La marca que evocaba una patraña (Versión Extendida) – FINAL

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Anteriormente…

 

No podía saberse hacia dónde mirar, a pesar de que la luna ya iluminaba toda la arboleda como si fuera de día. Los caballos relincharon y se encabritaron. De no haber estado atados a los troncos, habrían huido despavoridos. Grim, con el puñal agujereando a la misma oscuridad, se dejó dominar por un estado de histeria, algo que para cualquiera que conociese de su espíritu frío y calculador le habría parecido insólito. Tras su estela, los pájaros que descansaban sobre las hojas y ramas se alzaron en una trepidante estampida, e interminables hojas, perdida la frágil atadura con los tallos, comenzaron a desprenderse a mares.

—¿Pero qué locura es esta? —gritó, desconfiando de todos los puntos hacia donde dirigía la vista.

Pero el desconcierto le había dejado tan ciego que no vio cómo un enorme oso pardo se le echaba salvajemente encima. Sin margen de reacción, Grim recibió el primer zarpazo de la bestia, llevándose por delante coraza y carne, y a punto estuvo de arrancarle el brazo derecho, el que asía el puñal que tanto anhelaba usar. El arma cayó lejos de su alcance, tanto como su deseo de venganza, que iba camino de convertirse en otro anhelo irrealizable.

Grim aulló, como si quisiera superar en altura a los rugidos del oso, pero si era debido al dolor que las garras afiladas del animal le estaban ocasionando o era en cambio el pavor que se había asentado en su cuerpo, ni las sombras testigos de la carnicería que vino a continuación lo sabían, iniciada por el ímpetu del oso, tras caer encima del normando y atrapándolo sin posibilidad de escape.

Así, el capricho del destino otorgaba a Grim el papel del jabalí que antes había sido cazado con una trampa bien preparada. El oso se esmeró en lo mejor que sabía hacer y destrozó piel y músculos. La sangre que escapaba a borbotones le excitaba cada vez más y los siguientes zarpazos alcanzaron tal punto de brutalidad que ya no se conformaban con mutilar, sino con descuajar miembros enteros. Grim pereció de la forma más cruel y humillante como puede acabar un guerrero, sin posibilidad de defenderse porque la corpulencia del animal le tenía inmovilizado y cuando encontraba un resquicio por donde propinar un golpe, soltar un pellizco, o simplemente chasquear los dedos, caía en la cuenta de que allí ya no había ni manos ni brazos. La única parte de su cuerpo a la que el rojo sangre aún se le negaba el paso era su mirada blanca y aterrada. Quizá ya no quedaba más sangre para enrojecer nada, pero si uno hubiera podido comprobar que, tras las cuencas que escondían sus ojos aún había pupilas, la más mínima duda de que Grim murió mirando hacia el lugar donde había presenciado la aparición femenina se habría disipado por completo.

Harek se quedó paralizado de miedo al advertir cómo el oso, con las fauces ensangrentadas y los ojos sedientos de más sangre, le señalaba ahora como la siguiente víctima. El tiempo para huir se había agotado. La mujer fantasmal le había robado una parte y la lejanía de los caballos asustados y enloquecidos, el resto. Al oso únicamente le bastaba con dar dos o tres brincos para alcanzarlo y repetir la escalofriante escena de Grim. Más estúpido aún era tratar de esquivar las zarpadas que, viniendo de un animal aparentemente tan lento y pesado, eran esencia de rapidez y reflejo. Tarde o temprano, sus garras se engancharían a su cuerpo y le terminaría cogiendo. A tan patética situación había que añadirle el efecto de la hidromiel envenenada que, a pesar del antídoto, le había consumido mucha energía.

Solo quedaba una cosa, la que la mujer fantasmal le había sugerido antes de desvanecerse.

El oso rugió tres veces antes de enrojecer el bosque esparciendo los restos de Grim a los cuatro vientos y disponerse a avanzar. Harek vislumbró el lugar donde había caído el puñal de plata y aguardó, concentrado, el embiste de la bestia, el cual, no tardaría en hacerse esperar.

El oso se abalanzó hacia él. La sangre sobrante del festín precedente se mezclaba con la espuma que sobresalía de sus fauces, dejando una estela aterradora, porque la luna parecía empeñada en resaltarla por encima de todas las cosas. En el último suspiro, Harek impulsó su cuerpo debilitado hacia un lado y se derrumbó sobre la hierba, suave, que contuvo parte de la caída. Sin perder el tiempo en preocuparse por la conmoción del golpe, rodó hacia un lado previamente escogido. El oso hizo lo mismo, tras apreciar que la presa trataba de escapar. Con el tercero de dos saltos voló sobre el vikingo, potenciado el impulso con un rugido atronador.

