16 de abril
“Camino taciturna, descalza y abstraída por los angostos callejones de la barriada de mi infancia. Los enormes muros parecen cerrarse frente a mí, ni un alma se ve hasta donde mi vista tiene alcance –un deja vu, así lo siento, como una experiencia vivida en el pasado, tal vez mi subconsciente está recreando una tarde de verano en donde el calor sofocante sólo da espacio al ocio y la vagancia, recuerdos ocultos que aunque suene a paradoja conscientemente no logro recordar-.
En esa casa verde de ventanas rejadas con barrotes dorados, allí vivía mi abuela, su casa siempre fue fácil de distinguir dentro de una cadena de casas de fachadas monótonas y todas parecidas, precisamente porque los vivos rayos del sol la hacen brillar como un arbolito de navidad por las tardes. Trato de abrir la puerta, pero no hay puerta, tampoco ventanas, es sólo un muro sólido con puertas pintadas de barniz brillante y satinado. Miro el cielo de color verde mar, inmenso como un gran océano, hasta las olas se distinguen rompiendo unas sobre otras, arremolinándose y formando en su extraña y singular comportamiento pequeñas olas espumosas que son nubes, entonces “despierto”-despierto en mi sueño al distinguir un patrón onírico que no me deja ni la menor duda que estoy soñando, no puede ser de otra forma porque el cielo no es verde sino azul, y el mar no está sobre nosotros sino a nuestros pies, sin duda estoy soñando, y aunque dormida, tengo conciencia de que estoy soñando, yo sé que estoy soñando, y así puede hacer lo que quiera, ciertamente me puedo divertir-.las puertas antes pintadas ahora son reales, las angostos callejones vacíos ahora son amplias calles llenas de personas alegres, algunos de mis amigos de la infancia, chicos y chicas a los que tengo muchos años sin ver están allí, mi abuela ya muerta hace 2 años también está allí, regando con agua clara su hermoso y querido bonsái, al que desde muy pequeña se dedicó a cuidar como a un preciado y muy valioso tesoro. En una esquina, un hombre misterioso fuma de espalda un cigarrillo, dejando escapar de su boca bocanadas de humo, pero jamás deja ver su rostro, al verme camina calle abajo perdiéndose rápidamente entre la multitud. Más halla está la iglesia –tal cual como la recuerdo, yo misma la he puesto en ese lugar- una suntuosa y notable estructura, de 5 plantas divididas en tramos rectangulares donde un par de monjas toman el sol en el balcón apoyadas sobre las balaustradas, y en la cima, en una capilla coronada por hermosos calados de piedra la campana de la iglesia resuena con un tronido celestial y dulce marcando las 5 de la tarde…”
Me despierto, y los 5 tronidos de la campana de la iglesia coinciden con el sonar, nada celestial, más bien festivo de mi despertador, no son las 5 de la tarde sino las 5 de la mañana. Estoy un buen rato sentada en la cama, tratando de entender lo que ha pasado, y pasado este tiempo puede entender que lo he logrado, después de tanto intentar esta noche he tenido mi primer sueño lucido.
20 de abril
“Me encuentro en los hermosos bosque neozelandeses, lugar que visité de adolescente, camino por pequeños senderos, entrelazados y con múltiples desviaciones, como un gran laberinto, hay nieve, una fuerte nevada dificulta mi paso por estos senderos. Una manada de venados camina relajados, todos siguiendo a paso firme a su líder, quien se distingue entre todos los demás por su gran tamaño. Los sigo como si yo misma fuera parte de la manada, silente me pongo al final de la fila que ellos forman, algunos voltean a mirarme y después de bramar simplemente me dan la bienvenida. Salimos del laberinto, y ante mis ojos se abre un enorme mar de fuego, que deja escapar columnas humeantes de vapor caliente, al otro lado del lago de fuego, está el Otira a laderas del monte Rolleston, un rio de aguas apacibles y cristalinas. Entiendo que en mis sueños lucidos puedo hacer lo que me plazca, y aunque soy aun una iletrada en este arte de viajar en los sueños, creo saber lo suficiente como para entender que un lago de fuego no es ningún problema para mi objetivo de refrescarme en las aguas del Otira. Levanto mis brazos, aleteando como lo haría cualquier ave y empiezo a levitar, todavía no habituada a volar, en ocasiones pierdo el equilibrio y parece que caigo, luego recupero el control y sigo ascendiendo temblorosa como una niña aprendiendo a caminar, ya estoy como a 2 metros del suelo, ahora con más confianza aleteo más rápido, más fuerte, y empiezo a surcar el cielo, moviendo mi cuerpo como en las clases de buceo. Desciendo cerca del lago sin ningún problema, e inclinada al borde del rio empiezo a tomar de su agua clara y a lavar mi rostro con la misma, entonces en el agua cristalina veo la figura reflejada de un desconocido, el cigarrillo en su boca no me deja duda que es el mismo intruso de mi sueño anterior, pero no puedo siquiera girar mi cabeza para mirarle el rostro, ya que me toma por el cuello y me sumerge en el rio tratando de ahogarme. Yo lucho con todas mis fuerzas, lucho tratando de zafarme, pero sólo logro hundirme, más y más en el rio…”
Despierto muy agitada y mojada, y no es sudor, un vaso de vidrio yace al borde de la cama, mientras trato de incorporarme apoyándome en mis codos este resbala por las sabanas y cae al suelo partiéndose, me atormenta ese sonido del cristal al quebrarse. Algo muy extraño ha ocurrido.
