La mujer a la que tanto odio

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La mujer a la que tanto odiaba lo había cuidado, alimentado y vestido desde que era pequeño. Esa mujer a la que tanto detestaba cada mañana se levantaba temprano para preparar el desayuno y después marcharse a trabajar.

No soportaba a esa mujer porque en lugar de hablarle de alcohol y mujeres le hablaba de libros y estudios, porque era demasiado pesada, tan pesada que lo rezongaba si no tendía la cama o si sacaba malas notas.

Detestaba a esa mujer porque constantemente le pedía un poco de ayuda en las tareas de la casa y porque si bien le compraba ropa nunca le daba la más cara ya que siempre priorizaba las cuentas.

Siempre miraba con rabias a esa ridícula mujer que lo aturdía con consejos innecesarios y que pese a decepcionarse de él jamás dejaba de llamarlo hijo, y conforme pasaban los años los motivos para no soportarla iban aumentando, sobre todo cuando por alguna razón le prohibía salir.

—Ya no te soporto más, me voy de la casa­­—le dijo finalmente cuando cumplió veinte años.

—No puedo obligarte, si eso es lo que queres adelante—fue lo que le contestó la mujer.

No se dejó conmover ni por las canas, ni las arrugas, ni los ojos tristes de esa mujer, tampoco por las lágrimas que le resbalaban en el rostro ¡estaba decidido! Aquel día abandonó aquella miserable casa a la cual nunca consideró su hogar.

Durante los tres años que siguieron se dedicó a lo que valía la pena: a divertirse. Cada noche salía con sus amigos o con mujeres y bebía, y por el día se compraba ropa tan cara como siempre había deseado, y así se olvidó por completo de la mujer a la que tanto odiaba.

Sin embargo a cada instante su mundo de frivolidad empezaba a despedazarse, un día se dio cuenta de lo falso que eran sus amigos y las mujeres con las que solía encontrarse, se dio cuenta del mal que le hacía la bebida y del gran esfuerzo que se requería para pagar cada prenda que usaba.

Lo que durante años considero importante de golpe carecía de sentido y tuvo plena consciencia de que aunque vestía lo más caro no valía absolutamente nada, y fue entonces cuando le volvió a la cabeza la mujer que tanto odiaba.

Finalmente comprendía el significado de amor, familia y sacrificio, y tuvo claro lo mucho que amaba a esa mujer.

Ese día se decidió a verla sin falta e inmediatamente fue a su encuentro, durante todo el trayecto no dejó de pensar en lo que le diría. Le pediría perdón, reconocería que fue un idiota y que deseaba volver a la casa. También le comentaría que retomaría los estudios y la ayudaría a pagar las cuentas y en todo lo que precisara, la valoraría y sobre todo cada día le diría lo que nunca le dijo: que era su madre y la amaba.

Estaba completamente seguro de que lo perdonaría, siempre lo había hecho ¿por qué esta vez sería la excepción? Al pisar la pequeña y vieja casa estaba muy nervioso, hacía años que no la veía y sin lugar a dudas su partida debía de haberla devastado.

Sin embargo las cosas no salieron como el planifico, después de estar un rato allí los ojos se le llenaron de lágrimas cuando cayó en la realidad, jamás le pediría perdón, ni le diría que fue un estúpido, tampoco le comentaría que retomaría los estudios ni la ayudaría en lo que necesitara y lo que más le dolía, lo que le pesaría eternamente en el alma: nunca, jamás, tendría la oportunidad de decirle que la amaba.

Sin lugar a dudas su madre lo hubiera perdonado pero la vida no, él había desperdiciado el tiempo y ahora era la vida la que no se conmovía con sus lágrimas pues la mujer a la que durante años se empeñó en odiar había fallecido.

 

 

 

 

 

Comentarios

  1. GermánLage

    20 enero, 2017

    Un buen cuento, con clara intención moralizante, lo que, en estos tiempos, no está de sobra.
    Un cordial saludo, Patricia, y un voto.

    • PatriciaWashington

      20 enero, 2017

      Muchas gracias, yo soy quien para juzgar a nadie pero a veces siento rabia cuando veo a alguien comportarse así ,a nosotros los jóvenes nos cuesta darnos cuenta de lo que en realidad vale en un mundo tan materialista y eso me inspiro para este relato. Saludos

  2. Mabel

    20 enero, 2017

    Cuando eres joven piensas en todo menos en la decepción que puedes causarles a personas que te quieren tanto y lo dan todo a cambio de nada. La experiencia y el salir a la vida real te va marcando y vas encontrando detalles que poco a poco te van cambiando y vas notando en ti ese amor que dejaste pasar. Un abrazo Patricia y mi voto desde Andalucía.

    • PatriciaWashington

      20 enero, 2017

      Muchas gracias, como ya dije no soy quien para juzgar a nadie pero a veces siento rabia y dolor por eso quise trasmitir esta historia. Saludos

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