kadios habían creado las joyas del tiempo espacio y gracias a eso pudieron dar forma y movimiento a las criaturas existente en los mundos según algunos viejos relatos que había escuchado es que esas entidades eran sirvientes de un Dios más antiguo y viejo que los mismos Dioses.
– Son verdaderos, fueron ellos fueron nos ayudaron, pero ahora están debilitados, sin los discos de la creación están debilitándose. – dijo Fran mientras lo llevaba directo a las a la fortaleza de Dorian – Este es el único lugar donde nos resguardamos pero ya cuando este lugar caiga no habrá lugar donde refugiarnos ven Valerio. – replico Fran mientras lo guiaba al interior del palacio de ignotos
– Necesito que los custodios refuercen la puerta – Exclamo Mirela – los Giath’gi no deben entrar quiero que la guardia Real resguarde los muros si Fran a fracasado en su invasión estoy segura que llegaran aquí, así que necesitamos…. – La voz de Mírela se cortó cuando vio al hombre que estaba junto a Fran la figura era familiar, soltó su espada y se lanzó a abrazarlo.
– Dime que no eres una ilusión – dijo ella mirándolo al rostro.
–Soy yo mi pequeña. – La abrazo y fue en ese entonces que se dio cuenta que lo que estaba viendo era real, y por un momento había olvidado que su alma había viajado a las estelas del tiempo.
– No lo puedo creer, tú estabas muerto… no sé qué decir – dijo Mirela mientras miraba a su padre sorprendida.
– Mirela no disponemos de mucho tiempo no se quedara para siempre tenemos que enviarlo a su línea tiempo, para eso necesitamos a los Kadios. – replico Fran, Mirela asintió secándose las lágrimas.
– Es cierto padre si viniste aquí es decir que solo lo hiciste gracias al acceso de una deidad poderosa que intervino en tu visión,
– ¿Qué quieres decir con eso? – pregunto Valerio.
– Con eso quiero decir que la deidad que te materializo quería que presenciaras algo pero no sé qué la verdad porque te trajo a este tiempo, sin embargo tienes pero tienes que regresar. – ella sonrió y le toco la mejilla en un gesto de cariño y luego le dijo – escúchame cuando estés ahí con los Kadios te sugiero que te quedes callado Fran hablara por ti.
– Entiendo la verdad me gustaría quedarme más tiempo tengo mucho que hablar contigo –. Valerio sonrió, y luego Mirela la llevo rápidamente al templo de los Agaros.
–Valerio te sugiero que no mires a los ojos a los a ningún Kadio son orgullosos y no les gusta que los hombres los observen – Dijo Fran. Valerio asintió y avanzaron a la superficie del templo, ingresaron por unas compuertas y se dirigieron hacia una sala oscura. – No importa lo que veas no importa lo que sientas no alces la mirada, limítate a mirar solo los pies. – Fran se acercó y comenzó a hablar en un idioma que le era desconocido –.
– Valerio – Exclamo Fran – Ya puedes ingresar. Recuerda no alces el rostro, a no ser que ellos te lo ordenen.
– Entendido – Valerio ingreso a aquella sala bajo la vista en el suelo y se posicionó en el medio del podio.
– Tú has de ser Valerio, te hemos estado esperando por mucho tiempo, Rey de Maldea.
Valerio escucho unas voces en su mente, y aunque quería alzar el rostro para ver a esas míticas criaturas sabia queno debía hacerlo.
– Te sugiero que no alces la vista, nuestra psoique es demasiado fuerte si nos ves a los ojos tu alma morirá, asi que te sugiero que mantengas la cabeza agachada.
– ¿ Que es lo que está sucediendo en este lugar, como es que llegue aquí? – pregunto Valerio.
Uno de los Kadios descendió y le dijo.
– Tu llegada aquí estaba planeado por nuestro padre, fue el quien materializo tu alma en esta línea de tiempo, él quería que presencies este futuro y nosotros nos hemos preparado para tu llegada –. Replico una de aquellas entidades.
– ¿Qué es lo que quieren de mí? ¿Quién fue el que me trajo a esta línea de Tiempo? ¿Por qué a mí?
– Todo a su tiempo vuestra majestad pero ahora es momento de que presencie el destino de este mundo – entonces los Khadios se alzaron y descendieron y lo tomaron de la cabeza y uno de ellos le dije –. Te sugiero que te relajes nos será más difícil enviar nuestra psique a tu interior si te resistes.
