Jaque mate a lo indio
Circus Plaza, DF, México. Partida 50, La “europea” Suri vrs. el indio macizo de Motecuhzoma.
Comentada a lo falsario
Suri, las blancas; Motecuhzoma, las negras
–Ambos oponentes se tienden la mano–
(¡Uy, qué guapo!, dice Suri; Motecuhzoma, como siempre, no dijo palabra, y vestido con su camiseta rojiblanca a rayas, alza el brazo empuñado)
[Música de fondo: el inigualable Freddy Mercury y su beat, Another one bites the dust]
¡Empieza el juego!
1.e4 e5 2.Cf3 Cc6
El tablero está listo. Las blancas farfullan bajo las enaguas de su rey soberbio y creen ser poderosas: abren con un peón de rey. Las negras ríen. El pobre peón marcha solo camino al abismo, pero con la esperanza de infringir un gran daño. Las negras conocen sus intenciones (hay que reconocer que a las viejas blancas les falta imaginación), y riendo, saben que el juego de las blancas será siempre el mismo de todos los tiempos. Ni siquiera será necesario atacarlas con su mejor infante, así que el Rey negro decide enviar a su aburguesado paje. Las blancas se entusiasman: somos fieras, y aunque trates de cerrarnos el paso, te haremos temblar, pajecillo. ¡Haremos temblar al pajecillo!, gritan, ¡Caballería, por favor, la caballería! El Rey negro sonríe, mientras se repantiga en su trono. Ladea la cabeza y lanza un besito a su Dama querida. Se guiñan los ojos: sigámosle el juego, pues, querida, enviemos también una parte de nuestra caballería. «Y no te ensucies las crines», les demanda su Reina.
3.Ac4 Ac5 4.c3 Cf6 5.d4
El Rey blanco está confiado: este será un juego fácil. Las negras han hecho exactamente lo que él ha querido, incluso han imitado cada uno de sus movimientos; es necesario desconcertarlos ahora, enviaré a mi elemento más punzante: la artillería. El Rey negro, cabeceando del sueño, consulta a su Dama sobre el movimiento enemigo, y ésta le aconseja que envié a uno de sus artilleros, para que así pueda tomar la siesta tranquilo. Tal como lo pensé, dice el Rey blanco, ahora haré una jugada verdaderamente desorientadora: manda que un infante de artillería salga al ataque. El Rey negro despierta y su Dama le dice que el oponente ha hecho la misma jugada de siempre. «Envíales lo que resta de la caballería», le dice, «que yo iré mejor a echarme otra siestecita». Así se hace. La Reina blanca está que rabia. Cómo es posible que la Negra llevé el mando en el otro castillo, ¡es algo inconcebible para estos tiempos! ¡Aquí todos somos unos conservadores! ¡Pensamos y hacemos las cosas como hace sesenta años! ¡En mi castillo guardamos todos la tradición, la santísima tradición de los viejos tiempos! ¡Por eso nos movemos como ellos lo hacían hace sesenta años, ni más ni menos! Está enfadada. Manda a su paje al ataque, incitándolo fieramente: ¡Vamos, paje mío, demuestra tu bravura, adelante, adelante, ataca a esas negras demoníacas! El paje sale embravecido, tanto que se enreda en el camino.
5….exd4 6.e5?!
Entonces sucede lo impensable: ¡El aburguesado paje del rey negro aniquila al paje no menos aburguesado de la Reina blanca, rompiendo con ello un antiguo protocolo! ¡Pecado, pecado! ¡Rásgome, Dios, las vestiduras! Grita horrorizada, dándose con la piedra en los dientes: «¡Oh, inútil, tenías que ser un simple peón, un indio! El negro peón aburguesado avanza, y se coloca justo enfrente del peón de artillería enemigo. El Rey blanco está indignado, y su peón solitario, indignadísimo (pues estaba ansioso de luchar contra el peoncillo aburguesado), se abre camino furiosamente por el campo de batalla. ¡Vengaré a mi Reina!, grita y avanza.
