Zarco

Escrito por
| 372 | 45 Comentarios

Era una especie de San Bernardo, sin serlo, que un día de lluvia encontré en la calle, siendo ya un cachorro crecidito. ¿Cuántos meses tendría? ¿Tres?; ¿cinco?; ¿dos? Lo ignoro. ¡Como no traía partida de nacimiento! Había llegado hasta la puerta de mi casa detrás de una señora que huía de él como si huyese de un galán impertinente. Al verme renunció a seguirla; se detuvo y, con sus ojos tristes, me dijo: no soy un “personaje en busca de autor”; soy un perro vagabundo en busca de amo. No tengo pedigrí, pero tampoco soy un perro callejero; solo soy un cachorro perdido. ¡Si quisieras adoptarme! Se lo he pedido ya a mucha gente, pero nadie me quiere. Unos me ignoran, otros me desprecian; algunos me ahuyentan y hasta uno me dio con un palo.

Todo esto me dijeron aquellos ojos y, aunque no les creí, me conmovieron. Abrí la puerta del garaje y le invité a pasar. No sé cómo agradecértelo, dijo; ya me estaba aburriendo con tanta lluvia. Una vez dentro se sacudió con fuerza para expeler el agua retenida en su pelambre y me mojó de arriba abajo. Era su modo de agradecerme que le hubiera dejado entrar bajo techo. Agarré unas tijeras y comencé a trasquilarle aquellas motas de pelo donde la suciedad ya había formado costra. Llené luego un cubo con agua y abundante champú, y comencé a frotar. Él, consciente de cuánta falta le hacía, me dejó hacer, aprovechando cada oportunidad para lamerme la mano.

Para evitar que volviera a mojarme le sequé con una toalla y, cuando se dio cuenta de que había terminado, volvió lentamente hacia mí su cabeza, y dijo: me da apuro decírtelo, pero llevo dos días sin comer; si pudieras…; aunque solo sea un mendrugo. Yo sabía que el día anterior habíamos hecho una parrilla y mi madre no había tirado aún la basura; tendí ante su hocico la bolsa abierta, convencido de que no le haría ascos y, antes de comenzar a comer, giró de nuevo su cabeza hacia mí y me dio las gracias.

Bueno, Zarco; ahora el problema va a ser cómo convencer a mi madre para que te deje quedar. ¡Zarco! Le había llamado Zarco. ¿De dónde había salido aquel nombre? Del subconsciente, supongo, donde, sin duda, él lo había puesto. La voz de los perros va directamente al subconsciente, sin pasar antes por los oídos. Sonaba bien; a nombre de perro. Zarko. ¿Con c, o con k? Con c, que es más castellano. Levantó la cabeza de la bolsa de plástico con un hueso en las fauces y me volvió a mirar. No te preocupes, Zarco; eso ya es cosa mía, le dije. Llámame amo; desde hoy, tú eres mi perro.

Ahora, lavado y oloroso, resultaba un perro realmente señorial. Su pelo era lanoso, suave; grisáceo, con amplias manchas blancas, combinadas con otras de tonalidad marrón. Cuando acabó lo que había en la bolsa, me miró como para pedir permiso; se fue a un extremo del garaje, y se tumbó. Desde el suelo dirigió hacia mí otra mirada inquisitiva, y apoyó su cabeza sobre el cemento.

Me gustas, Zarco. Eres tranquilo, como a mí me gustan los perros. No esos locos que, en cuanto te ven entrar en casa te saltan encima emocionados y te plantan las patas en el pecho para lamerte la cara. Yo prefiero un perro tranquilo, que salga a recibirme meneando la cola y con la alegría en los ojos; que se arrime a mi pierna para expresarme su afecto y alce la cabeza buscando una caricia y una palmada en el lomo. Ese eres tú.

