Janet MacColleen

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En estos momentos no recuerdo que día fue, tal vez fue un jueves o viernes, lo que si es seguro es que no fue un sábado, si hubiese sido un sábado, seguro no hubiese respondido esa llamada, porque los sábados iba al taller de perdida del miedo escénico, taller que una buena amiga, literalmente me obligó a tomar, ese taller fue motivo de constantes pesadillas para mí, aun así seguía tomándolo religiosamente todos los sábados, hoy en día ni se por qué. El asunto es que no recuerdo que día fue, y ese detalle no es nada relevante en estos momentos, lo realmente importante es que ese día recibí una terrible noticia que me hizo embarcar en el vuelo de las 11 rumbo a Misiones, para visitar por primera vez en el año a una de mis mejores amigas de toda la vida, para visitar a Janet MacColleen.

La última vez que la había visitado fue 6 meses antes del día de la llamada, pero de esa visita en estos momentos no logro recordar absolutamente nada. La visita que si recuerdo fue la que le hice tres meses antes de que ella contrajera matrimonio. Ese mismo día me dio la maravillosa o terrible noticia (todo depende del cristal con que se le mire). Tomábamos el té en el balcón, y de improvisto me soltó la noticia. Me quedé totalmente en shock, hasta tal punto que ella tuvo que decirme “qué, ¿no me vas a felicitar?”, sólo así pude salir de mi estupor. La felicité eventualmente, y luego de darme los detalles correspondiente y necesarios (cómo se habían conocido, cómo se enamoró de él y cómo le propuso matrimonio, describiendo hasta el más mínimo detalle), y luego de escucharla con delicada atención recitar todo aquel discurso, con una voz alegremente fingida, más bien fingiéndose alegre, no pude evitar preguntar, imprudentemente debo añadir, “Janet, ¿realmente estas segura de casarte?”, como es natural, Janet se molestó mucho, no me lo hizo saber con palabras, pero si con una mirada severa acompañada de su mas indescifrable cara de póker, la misma que cotidianamente usaba con sus pacientes cuando le practicaba psicoanálisis, bien se sabe que un psicólogo no puede mostrar sus emociones a sus pacientes. Fui imprudente, pero sólo después de haber cometido el pecado fue que me percaté del mismo, bastaba sólo con agregar un par de frases más para ocultar la naturaleza de mi pregunta, ejemplo: “Janet, ¿realmente estas segura de casarte? es un paso muy importante el que vas a tomar”, así hubiese suavizado las cosas, pero el daño ya estaba hecho, y estoy segura que esa pregunta despertó un sentimiento de duda en Janet aunque ella trató de minimizarlo al principio. Al silencio absoluto con el que respondió Janet, me excusé en reiteradas ocasiones, argumentando motivos lógicos a favor de mi pregunta, motivos que Janet no tomó de buenas maneras, al final no me quedó de otra que felicitar nuevamente a Janet, esta vez procurando ser lo más hipócrita posible para no revelar mi verdadera opinión, y luego cambié por completo el tema de conversación, creo que luego hablamos de zapatos, y quedamos de ir al centro comercial de compras.

El día de la boda, realmente fue algo especial, no tanto para Janet si no para sus padres, se casaba su niña mimada no podía ser para menos, ellos si se veían realmente alegres ese día, al contrario de Janet que parecía más bien fastidiada. Ellos mismos se encargaron de todos los preparativos para la boda. La ceremonia se llevó a cabo en el campo, cerca del rancho de los abuelos de Janet, mismo lugar donde se realizó la correspondiente y suntuosa celebración. Todas las amigas de Janet estuvieron presentes ese día, incluso a las que tenía mucho tiempo sin ver, incluso Ariadna estuvo allí, seguro que si los padres de Janet hubiesen sabido de la historia entre Janet y Ariadna nunca la hubiesen invitado. Creo que eso fue lo que más hizo dudar a Janet, la presencia de Ariadna. Unos minutos antes de la boda, Janet me llamó, tenia algo que decirme pero no sabía como, se tomó las manos, luego tomó las mías, y sin decir palabras se echó a llorar en mi hombro.

