El tiempo dirá lo contrario

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La claridad ya nunca sería como antes, a medida que el ácido perdía efecto, un profundo vacío arrasaba con todo. Una expresión aturdida de su rostro lentamente se transformaba en un estado de alerta extrema, la paranoia comenzaba a llenar de miedos y fantasmas su cabeza. Había cruzado la puerta, y ya no había vuelta atrás, su tendencia autodestructiva y la falta de sentido de pertenencia a una sociedad cegada por sus propios problemas formaban, como decía Gabriel, la crónica de una muerte anunciada. Claro que para ese desenlace todavía faltaban unos intensos siete meses y medio.

La historia de Lito ya venía de largo, su padre un changarin que no sabía escribir su nombre (Mario). Su madre, Lidia, que se pasó la vida dentro de un taller textil clandestino en el centro de San Telmo, donde encontró la muerte luego de un misterioso incendio. La casilla donde vivían jamás había tenido paz, cuando Mario y Lidia estaban siempre había una discusión y terminaban por lo general algún golpe a ella. Ahora solo reinaba la ausencia.

Para Lito esto ya era historia corriente, era lo normal, y su entorno no ayudaba a ver una realidad distinta, todos sus amigos tenían historias similares, e incluso peores. Pocos eran los buenos ejemplos, pero estos no eran piolas como ellos. Lito siempre se encontraba en la equina de la casilla con el Brian, el Tincho y el Camba, sus compañeros de primaria, que tranquilamente podrían haber sido de secundaria, si no hubieran decidido transitar caminos alternativos.

Ya había pasado más de un año de lo de Lidia, cuando el Camba se apareció en la esquina con una moto calentita, Lito cegado por la ganas de manejarla y salir a dar una vuelta. Mientras su madre vivía, dedicaba mucho tiempo a estar de vigilante para evitar riesgos innecesarios. Pero ya no estaba más, se subió sin dudarlo. Sin pensar que se iban a desatar una serie de acontecimientos que difícilmente podría volver atrás.

El Camba ya tenía cancha en manejar estas motos, el padre tenía una y varias veces a escondida se la había sacado. Esta vez no era precisamente la del padre, sino de un perejil que agarro a la pasada distraído. Lo que él no sabía es que ese perejil era amigo de un administrativo de la bonaerense, y para cuando Lito finalmente arrancaba a dar su ansiada vuelta, un patrullero se le cruza delante. Entre la poca experiencia y la tierra de la calle Lito termino clavando las muelas en el capot del patrullero, ganando además del golpe, una paliza por parte de los policías. El Camba no la dudo un minuto y salió disparado como rata.

Con 16 años Lito demoró más en salir porque no encontraban a su padre, que por el hecho en sí. Como para seguir templando su carácter, Mario lo agarró a puño cerrado como nunca. Un paseo en moto, una causa, un amigo menos, una muela en el patrullero, labios cortados por la policía y ahora ojos morados y unas costillas fisuradas. El resumen no era alentador, para nada.

Tardo unos cuatro meses el Camba a dar la cara con Lito, cayo con un paraguayo especial y no hubo chance para Lito de no aflojar, claro después darle un zurdazo en el estómago y un par de empujones. Para cuando llegaron el Tincho y el Brian, ya estaban pintados con los ojos rojos.

El Camba ya había marcado el rumbo, y el resto no dudó en seguirlo, primero con unos mecheos al pasar por los mercados, y después con algunos arrebatos. Hasta que el Brian cae con un marcador, un conocido del primo le tiro el dato de unos viejos que habían cobrado la venta de un auto y la guardaban en su casa. Ese fue el comienzo de una actividad más picante. Ya sobrio no se animaban a esa movida, pero el Tincho trajo al solución, unos pocos gramos bastaron para envalentonarlos e irrumpir en la casa. Ya lo tenían todo estudiado, y en la teoría parecía fácil, Brian iba a reventar la reja del fondo y el Tincho iba a quedar de campana. Lito y el Camba iba a distraer al perro. Pusieron en marcha el plan, cuando estaban preparando el pedazo de carne para distraer al perro, un golpe seco se escucha y en un salto Lito y el Camba abandonaban la escena. Se encontraron en la esquina de siempre, pero Brian no llegaba. Pasaron varias horas y no había novedades, hasta que la policía llega a la casa del Brian, lo habían guardado, el viejo lo enganchó justo tratando de romper la reja y le metió un sartenazo en la frente. Brian ya tenía 18 así que no era tan fácil su situación, desapareció por 3 años entre comisarías y el penal 24 de Florencio Varela. Lito no le vería la trompa más.