Valerio, trato de tranquilizarse respiro hondo y entonces le mostraron el destino del universo y el final del mundo
“El mundo se convertirá en sangre, con la muerte del ultimo “Apu”, la humanidad ha perdido la posibilidad de salvar su tierra, los discos de la creación que alguna vez han equilibrado al mundo. Serán vuestras perdiciones, la era del hombre se acaba, la era de la cosecha ha fracasado, el último demiurgo ha caído, su última esperanza ha caído, ahora el Dios de la mano negra se ha alzado desde las cenizas y los Dioses que alguna vez os han protegido serán alimento para el hambriento Dios de los profundos los mundos arderán, la creación ardera”
Los Khadios lo soltaron y Valerio tuvo una sensación de melancolía, odio, ira, tristeza y amargura.
– ¿Qué fue eso? ¿Qué es lo que me hicieron? – Pregunto el Rey consternado-
– Solo pasamos nuestras memorias, junto a las sensaciones, es eso lo que los elfos sienten cuando ustedes los esclavizan.
– ¿Espera como saben?
– Nuestras almas pueden viajar al futuro he internarse en el interior de un cuerpo, viajamos grandes distancias ya sea futuro o pasado para cambiar algún acontecimiento. Pero ahora ya es imposible sin los discos y las joyas de la creación ya no podemos viajar a ningún evento del pasado. – Replico el Khadio.
– ¿Cuál es su función en este mundo, quien fue el que me trajo a este tiempo? – Pregunto Valerio seriamente.
–El Dios al que servimos está más allá de tiempo y espacio, fue el quien creo a la humanidad, y al resto de razas, pero los demás Dioses querían dominar esta creación y someter al hombre a su voluntad, y ser llamados señores, y viendo que los Dioses habían dominado y doblegado a la humanidad a su servicio el creador enfurecio. Fue ahí cuando Wiracocha se irguió y toco el cuerno de Yah’jaleg creando así al primer Dragon, así empezó la guerra de las Edades – comento uno de los Khadios que se puso en frente de Valerio, Aquella entidad se mantenía suspendida en el aire sus pies eran tres garras – Tu mente esta turbada entre este tiempo y el otro no es así, sin embargó te mantienes firme –. El Kadio miro a sus hermanos y dijo – Khal’jeg, esto puede funcionar.
– ¿A qué te refieres? – pregunto Valerio.
– Hace rato te mencionamos, que podíamos internarnos en un cuerpo humano pero no te dijimos que cuando nos internamos tenemos que aprender a convivir con el usuario, a cambio de eso el usuario recibe conocimiento no solo del mundo sino del universo y de nuestras costumbres. – Respondió el Khadio
– ¿Si y que hay con eso?
–. Bueno sucede que tu alma está en el futuro junto con tu cuerpo material.
– Espera tu plan es poseer mi cuerpo, que mierda están dementes. – Exclamo Valerio.
El khadio lo miro haciendo un ademan de negación. – Valerio, mal interpretas nuestras intenciones, al parecer no has entendido nada. – Replico el Khal’jeg –. Nuestro propósito es que uno de los nuestros valla contigo, tu seguirás teniendo control sobre tu cuerpo y tus pensamientos, sin embargo solo habrá espacio para uno de nosotros – Dijo Khal’jeg.
– Aun así es una completa mierda, no compartiré mi cuerpo con otro ser… – Las palabras se cortaron cuando Valerio tubo visión febril de Adultos desnudos caminando hacia los hornos, las madres ocultando a sus hijos y asecinandolos, y con esta visión supo la respuesta antes de que los Khadios se la dieran – “ puede ser esa la respuesta de los Dioses a los hombres” – Pensó Valerio
– Puede ser la respuesta de los Dioses, no la tuya.
– ¿Por qué?
– Porque ese sacrificio ya hace milenios se ha aceptado, nosotros estamos más allá de eso.
–Entonces ¿Qué? ¿Qué?
Y como un sueño Valerio tubo la visión de ver a las madres escondiendo a sus hijos en pilas de abrigos, fue en ese momento cuando supo cómo debía ser, y todo se aclaró en su mente.
– Si uno de ustedes se interna en mi tengo la certeza de que seguiré siendo yo cuando regrese.
El Khadio se irguió y respondió:
– Te aseguro que seremos de utilidad en vuestro camino su majestad; ahora puedes retirarte, debatiremos quien será el que se retire junto a ti.
