Eso que sucede cuando se hace tarde

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Sabe que se hace tarde, lo sabe porque una gota de sudor le atraviesa la frente, porque se ahoga con la falta de aire y más precisamente porque  ha mirado la hora en su reloj. Alza el brazo para mirar otra vez las agujas en la esfera y de pronto su mano se desprende y cae al piso. De todos modos alcanza a ver que faltan cinco minutos para las tres. No hay caso, dice en voz alta, voy a llegar tarde. Y apura el paso. Se da vuelta para ver la mano y su reloj tirados en la calle cuando una baldosa floja en la vereda lo hace tropezar, así que el brazo en el que llevaba el portafolio también se suelta del cuerpo y cae pesado al suelo, arrastrando la manga de la camisa y la del saco. Esta vez piensa en detenerse para levantar los papeles que se desparramaron por el piso, pero se da cuenta que ya no tiene manos, y además son papeles sin importancia; sabe de memoria cada uno de los datos impresos en las hojas que acaba de dejar atrás. Da unos pasos más, suena su teléfono celular dentro de algún bolsillo y se le cae una oreja. Por ridículo que parezca, esto no le preocupa; todavía puede seguir oyendo. Se me hace tarde, vuelve a pensar. Muy tarde, dice. Y la nariz salta de la cara al suelo. Es cuando comienza a correr, y así una de las piernas sale despedida hacia adelante, como si la pierna tampoco quisiera llegar tarde a la reunión, es más, como si la pierna quisiera llegar incluso antes que él. Entonces una ceja se despega de la cara. Luego, pesado, cae también el bigote. Con una pierna menos, a partir de este momento, resulta imposible correr: decide sacudirse la otra pierna. Luego, de algún modo, perderá el torso y parte del cuello.

            Minutos después, nadie en la sala de reuniones se sorprende cuando ven entrar una cabeza rodando por el piso. Media vuelta más y se estabiliza sobre la base del cuello. Cuando alguien en la reunión lo levanta y lo apoya sobre la mesa, la cabeza dice disculpen la demora, tuve un ligero inconveniente. Le acercan a los ojos los papeles del día, y todos en la fábrica de maniquíes se ponen a trabajar.

Comentarios

  1. GermánLage

    21 enero, 2017

    Muy ingenioso, Mace, pero, sobre todo, muy bien contado.
    Un saludo y un voto.

  2. Mabel

    21 enero, 2017

    Muy bueno. Un abrazo Marce y mi voto desde Andalucía

  3. gines

    21 enero, 2017

    Felicidades, ingenioso, imaginativo y con un final sorprendente, de los que el lector ansía descubrir. Me gustó. Escribe! y … nos leemos. Ahí va un voto

  4. lnanta

    24 enero, 2017

    Fantástico, me gusta el detallismo que usas en la descripción. Un saludo y felicidades 🙂

  5. Ricardo

    25 enero, 2017

    Muy buen relato sobre todo el final. Saludos

  6. Opzmo

    6 abril, 2021

    Bien original, muy buen trabajo. Saludos!

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