22 de abril
“Hoy es un día especial, es el día de mi cumpleaños –mi cumpleaños en mi sueño, no en la realidad- la casa está adornada con motivos festivos y pueriles, un pastel de princesas de cuentos de hadas adorna la mesa llena de dulces y caramelos, tengo 8 años. La casa está vacía, sólo yo camino por allí, como buscando algo, o a alguien. Es la casa de mi tía Margaret, yo reviso cada una de las habitaciones con creciente curiosidad y exaltación, estoy buscando a alguien. Un hombre escondido entre la oscuridad de un pasillo, empieza a silbar una canción de cuna, la misma que mi padre me cantaba antes de dormir, tal vez si, puede ser él, lo miro a través de las sombras, esta recostado a la pared, con su pie apoyado a la misma, fuma un cigarrillo, no es mi padre, es la misma personas de antes, puede ver sus ojos, ígneos como llamaradas de fuego. Se acerca a mi lentamente, y raudo me toma del cuello, puede sentir sus dedos hundirse en mi carne y cortarme la respiración, lucho por zafarme pero mis pequeñas manitos no pueden sacarse de encima esas enormes manos que me aprietan el cuello, ya no puedo más, pierdo el conocimiento, empiezo a desfallecer…”
Me despierto, aun no puedo respirar, me levanto rápido de la cama, tomando con dificultad bocanadas de aire, y forzando el paso del aire por mi boca como en un ataque de asma. Muevo mis manos como aleteando, como me enseñaron desde pequeña cuando una se queda sin aire. Al fin, empiezo a respirar, me apoyo contra la pared con mis manos mirándome al espejo, aun puedo distinguir los dedos de ese extraño marcados en mi cuello.
23 de abril
Mi idoneidad ya desarrollada para andar en los sueños me hace entrar de inmediato en un sueño lucido. “Estoy en una calle solitaria, alrededor no hay casas, no hay nada, estoy en un inhóspito lugar, camino por la mitad de la carretera, el asfalto se ve húmedo, parece que ha llovido- así lo prefiero- empieza a llover. Luces amarillas se distinguen a los lejos, dos focos como dos ojos brillantes… se acerca un auto. Ya estando muy cerca se detiene frente a mí, y del auto desciende Mark, un buen amigo de la universidad.
-que haces en esta calle solitaria, no sabes lo que está ocurriendo.
-¿Qué… Qué pasa? Pregunto desorientada, nerviosa por la forma dura y angustiante como habla Mark.
-Lo han dejado libre, anda por estas calles, dijeron en la radio que anda por acá.
-¿Quién? Pregunto, pero no hay respuesta de parte de Mark.
Las luces del auto se vuelven a encender, no se puede ver nada. Un hombre desciende del auto, lleva un cigarrillo en su boca. Mark va a investigar quién es, trata de hacerse sombra con las manos y estando cerca del desconocido se voltea y sólo grita-Corre… ahora.
El desconocido saca un cuchillo de su cintura, y lo clava en repetidas ocasiones en el abdomen de Mark, quien cae malherido en el asfalto.
Yo corro, lo más rápido que puedo, el desconocido me sigue, muy de cerca, trae en sus manos su cuchillo. Trato de volar pero no puedo, ya no tengo control de mi sueño, ese hombre desconocido no debería estar aquí, no debería estar en ninguno de mis sueños. Ya está muy cerca, muy, muy cerca…”
Despierto, mis manos tiemblan, nunca me he sentido tan aterrada en mi vida como ahora, sólo me pregunto ¿Quién es ese hombre?
23 de abril en la tarde, María me llama por teléfono, ha ocurrido una terrible desgracia, a Mark lo han apuñalado en el abdomen esta mañana, no se sabe cómo, pero parece que un desconocido entró a su departamento, hace una hora lo han declarado muerto. Esto no puede estar pasando, esto es un sueño, despierta, despierta… no, no es un sueño, esto es la realidad.
