El algo de alguien

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Isabel quería escapar, pero no sabía a dónde. Quería salir de allí, de una existencia insulsa, dedicada a ser siempre la algo de alguien. Criada, esclava, amante, novia, mujer o querida, Isabel siempre había tenido la sensación de ser la propiedad de otro, de no ser ella en ningún momento de su vida. Quería huir. El problema es que su mundo era tan pequeño, que cuando quiso ver más allá se hundió mucho más en sí misma.

Veía cerca de ella, en su atrofiado universo, a otros hombres felices, y a muchas mujeres que también lo eran. Les preguntó la receta, les interrogó sobre su procedencia. ¿Venían de otro lugar? ¿Habían, como ella anhelaba, huido de otro sitio y el destino les puso allí? Las respuestas siempre eran las mismas; nadie es feliz al cien por cien, y todo el mundo tiene un motivo, cuando no varios, para salir corriendo sin equipaje y sin mirar atrás.

Cuando Isabel descubrió el motivo para huir, ya era tarde para ella. El motivo no era el otro que el miedo a sus propios fantasmas, que son a su vez los fantasmas de otros, a los que también andan ligados. Ella siempre se reprochó no ser ella, y ser el algo de alguien, pero su miedo era suyo; era el miedo de Isabel. Ahora ya lo sabía, pero era vieja, y ya había perdido el miedo a su propio miedo. El tiempo de huir pasó, y casi el mismo tiempo de Isabel también.

Curioso sentimiento, que solo lo dominas cuando ya no lo puedes sentir. Su única huida sería de su cuerpo: cerró los ojos y se apagó.

Comentarios

  1. Julio Cortés

    16 enero, 2017

    Es un tanto oscuro, pero bonito en su narración. Mi voto para usted y un saludo, Julio.

    • RaulSanGra

      16 enero, 2017

      Coincido en lo de que es oscuro. Me ha ocupado un momento delicado, y todo está ahí. Gracias.

  2. GermánLage

    16 enero, 2017

    Bueno, Raúl; yo veo una idea muy precisa expuesta con mucha claridad y precisión; otra cosa es que la idea expuesta sea un tanto deprimente, lo cual no resta valor al relato.
    Un cordial saludo y un voto

  3. Mabel

    16 enero, 2017

    Muchas veces queremos escapar de nuestro propio encierro y no podemos nos sentimos tan impotentes que todo nos da igual, todo gira a nuestro alrededor sin motivo aparente y nos va perjudicando lentamente hasta que al final vemos una pequeña luz en la que encontramos la paz. Un abrazo Raúl y mi voto desde Andalucía

  4. Vladodivac

    16 enero, 2017

    Estoy de acuerdo con Germán, los sentimientos desarrollados en el relato o que causan el relato, no implican detrimento de su valor. Te doy mi voto y un saludo.

  5. VIMON

    17 enero, 2017

    Muy buen relato, Raúl. Saludos con mi voto.

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