Minutos después Janet daba el “si acepto” en el altar, entre sollozos que el novio y muchos de los presentes presumían, sollozos de felicidad, sólo yo y probablemente Ariadna sabíamos que no eran sollozos de felicidad sino de arrepentimiento.

Después de la boda no volví a ver a Janet, tampoco volví a hablar con ella ese día, hasta el día siguiente de la noche de bodas, cuando me llamó para decirme que ella y Arthur no pudieron tener sexo esa noche, después de intentarlo en par de ocasiones decidieron posponer la consumación para la luna de miel que sería en Tahití, seguro allí encontraban la inspiración necesaria. Ese día si no pudo evitar revelar sus verdaderos sentimientos y me confesó que no pudo ni tocar a Arthur porque toda la noche se pasó pensando en Ariadna, ¡si! Ariadna y Janet tuvieron una relación sentimental de adolescentes, la cual terminó abruptamente cuando Janet empezó a forjar su prolífica carrera como psicólogo, y para evitar evidentemente la sanción social que supondría sus preferencias sexuales, decidió entonces terminar con su relación a costa de su propia felicidad (a juzgar por los hechos). De otra forma su carrera nunca hubiese tenido el empuje que tuvo, ella pensaba así, yo también pienso lo mismo.

(La última vez que visité a Janet, ella estaba muy deprimida, ahora recuerdo)

Ya de casada la carrera de Janet tuvo mucho éxito, muchos aseguran que fueron los consejos de su marido los que la ayudaron, yo estoy segura que Janet se las arregló por si sola. En ese periodo Janet logró ser la terapeuta personal de dos políticos en pleno ascenso, de los cuales uno llegó a ser alcalde, y el otro gobernador, al final ambos terminaron siendo enjuiciados por corrupción.

Janet también fue la terapeuta de un talentoso jugador de rugby y un afamado actor. En otras circunstancias, dichos eventos hubiesen suscitado una llamada de Janet para despertar mi envidia, seguro hubiese dicho totalmente emocionada algo como “sabes a quien conocí a…”, pero no, de este evento sólo me enteré a través de la prensa escrita. Janet se había vuelto una persona diferente, solitaria, casi ni sonreía, y hasta se alejó por completo de su familia, estos no la entendía, ella era infeliz.

En ese tiempo Janet sólo me llamaba para saludar y preguntar como iba mi vida, hablábamos por teléfono por entre 2 o 3 minutos y luego ella volvía al diván y yo a los papeles. Cuando hablábamos largo y tendido era cuando yo la visitaba (pues Janet nunca me visitaba). En una de esas visitas me dejó ver que su relación con Arthur no iba nada bien, de hecho ese día habían discutido, y Arthur salió muy temprano.

Mi vuelo se retrasó y tuve que regresar a casa un día después, Janet no me permitió que me quedara en un hotel, así que me quedé en su casa, en toda la noche Arthur no regresó. Al día siguiente salí a punta de 10 de la mañana ya que mi vuelo salía a las 11, Arthur aun no llegaba, después de ese día, Arthur no regresó con Janet nunca más. Un mes después Arthur y Janet firmaron los papeles de divorcio, eso si de forma amistosa, ambos eran personas muy inteligentes, por eso no tuvieron hijos, creo que desde la noche de bodas se dieron cuenta que su relación no era de las que dura para toda la vida.

¡Ahora recuerdo! la última visita que le hice a Janet fue hace 6 meses, a 3 meses de su divorcio, y Janet estaba sumida en una profunda depresión.