6…Ce4? 7.Ad5!
El Rey negro despierta. Vuelve a consultar a su Dama. «Se acerca el peón de rey, amor», le informa su Reina. «Déjalo», contesta el soberano: «Dile a la caballería que avance por la izquierda, justamente en medio del campo». Y vuelve a recostarse. No considera necesario, ¡para qué tomarse la molestia!, hacer frente a movimientos tan predecibles. Pero el Rey blanco cree ver una gran debilidad en ese movimiento: ¡Te tengo!, grita, feliz, ¡Has cometido un error estúpido! Las negras, en su avance han dejado un hueco en el regimiento, que nuestro soberbio Rey blanco imagina (pero es tan corto su alcance) aprovechar. ¡Avanza, artillero!, ordena, ¡Posiciónate justamente en medio de la caballería dividida! Por fuerza, hoy uno de esos regimientos será mío. La Reina blanca está radiante, y ríe a carcajadas. ¡Qué estúpidas son las negras! ¡A quién se le ocurre hacer esos movimientos tan ingenuos!
7… Cxf2! 8. Rxf2 dxc3+
Entonces el Rey negro, todavía bostezando, exclama desde su castillo: «Caballería, sigue avanzando», y de repente, la Reina blanca ve su posición en el castillo amenazada por la caballería enemiga. ¡Qué es esto! Ésta la acorrala, haciendo bramar sus corceles al ras de los pliegues del vestido real. Ella gime de espanto y rabia, insultando a su oponente como lo haría cualquier plebeyo de la calle. El Rey blanco, ahora en verdad muy indignado, cree que es el momento de hacer alarde de su fuerza, y profiriendo los más gruesos improperios, sale a enfrentar el solo al regimiento de caballería. Lo vence. La Reina salta a más no poder de regocijo. ¡Ese es mi Rey!
8… dxc3+9.Rg3 cxb2 10.Axb2 Ce7 11.Cg5??
El Rey negro observa desde su castillo. ¡Bueno, bueno… lo mismo de siempre! ¡Eh, paje aburguesado, aniquila a ese peoncillo artillero! ¡Plas! Nada más fácil. La Reina blanca está enojadísima, y se queja ante su Rey. ¡Haz algo, por Dios!, grita paranoica, liberando toda su frustración contenida. ¡Mueve tu trasero! ¡Ya va, ya va!, dice el Rey blanco, y sale enfilado por la derecha, alardeando de su potencia. El otro monarca, sí, el negro, ese está a lo lejos, bostezando. ¡Paje aburguesado, sigue, sigue, aniquila a ese otro blanco peoncillo de caballería! Éste avanza, aniquila, sin siquiera despeinarse, al peón y queda justamente a un paso de las puertas de una gran torre del castillo. Podría derribarlas ahora mismo, piensa, y conseguir un botín tan valioso que me convertiría en rey, pero éste es leal a su Reino y a su sangre. La Reina madre está enfurecida, loca. ¡Cómo se atreve, un indio!, y ordena a uno de sus artilleros que devore a ese irrespetuoso peón. El artillero saca su arco, lo tensa, y suelta una flecha. Trabajo hecho. El artillero negro se coloca justamente en posición diagonal a las puertas de la torre del castillo, defendiéndola. El Rey negro, con astucia, hace retroceder a su caballería. ¡Me temen!, grita el Rey blanco, ¡me temen!, y ordena entonces avanzar a su caballería. ¡Tu fin esta próximo, Negro!, sigue gritando, ¡Huye, huye, que te conviene! Sin embargo, tanto la Reina como el Rey no se defienden, esperado a que las blancas sigan con su marcha atolondrada.
11… cxd5 12. cxf7 0-0 13. Cxd8…!!!
