Su muerte dejó estupefactos a los normandos. Se separaron por grupos en busca de cualquier rastro, volvieron a reunirse en el mismo sitio donde su compañero había caído y contrastaron impresiones. Nadie había hallado el más leve signo de amenaza. Todas las sombras que no pertenecían a los árboles habían sido comprobadas. Todos los sonidos tenían dueño y no había más huellas aplastando hojas y ramas que las de sus botas. Las antorchas iluminaban rostros desconcertados y hacían más negra una noche dominada por los malos presagios y el misterio.
—La ironía clama al mismo infierno —proclamaba Thorbald—, el arquero ha sido matado con sus propias armas.
—He ascendido hasta la colina más alta —explicaba Ivar, aún tembloroso—, rastreado todos los caminos que serpentean hasta ella y no he visto una sola presencia… Quien le asesinó conoce bien el terreno.
Ivar y Thorbald intercambiaron gestos de desconcierto. De vuelta al campamento, Ivar ya había mencionado que Bjorn desconfiaba del vikingo, algo que Grim rechazó rotundamente.
—Es completamente imposible —le respondió discretamente, para que nadie más le oyera—. Harek no se ha despegado de nosotros mientras estuvisteis fuera. Además, no sabe nada. Lo juro por los dioses.
—Si no ha sido él, ¿quién, entonces? —apretaba Steinn los dientes con fuerza— El resto de los clanes viven lejos de estos parajes…
Grim permaneció pensativo. Si se tenía en cuenta la dirección desde donde la flecha había sido lanzada, uno solo encontraba desprendimientos del terreno que imposibilitaban, tanto la precisión de un tiro tan certero como cualquier otra maniobra, y árboles de tallos endebles y finos troncos, altos, pero igualmente débiles como para soportar el peso de un arquero que disparara con semejante puntería. Tal vez Ivar hubiera perdido la cabeza y el enemigo no solo estaba curtido en las cacerías nocturnas, sino que también podía flotar en el aire. Sin perder más el tiempo, Grim soltó una fuerte palmada y convocó a Harek y a los normandos.
—Está claro que ese cobarde se oculta en la noche, por lo que nos dividiremos en dos grupos para hacerlo salir —sacó de su funda un cuchillo con el filo de plata y lo contempló con orgullo. Las volutas de la hoguera se reflejaban con orgullo en la hoja—, estoy deseando estrenar el regalo que me hizo el rey.
Thorbald lanzó un gruñido de confirmación.
—Juro por mi vida que el que ha matado a Bjorn no verá la luz del sol. Steinn, Ivar y yo seguiremos el camino trazado por la flecha. Así abarcaremos un perímetro mayor e iremos más rápido por los desprendimientos del suelo. Thorbald tomará la dirección opuesta. Con suerte, acorralaremos a ese cerdo.
—¿Y qué hay de mí?
Los normandos se quedaron mirando fijamente a Harek. Este parecía alicaído y tenía el cuerpo encorvado hacia delante. Grim se adelantó unos pasos y le dedicó una sonrisa abierta.
—Creo que al poderoso brazo de Thorbald no le vendría mal algo de refuerzo, ¿no es cierto?
Thorbald asintió despacio. Harek no parecía muy convencido.
—¡Vamos! —le animó Grim— No creerás que nos hemos olvidado de tu preciosa mujercita, ¿verdad? Si os encontráis con el oso, agradecerás tener a Thorbald cerca.
Harek se volvió sin decir nada y marchó sin esperar a Thorbald. Este miró a los otros normandos por última vez y en ellos encontró la misma sensación de complicidad.
—La gruta donde el oso dormita no se encuentra en esa dirección —vacilaba Ivar, una vez que se hubieron separado—, sino en la nuestra… ¿Por qué pretendes alejarlo de la bestia, Grim? La pesadumbre del vikingo absorbe sus pensamientos. Solo entorpecerá a Thorbald…
—El vikingo no entorpecerá a nadie, Ivar —le aclaró Grim—. Sé perfectamente que el oso no se encuentra en esa dirección.
El rostro de incomprensión de Ivar formulaba la pregunta lógica en silencio. Si distanciaba al vikingo del oso, ¿cómo iba a matarlo?
Entonces, al cabo de unos pocos segundos, Ivar comenzó a comprender.
Penetraron hasta la zona más profunda y recóndita del bosque, y no encontraron ninguna presencia hostil. Sin embargo, la ruta no había sido escogida al azar. Ambos grupos buscaban a un enemigo común, sí, pero con propósitos diferentes. Durante el trayecto nadie hablaba con nadie, caminaban con el sigilo como cicerone. Si se trataba de una cuestión de seguridad, de una desconfianza floreciente, o que simplemente no tenían nada que decirse, solo los espíritus de la noche lo sabían.
Una gruta que atravesaba la pared rocosa de una montaña impenetrable en el mismísimo corazón del bosque. Próximo a la entrada, el color del suelo parecía más enrojecido de lo normal. Ivar se aproximó a la cueva cautelosamente. La temperatura era más cálida en el interior, lo que la convertía en un excelente refugio cuando el clima se enfriaba o aparecían lluvias torrenciales.
—La bestia está dentro —susurró—, los ronquidos la delatan.
De repente, se oyó un alarido desgarrador.
Ahora no fue solo el mutismo; los normandos se estremecieron. El grito parecía provenir de sus espaldas a pesar de reverberarse por todos los puntos de la arboleda. Regresaron a marchas forzadas, empuñando las armas y con una preocupante sospecha: sabían a quién pertenecía el grito.
Llegaron al campamento y allí no había nadie. Siguieron corriendo y se toparon con Harek. El vikingo yacía apoyado sobre una enorme piedra. Respiraba convulsivamente y llevaba la cota cubierta de sangre. Muy cerca suyo, en el suelo, estaba Thorbald.
¿SIGUEN SIN CREÉRSELO? PUES ENTONCES ESPEREN, ¡LA TERCERA PARTE ESTÁ AL CAER!





Mabel
Muy buen Cuento. Un abrazo Agaes y mi voto desde Andalucía
GermánLage
¡Claro que sigo sin creérmelo! Y como leerte es una delicia, pues, a la espera de la tercera parte.
GermánLage
Un cordial saludo y que tengas una feliz Navidad.
Agaes
gracias por tus comentarios. Nos seguimos leyendo. Felices fiestas, amigo!!!!
VIMON
Muy buen relato, Agaes. Saludos con mi voto.
Marco-Antón
Quien tuviese abuelo.
Mariana
Que bueno que hay más!