Ese día tuvimos una larga y agotadora conversación en la cual me dijo que ya le parecía que nada tenía sentido. -me siento sola, con un gran vacio en mi interior, ahora mismo sólo tengo ganas de llorar. Y aguantó el llanto estoicamente. -me da ganas de olvidar todo, dejar todo atrás y marcharme, desaparecer a un lugar en donde nadie me conozca, dónde pueda empezar de nuevo.

- ¿Cómo nacer de nuevo? le pregunté

- Si como nacer de nuevo. Dijo.- Y esta vez si ser todo lo que siempre quise ser pero que tuve miedo de ser.

- Que bueno sería que nuestras vidas fueran como en los juegos de video de simulación, donde puedes hacer tu vida, volverte famoso, millonario y si no te gusta, simplemente reiniciar el juego y volver a empezar, todo desde cero. Le dije

- Si sería magnifico. Dijo Janet.

¡Ahora recuerdo! estoy segura que fue un día jueves cuando recibí esa fatídica llamada. Dejé que el teléfono repicara cinco, seis, siete veces hasta que respondió la contestadora, si era algo importante llamarían a mi móvil. El teléfono volvió a sonar, dejé que repicara en 3 ocasiones (si algún día me llaman nunca esperen que responda a la primera, algunos dicen que es porque soy muy introvertida, yo me excuso diciendo que hablar por teléfono me hace doler la cabeza), el teléfono repicó dos veces más y finalmente descolgué, “hola”, respondí con una voz pesada y debilucha como cuando te acabas de despertar, una voz vigorosa y autoritaria respondió del otro lado, era un policía. Una hora después estaba en el avión de las 11 rumbo a Misiones para visitar por primera vez en el año a Janet MacColleen, sólo esperaba que no fuese demasiado tarde.

Cuando llegué a la provincia de Misiones Janet ya había muerto. Como desesperada pregunté que había pasado, me dijeron que la encontraron inconsciente en su habitación por la noche, había tomado un gran frasco de pastillas, reinició su mente por completo. Me derrumbé en la puerta del hospital, simplemente no pude verla, pero otras amigas si la vieron, todas aseguraron que Janet se veía muy tranquila, descansando, como dormida en un trance y no muerta, y todas coincidieron en que había algo extraño con Janet, ni siquiera se parecía a ella.

Los padres de Janet estaban en Alemania, y no llegarían sino dentro de una semana, le dijeron que era muy urgente, que su hija estaba muriendo, pero insensibles y con mucha parsimonia respondieron que era imposible llegar antes de una semana, al final creo que nunca llegaron. El hermano de Janet estaba en EEUU, ellos nunca fueron muy unidos, la verdad es que Martín odiaba a Janet, seguro se había alegrado con la noticia, hasta ese punto estaba su relación. Janet también tenia una hermana (tal vez la única que nunca se dejó de preocupar por ella) quien llegó dos días después de su muerte, cuando Janet ya había sido cremada como fue su última voluntad, voluntad que sus amigas se encargaron de cumplir ya que nadie de su familia estuvo presente, tristemente Janet MacColleen murió totalmente sola.

La muerte de Janet me dejó muy afectada, no pasaba ni una sola noche que no me abrazara a mi almohada y me echara a llorar, en parte me sentía hasta culpable por lo que le había pasado a Janet, creo que no hice lo suficiente para animarla cuando cayó en depresión, incluso creo que me mostré muy displicente con el asunto, como restándole importancia, así que tuve que asistir por un tiempo al psicólogo, acudí al mismo que Janet me había recomendado una tarde cuando simplemente me alargó una tarjeta, “psicólogo Juan Drago”, se leía en la misma, “tal vez algún día lo necesites” me dijo, Janet era una mujer muy intuitiva, casi como si pudiera predecir el futuro.

Tiempo después me enteré que el doctor Drago fue el psicoterapeuta de Janet, el fue el encargado de psicoanalizarla antes de que ella culminara su postgrado y en pleno apogeo de su depresión.