Se escuchan risas. Es el Rey negro que ríe y grita a su caballería que avance, sorpresivamente un regimiento de artillería enemiga cae. Otra risita pícara. Ve a su Reina, y ésta le lanza un besito. «No te preocupes, mi cielo», exclama en una mirada la Dama, «lo haré por ti». El Rey blanco está henchido de orgullo, las cartas ganadoras están sobre la mesa, y le señalan una cosa: ¡la victoria! Hace avanzar a su caballería y amenaza seriamente a la Dama negra. ¡Estás acabada! No obstante, el Rey negro está sereno, y se enrosca detrás de las torres del castillo, dejando sola a su Reina. Ella es inteligente y sabe lo que hace. El Rey blanco, otra vez cree que ese movimiento es una señal de debilidad, salta de alegría y manda desde su posición a la caballería para que arrase a la reina enemiga. Está cae herida, fuera de combate. ¡Las blancas saltan de regocijo! La Reina blanca se suma, grita, grita, sí, grita como una loca. ¡Hemos vencido, hemos vencido! Tal era la suerte de las negras. El Rey blanco se burla del oponente, menospreciándolo. ¡Estás perdido, Negro, perdiste la partida! ¡No eres más que un indio coronado! Enseguida ordena que se hagan los preparativos para la gran fiesta real. Esto hay que celebrarlo. No todos los días pasan estas cosas.
13…. af2!! 14.rh3…
El Rey negro está sereno, despreocupado, organizando las obligaciones, más serias, por supuesto, de su reino, muy a pesar de las vulgaridades que el Rey blanco vocifera en su contra. Tranquilamente manda un artillero negro a que avance por en medio del frente enemigo, amenazando al Rey blanco, quien sale huyendo de las flechas por el flanco derecho. ¡Bah, un simple artillero para intimidarme! Ja, ja, ja. Están de bromas, eh. ¿Qué no te das cuenta todavía, Negro, que he aniquilado a tu reina? Tonto. Soy mejor que tú, ¿entiendes?, soy más sabio que tú. Ja,ja,ja. Mi sangre noble, “europea”, será siempre mejor que tu sangre india, por eso me burlo de ti. Tú eres un indio nomás, de un metro cincuenta con tu morralito a espaldas. Del montón nomás. De esos con los que me toca convivir diariamente, y de los que me hacen los mandados. ¿Tendrás cerebro, pensarás acaso? Lo dudo. Mira que ya he aniquilado a tu reina. El Rey blanco seguía dándose ínfulas, como es usual en él, soberbiamente, sacando su casta al aire, confiado en la victoria. ¡Ríndete ya!, vociferaba, ¡Lárgate, que este es mi tablero, mío, sólo mío! ¡Indio taimado! Si quieres jugar en él, debes rendirme pleitesía. Y ahogado en improperios, pues como no contaba con otros recursos (que se sepa, nadie más, fuera del tablero, le conocía alguno), presumía hasta la medula de ser el Rey más sabio y triunfante del mundo.
-Continuará-
Pd: Este relato es producto de una vieja batalla, así que si lo sienten vengativo y despechado pues ya conocen el motivo. Nunca lo acabé, y la partida debe finalizar con el peón negro dando muerte al Rey Blanco. Ahora lo publico nuevamente celebrando el hecho de que un compañero falsario ha sido antologado. En horabuena.




Mabel
Muy buen relato. Un abrazo Valentino y mi voto desde Andalucía
GermánLage
Hola, Valentino. He disfrutado mucho con tu imaginativa narración de tan enconada batalla, en la que me has hecho revivir las partidas que estas navidades yo jugué con mi nieto. Espero poder algún día reproducir con él los movimientos que tú comentas, leyendo a la vez tu cuento. Mientras tanto, para ti mi admiración, mi saludo y mi voto.
Valentino
Hola Germán, siempre es un gusto que te agrade lo que lees de mí. Igual, estoy ansioso por leerte. Saludos.
Valentino
Mabel, gracias por tu comentario. Como siempre muy amable
gines
Confieso que no soy muy de ajedrez, y que no he terminado la lectura… Pero prometo volver a conocer que ocurre en tan imaginativa, bien narrada y cruenta batalla. Felicidades un gran texto. Mi voto, un saludo y nos leemos !!!
DeepFunk
Genial!