Con el Brian fuera de juego, no pasó mucho tiempo en que aparezca alguien a cubrir su casillero, el primo del Brian arrebatado por la guardada, comenzó a juntarse con Lito, el Camba y el Tincho. Se llamaba Carlos, aunque todos lo conocían como Ringo, no por ser fanático de los Beatles, sino por el boxeador a quien decían que tenía una cierta similitud por su estilo de pelea. Hacia unos tres meses había salido de Devoto, y estaba con libertad condicional. Ringo no era ningún nene, con sus 27 años ya tenía varias causas por robo a mano armada y un homicidio simple, en una pelea después de la bailanta. Estaba amotinado y enceguecido por lo que le sucedió a su primo, quería caerle al viejo y reventarlo.

Cuando salió de Devoto, Ringo ya no era el mismo, no solo por las duras experiencias dentro, sino también porque había pasado de ser un consumidor ocasional de pepa a la cocaína y de ahí a su ultimo deleite, el paco. Luego de varias conversaciones logró convencerlos de caerle de nuevo al viejo, y para subir la apuesta se apareció esa noche algunos gramos de merca.

El estado de alteración de todos era alto y cebados salieron en búsqueda de venganza, cosa que hubiera sido bueno que se replanteen. Esta vez, Lito se quedó de campana, la casa era en una ante esquina, los muchachos saltaron el paredón de la esquina (un lote vacío lleno de yuyos) y saltaron al patio trasero del viejo, en el frenesí se olvidaron de un detalle, el perro. Cuando el Tincho se disponía a barretear la reja de la puerta, ve como una sombra se abalanza sobre Ringo, el Camba desesperado, le pega una patada al perro y ese mismo instante se escucha la primer detonación. Pera cuando quizo pensar, el Camba estaba saltando de cabeza al terreno de la esquina, Ringo en una sola maniobra queda parado en el paredón, listo para saltar cuando llega la segunda detonación y salta.

Al caer, ya sus piernas no respondían y quedó tendido boca abajo entre unos cardos. El Camba escucha que abren la reja y el viejo hablando por teléfono con la policía “Estos hijos de p… trataron de entrar de nuevo, baje a dos, uno en el patio el otro no lo veo, creo que cayó en el terreno de la esquina”. Lito estaba duro, literal y emocionalmente, el Camba lo agarra del brazo y le dice –rajemos que se pudrió todo mal. Se subieron a la moto y salieron disparados.

El Noticiero a la mañana siguiente, hablaba de delincuentes abatidos, legítima defensa, perro herido, dos veces en un mes. Ringo estaba en el hospital, luego de unos días trataron de ir a visitarlo, la custodia policial no les permitió ingresar, el parte médico indicaba que no podría caminar más.

La peor parte se la llevó el Tincho, mientras miraba como el Camba pateaba el perro, por la ventana de la cocina el viejo disparó al bulto con un 38, por el tipo de impacto estiman que no sintió nada, entró por la sien y salió por algún otro punto de la cabeza, la muerte fue instantánea.

Comentarios

  1. Mabel

    10 noviembre, 2016

    ¡Impresionante! Un abrazo y mi voto desde Andalucía.

  2. Niccolle

    10 noviembre, 2016

    Me gustó mucho tu historia, sobretodo porque tiene mucho en común con la cotidianidad del barrio donde me crié.

  3. Kunma

    11 noviembre, 2016

    Gracias a ambas! espero que les guste lo que sigue

  4. gonzalez

    11 noviembre, 2016

    Excelente historia, Kunma. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

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