Había perdido mi primera clase por una buena causa, pero no tanto como para justificar perder también las restantes. Debía ir a la Universidad. Zarco parecía dormido, pero yo sé que se mantenía al tanto de mis movimientos y de mis pensamientos también. Y lo que yo pensaba era qué podría ocurrir cuando mis padres regresaran a casa y viesen un perro en el garaje. Sabía que Zarco les iba a explicar lo ocurrido, pero no estaba seguro de que ellos lo entendiesen.

A falta de algo mejor, saqué los cordones de mis deportivos y con un fuerte nudo los empalmé. No es que la longitud fuese excesiva, pero me pareció suficiente; a Zarco también. Con un extremo até su pescuezo, y el otro lo amarré a la reja del garaje. Si, al entrar, te ven atado, le dije, sabrán que no eres un intruso que se ha colado dentro por su propia voluntad, sino que alguien te introdujo. Además, como eres joven y no estoy seguro de que tu buen juicio sea mayor que tu afán de aventura, me aseguro de que no vas a salir corriendo en cuanto veas la puerta abierta.

A la noche, para que nadie pudiera quejarse, aparecí con un saco de perrarina. Zarco ya estaba suelto y salió a recibirme. Se le notaba contento. Mi madre, se apresuró a decir que no contase con ella para nada; que yo había de encargarme de todo. ¡Ah!, añadió; y no se te ocurra metérmelo dentro de casa, ¿me oyes? No la quiero ver siempre llena de pelos. Mi hermano soltó un gruñido que parecía imitar a Zarco, y mi padre simplemente se acercó a mí y me devolvió los cordones de los deportivos.

Así entró Zarco en casa y en mi vida. Cada vez que salía, él se acercaba a despedirme; al regresar, acudía a saludarme. Me encargué de que nunca le faltase perrarina, siempre de las mejores marcas y procurando variarle el sabor cuanto me fuese posible. Se le veía contento, fuerte, sano y con el pelo lustroso. Cada día yo le sacaba a la calle y cuando estábamos en casa le dejábamos correr libre por el jardín.

Mientras fue cachorro, aún siendo calmado y tranquilo, era juguetón, y no tardó en hacerse querer por todos los de la casa. Solo mi hermano fingía indiferencia hacia él, pero yo sé que lo hacía solo para que no le pidiera que lo sacase a pasear, ni siquiera en tiempos de exámenes. Por eso no debería sorprenderle que Zarco llegara a reemplazarle en mi afecto.

Le enseñé a hacer muchas cosas y él aprendió a obedecerme; mas no como esos perros tan sumisos que más que perros parecen robots programados. A mí siempre me gustó que mi perro tuviera personalidad y la demostrase. Yo le hablaba y me entendía; por supuesto que mucho mejor que mi hermano; y yo a él, también. Los fines de semana le llevaba a la casa de la playa, porque sabía que correr al aire libre era lo que más le gustaba. Viajaba en el asiento de atrás, todo el camino con la ventanilla abierta asomando la cabeza, no sé si para exhibirse o porque le gustaba observar el paisaje. El viaje era su primer placer; el segundo, correr por la playa, bien sólo, a su aire, bien tras el disco, una pelota o cualquier otro objeto que yo lanzara para que él lo atrapase y acudiese a entregármelo a cambio de una caricia. No era rápido corriendo ni esbelto en su carrera, sino más bien lento y desgarbado. Atrapar el plato en el aire o agarrarlo del suelo no suponía para él gran diferencia. Lo que realmente le divertía era el juego, el aire festivo, el tener un pretexto para acadir a mí y mostrarme su afecto.

Fueron dos años durante los cuales Zarco fue uno más de la familia, pero, sobre todo, mi mejor compañero y mi más entrañable amigo. Hasta que un día desapareció. Regresé por la tarde y no estaba en el garaje; tampoco en el jardín ni dentro de la casa. Supongo que, aprovechando un descuido de alguien, salió a la calle y, como vino, se fue. Lo busqué por todos los rincones; empapelé la urbanización con su foto y unos carteles grandes ofreciendo recompensa. Pero nadie supo dar la menor señal de Zarco.