Valerio asintió con la cabeza y luego se retiró lo más rápido que pudo del circulo las puertas se abrieron y al otro lado de esta, se encontraba Fran junto a su hija.
– ¿Y? ¿Cómo te fue? – Pregunto el inquisidor Fran.
– Digamos que fue algo perturbador e interesante a la vez, pero eso si nunca creí que aquellas criaturas pudieran hablar atreves de la mente, creí solo ustedes, los inquisidores podían –. Respondió Valerio mientras se retiraban del templo de los Agaros.
– Hay muchas cosas que se ignoran en este mundo, todo esto de los viajes astrales me deja consternado antes se creían que eran obra de brujería y ahora los llaman energía espiritual o éter.
– Había escuchado esas terminologías en un libro, hablaba de una mitología antigua. De una conquista y la pérdida de los discos de la creación que se habían perdido tras aquella conquista –. Comento Valerio.
– Es posible que aquellos conquistadores hallan visto como herejía aquellas creencias, por lo cual fue motivo de destrucción de su cultura. – Comento Fran
–Si había encontrado unos manuscritos, sobre aquella conquista, dijeron que fue la peor era de la humanidad, se hicieron casas atroces y compadezco al imperio que padeció aquellas barbaries, no me imagino como pudo haber sido. – Replico Valerio.
Al otro extremo de la fortaleza, se escuchó una explosión y el sonido de escombros caendo.
–! Mi señor ¡los Giath’gi acaban de destrozar el muro, están ingresando.
– ¿Qué? Maldita sea, necesitamos que los custodios se preparen y que la caballería se aliste para el asalto.
– Yo iré…
–No Valerio, te necesito vivo, Mirela llévate a tu padre al interior del templo y que no salgan hasta que llegue ¡entendiste!
Mirela asintió, y se dirigió con su padre hacia el templo de los Agaros.
El aire bullía con el estridente ritmo de los Giath’gi, los profundos habían tomado el primer y el segundo castillo y habían ,logrado derribar la retaguardia del primer palacio el resto de guerreros se estaban reagrupando lo más rápido posible. Aquellas criaturas eran desorganizadas y atacaban al azar.
– Necesito que los arqueros se posicionen en la parte superior del tercer palacio, y necesito que la caballería ataque el flanco izquierdo – Exclamo Fran, se escuchó un rugido de un de los Giath’gi que se había lanzado a raudales hacia Fran. El inquisidor maniobro la espada rápidamente, decapitando en el acto al profundo, la espada bullía una energía eléctrica y la cabeza del profundo salió disparada hacia el cuerpo de uno de los soldados que soltó un grito asustado y asqueado.
– Hey ese será tu primer regalo Ahora recuerden sois novatos así que no os aseguro que salgan con vida, no les daré un discurso motivacional de mierda, así que mi único consejo que les dare será que luchen cada uno por sus vidas resguarden al de su lado, ahora solo tengan en cuenta algo más antes de entrar a la batalla.
– ¿Y qué cosa es eso mi señor? – pregunto uno de los guerreros.
– De que no te maten en la primera batalla –. El resto de sus compañeros dieron una carcajada y luego se armaron para el combate.
Los guerreros detenían la puerta superior del templo, los profundos impactaban sus cuerpos contra la puerta, aquellas criaturas daban rugidos estrepitosos, y luego se escuchó un silencio y la puerta principal dejo de tronar, se escuchó un rugido que se emitio por el techo, como si cuerpos gelatinosos estuvieran trepando los muros y tratando de subir.
– Apilen las puertas con las vigas, rápidamente – Exclamo Fran. – Trataran de subir por arriba, tenemos que defender este templo que los comandantes se dirijan rápidamente en la primera fila – Fran se dirigió al interior del templo lo más rápido.
– !¿Mi señor a dónde ira?¡
– Necesito asegurarme de que los Khadios lleven a nuestro anfitrión a su línea de tiempo, Drazan te dejo al mando – Drazan asintió, se dirigió rápidamente al patíbulo superior.
Fran se dirigió rápidamente hacia la cámara de las leyendas, frente a él, ya hacia uno de los Discos de la creación, sabía que no disponía de mucho tiempo antes de que los Giath’gi y los profundos ingresaran.
