Le movió la cabeza. De su boca fluía una espuma verdosa. Desde su posición, Ivar no podía apreciar si Harek había corrido la misma suerte.
El normando se agitó de terror y se sumergió en un abismo de dudas que le bloqueaba el raciocinio. Tal sensación de nerviosismo no dejó indiferente a Grim que, dando por hecho que había logrado disipar cualquier atisbo de suspicacia en Ivar, se aproximó hacia el vikingo, sin molestarse en disimular el desprecio y la vergüenza hacia su compañero acobardado. Enseguida comprobó que el pecho del vikingo se movía muy despacio. Los pulmones se inflaban lentamente y no había ningún rastro verde asomándose por sus labios. Aún estaba vivo. Quizá el veneno aún no hubiera empezado a hacerle efecto, pero eso no explicaba la inesperada muerte de Steinn…
Con la paciencia agotada, Grim agarró el largo cabello de Harek hasta levantar la cabeza en alto, dejando visible la garganta, sobre la que fijó el puñal de plata que ya sostenía con la otra mano. Harek se despertó, atontado.
—Grim… No lo toques… —Ivar alzaba las manos, aterrado, mirando frenéticamente hacia todas partes— sus dioses le protegen… ¿No ves cómo estamos cayendo todos cada vez que tratamos de mat…?
—Contén tu lengua, Ivar, y vigila los alrededores, mientras que hago lo que tenía que haber hecho desde el principio —protestó Grim, apretando los dientes.
De sus espaldas le llegó el sonido de un desenvaine. Acto seguido, Grim sonrió perversamente.
—No c-callaré más… ¿Es que todos hemos de morir para apaciguar tus deseos enfermizos, Grim? Kayssa, la del cabello de oro, solo era una de tantas mujeres a las que has poseído, de tantas que te rechazaron y que violaste igualmente en contra de su voluntad, que prefirió el amor de Harek antes que tu lujuria lasciva. ¿Por eso estamos aquí? ¿No te bastan las muertes de Steinn, Bjorn, y Thorbald para saciar tu vanidad? Deja al vikingo, Grim, o nos llevarás a todos al infierno.
Grim dejó a Harek en el suelo, despacio, y con las manos levantadas en señal de paz, invitó a Ivar a liberar un par de caballos para marcharse. Ivar asintió. Tal vez la compasión hiciera mella en Grim por primera vez, y con ello se calmaría la cólera de los dioses del vikingo.
Nada más volverle la espalda, Ivar sintió un frío gélido atravesando su cuerpo. El ahogo que vino a continuación impedía que sus pulmones se llenaran de aire y al sentir el aliento de Grim, sus ojos se volvieron blancos.
—Trajiste contigo el miedo y la duda cuando te uniste a mi causa y ahora quieres amargarme la noche con remordimientos y misericordias… No te noté tan piadoso cuando la violaste con tanta ansia que empapaste sus pechos con tu saliva asquerosa…
Con decisión, Grim hundió el puñal entero e Ivar y a los pocos segundos los latidos del corazón cesaron. La hoja afilada, capaz de partir en dos un pelo capilar, atravesó su cuerpo como si de manteca se tratase y con la misma facilidad fue extraído, ya no plateado, sino teñido de sangre. El arrepentimiento de Ivar, nutrido de miedo, compunción y lástima, silenció el sonido de sus labios con el sabor de la muerte.
—Aunque bien mirado —le iba diciendo Grim mientras dejaba a Ivar desplomarse—, podrías haberme cedido el turno, porque desde luego que yo sí deseaba clavarle mi verga, por todos los dioses.
—Siempre lo supe, Grim, desde el principio.
La voz obligó al normando a soltar un respingo. A una decena de metros detrás suyo, se encontraba Harek, de pie.
—Ciertamente mojé mis labios con la misma hidromiel que Steinn ya tenía envenenada, pero ya me había protegido antes, con la poción que contrarresta sus letales efectos. Aprecio en tu desconcierto que te estás preguntando cómo sabía tal cosa, Grim.