24 de abril
Tengo miedo… mucho miedo, ya son las 2 de la madrugada, pero estoy sentada en el sofá frente a la tv, una gran taza de café reposa a un lado de la mesita, tengo miedo… tengo miedo de dormir.
25 de abril
No sé si esto es un sueño o es la realidad, no sé si estoy despierta o dormida. Traigo mi diario de sueños en mis manos, nadie más debería tener acceso a él, pero creo que alguien lo ha visto… y ha agregado algo.
Estoy en la antigua casa en donde vivía con mis padres- primero, no debería estar aquí, no son buenos recuerdos los que tengo de este lugar, segundo, esto ya lo había olvidado, pero alguien me ha obligado a recordar-
Es de noche, traigo mi diario de sueños, y sigo escribiendo, aunque quiera no puedo parar. Reina la oscuridad, un florero de rosas adorna el centro de la mesa, una cajita de chocolates en forma de corazón yace vacía en el suelo, es el aniversario de mis padres. Ellos están arriba. Subo lentamente por las escaleras, hay mucho desorden, no puede ser, este no es un sueño normal, estoy recreando la escena del crimen del asesinato de mis padres. Llego a su cuarto, y allí los encuentro, uno sobre de otro en el suelo, inertes, pálidos… muertos. Corro, trato de huir.
Ahora estoy en un callejón angosto, las paredes parecen cerrarse frente a mí, trato de entrar a la casa de mi abuela pero las puertas no existen todas están pintadas, no hay escapatoria, me siguen, es él, trae su cigarrillo en la boca, y por primera vez logro mirar su rostro, es el asesino de mis padres, lo recuerdo claramente, cuando saltando por la ventana después de asesinarlos se llevó la mano a la boca y me dijo, “shh, no digas nada”. Es él, trae un cuchillo en sus manos, y se acerca a mi sonriendo con su ígnea mirada de antes, Mark yace moribundo cerca de un vertedero de basura –corre, no dejes que te atrape, me dice, pero no hay escapatoria estoy en un callejón sin salida, tampoco puedo volar como antes, pero Mark realmente está muerto, así que esto si es un sueño, tengo que despertar. Despierta, despierta… despierta…





Mabel
Son sueños de los que quieres escapar lo más pronto posible. Un abrazo Nicole y mi voto desde Andalucía
Niccolle
Ciertamente Mabel, gracias por el comentario y por pasarte por aquí, un fuerte abrazo y saludos desde Buenos Aires.
GermánLage
Hola, Niccolle. Desde que leí “el último vuelo del ruiseñor” no me he perdido ninguno de tus relatos. Ese inagotable caudal de tu fantasía discurriendo por tu impecable lenguaje convierten la lectura en un inmenso placer. A todo ello se añade en éste la sorprendente originalidad de la forma, dando como resultado un efecto sobrecogedor. Mi enhorabuena.
Un afectuoso saludo y un voto.
Niccolle
Jugando un poquito con la imaginación German, cuando escribes ficción puedes crear y hacer realidad hasta la más absurda de las fantasías, eso me encanta.
gonzalez
Me gustó mucho, amiga Niccolle. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!
Niccolle
Gracias Gonzalez por el comentario, me alegra que te haya gustado, sigo leyendo tu hermosa poesía porque realmente me encanta.
Vladodivac
Niccolle, precioso de los que a mi me gustan, una recreación maravillosa donde das rienda suelta a la imaginación, sueños y realidad se entremezclan dotando al relato de una magia extraordinaria. Por supuesto mi voto y un abrazo poderoso amiga.
Niccolle
Gracias Vladodivad, por el comentario, por el voto y lo que es más importante para mí, por haberlo leído, un fuerte abrazo de vuelta.
Simon_dice
Ufff, me voló la cabeza. No me quiero poner en esa actitud de alguien que quiere escribir un comentario inteligente a un texto hermoso. Lo que quiero, Niccolle, es agradecerte. Leerlo me hizo sentir y recordar cosas que aparecen solamente cuando se abre la combinacion correcta de puertas de mi interior.
Niccolle
Bueno muy feliz de que mi relato te haya servido de llave para abrir esa puerta hacia tu interior, nunca pensè que el mismo pudiera servir para tales fines, gracias por el comentario, nos seguimos leyendo, voy a estar esperando màs relatos tuyos, haber que dice Simon.
VIMON
Muy buen relato, Niccolle. Un abrazo con mi voto.
Niccolle
Gracias Vimon, me alegra mucho que te haya gustado, un saluto y un fuerte abrazo, no sabes lo feliz que me pone que te haya gustado.