El retrato

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Los deberes del día me habían dado tregua, permitiéndome dar mí acostumbrado paseo de las tardes por el centro de la ciudad. Embebido por un confuso pensamiento tomé una de esas callejuelas alejadas de la multitud (que tomas sólo cuando quieres pensar sin distracciones), en donde reina la soledad, y otras veces la melancolía.

¡Imaginando! como soñando despierto de a ratos miraba hacia atrás, al sentirme observado, pero sólo me acompañaba una profunda y nostálgica soledad seguida de mis pensamientos olvidados, los que se iban quedando atras para no volver nunca más. Seguí caminando hasta lugares que nunca había visitado antes, sin rumbo fijo y sin muchas ganas de llegar a ningún destino; y caminando sólo por caminar fui a dar con el exhibidor de una tienda, en donde un retrato llamó por completo mi atención, sentí cosas nunca antes sentida, sentimientos capaces de ruborizar mis mejillas y estremecer mi pecho; mágicos delirios como luces crepusculares fueron y vieron en mi mente y me sentí volar mientras la oscuridad aciaga de la noche se hacía presente.

Entré a la tienda con creciente emoción, y con sentimientos encontrados que no podría explicar, pregunté por la pieza de arte, la cual mostraba una hermosa dama, en cuyos ojos aunque muertos, porque era sólo una pintura, distinguí el brillo de la vida, de la vida cuando se vive sólo para el placer; me llené entonces de todo el esplendor de las formas perfectas de la diosa retratada en el cuadro, nunca pensé que un objeto de decoración pudiera creer en mí sentimientos tan profundos como los inexplicables sentimientos que en ese momento sentía, lo sentía en mi corazón, y me da vergüenza confesarlo, pero era como el amor, ¡si amor! ¿Imposible? ¿Absurdo? ¿Irracional? Lo sé, pero era amor, amor platónico como el que se enamora del amor imposible, amor platónico como el que se enamora del ser incorpóreo, amor puro o impuro no lo sé, sólo sé que esa pasión desenfrenada, profunda, fatal y profana desbordada en mi pecho me hacía caer rendido a la forma retratada en el cuadro la cual veía con los ojos perdidos de un enamorado, pero no de cualquier enamorado, sino como el enamorado a muerte; Finalmente pude adquirir la pieza, por un valor que aunque alto para ser de un pintor anónimo, consideré ínfimo a favor de satisfacer esa pasión jamás antes sentida.

De vuelta a casa, colgué el retrato en el sitio de mayor privilegio en la casa, justo sobre la chimenea en donde antes reposaba el retrato de mis padres, para poder admirarlo al llover la aurora; al regresar del trabajo en las tarde; y en los momentos de ocio; admirar ese cuadro se convirtió en mi único pasatiempo, durante días pasé horas o el día entero, casi sin parpadear, admirando obsesionado la forma sagrada de mi platónico gran amor, ¡Qué sacrilegio! Sus rizos dorados opacaban los rayos del sol; su piel nívea brillaba con un candor imposible; su rostro sublime era objeto de mi más profunda admiración; sus formas perfectas me fascinaban hasta el éxtasis. Freya, belleza eterna, belleza inmortal, ¡cómo no sentir amor! esa dulce pasión, alguna veces convertida en obsesión, otras veces acompañada de lujuria, me hacía sospechar de locura, ese mal que es tan común en mi familia, ni amor, ni obsesión, sino más bien locura.

Me sentía atrapado, porque durante el día no podía sino pensar en el retrato, durante la noche soñaba que la dama del mismo cobraba vida, y ya entre mis brazos la hacía mía para siempre; algunas veces contradecía estos sentimientos y sentía una especie de repulsión, que luego lograba aplacar, en otras ocasiones advertía de un peligro inminente, otras veces me sentía observado, en las calles perseguido, y todos los días cansado como trayendo una gran carga encima.