“Aquella fatídica noche, la que llenaste mi oído con engaños y tretas, sobre cómo mi amada Kayssa había perecido bajo las garras de un enorme oso salvaje, me dejó destrozado. Acudí solo a este oscuro bosque donde en efecto, encontré sus restos, a la entrada de la gruta que daba cobijo al animal. Que estuviera allí, sola, ya me había resultado una cuestión tan descabellada como sin sentido, pero algo más me estaba esperando en ese lugar”.
“El espíritu de mi bella Kayssa se me apareció, brillante como una estrella… me suplicaba auxilio, porque no podía iniciar el viaje por el lago de la muerte hacia la morada de las almas, hasta que los asuntos que todavía la ataban al mundo terrenal hubiesen sido resueltos. Me reveló la verdad, me mostró cómo tus normandos la violaron despiadadamente, y cómo el más bruto de ellos la mató de aplastamiento, dejándote a ti con la miel en los labios y el sabor agridulce de un deseo no complacido”.
“De vuelta, la lloré tanto y me sentí tan perdido y desolado que hasta el propio Odin, conmocionado por ese acto tan vil, se contagió de mi desdicha, iluminando mi mente atormentada con el ingenio de una argucia bien perpetrada”.
—¿Odín? —balbuceó Grim— ¿Pero… cómo pudiste matarlos si…? —ahora se envalentonó y le amenazó con el puñal de plata— ¡Por fuerza tuviste que contar con un compinche, maldito vikingo! ¡Ahora lo comprendo todo! ¡Me arrebataste a esa zorra y ahora vas a morir!
—No lo hice solo, es verdad, pero no es el compinche que imaginas…
Las bravatas del normando se vieron frenadas por un extraño e inesperado brillo de luz cegadora procedente de sus espaldas. Grim se vio obligado a cubrirse los ojos con las manos, incapaz de mantenerlos abiertos debido al intenso resplandor. El instinto de supervivencia le hizo echarse atrás y al hacerlo, trastabilló con el cadáver de Ivar, cayendo al suelo. Al recuperarse, advirtió que el brillo ya no parecía tan intenso, pero de él emanaba una figura humana, la silueta de una mujer con un largo cabello dorado.
—¡Tú! —exclamó, incrédulo— No puede ser…
Era una mujer rubia y muy alta, tanto que incluso a cierta distancia de alejamiento, uno tenía que levantar la cabeza para mirarla a los ojos. El pelo, largo y liso, ondulaba como si marcara el ritmo del tiempo. Delgada y pálida, a la vez que una energía extraña irradiaba de su rostro blanquecino, no eran rasgos que en nada reducían un aspecto muy peculiar: era hermosa, excepcionalmente bella.
Esta desatendió al sorprendido normando. En lugar de ello, fijó su interés en Harek, de cuyos ojos volvieron a escaparse lagrimas. En medio de la aflicción que se había apoderado del vikingo, este pudo percibir cómo los labios de la mujer se movían para decirle algo.
A continuación, la mujer se desvaneció, y volvió la oscuridad para borrar todo rastro de su presencia.
Y antes de que Grim o Harek pudieran reaccionar, se oyó un terrible rugido.
¿SIGUEN SIN CREÉRSELO?
PUES ENTONCES ESPEREN ¡EL FINAL ESTÁ AL CAER!





GermánLage
Pues claro que sigo sin creérmelo. Y, ya que esperé hasta aquí, seguiré esperando ese dichoso final, y… leyendo y… dando votos. ¡A ver!
Eso, sí; y también un saludo, faltaría más.
Mabel
¡Excelente historia! Un abrazo Agaes y mi voto desde Andalucía
Marco-Antón
Joder con el abuelito batallitas, mira que le gusta alargar los relatos…
Sirio
Agaes, mi voto es tuyo.
Manger
Genial. Un fuerte abrazo, estimado escritor.
Errante wey
Hombre, ¡maravilloso!
Skuld
Un capítulo más sensacional. Abrazo!!!
Mariana
Bueno, estoy tan prendada como los demás maestro…que el final sea de asombro!