“maldita sea, como fue que llegaron a este lugar, ¿se habrán dado cuenta de la presencia eterica de los Khadios? como sea no tengo que permitir que lleguen al disco de la creación o sino será el fin de todo, y los sacrificios que hicimos habrán sido en vano”
Pensó Fran, mientras se dirigía al salón de las leyendas, y entonces ante él estaba el disco solar de Tonatiuh, un aquel disco tenia grabada la cara de un Dios que sostenía dos báculos y que según los ancianos de la Eolice, había sido tal Dios el que había salvado si reino en la era de la tecnología brindándoles conocimiento e inmortalidad.
Fran se acercó y tomo aquel disco de oro rápidamente, dentro de aquel santuario ya hacían los jeroglíficos de la historia de los Apus los guardianes del imperio inca, espíritus antiguos que había llegado junto con el Dios Viracocha, cuando la tierra era vacía, hueca y sin vida, y hace mucho había dejado a los Apus para que defendiesen el imperio incaico, y ahí vio el retrato de un antiguo rival con el que se había enfrentado hace mucho tiempo.
– “Me pregunto qué hubieras hecho tú, Agueon.” – Pensó Fran, mientras tomaba el disco solar y se dirigía hacia el exterior del santuario, llego a unas cubículos concéntricos que conectaba a distintos caminos, aquel templo se había creado en como un laberinto para aquel que robase el disco solar no pudiere salir del templo, pero Fran que era conocedor de aquellas estancias y que conocía aquel templo se dirigió tercer santuario, entonces ahí pudo ver a Valerio y a Mirela.
– Valerio, hubo un cambio de planes te largas en este momento.
– ¿Pero qué paso Fran? – Pregunto Valerio preocupado.
– Te daré los detalles en el camino, ahora andando, Mirela necesito que nos cubras a este paso lo Giath’gi estarán ingresando no creo que los soldados hallan resistido lo suficiente para resguardar la puerta.
– ¿Que sucedió Fran?
– Valerio escúchame tú tienes que regresar, no digas nada de lo que viste a los ancianos, ni a los inquisidores, solo empeoraras las cosas, te tomaran como hereje y te sentenciaran a la pena emocional, y tu bien sabes que esa sentencia es peor que la muerte. – Fran pudo sentir que la psique de los Giath’ gi se aproximaba, estabo a punto de desenvainar la espada, Hasta que Mirela se aproximó y dijo.
– Yo me encargare de esto Fran ahora lárgate, llévate a mi padre fuera dice aquí.
– Son psíquicos te mataran y lo sabes – Replico Fran.
– Sin sacrificio no hay victoria Fran, ahora lárgate, padre hoy redimiré los errores del pasado, cuida de la pequeña niña que esta recostada en tu cama cada día, hazme ese pequeño favor.
– ¿Qué, espera?
– Valerio tenemos que irnos.
– No me pidas que abandone a mi hija.
– Maldita sea Valerio vámonos, tu hija nos dará el tiempo suficiente para que te podamos mandar a tu línea temporal.
– ¡No, Irela!
– Maldita sea Valerio vámonos.
Fran jalo a Valerio lo más rápido que pudo a las profundidades del templo y lo último que Valerio pudo ver es como su hija abatía a los Giath’gi, con rapidez decapitándolos de manera rápida, luchaba con la fuerza de las leyendas, matando y descuartizando todo lo que se acercase, uno de los Giath’gi se lanzó con potencia e impacto el cuerpo de la mujer, la criatura rugió mostrando sus dientes, el polvo se levantó, Mirela balanceo la espada cortando el brazo del Giath’gi, huesos rotos y sangre derramada, los Giath’gi psíquicos comenzaron a lanzar energías eléctricas que emanaban desde la punta de sus dedos. Mirela sabía que si los dejaba ingresar seria el fin de todo se levando, dio un barrido con su espada cortando por la mitad a la criatura, sintió los poderosos impactos pero los ignoro, cargando ante los escombros esparcidos hacia la pendiente, mientras el polvo la cegada por momentos, todo lo que podía ver eran formas queme hundas a su alrededor, odiaba a los Giath’gi como nunca nadie había odiado en la vida.
