Mil maneras de volar

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-¡Eres un juguete, no puedes volar!

Una voz en el televisor sonaba mientras una pequeña de 4 años miraba la pantalla con pasión, viendo por quincuagésima vez esa película infantil. El juguete tocó el botón rojo y desplegó las alas, intentando llegar volando a la ventana. Pero cayó, porque al fin y al cabo seguía siendo un juguete.

-Mamá- llamó la niña- Mamá, ¿los juguetes pueden volar?

La madre miró enternecida la escena. Siempre le hacia la misma pregunta, esperando que la respuesta cambiara.

-No, cariño. Los juguetes son juguetes y no se pueden mover. -le explicó de forma paciente.

-Pero si tiene alas, tiene que volar. ¿Por qué se las han puesto si no quieren que vuele? – preguntó.

-Pues porque quieren que la gente lo compre. ¿No te gusta más con alas? – le preguntó la mujer.

-Bueno… Sí, supongo que sí. -dijo pensativa. – ¿Y yo puedo volar?

-¡Claro! En un avión o en paracaídas pero es muy peligroso, tú no tienes que hacer eso.

De pronto, se oyó un coche aparcando. Ya era hora, esta vez había tardado demasiado.

-Cariño, vamos a dormir la siesta. Te has levantado muy temprano, si no duermes más tarde tendrás sueño.

La niña la cogió de la mano obedeciendo y fueron a la habitación.

-Pero mamá, yo no tengo sueño. – protestó.

-Ya verás cómo te entra. ¿Quieres tu Buzz para dormir?¿O hoy toca pingu?

-Quiero a Buzz. Pero no voy a dormir. -dijo, aún en sus trece.

-Está bien, no duermas. – dijo con una sonrisa a sabiendas de que al poco rato dormiría.

Le dio un beso en la frente, dejándola sentada en la cama. La puerta del ascensor, unos pasos y seguidamente unas llaves. La puerta del piso se abrió. Finalmente, el temido momento había llegado.

-¡Mujer! Toma la chaqueta.

Al final del pasillo verde se encontraba un hombre de figura ancha, con la cara redonda y barba de tres días.

-No me llames “mujer”, tengo nombre. – dijo con enfado.

-¿A quien le importa? Guarda eso.- dijo con una evidente falta de tacto.

Al oír la puerta, la pequeña quiso salir a recibir al hombre. Abrió la puerta muy despacio temerosa, aunque decidida.

-¿Tu te crees que es manera de llegar?¡Tres días y ni una sola noticia! ¿Cómo crees que…?

Observando tras la puerta entreabierta, vio la desagradable escena. En ese pasillo verde y mal iluminado, su recién llegado padre empujó a su madre hacia la pared. El golpe fue tan fuerte que se escuchó por toda la casa. Lo habría llamado hogar, pero ahora mismo ese sitio era de todo menos un hogar.

Su madre, dolorida o quizá demasiado abatida como para nada mas, cayó al suelo. Sentada, tapándose la cara con ambas manos.

Se apresuró en cerrar la puerta. Su mente estaba en blanco, y su cuerpo completamente paralizad. Y entonces lo vio: como un rayo. Buzz Lightyear cayendo al suelo cuando intentaba volar.

Lentamente, alcanzó el juguete de encima de su cama. Apretó el botón rojo, haciendo que se desplegaran las alas y lo agarró. Con todas sus fuerzas, lo apretó con una mano mientras lo paseaba por el aire.

Volaba. Tenía alas, así que tenía que volar.

¿Porqué le había dicho su madre lo contrario? Si ella quería, Buzz volaba.

Quizá necesitaba un buen impulso para despegar. Cogió su cohete y posicionó al juguete encima. Y también voló.

¡Qué equivocada estaba su madre! No, no lo entendía y no lo haría jamás.

Desde aquél día ya no importaron los golpes, porrazos y gritos. Porque cada vez que caía y creía que no volvería a levantarse, sabía que estaba equivocada. Había encontrado mil maneras de volar.

Comentarios

  1. Patry

    28 diciembre, 2016

    Me encanta tu relato, lo único que el final lo has dejado sin finalizar. Quiero decir, que le faltan palabras.

    ¡Qué pena esa situación! Para la mujer pero, sobre todo, para esa nena que tenga que vivir todo eso tan de cerca. Se me encoge el corazón solo de pensarlo. Sé que nunca se debería decir de este agua no beberé, pero creo que, como madre que soy, jamás jamás permitiría que mis hijas sufriesen de ese modo, que vivieran con miedo y angustia y a la vez pena por mí, es algo que no podría soportar, ni perdonarme.

    Tienes mi voto y te sigo leyendo. Un saludo.

    • BelenJF

      27 enero, 2017

      Ya lo corregí, me alegra mucho que te guste 🙂
      ¡Gracias por tu tiempo y por el aviso!

      Belen JFabregas

  2. Mabel

    3 enero, 2017

    Una situación lamentable que te hace pensar que la vida se va en un soplo sin importar cuando ni como. Un abrazo Belén y mi voto desde Andalucía. Feliz Año Nuevo

    • BelenJF

      2 febrero, 2017

      ¡Me alegra que te haya gustado!

      ¡Gracias por tu tiempo! 🙂

      Belen JFabregas

  3. GermánLage

    23 enero, 2017

    Excelente relato, Belén, en el que crudeza y dulzura, brutalidad y esperanza se mezclan sabiamente.
    Un cordial saludo y un voto.

    • BelenJF

      2 febrero, 2017

      @GermánLarge
      ¡Me alegra que te haya gustado!

      ¡Gracias por tu tiempo! 🙂

      Belen JFabregas

  4. RaulSanGra

    23 enero, 2017

    Bien ese claroscuro, comienzo tierno y final demoledor. Tristemente versímil. Mi último relato (http://bit.ly/2iWBfr2) también aborda algo parecido, desde otro prisma, por eso me he identificado un poco con él. Gracias por compartirlo y te dejo mi voto.

    • BelenJF

      2 febrero, 2017

      @RaulSanGra
      ¡Me alegra que te haya gustado!

      ¡Gracias por tu tiempo! 🙂

      Belen JFabregas

  5. Ruba

    14 febrero, 2017

    @belenjif Buen relato, uno no se espera ese cruel final, un saludo y mi voto.

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