Aquel fin de semana me negué a ir a la playa. ¿Cómo podría ir sin él? El domingo por la tarde mis amigos acudieron a casa para hacerme compañía y, a última hora, salí con ellos a tomar unas empanadas en la arepera de la esquina. Yony la pidió de cazón, la que a mí menos me gusta; Mara, de queso, y Telma, de pollo, mi preferida. Pero, aquel día, no sé por qué, la pedí de carne. Di el primer bocado y no me arrepentí de haberla pedido; sabrosa y jugosita como a mí me gustan. Y, al tercer bocado, a través de la ventana, vi a Zarco corriendo hacia mí. Su lengua inmensa, morada, se agitaba al viento al ritmo de su carrera; de sus belfos colgaban dos hilos de baba y sus ojos relucían como dos luciérnagas en la noche oscura. Por un instante me quedé con la mirada fija y la boca abierta, y, con aire alucinado, exclamé: ¡Zarco! Telma, al oírlo, se volvió hacia mí, y preguntó: ¿Dónde? Ahí; por la ventana, dije. Ella se rió y repitió la pregunta: ¿ahí, dónde? En la playa, ¿no le ves? Viene hacia acá. Soltó una carcajada y los demás se rieron también. Aún no he logrado quitarme de la cabeza el sobresalto de aquella visión.

Hace algunos días, mi hermano me dijo que le parecía haberlo visto allá por San Bernardino con otros perros que seguían a una perra en celo, pero no pudo asegurarme que lo fuese. Fue la última noticia que tuve de Zarco.

                                          Caracas, 27 de Septiembre de 2007

 

Comentarios

  1. Mabel

    7 noviembre, 2016

    ¡Excelente historia! Un abrazo Germán y mi voto desde Andalucía.

  2. Lourdes

    7 noviembre, 2016

    Una historia preciosa Germán. Zarco era un espíritu libre, de esos que te dejan el corazón encogido porque te dan todo el amor que necesitas durante un tiempo y luego desaparecen. Una perla, como yo suelo decir, perlas valiosas que van formando el collar de las cosas buenas de la vida. Un beso

    • GermánLage

      8 noviembre, 2016

      Hola, Lourdes; Gracias por tu comentario, que es más bello aún que el propio relato.
      Un afectuoso saludo.

    • GermánLage

      8 noviembre, 2016

      Hola, Kunma; Gracias por haber leído mi relato y por tu comentario.

  3. gonzalez

    7 noviembre, 2016

    Me gustó mucho, amigo Germán. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

    • GermánLage

      8 noviembre, 2016

      Hola, González; gracias por leerme y por tu comentario. Leyendo a poetas como tú uno, sin darse cuenta, va perfeccionando el sentido de la belleza.

  4. Charlotte

    8 noviembre, 2016

    Precioso relato, Germán. Me ha conmovido la ternura con la que hablas de Zarco, que está tan vivo que parece que vaya a saltar de la pantalla del ordenador. Un abrazo y mis felicitaciones

    • GermánLage

      8 noviembre, 2016

      Hola, Charlotte; Gracias por haber leído mi relato y por tu elogioso comentario. Celebro que lo hayas leído con agrado.
      Un afectuoso saludo.

  5. Lauper

    8 noviembre, 2016

    Precioso relato Germán. Me encanta la forma en la que describes a Zarco y como narras la relación con él. Desprende cariño, entendimiento mutuo. Lejos de mostrar a una persona que tiene un perro y que está enamorada de ella misma en su papel de dueño del animal, muestras el amor que sentías por él. Me ha gustado muchísimo, un abrazo y mi voto.

    • GermánLage

      8 noviembre, 2016

      Hola, Lauper; por tu comentario se deduce que lo has leído con agrado, lo cual me alegra. Solo decirte que yo nunca tuve perro; el relato me fue inspirado por el de un amigo, que es el que se describe en el texto,
      Un afectuoso saludo.