Entonces le vio, ante el ya hacia el hombre que había desgraciado no solo a su tierra sino a toda la humanidad, odiaba Mas a esa persona como nunca había odiado antes. Una espada se balanceo hacia su cabeza golpeando su hombrera y rasgando hacia arriba, el hombro de Mirela se desgarro en un baño de sangre y carne, ella aulló de dolor y luego se levantó lo más rápido que pudo tratando de detener el sangrado, mientras se veía rodeada por sus enemigos, los Giath’gi se apiñaron a su alrededor, mientras ella balanceaba la espada con la poca fuerza que le quedaba pero a cada paso su fuerza se iba disminuyendo, detrás suyo uno de los Giath’gi balanceo su enorme espada, ella se movió y lo esquivo con dificultad, podía escuchar el grito de los soldados que estaba tratando de confrontar a los criaturas con cabezas de pulpo, y se dio cuenta que estaba sola. Mirela se levantó y dio un barrido con su espada y continúo con su carnicería, su hoja se levantaba y caia con la sangre negra de los Giath’gi, ningún ataque podía atravesarla ninguna flecha podía detenerla, los cuerpos de los Giath’gi la rodeaban formando su altar de muerte. La humareda se apartó y pudo ver a aquel hombre que había destrozado su hombro izquierdo.
– Mirela me sorprende que hallas podido soportar todo este dolor. – Dijo aquella vos penumbrosa.
Mirela reconoció la vos y supo de quien se trataba volteo su faz para mirar aquella figura y entonces lo reconoció ante ella ya hacia el mismísimo Tartarus, el hombre que había traicionado al Imperio de la Eolice hace ya mucho tiempo, ahí estaba el monstruo que había pactado con los Dioses del Vacío. Nubes de humo carmesí salieron del cuerpo de Tartarus mientras tomaba a Mirela del cuello y la levantaba, y sentía que la furia y el odio la consumían. Tartarus el mayor y más queridos de los reyes ya hacia ante ella.
– ¿Porque Tartarus? ¿Por qué?
Pero Tartarus no dijo nada, se detuvo para contemplar el cuerpo de la guerrera y luego la acaricio en la mejilla, y luego giro su espada, ella respondió rápido y balanceo su espada hacia el tórax de su oponente, Mirela salto con el pie hacia adelante esquivando los dos mandobles que lanzo Tartarus, sintiendo como se rompían las cuchillas de su armadura, aterrizo suavemente y rodo alejándose de Tartarus, antes de que pudiera reaccionar. Su espalda estaba contra un muro sin ningún lugar donde escapar, solamente podía avanzar.
– Aquí se acaba Mirela. – Dijo Tartarus, lanzando una sonrisa macabra.
Los dos rivales se encontraron espada contra espada y Mirela se dio cuenta que no podría vencer a Tartarus, su espada se partió, y Tartarus clavo su garra profundamente en su abdomen, un estallido de atormentadora agonía retumbo en todo el escenario cuando Tartarus le hundio su garra.
Mirela escupió sangre en el rostro de Tartarus y siseo.
– Moriré aquí, pero tú te iras conmigo traidor.
Mirela levanto su espada y rasgo la garganta de su enemigo en una lluvia de sangre, sintió como la garra de Tartarus se debilito y cayó al suelo, con su fuerza vital derramándose ante ella, pudo escuchar vagamente como sus compañeros la llamaban pero a cada grito el eco de sus voces se apagaba. Había logrado su cometido, sonrió y cerro sus ojos mientras la vida la abandonaba.
Drazan y Elric observaron como el pequeño grupo de Giath’gi transportaba el cuerpo caído de Tartarus atreves de sus cuerpos, los demás guerreros avanzaron abriéndose paso entre los cuerpos de los Giath’gi, y los túneles interiores estaba ahora en manos de los generales y la guardia real. Mirela había mantenido retenidos a los Giath’gi lo suficiente, para que los demás guerreros pudiesen llegar y salvar el día, y con una apariencia melancólica que era notoria en la apariencia de Mirela, depositaron a su comandante a los pies del Agaro. Elric y Drazan se arrodillaron ante el cuerpo de Mirela poniendo las manos en su frente clavando la mirada en la cara de su comandante, quizás fuera la relajación de ,los músculos que sobreviene al morir, pero creyó ver dulzura en los rasgos de Mirela, a pesar de la terrible cantidad de sangre que bañaba su rostro.
– Deseo que fuera así, hasta siempre comandante, nunca será olvidada.





Mabel
¡Me encantan estas historias! Parece que lo estoy viviendo. Un abrazo Joaquín Esteban y mi voto desde Andalucía.
Elayha
Gracias estare continuando la historia