Una noche mientras despertaba de una pesadilla infernal, sentí nuevamente la presencia de alguien, sin duda una presencia demoniaca, esta vez en mi habitación, casi podía escuchar su respirar, y sentir su aliento fresco en mi rostro, entonces me levanté y a tientas traté de encender la lámpara de gas en la cómoda, pero mi mano tropezó con la piel gélida de un cuerpo parado en medio de mi habitación, insondables terrores recorrieron mi cuerpo, y en medio de la inescrutable oscuridad, imaginándome horrores mefistofélicos perdí la razón y caí desmayado. Cuando me levanté aún era de noche, de inmediato corrí hasta la puerta y encendí la luz pero ya no había nada, la habitación estaba vacía.

El resto de la noche no pude dormir, me mantuve alerta, vigilando y cada ruido, la brisa de la noche en mi ventana; un gato maullando en el tejado de la casa vecina; hasta los latidos de mi corazón, me provocaban sobresaltos y terrores incontrolables. Sólo al rayar el alba el terror desapareció, pero al mirar el retrato sobre la chimenea, encontré algo increíble, este había sufrido un cambio imposible, que tuvo en mí el efecto último de hacer retornar ese terror que me había mantenido alarmado durante la noche, pues el demonio sonriente en el cuadro no sólo había robado el color de mis ojos, sino además la forma de mi rostro, hasta hacerse parecer a mí, un parecido único, al ver el retrato era como verme retratado en un espejo.

Mi fascinación por el cuadro desapareció, su lugar fue ocupado por el miedo, ¡un hechizo! de eso se trataba, ya no me quedaba ninguna duda que todo era parte de una brujería, que había caído en mi al transitar por esas calles desoladas, que nunca tuve tiempo de constatar si eran reales, ya que todo aquel día me pareció ser una ilusión del mismo hechizo. Ese hechizo ejercía en mí un poder imposible de contrarrestar, imposible para cualquier mortal, con el pasar de los días así lo constaté, y me vi atrapado en una horrible situación ¡Dagda! Dios bueno, padre protector, libérame de este suplicio, o con tu maza quítame la vida, tu que también eres dios de la vida y la muerte, quítame la vida, porque yo mismo no puedo, ya lo he intentado, pero no puedo ¡horrible! ¡Horrible! ¿Que hice yo para merecer este horrible castigo? Mientras el rostro en la pintura cada día lucía más radiante, lozano, lleno de vitalidad, alcanzando la perfección con que muchos soñamos, mi rostro real en el espejo, mi verdadero rostro se caía, mi piel se agrietaba como el frágil cristal, como la capa de hielo de un lago congelado, mi piel se caía, literalmente se caía a pedazos.

Una tarde, mirando con desdén el demonio sonriente en el retrato, un cólera endemoniado se apoderó de mí, me armé de bríos y tomé el cuadro y lo lancé a la chimenea ignívomo que parecía las fauces de un dragón, entonces constaté que deshacerme del hechizo era imposible, el lienzo del cuadro no tomó fuego, pero en mi rostro sentí un calor sofocante, el mismo calor que expelía las llamas de la chimenea, lo sentí quemándome el rostro desde mis adentros.

Los días pasaron y me encerré en mi mansión, me cubría el rostro con una cogulla para no hacer pasar por el horror, al que pudiera verme. Imposibilitado a poder romper el hechizo, me entregué por completo, sólo esperando la llegada de la muerte, la cual algunas veces sentía llegar, pero nunca terminaba de hacer su trabajo, pues el fin principal del hechizo no era causarme la muerte, sino hacerme sufrir, y liberarme del mismo era empresa imposible, hasta que una tarde, como acto bendito del destino, hasta mi morada se hizo llegar un viejo amigo, Frank, al cual tenía mucho tiempo sin ver. Él, enterado de mi condición, y temiendo por mi vida, fue hasta mi morada para constatar de la gravedad de la misma. Demás está decir que se quedó alarmado al verme, sólo tuvo palabras para decir que jamás había visto algo igual, y me recomendó un buen doctor que había conocido en una visita a Alemania, lo que no sabía Frank es que no era enfermedad lo que me aquejaba, sino brujería, de la mala, brujería de la que sólo la muerte puede librar. Entonces cuando ya me había despedido, y ya Frank se disponía a marcharse, ocurrió algo terrible, pero que por fin pudo librarme de la maldición. Los ojos de Frak centellaron de pasión, percibí en su mirada el mismo sentimiento iracundo que a mí mismo me robaba la vida. Frak fijó sus ojos, sin parpadear, en el retrato maldito que aun colgaba en mi chimenea, en donde él también pudo ver a aquella dama que de inmediato, y al igual que a mí ante, le cautivó.