  6. Luis

    8 noviembre, 2016

    Una relación realmente entrañable que traspasa las fronteras entre humanos o personas y seres o criaturas animales, me encantó tu relato, Germán. Yo soy, por diversas circunstancias, más de gatos que de perros, pero no dudo que la relación sentimental que se establece entre un buen propietario y su perro, es más intensa que la que se produce con aquellos. Un voto de absoluta honestida, y mi abrazo!

    • GermánLage

      8 noviembre, 2016

      Hola, Temor; Gracias por entretenerte en leer este relato y por tu comentario. Sotto voce te recuerdo lo que acabo de decir a Lauper: yo nunca tuve perro (ni gatos), pero, como soy de campo, en casa de mis padres siempre hubo animales, y desde entonces conservo la idea de que los animales domésticos forman parte de la familia.
      Un cordial saludo.

  7. Luis

    8 noviembre, 2016

    ….»honestidad» obviamente!

  8. Ruba

    8 noviembre, 2016

    Mi voto Germán, yo tengo perro, me identifiqué ya no por el caso de como vino a mi casa si no por el amor incondicional, son ángeles de cuatro patas.

    • GermánLage

      8 noviembre, 2016

      Hola, Ruba; no sé si los perros son ángeles de cuatro patas, pero sí sé que es el animal que primero compartió su vida con el hombre, y que en él no existe nada parecido a la maldad. El título de mejor amigo del hombre no es gratuito. Nunca he oído que un perro haya traicionado a su amo.
      Un afectuoso saludo.

  9. Anakin85

    8 noviembre, 2016

    Jo, un relato triste, pero me ha gustado muchísimo.
    Los perros son de los mejores regalos de la vida, te marcan de una manera que para muchas personas es imposible. Y si que hablan, mi Loki me habla, pero hay que saber entenderlo.
    Muchísimas gracias por haber compartido esta historia con todos nosotros.
    Un abrazo

    • GermánLage

      8 noviembre, 2016

      Hola, Anakin; ¿Triste, por qué? ¿Porque al final se va? A lo mejor es que, como dijo Lourdes, Zarco era un espíritu libre, que entendió que ahí ya había dado suficiente amor, y decidió seguir repartiéndolo en otro lugar donde, tal vez, hacía más falta.
      Un afectuoso saludo.

  10. GermánLage

    8 noviembre, 2016

    Hola, Anakin; ¿Triste, por qué? ¿Porque al final se va? A lo mejor es que, como dijo Lourdes, Zarco era un espíritu libre, que entendió que ahí ya había dado suficiente amor, y decidió seguir repartiéndolo en otro lugar donde, tal vez, hacía más falta.
    Un afectuoso saludo.

  11. Nana

    9 noviembre, 2016

    Querido Germán, me ha encantado como has ido construyendo tu cuento, al igual que el vínculo que se forja entre Zarco y la persona que lo encuentra. Verdaderamente hermoso. Enhorabuena. Un fuerte abrazo acompañado de mi voto 🙂

    • GermánLage

      10 noviembre, 2016

      Hola, Nana: Gracias por haberte permitido leer mi relato y por tu comentario, tan preciso como valioso para mí.
      Un afectuoso saludo.

  12. Fisquero

    9 noviembre, 2016

    Germán, tu relato reaviva vivencias y emociones que muchos tenemos guardadas en la memoria. Pero lo que más llama mi atención es la agilidad con la que has coseguido en un ejercicio de habilidad literaria hacer un relato emotivo que consigue emocionar e incluso conmover.

    Mi saludo, mi voto y mi admiración

    • GermánLage

      10 noviembre, 2016

      Hola, Fisquero: Gracias por leerme una vez más, y por tu elogioso comentario.
      Un cordial saludo

  13. veteporlasombra

    9 noviembre, 2016

    Me has ido llevando por el ralato como a un perrillo dócil, je, je… Cómo sois los escritores… Un saludo, entrañable historia de amor…

    • GermánLage

      10 noviembre, 2016

      Hola, Veteporlasombra: Tú siempre tan desenfadado, incluso en tus comentarios. Eso es lo que hace para mí tan atractivos tanto tu personalidad como tus escritos. Gracias por leerme y por tu comentario.
      Un cordial saludo.

