Amor y otras obras de arte

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Recorrió el salón rápidamente, no se detuvo especialmente en ninguna de las obras. Volvió y se sentó a mi lado, yo miraba mi obra favorita, La trinidad de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, recostó su cabeza en mi hombro y por unos minutos permaneció en silencio viendo la obra.

-Esta es la tercera vez que me traes al museo de arte colonial -dijo de repente, no en tono de reproche sino más bien de comentario-

Guardé silencio

– ¿No crees que una chica como yo se aburre de esto rápido? -dijo de modo juguetón-

 *No eres una chica cualquiera, nunca había traído a otra aquí -dije con voz monótona y la mirada fija en el cuadro-

-Creo que intentas justificarte -se puso en pie y me miro desde arriba-

Alcé mi mirada hacia ella e hice un gesto gracioso que mostraba que no entendía lo que decía. Me puse en pie y la miré a los ojos.

-No soy la mujer de tu vida, por eso me traes aquí y a todos los demás museos -dijo algo ofuscada, sus ojos se encendieron como una hoguera y frunció el ceño de una manera muy delicada-

*¿Qué quieres decir? -dije mientras la tomaba de la cintura y la acercaba a mí- Yo te amo más que a nada – intente besarla, pero volteó su cara-

-No más que a ella -dirigió su mirada hacia el cuadro de Vásquez de Arce y Ceballos-  creo que todas tus mujeres lo han sabido y ahora yo lo sé, nunca podré ser la mujer de tu vida, ninguna puede, ni podrá, hubo alguien que llego mucho antes que nosotras.

Me quedé callado y sonreí, no creía lo que pasaba, ella estaba sintiendo celos del arte. De repente di una fuerte carcajada, todos en el museo nos voltearon a ver.

– ¿Qué están gracioso? -dijo liberando mis manos de su cadera-

Tomé sus manos entre las mías y le di un pequeño beso en los labios, la miré directamente a los ojos como desafiándole, iba a decir algo, pero ella intervino antes:

-No intentes engañarme si hoy fuera tu ultimo día y pudieras hacer lo que quisieras sólo, harías una cosa -dijo mientras se sentaba de nuevo y cruzaba los brazos-

*¿Qué crees que haría? – me paré en frente de ella-

-Irías a Roma a ver tus amados Bernini, Raphael, Miguel Ángel y Botticelli, o, tal vez irías a Florencia por Da vinci. No lo sé, pero sería algo así -desvió su mirada de la mía-

*Iría contigo – sonreí dulcemente, acerque su rostro al mío y la besé-

Se paró de un golpe y me pego con la mano en el pecho duramente.

– ¡Mentira! Yo no soy arte, no me amas lo suficiente, como para dedicarte así a mí. A veces me gustaría que me miraras como miras a ese cristo -apunto con el dedo a la obra detrás de mí-

*Para mi eres arte, pero si no te conformas con eso -me arrodille y tome sus manos- entonces te convertiré en ella.

Me miró incrédula

– ¿Puedes hacer eso? -una inocencia infinita se podía ver en sus ojos mientras formulaba la pregunta-

* Lo intentaré.

Comentarios

  1. GermánLage

    20 enero, 2017

    Buena fórmula para amar el arte: convertir en arte a la amada.
    Excelente relato, Mr. Nobody.
    Un cordial saludo y un voto.

  2. Mabel

    20 enero, 2017

    ¡Qué hermoso! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

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