-Que hermoso rostro, ¿Quién es? Preguntó.-Este es un cuadro único, una pieza exótica. La dama retratada; jamás había visto tanta belleza, tanta perfección, ¡es un ángel! ¡Tiene que ser un ángel! su belleza es celestial. Frank no sabía que la belleza de un demonio es aún más exótica. –Lo veo y no puedo dejar de sentir, algo indescriptible, un sentimiento tan profundo, tenaz, incontrolable, ¡daría lo que fuera por poseer ese retrato!

Esa noche le obsequié el retrato a Frank, se lo entregué en sus manos, y me liberé del hechizo, lo sentí inmediatamente, esa atracción por el cuadro, que aunque tímidamente, aun sentía, desapareció por completo, y la imagen en el lienzo sufrió una horrorosa transformación ¡Nemhain! Horrible era Frank el que iba a morir.

Con los días todo rastro del poderoso hechizo desapareció. Una semana después abandoné Viena y regresé a Londres, de Frank lo último que supe es que una enfermedad le estaba consumiendo, aunque sé muy bien que ocurriría luego, ahora sólo me pregunto si ya Frank habrá muerto. Del retrato supongo que aun reposa en la chimenea de su mansión, a la espera de captar con su magia negra la atención de algún otro desafortunado caballero.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de GermánLage

    GermánLage

    14 enero, 2017

    Otra muestra excelente de tu desbordante fantasía, Niccolle, y de tu habilidad narrativa. ¡Con qué habilidad sabes llevar al lector desde el éxtasis platónico hasta el horror demoníaco en apenas unas líneas! Extraordinario.
    Un cordial saludo, y un voto.

    • Niccolle

      16 enero, 2017

      Gracias por el comentario Valentino, me alegra que te haya parecido enfermizamente cautivador…

  2. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    14 enero, 2017

    ¡Impresionante! Un abrazo Nicole y mi voto desde Andalucía

    • Niccolle

      16 enero, 2017

      Gracias por el comentario Mabel, saludos un abrazo.

  3. RaulSanGra

    16 enero, 2017

    Estremecedor. Verdaderamente inquietante. Genial, y además me ha pillado en un momento personal especial y me ha sacudido por dentro. Muchas gracias por compartirlo. Mi voto.

  4. Imagen de perfil de Vladodivac

    Vladodivac

    16 enero, 2017

    Precioso Niccolle, estaba escribiendo un poema sobre el mismo tema y me he visto desbordado por tu imaginación, un aplauso a tu narrativa. mi más sincero voto y un cálido abrazo.

    Joaquin.

    • Niccolle

      8 febrero, 2017

      gracias por el comentario, que bueno que mi relato te halla ayudado en algo.

  5. Imagen de perfil de gonzalez

    gonzalez

    19 enero, 2017

    Excelente, Niccolle, me gustó mucho. Mi voto y un fuerte abrazo!

  6. Iván.Aquino L.

    6 febrero, 2017

    Hola soy un lector, escritor. De México.
    Me gustó mucho tu cuento, está muy interesante. Felicidades tienes muy buen futuro.
    Mi voto abrazo fuerte.

    • Niccolle

      8 febrero, 2017

      gracias por el comentario, y por tus motivantes palabras.

  7. Errante wey

    5 junio, 2017

    Me ha gustado mucho, conseguiste generar en mi una curiosidad infinita por conocer aquel retrato que le roba la vida a quienes lo admiran. Mi voto.

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