Realidad aumentada

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Atravesando las tierras que llaman de Rosavieja cabalgábamos por la vereda que recorre la cima de los acantilados. Tres cuervos tatuados volaban en su espalda semidesnuda hacia la nuca, visible bajo su pelo recogido en una corta y desordenada coleta, con las puntas del pelo hacia arriba. Su figura esbelta acompañaba rítmicamente el movimiento de su montura. Fascinado me preguntaba qué hermosos paisajes habrían contemplado los tres cuervos durante su vuelo ascendente.

Sobre nuestras cabezas oímos unos graznidos y tres pájaros negros nos adelantaron volando hacia la puesta de sol. Supuse que serían nuestros emisarios, que avisarían de nuestra llegada a la antigua torre de defensa, en el risco más elevado del acantilado, comprobando los preparativos para esa noche, en el patio de armas.

Ella debió sentir algo, un cosquilleo, o quizá fue una intuición, o el sentimiento de un miedo absurdo a que una pérdida también absurda hubiese sucedido, porque, soltando las bridas, se llevo la mano derecha a su espalda, palpando entre los hombros, como buscando algo. Levantó la mirada hacia los pájaros, ya lejanos, preocupada y asustada. Trotando con mi caballo llegué a su lado, para explicarle, confirmarle que no había lugar para su sospecha, los tres cuervos seguían allí, bajando y subiendo impetuosos, en su espalda, pegados en su piel, brillante.

Por la mañana regresé a mi pensión y pregunté por la dueña. Necesitaba quedarme algunos días más. Ella comprendió: ¿continúan las alucinaciones?. No son alucinaciones, intenté explicar, ocurre que al interpretar la realidad se me expande sin querer. Los recuerdos, los anhelos, los deseos, se me enredan y entonces no consigo saber si están ahí porque existían en la realidad primitiva o son el resultado de esa misma realidad, que los provocó. Me miró compasiva y mientras hacíamos los trámites me preguntó, disimulando su interés, dónde había pasado la noche.

Recordé el sonido de las gaitas, con sus melodías lentas y suaves, el dejarse llevar, abandonar el cuerpo, o el alma, no estoy seguro. Acompañando a esos acordes oí los tambores, fuertes, rítmicos, poderosos, que terminaron desbocados, y sonidos nuevos que se mezclaron con ellos, como de victoria, o de derrota, tampoco supe decirle.

Ante su silencio busqué su mirada y no supe descifrar la expresión de su rostro, que intentaba esconder una sonrisa ladeada.

Comentarios

    • JGulbert

      21 enero, 2017

      Muchas gracias Germán por el comentario!. Un saludo

  1. veteporlasombra

    19 enero, 2017

    Me gustó mucho la expresión «al interpretar la realidad se me expande «. Pues sí, un poco nos pasa a todos al escribir. Un saludo…

    • JGulbert

      21 enero, 2017

      Gracias VeteporlaSombra. Al escribir, como al dibujar, nos sumergimos en otra realidad. Luego despiertas, y en el papel quedan trazas para que la recuerdes … Un abrazo

  2. Mabel

    19 enero, 2017

    Muy buen relato. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  3. Lourdes

    20 enero, 2017

    Que buen relato Jgulbert!, como dice Germán está lleno de poesía e invita a seguir leyendo, pero en este caso…imaginando.
    Abrazos

    • JGulbert

      21 enero, 2017

      Gracias Lourdes, … ay, la imaginación… 🙂 Un fuerte abrazo.

    • JGulbert

      21 enero, 2017

      Me alegro que te haya gustado Temor. Gracias por el impulso. Un abrazo

  4. Errante

    22 enero, 2017

    Un evocador relato para seguir estimulando estas mentes soñadoras. ¡Enhorabuena!

  5. Mariana

    12 marzo, 2017

    Los relatos oníricos con su óptica surrealista me encantan. Creo que todos vivimos tratando de encontrar ese lenguaje y esa historia que sea «otra cosa». No es fácil! Por alguna misteriosa razón casi siempre terminamos en un castillo, en otra latitud, donde la gente se llama con nombre anglosajón, porque es lo contrario de latino que es lo que somos nosotros. Y rodeados de bruma!
    Me gustó el tuyo…Mi voto para ti!

  6. Manger

    7 mayo, 2017

    Excelente relato, JGulbert. Me alegra haberte descubierto. Mis saludos cordiales.

  7. JCruz

    23 enero, 2018

    Hermoso relato amigo, te dejo mi voto.
    Saludos!

  8. David Sánchez-Valverde Montero

    23 septiembre, 2018

    No había leído nada tuyo. Fabuloso delirio metafísico. Me ha encantado. Sobre todo la escena del tatuaje; muy evocador. Una prosa muy elegante.

  9. The geezer

    15 octubre, 2018

    Es tu primer relato que leo, pero me ha gustado mucho ese momento entre onírico y real, si es que hay diferencia jaja. Un saludo
    César

  10. The geezer

    15 octubre, 2018

    Perdón, ya había leído «Jacinto» que también me gustó!

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