Tres calles (2)

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Mi primer relato en Falsaria fue publicado en julio de 2015 y tenía un final muy abierto, casi preparado para una continuación que en su momento no me planteé. Por eso quiero dedicar la segunda parte a @patryzairamishel y @lnanta, que expresamente me han pedido una conclusión, así como a @isaacmorales y @germanlr, que quisieron ver también en él la parte de un todo más amplio. Me he visto con ánimos para continuarlo y finalizarlo, y aquí está. Eso sí, recomendando la lectura previa de Tres calles, para no perder el hilo. Gracias, sobre todo por vuestro apoyo estos días. No sabéis lo terapéutico que me está resultando a causa de mis circunstancias personales. Espero, como siempre, que os guste.

oooOOOooo

Son solo tres calles, pero una de ellas es muy larga. En ella estaba, repitiéndose preguntas. Llamaría a Noelia, para avisarle, para decirle que no había pegado ojo, para explicarle que unos gamberros en moto se escaparon de una muerte segura, que su vecino seguía siendo el asqueroso que se palpaba por dentro de los calzones asomado al balcón y que no tenía literalmente puta idea de qué tenía que acabar para llamarla.

Pero no podía; tiró el teléfono con fuerza contra su cama deshecha y no se acordó de cogerlo.

¿Qué quería decir aquel intrigante mensaje? ¿Me llamarás cuando todo termine? Lo necesito. Noelia se había pasado tres pueblos con el suspense. Siempre llamaba él, siempre tenía la disculpa en la boca. Era cariñoso, todo lo cariñoso que puede ser un chico: atento, no empalagoso; romántico, no amariconado; fiel, no sumiso. En definitiva, para Ángel toda su actitud se resumía en una expresión, heredada de su madre, la cual siempre tenía en la boca las palabras mi Ángel es un buen muchacho. Pero ¿era suficiente?

Las máquinas barrenderas escarbaban los bordillos de la Avenida del Doctor Severo Ochoa. El ruido era infernal, y se acrecentaba por el bajísimo volumen del bullicio del centro de Granada en un pleno verano y ya entrada la mañana.

¿Qué tenía que acabarse?

Ángel se desesperaba, no tanto por el momento de hacer la pregunta, sino por la forma en la que la haría. Confesar su ignorancia le traería problemas. Noelia pensaría que no tenía interés en su relación. Ella le reprocharía que no tuviera el día a día de ellos anotado en su agenda. No podía permitirse esa debilidad, porque Noelia es de ese tipo de chicas. Noelia dice lo que piensa, y no teme tener una mala cara por respuesta, porque antepone salir con su cabeza alta y, si puede, llevar la razón. Ángel era solo un buen muchacho, pero nada más. En ese juego perdía siempre.

Torcía la última esquina y ya veía la ventana de Noelia. Estaba abierta de par en par. A diferencia de la suya, que permanecía con la persiana bajada y apenas una pequeña ranura para permitir la entrada de un hilo de aire. La habitación de ella estaría arreglada y perfumada. La de Ángel, por el contrario, apestaba a humanidad. El día y la noche. El orden obsesivo de Noelia contra el caos lógico de Ángel. Pensando en todo eso, y como el autómata que hace lo que debe, su dedo picó el timbre de la puerta sin ser consciente de quién le abrió el portal ni de cómo había llegado hasta allí. Noelia le abrió sin vestir, como si lo esperara, a pesar de mostrarse sorprendida por la visita.

– ¡Ángel! Te estaba llamando y no cogías el teléfono, creí que estabas dormido. ¿Qué tal la noche? ¿Provechosa? Pasa, anda.
– La noche -Ángel no pudo evitar fijarse en las perfectamente formadas piernas de Noelia y en su juvenil belleza, fresca, hasta recién levantada y si peinar-… Bien, bien.
– Chiquillo, estás hecho un desastre y te huele el aliento -Noelia le animaba a entrar tras besarlo con naturalidad-. Pasa al baño y te das una ducha y un repaso, cariño. Tu cepillo está donde siempre.

Noelia volvió al momento, y se encontró a Ángel completamente desnudo. Se mordió el labio inferior cuando pensó en las posibilidades que eso ofrecía, pero bajó la cabeza y le ofreció un juego de toallas y ropa limpia, que ella siempre guardaba en su piso para situaciones excepcionales. Aquella lo era.

