Y parecía normal

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Amalia nació perfectamente sana y normal, sus padres, de clase media como la mayoría, se alegraron mucho por ello. Conforme pasaba el tiempo, el bebé sonrosado que era Amalia empezó hacer todas las cosas propias de su edad, ni antes ni después.

Tiempo más tarde entró a primaria, Amalia no era de las rezagadas de la clase, pero tampoco se acercaba a alguna cabecita brillante que ya destacaba con apenas cinco o seis años.

Era una niña con amigos, sociable pero no una líder tampoco era de las que no tenían con quien jugar en el recreo o a las que nunca las invitaban a las fiestas de cumpleaños. Su infancia era perfectamente normal.

En la adolescencia, con los problemas propios de esa edad, empezó a darse cuenta que pertenecía a un grupo informe, no destacaba, ni para bien ni para mal, era normal, corriente y en su cerebro esas palabras sonaban como el peor de los insultos. Para ella nacer con un don era lo más importante de la vida, ser guapa, ser muy inteligente y sobre todo ser artista.

 Al principio, disfrutaba de estar cerca de esas personas que brillaban, que para ella eran especiales, durante los años de instituto los pasó pegada a la chica más guapa de la clase que también era la más popular, a través de sus historias ella se sentía especial y deseaba con todas sus fuerzas tener esa cara o por el contrario ser fea y sentir el repudio de las masas, eso, según su forma de pensar le haría tener un carácter fuerte o la haría sensible y desarrollaría una carrera brillante en la madurez, plasmaría su cruel vida en un libro que se convertiría en un éxito, o escribiría canciones llenas de pasión y tristeza. Destacar era lo importante para ella, daba igual como.

Una de las cosas que más odiaba era a su familia, su familia era normal, no eran ricos, no eran pobres, no había dramas, pero tampoco vacaciones en las Bahamas. Así, ¿cómo iba a ser alguien? Se preguntaba una y otra vez. ¿De donde sacaré mi talento si soy normal? Cada vez que admiraba a alguien y leía sobre su vida eran puntos opuestos o su vida había sido un infierno y de la basura había nacido una flor o por el contrario tenían a su disposición viajes, escuelas, agencias increíblemente caras que le habían facilitado todo. Por lo menos así lo veía ella…

Al llegar a la universidad, se decantó por una carrera que en aquellos años hacía todo el mundo, ni fácil ni difícil, vamos lo que se dice normal. Allí intentó destacar en cualquier campo del arte que conociera, para ella era esencial, admiraba profundamente a escritores, músicos, pintores, por que para ella había talento natural en lo que hacían y ella carecía de eso. Trato sin éxito alguno dibujar, escribir, tocar un instrumento…y lo que duraba su empresa se lo tomaba en serio, pero para ella era todo o nada o era Mozart o no era nadie. La mediocridad le daba repulsión y cuanto mayor era más fuerte era su obsesión, imaginaba su nombre en los periódicos, imaginaba entrevistas hacía su persona.

Conforme creía su obsesión también su envidia, igual que antes se contentaba con estar rodeada de personas especiales, ahora las odiaba con toda su fuerza y como si el destino se quisiera reír de ella, casi siempre se encontraba a su paso a personas excelentes en algún ámbito. Que crueldad para la pobre Amalia.

Pasados unos años, acabada la carrera, teniendo un trabajo ordinario en una oficina. intentado por años aprender a tocar el piano, después de miles de relatos enviados a concurso y sin ganar ninguno, con una Nikon que parecía que le haría famosa en Instagram cogiendo polvo al lado de varios libros de pintura, con el tocador lleno de cremas y cosméticos para dejar de ser corriente y ser preciosa.