Eso lo descubrí en una de mis sesiones, cuando el doctor Drago me dejó sola en la habitación y no se ni porqué me puse a hurgonear en sus cosas, encontrando el expediente de Janet MacColleen, junto con las grabaciones de sus sesiones de psicoanálisis, de las que me llamó sobremanera la atención una que el doctor Drago había titulado, “preámbulo de la locura”, así que la tomé y la guardé en mi bolso, la tomé prestada, aunque nunca más la devolví.

Ese audio lo escuché, bueno lo escucho religiosamente todas las noches, como si se tratara de una canción de cuna. La voz apacible de Janet mientras dice “la muerte… para mí no será más que el inicio de una nueva etapa, cuando yo muera no será el fin, yo lo tengo todo preparado, así que no lloren por mi”, me hace dormir, profunda y plácidamente, desde que escucho el audio de Janet nunca más he tenido pesadillas, aunque realmente no entendía sus palabras, hasta hace sólo un par de semanas.

Hace dos semana salía de la consulta del doctor Drago, contando con la mala suerte que mi auto no quiso encender, posiblemente se quedó sin baterías, así que tuve que tomar el metro, y caminando por la calle la vi, una mujer que sobresalía entre los demás por su extraña vestimenta, casi parecía que iba disfrazada, y la impresión de verla me hizo estremecer hasta casi caer al suelo, pues esa mujer era idéntica a Janet MacColleen. Traté de seguirla pero ella escapó de mi perdiéndose entre la multitud.

Al día siguiente recibí una carta de remitente anónimo a mi despacho. Tomé la carta con creciente interés, y tras abrirla la presumí vacía, pero al reverso de la misma, en el pie de la hoja se leía lo siguiente:

“Nunca debemos de ser tan duros con nosotros mismos amiguita, ya no te preocupes por mí, reinicié mi vida y ahora soy muy feliz, ahora todo está bien

Janet MacColleen”

Sentí un estremecimiento que me arrugó el corazón.

“La muerte para mí, no será más que el inicio de una nueva etapa” ¡que astuta! Ahora si logro entender sus palabras…

Hoy por hoy, en estos días bajos me dan ganas de dejar todo atrás y reiniciar mi vida, empezar desde cero, del mismo modo como hizo Janet MacColleen.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    26 diciembre, 2016

    ¡Excelente relato! Un abrazo Nicole y mi voto desde Andalucía

  2. Imagen de perfil de GermánLage

    GermánLage

    27 diciembre, 2016

    Un relato verdaderamente de envergadura, Nicolle. Una escritura impecable como apoyo de un ritmo y una tensión crecientes que, con ese ambiguo final, dejan una sonrisa en los labios y un interrogante en la mente. Magnífico, Niccolle.
    Un cordial saludo y el deseo de que en el nuevo año que pronto va a comenzar podamos disfrutar de muchos relatos tuyos como este.

  3. Imagen de perfil de Claudio_3

    Claudio_3

    27 diciembre, 2016

    Lo que me gusta de tu relato es tu estilo, llegas al lector, se ve que tienes experiencia en las letras. Saludos, te dejo mi voto.

  4. Imagen de perfil de Simon_dice

    Simon_dice

    27 diciembre, 2016

    Lo leí anoche, aún estaba un poco fumado. Me encantó. Soy, por naturaleza, un ser tremendamente curioso que no puede prestar atencíon por más de dos minutos, pero tu relato me mantuvo pegado a la pantalla hasta la ultima palabra. Muchisísimas gracias.

  5. Imagen de perfil de gonzalez

    gonzalez

    28 diciembre, 2016

    Excelente, amiga Niccolle, me gustó mucho. Coincido con Claudio que llegás al lector, te felicito. Mi voto y un fuerte abrazo!

  6. Niccolle

    30 diciembre, 2016

    Gracias, Mabel, German, Simon, Claudio y Gonzalez por sus comentarios, espero para el año próximo poder seguir leyéndolos.

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