Noelia necesitaba sentir a Ángel. Necesitaba hacerlo con él, notar sus besos cálidos en el cuello y los hombros, sentir sus susurros en el oído y abrazarse a él, frotarse, piel contra piel, apreciar que él la deseaba y se moría por ella sin necesidad de decir una sola palabra. Noelia volvió al salón y pensó en ello, tanto tiempo que fue Ángel el que la sacó de sus meditaciones cuando hubo terminado de arreglarse. Sin duda, una ducha y un cambio de ropa mejoran a cualquiera. Ahora el pelo de Ángel estaba igual de alborotado, pero brillaba, sus ojos enrojecidos fortalecían su aspecto de chico triste y afligido, ese que tanto volvía loca a Noelia. Ahora llevaba un pantalón corto de color crema y una camiseta negra sin mangas, que dejaba al descubierto unos brazos perfectamente formados.

En resumen, ahora Ángel parecía no haberse escapado por un túnel del tiempo desde la Edad de Piedra.

– Qué cambio, hijo -Noelia aparcó sus pensamientos húmedos y se recompuso-. Ahora, cuéntame. ¿A qué has venido? No te esperaba.
– ¿Y a quién esperabas entonces? -Ángel hizo la pregunta dándole la espalda y haciendo el ademán de espiar movimientos por la ventana-. Estabas muy… descuidada cuando he llegado. Y tu mensaje de anoche…
– ¿Todavía estás con eso? Por favor, Ángel…
– Me mandas un mensaje indescifrable que me deja sin pegar ojo toda la noche, me presento sin avisar y te encuentro medio desnuda -en ese momento, Ángel se volvió y, como si fuera un policía en un interrogatorio, agarró una silla y se sentó frente a ella con el respaldo por delante-. ¿Qué debería pensar?
– Que es verano, imbécil -Noelia se sentía indignada por la sospecha-. Que estamos en julio, que no son apenas las diez de la mañana y el sol ya quema. Podrías pensar muchas cosas, pero siempre te vas a lo peor. Algunas veces…

A Ángel le importaba un comino que Noelia estuviera en braguitas y camiseta. Era el mensaje lo que le desquiciaba, pero tenía que usar un pretexto razonable para presionarla. Ella, por otra parte, odiaba que él insinuara ese tipo de cosas, nada que tuviera que ver con la infidelidad. Se desvivía por y para él, y si ya no vivían juntos era por respetar la independencia que el reservado Ángel quería para sí mismo hasta terminar lo que tenía entre manos, y que sin saberlo era el origen de todo. Noelia quería a su chico, y no necesitaba coquetear con nadie para darse cuenta.

– Algunas veces no te entiendo -continuó entre sollozos Noelia-. ¿Qué más necesitas?
– Necesito que acabe lo que tiene que acabar, Noelia -Ángel ya empezaba a bajar las defensas y centraba la conversación en el verdadero motivo de su visita-. ¿Pero qué es?
– ¿De verdad no lo sabes?
– Ni puta idea, y te juro que me he dedicado toda la noche a pensarlo, y estoy a punto de volverme loco. Hasta creí que el mensaje no era para mí, hasta pensé que me evitabas y esta mañana he salido como un desesperado, porque me escribías otra vez cosas que no entendía y…
– Tú -la respuesta de Noelia fue corta, tajante, y fue recibida por Ángel con asombro y excitación porque ella continuó con tono muy duro-. Te tienes que acabar tú; tu yo actual. Tu perfeccionismo en algunas cosas y tu dejadez en otras. Tu racionalidad a la hora de examinarme y tu desinterés por ti mismo. Has llegado hecho un guarro y no quiero ver cómo tendrás tu habitación, pero te has pasado una noche pensando en un puto mensaje. Ese máster y ese trabajo final están sacando lo peor de ti, Ángel, y quiero que lo termines de una puta vez para que te acabes en esa versión asquerosa, desconfiada. Quiero que vuelvas a mí. Quiero que acabes ya esa mierda de una vez y pongas los ojos en todo lo que te estás perdiendo a pesar de tenerlo delante de tus narices. Quiero que todo eso que te aleja de mí se termine y que cuando entres por esa puerta no pienses en que estoy casi desnuda, sino en desnudarme del todo y hacérmelo en el primer sitio que pilles libre, porque yo no pienso en otra cosa. Eso es lo que quiero que acabe, ¿entiendes? Y quiero que cuando termine tu excursión por ese puñetero lado oscuro me llames, para que te pueda decir que te he esperado y para que veas que te necesito. Eso es todo lo que se tiene que acabar.

Ángel tuvo que reprimirse para evitar echarse a llorar tras las palabras de Noelia, pero ella se adelantó y puso sus labios sobre los de él. Con los ojos fuera de las órbitas, movida por la necesidad y el deseo, Noelia se deshizo de la escasa ropa que llevaba y guio a Ángel como si para él fuera la primera vez. Hicieron el amor descuidadamente, como lo hacen dos conocidos de mucho tiempo, con confianza el uno en el otro, y Ángel se esforzó en complacer a una entregada Noelia, que reía y lloraba, gritaba y murmuraba. Mezclaba reacciones con la misma intensidad de quien ha deambulado por el desierto una semana y sumerge la cabeza en un oasis fresco. Fue uno de esos polvos del siglo, pero que pueden tener lugar un día sí y otro también.