Pensó que también podía ser famosa e incluso admirada por algunos por el lado contrario, y si en vez de luz era todo oscuridad…se preguntaba sentada en su sofá. Así empezó a investigar sobre seres bastante despreciables, empezó por delitos que eran admirados en este país. El robo, ¿sería la nueva Mario Conde?? Pero claro, para eso había que trabajar en un sitio donde pudiera robar y no era el caso, además ser ladrón en este país ya era lo normal. Había que ir más a allá…apenas había mujeres psicópatas…las desviaciones de ese estilo están ligadas a los hombres normalmente, ¿pero porque ella no iba a romper la regla? Sabía que le faltaba madera para ser Hitler, claro, ella era normal, pero bueno si podría matar a algunas personas perfectas que le rodeaban, así ella sería más especial. Tuvo que caer en un tópico, los envenenaría, no sabía si la cogerían antes de hacer nada si compraba una pistola, y cuerpo a cuerpo tampoco tenía las de ganar, además quería que fueran un número admirable, y eso con dos o tres cuerpos no basta.

Así pasó a elegir a las víctimas, iría a lo fácil, de su empresa a su jefe, ese niñato que tenía cinco años menos que ella con un expediente brillante y la compañera que parecían escapada de un catálogo de victoria secrets.

De sus amigos era más fácil aún, uno de sus mejores amigos tenía ya un nombre como escritor, otro de ellos era músico en la orquesta de su región, el resto…el resto eran felices con eso les bastaba para hacer una fiesta y que acabaran muertos en su salón. Ella por supuesto no pensaba matarse, sino como iba a escribir sus memorias, como hablar con psiquiatras y periodistas, le causaba tanta emoción que para ella era como ganar el nobel.

Llegó el gran día, gracias a sus recurrentes dolores de espalda tenía un arsenal de Valium digno de un yonqui y compró pacientemente y en farmacias diferentes pastillas para dormir sin receta médica, con eso por lo menos los atontaría tanto que si no conseguía matarlos podría degollarlos sin esfuerzo, la idea de la sangre le había empezado a gustar cada vez más, por su impacto sobre las fotos, por lo desagradable y morboso que era. Quería que le encontraran en el piso como a Carrie en la película.

Había invitado cuidadosamente a todos sus amigos a su casa a comer, para darles una sorpresa, así sabía que no fallarían y a sus más allegados del trabajo, donde por supuesto estaba su jefe y la modelito, en total eran seis, le gustaba ese número por si quería destacar en futuras entrevistas que todo era por el diablo, iban a ser seis víctimas el seis de junio de dos mil dieciséis.

Había envenenado todo, y procuro que los invitados más corpulentos bebieran y comieran más. La hora de la siesta llegó y para algunos fue normal tener tanto sueño, otros empezaron a encontrarse mal, ella, amablemente los invitó a recostarse un rato, mientras se fingía igual de borracha que el resto de invitados.

De los minutos o las horas posteriores, nadie salvo ella puede determinarlo, fue una vorágine de sangre, de no recordar bien como los mató se arrepintió largamente, siempre diciendo que ojalá hubiera puesto cámaras para poderlo ver y saber que hizo exactamente.

Cuando la policía la encontró, con una llamada hecha por sí misma, estaba sentada en el suelo cubierta de sangre.

En los telediarios de la noche salían sus vecinas diciendo que parecía una chica muy agradable y normal. Al final, no lo era tanto.

Comentarios

  1. Mabel

    18 diciembre, 2016

    ¡No hay que fiarse de las apariencias! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida

    • Martalv87

      18 diciembre, 2016

      Muchísimas gracias por tu voto! Y por la bienvenida! Un saludo

  2. Aaron Suspense

    19 diciembre, 2016

    Es difícil luchar contra la envidia y la falta de oportunidades. La obsesión por la obra pudo haberla llevado lejos, pero sucumbió ante lo fácil.

    Te felicito. Es un buen relato. Mi voto.

    • Martalv87

      19 diciembre, 2016

      No creo que tomara el camino fácil, no todos seríamos capaces de matar, pero Amelia perdió los escrúpulos y la cordura por el camino 😉
      Muchas gracias por tu voto y tu comentario. Un saludo.

  3. icorre

    19 diciembre, 2016

    El lado siniestro de la normalidad… 😉 Guay! Saludos y mi voto,

    • Martalv87

      20 diciembre, 2016

      Muy siniestro sí jaja Muchas gracias por tu voto! 🙂

  4. gonzalez

    23 diciembre, 2016

    Me gustó mucho, amiga Marta. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo!

    • Martalv87

      24 diciembre, 2016

      Muchas gracias por tu voto me alegra que te haya gustado. Un saludo

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