Una sombra se antepuso a la luz de la luna y cubrió el cuerpo de Harek. Este, que ya sabia que sus horas estaban contadas, estiró el brazo y lo dejó caer sobre la hierba. La mano experimentó una sensación fría. Cerró instintivamente el puño, habiendo agarrado algo que ocultaba en su interior. El oso cayó sobre él como un diluvio que ahoga montes y cordilleras, en el mismo momento en que Harek estiraba de nuevo el brazo, apuntando al cuerpo peludo con su puño cerrado.

El impacto fue tremendo y Harek convulsionó hasta el punto de reventar, igual que una bota de vino agujereada. Todo su ser explosionó y experimentó un flash de luz instantánea antes de perder la conciencia, que no sus funciones vitales durante escasos segundos, como el oído, lo que le permitió advertir que el desgarrador rugido del oso se iba volviendo cada vez más agudo, hasta degradarse en una profunda respiración ronca.

Después, nada.

Abrió los ojos.

Desvelaron una negrura que no pertenecía a la noche. Bastó un empujón para apartarla e innumerables astros aparecieron resplandeciendo sobre su cabeza.

Una vez libre del voluptuoso cuerpo del oso muerto, Harek sintió que la muerte ya danzaba cerca suyo y se dedicó a revivir los breves momentos de felicidad y alegría compartidos con su mujer, la razón que le había llevado a un bosque que ya albergaba más muerte y sangre que hojas y ramas. Las lágrimas volvieron a aflorar, al igual que el espíritu de Kayssa, rodeado de un umbral de luz blanca y pura. Se acercó y se arrodilló junto a él, al que miró con ojos tan llenos de amor como de melancolía, por más que sus manos finas, carentes de tonalidad, desearan rozar sus mejillas ensangrentadas.

“Ahora podemos descansar juntos, amor mío.

Gracias a tu valor, me ayudaste a rogar clemencia a los dioses que alientan a estos barbaros con el soplo de la guerra, la soberbia y la violencia, a enseñarles que ninguna espada puede doblegar el amor que he sentido por ti,

porque está por encima de todas las cosas, tan fuerte como para ajusticiar a Bjorn con su propio dardo, el primero que me penetró sin consentimiento, como para levantar la pesada hacha con la que destrozar la barriga de Thorbald, la misma que me aplastó y me dejó muerta. Obraste con prudencia y sabiduría, amor mío, cuando bebiste la poción que anulaba el veneno que acabó con Steinn, su propio hacedor. ¿Ivar? Pagó el peor precio de todos al reconocer la culpa y luego llorarla, y con su vida aprendió que no basta con arrepentirse de lo que hizo, sino también del bien que dejó de hacer cuando mis gritos de dolor le suplicaban una y mil veces que dejara de deshonrarme”.

Unos labios que ya no pertenecían al mundo se acercaron a otros rojos de sangre y pasión, y sintieron la fantasía del beso más intenso sin tocarse. Harek cerró los ojos, pero la ingenuidad por pretender eternizar el momento le duró lo que la duda tardó en hacérselos abrir de nuevo, y comprobar que solo las estrellas le estaban haciendo compañía. Al lado suyo, un puñal clavado en el corazón de una bestia todavía exhibía orgulloso su hoja de plata, enjuagada de sangre.

La sacó despacio, y como ya no podía contar con sus piernas destrozadas se arrastró hasta un grueso árbol, el más alto y grande de cuantos se reunían en el bosque. Grabó con el cuchillo el símbolo de una runa, hiriendo su corteza, pero no escuchó ningún gemido. El árbol soportó el dolor en silencio igual que el vikingo en los últimos momentos de su existencia. Con el verbo mágico de la runa, Harek simbolizaba el final de su historia.

Puesto que ni los párpados le obedecían ya, dejó que el aliento se escapara por última vez, inspirado por un brillo resplandeciente, en cuyo interior relucía la imagen de una mujer con los cabellos pintados por un sol dorado y el sabor de un sueño amargo.

Esta, le sonreía complacida.

—…pero en realidad —concluyó Aleksander, en un aire solemne—, el resplandor encerraba el alma de su amada Kayssa, la cual, había iniciado su periplo al Valhalla gracias a las valkirias que la runa de su amado había invocado.

Harald intercambiaba gestos de embobamiento entre el viejo tronco y su abuelo. Este advirtió felizmente que algo se estaba cociendo en su interior. Tal vez, había logrado darle la vuelta al partido.

Finalmente, Harald gruñó.

—¿¡¿Runas?!? ¡Patrañas, abuelo! ¡Son cruces que el bravucón de hermano hace con un cuchillo de cocina para contar las chicas con las que se acuesta!

FIN

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    25 febrero, 2017

    ¡Excelente! Un abrazo Agaes y mi voto desde Andalucía

    • Imagen de perfil de Agaes

      Agaes

      27 febrero, 2017

      Un abrazo y un besote muy grande, andaluza!!!

  2. Imagen de perfil de Marco-Antón

    Marco-Antón

    26 febrero, 2017

    Delicadas historias que los abuelos cuentan a sus nietos, que son unos descreidos.

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      Agaes

      27 febrero, 2017

      (Risas) y si a eso le añadimos la licencia poética del Señor Aleksander… Un abrazo!!!

  3. Imagen de perfil de GermánLage

    GermánLage

    26 febrero, 2017

    ¡Vaya! ¡Con que era eso! No sé si esta vez creerte, Agaes. Porque me lo dices tú, que si no…
    Bromas aparte, me gustó tu historia; un cuento bien trenzado. Enhorabuena.
    Mi cordial saludo y mi voto.

    • Imagen de perfil de Agaes

      Agaes

      27 febrero, 2017

      Pues vete preparando, maestro, que el próximo será muuucho peor (Risas) ¡Un fuerte abrazo!

  4. Imagen de perfil de Skuld

    Skuld

    27 febrero, 2017

    Un final fantástico para una historia excelente, amigo Agaes. Abrazo!!!

    • Imagen de perfil de Agaes

      Agaes

      10 marzo, 2017

      y gracias a ti, por dedicar un ratito a mis relatos locuelos… un fuerte abrazo!!!

  5. Lourdes

    2 marzo, 2017

    Me ha encantado tu cuento Agaes. Escribes fantásticamente (nunca mejor dicho) bien y logras mantener el interés hasta el final.
    Aperaré el siguiente que, estoy segura, superará los anteriores.
    Un abrazo

    • Imagen de perfil de Agaes

      Agaes

      10 marzo, 2017

      Gracias a ti siempre… Con que lo próximo que salga de mi alborotada cabezota sea de vuestro agrado ya me doy por satisfecho… un fuerte abrazo!!!

  6. Imagen de perfil de Luis

    Luis

    4 marzo, 2017

    Buena historia con un final sorprendente, a Portada amigo, un saludo!

    • Imagen de perfil de Agaes

      Agaes

      10 marzo, 2017

      Muchísimas gracias, maestro. Un fuerte abrazo!!!

  7. Imagen de perfil de Mariana

    Mariana

    9 marzo, 2017

    Tengo que contarte…Cuando era niña y no tenía muchos amigos, los libros eran mi compañía constante. La mitología me fascinaba y la nórdica me atrapó de tal manera que hasta aprendí a echar las runas y leerlas…Ya ni recuerdo por qué te estaba diciendo esto! jejeje Me fascinó tu cuento…todo! El final es sensacional…el hilo…todo!
    Espero con ansias cualquier cosa que escribas, hasta un telegrama! jejeje
    Un abrazo y mi voto por siempre.

    • Imagen de perfil de Agaes

      Agaes

      10 marzo, 2017

      Decirte gracias por todos tus comentarios no compensa en absoluto el interés y dedicación que has mostrado con tus palabras… Mientras prosigo con la novela en la que me encuentro embarcado desde hace casi dos años, seguiré repasando los viejos relatos que me llevaron aquí y me permitieron descubrir colegas y escritores maravillosos… ¡en cuanto encuentre un segundo para poner en orden esta cabezota que tengo! —risas. Muchísimas gracias, querida Mariana, estaré muy pendiente de tu trabajo y confío en no defraudarte. Te dejo aquí una reflexión de origen hindú que me ha parecido muy apropiada, teniendo en cuenta tu fascinación por los libros… Un fuerte abrazo!!!

      “Un libro abierto es un cerebro que habla;
      cerrado, un amigo que espera;
      olvidado, un alma que perdona;
      destruido, un corazón que llora”.

  8. Imagen de perfil de Mariana

    Mariana

    10 marzo, 2017

    Oh! Ahora me has emocionado…No temas defraudarme que ya no podrías. Este relato te ganó mi respeto aunque no escribas nada más (que espero que no ocurra!) jejeje En todo caso, ahora aguardo la novela!
    Ese proverbio es una belleza total, gracias por el regalo.
    Un abrazo. Sigue soñando y compartiendo tus sueños.
    Mariana

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