Ángel se volvió a vestir. Era ya la hora de comer y había quedado con su orientador del máster de inversiones bursátiles internacionales, ese que debía terminar cuanto antes porque le estaba chupando la energía.

– Te llamo después -dijo a una todavía exhausta Noelia cogiéndole delicadamente la mano y besándosela-. Esta noche damos una vuelta y tomamos algo. ¿Quieres?
– Por supuesto -respondió Noelia asintiendo con vehemencia-. Te recojo yo y conduzco, así te puedes tomar una copa o dos.
– Como quieras. A las diez está bien, ya habré salido de la academia y…
– ¿Me llamarás cuando todo termine? Lo necesito.

Aquel fue un beso en el que ambos consiguieron conectarse como si hubiera un cable entre ellos. Había muchas razones para esperar por parte de Noelia, y mucha necesidad de acabar bien aquella etapa por parte de Ángel.

Tres calles, solo eso. Es una distancia, igual de larga hacia Pajaritos que hacia Plaza de Toros. Tres calles que se recorren en el suspiro de los pensamientos, y que separan las maneras de entender la vida, pero jamás pueden separar la intensidad del amor por el que te quiere bien. Ángel se encontró así a las puertas de su edificio. Lástima que todo eso no sirva para mejorar un trabajo de fin de máster sobre inversiones bursátiles. En el móvil, doce llamadas perdidas, cinco de Noelia y siete de su orientador. La vida continúa, pero hay cosas que se tienen que acabar,  todo empieza por hacer la cama y ordenar la habitación. Había una llamada importante que hacer muy pronto y no era precisamente al orientador. Ángel ya tenía ocho de los nueve números preparados.

Comentarios

  1. GermánLage

    19 enero, 2017

    Alguien dijo que «segundas partes nunca fueron buenas». Allá él. Al comienzo se nota un poco que esta parte no estaba pensado antes de concluir la primera pero, a medida que va avanzando, se percibe cómo vas entrando en materia, y el resultado es un relato impecable. Perfecto, Raúl.
    Un cordial saludo, y un merecido voto.

  2. Mabel

    19 enero, 2017

    Muy buena historia. Un abrazo Raúl y mi voto desde Andalucía

  3. lnanta

    19 enero, 2017

    Estoy totalmente de acuerdo con @germanlr. Es un relato que sorprende y entra en detalles es expresivo y además engancha. Por lo menos a mí. Si hay más partes, seguiré leyéndolas 😉 Saludos y gracias Raul.

  4. Vladodivac

    19 enero, 2017

    Abogo por que la continúes Raúl, a quedado perfecta, un abrazo amigo y mi voto.

  5. Patry

    19 enero, 2017

    Me gusta mucho. La desesperación de él, el amor que siente ella y las ganas, deseo Que siente por el. Lo expresas muy bien. Seguiré leyéndote.

    Por cierto, me parece muy bien que escribir te esté resultando terapéutico. A mi también me pasa lo mismo. Escribiendo nos evadimos de los problemas y, a la vez, nos desahogamos recordando.

    No se si estás en un momento malo de tu vida, y si es así lo siento. Pero… ¿sabes qué se dice? Que las mejores historias se escriben en momentos de dolor, de angustia.

    Mi voto y un saludo. Y ánimo. Sea lo que sea, nada es para siempre.

  6. RaulSanGra

    19 enero, 2017

    Solo puedo tener palabras de agradecimiento para todos. Sois geniales. Muchas gracias.

  7. Isaac Morales

    21 enero, 2017

    Este texto me gustó mucho, de verdad. Me agrada la mención inicial de las tres calles. También hay expresiones muy interesantes, como estas: «La habitación de ella estaría arreglada y perfumada. La de Ángel, por el contrario, apestaba a humanidad». («Apestar a humanidad… ¡genial!); «El orden obsesivo de Noelia contra el caos lógico de Ángel». («Caos lógico»). Y la respuesta de Noelia a la pregunta «¿Qué tiene que acabarse?», es muy apasionada, es verosímil.

    Así que excelente texto. No dejes de publicar.

    Cordial saludo.

    • RaulSanGra

      21 enero, 2017

      Es alucinante leer tu comentario. Has percibido detalles que yo ni he tenido en cuenta. Supongo que es lo bueno. Agradezco tus palabras. Van directas al muro de las motivaciones. Un abrazo y nos leemos.

  8. VIMON

    21 enero, 2017

    Un texto excelente, Raul, al que le dejo el merecido diez. Saludos.

  9. nonovazquez

    21 enero, 2017

    Le has encontrado una gran familia a una primera parte que estaba huérfana. Muy bien.

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