Lo que queda de ti

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—Los días contigo eran un poco mejores.

—¿Qué? —dijo la imagen de ella, que aún seguía en el espejo.

—Eso. Que los días contigo eran un poco mejores.

Ella suspiró y se cruzó de brazos. Como hacía siempre que no le gustaba el tema de conversación.

—¿Y a qué viene eso ahora? —me preguntó, tan molesta como aparentaba.

—¿Pues a qué va a venir? Tu recuerdo está por toda la casa. Joder, si ni siquiera puedo peinarme sin tener que mirarte a la cara.

No solo era su imagen en el espejo lo que se negaba a dejarme olvidar. También estaba su olor por toda la casa, las cajas con sus CD’s aún apiladas en el salón, su ropa sucia todavía mezclada con la mía. Pero su reflejo se llevaba la peor parte porque era el único que me respondía.

—¿Y qué quieres que haga yo? Eres tú el que me está reteniendo aquí.

De locos. Me deja ella, se va de casa dejando una notita, ¿y encima la culpa es mía? Aparte de que no fui yo el que dejó su reflejo atrapado en el espejo…

—¿De qué me estás hablando?

—De que has guardado ese libro que te presté en la estantería para no terminarlo. De que aún espero tu llamada para venir a recoger mis CD’s que no me quieres devolver. Y de que llevas dos semanas sin poner la lavadora por no lavar mi ropa, guarro.

—Eso no es… del todo así —odio su capacidad para hacerme darme cuenta de cosas que no quiero admitir. Y que lo haga incluso siendo un espejo ya es ofensivo—. Yo solo… no sé, pensaba en lo mucho que te echo de menos. Tu ausencia es mucho más grande que yo y eso me supera, ¿sabes?

—Ese es el problema —dijo suspirando de nuevo, esta vez de un modo más amable—, siempre he estado yo primero. Por encima de ti, por encima de tus necesidades. Por eso te sientes así, porque vaciaste todo lo que había en ti para dejarme sitio a mí.

—¿Y qué tiene de malo quererte? ¿Tengo que sentirme mal por querer tenerte en mi vida?

Se quedó callada y me miraba fijamente. No solía hacerlo, al menos no cuando era de carne y hueso. Por eso me costaba tanto mantenerle la mirada, y menos oyendo esas verdades.

—Lo siento, no puedo suprimir tus recuerdos —admití, deseando poder romper el espejo en mil pedazos sin llevarme años de mala suerte… Lo último que necesitaba.

—No espero que lo hagas, pero sí que mires adelante. Tu felicidad está ahí, no atrás conmigo.

Señaló el armario que había frente al espejo y me pidió que mirara ahí arriba. Había una caja con envoltorio de regalo.

—¿Qué es? —pregunté mientras lo desenvolvía. No me paré a pensar en lo estúpido de preguntarle eso a un espejo, pero al fin y al cabo ella sabía dónde estaba.

—Un regalo que dejé antes de irme. Siempre te ha gustado resolver cosas y hacía mucho que querías una nueva afición.

Terminé de abrirlo, era un puzzle. Sonreí.

—En el fondo me conoces demasiado bien.

Miré al espejo, pero ella ya no estaba ahí.

Comentarios

  1. Mabel

    4 febrero, 2017

    Siempre soñamos con el momento pero ese momento solo está vivo en nosotros, en realidad se difumina como por arte de Magia queriendo demostrarnos a nosotros mismos que esa presencia está físicamente. Un abrazo Michel y mi voto desde Andalucía

    • MichelG

      4 febrero, 2017

      ¡Y mi gratitud hacia Andalucía, Mabel! 🙂

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