  14. Abel

    9 noviembre, 2016

    La emotiva historia de un encuentro seguida de una pérdida.
    Emotivo y sencillo, muy profundo. Me ha gustado bastante.

    ¡Un fuerte saludo!

    • GermánLage

      10 noviembre, 2016

      Gracias, Abel, por haberme leído y por tu comentario. Un cordial saludo.

  15. JAB

    9 noviembre, 2016

    Germán, soy un perrero viejo, por cosas de la vida ahora andamos deambulando con dos gatos, leer un hermoso relato canino como “Zarco”, enciende recuerdos con los seres de este planeta más leales y compañeros que existen, un abrazo y gracias.

    • GermánLage

      10 noviembre, 2016

      Hola, JAB: comparto tu opinión de que los perros son los seres más leales y mejores compañeros que existen (aunque, a veces, acaben escapándose).
      Gracias por haberme leído y por tu sentido comentario.

  16. Qwertytantos

    10 noviembre, 2016

    Hola, German, preciosa historia. Los que hemos tenido perros sabemos de este tipo de amores. Mi voto y mi saludo.

    • GermánLage

      11 noviembre, 2016

      Hola, Qwertytantos; gracias por haber leído mi relato y por tu amable comentario.
      Un afectuoso saludo.

  17. Santiago Accini S.

    14 noviembre, 2016

    Me ha gustado mucho la historia Germán. Me parece que la manera en la que manejas las palabras para describir a Zarco es magnífica. Le das tanta vida que parece que lo conociera de siempre. Un afectuoso saludo y mi voto, por supuesto.

    • GermánLage

      14 noviembre, 2016

      Gracias, Santiago, por leerme y por tu elogioso comentario.
      Un cordial saludo.

  18. Bell DeVell

    14 noviembre, 2016

    Un poco dolorida por el final pero muy buena y linda historia. «Perrarina» supongo que es la comida, aquí en México no se le nombra así.

    Saludos.
    Que tengas un excelente día.

    • GermánLage

      15 noviembre, 2016

      Hola, Bell.DeVall. Gracias por haber leído mi relato y por tu amable comentario.
      Sí; «perrarina» es la palabra que en Venezuela se usa para referirse a la comida industrial para perros.
      Un cordial saludo.

  19. Daniel Peraldi

    17 noviembre, 2016

    Hermoso y emocionante relato. Realmente pude conocer a Zarco. Gracias Germán por tu excelente literatura. Me emociono mucho. Te mando un fuerte abrazo y pido disculpas por tardar tanto en leer. He estado con problemas de trabajo y no he tenido tiempo para poder comentar. Mi voto, mi admiración y mi respeto están contigo. Abrazo. Daniel

    • GermánLage

      17 noviembre, 2016

      Hola, Daniel; me alegra que hayas «conocido» a Zarco; ¿verdad que es un perro encantador?
      Gracias por haberlo leído y por tu amable comentario.
      Un cordial saludo.

  20. Miss_Eli

    19 noviembre, 2016

    Magnífico relato, mostrando la inteligencia y la capacidad de nuestros amigos caninos de transmitir emociones, sensaciones… y de establecer una amistad con lazos más fuertes que muchas humanas.

  21. YCAN

    20 marzo, 2017

    Qué doloroso es perder un perro, en la circunstancia que sea. Me encantó tu historia. Germán. Mi voto y mis saludos.

  22. Ratón

    21 abril, 2017

    En la mayoría de tus relatos sigues las máximas de los clásicos, esto es «el buen decir» y «enseñar deleitando». Una historia hermosa.

    • GermánLage

      21 abril, 2017

      No lo había pensado, pero, quizá sea así. Gracias, Elko, una vez más.

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas