Marta

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Era una fila, dos personas, tres abrigos y las cuatro de la mañana. Una fila para dejar la ropa, dos personas por un destino que quiso nacer, tres abrigos porque dos llevaba yo y uno llevaba ella y las cuatro de la mañana por el motivo por el que viven los universitarios: la fiesta. Una vez más, habíamos encontrado otro motivo para celebrar. Pero lo que yo encontré esa noche, además de motivos para celebrar, se encontraba en esa fila hacia el ropero, en ese trayecto para alquilar una percha que cuide mi abrigo.

Mientras hacíamos la fila no pude evitar fijarme en ella y por cosas del alcohol en nuestra sangre terminamos hablando. Hubo química desde el principio y las risas nos salían más naturales que las olas. Pensábamos igual sobre la universidad, las distintas carreras y más que nada sobre el ambiente universitario. Éramos, y espero que seamos, conscientes de que la gente en la universidad se mueve por masas. Conscientes de que al ambiente universitario se le ha perdido la autenticidad de los jóvenes.

Desde el principio, cuando me dijo que estudiaba en Barcelona, la envidié porque sabía que en una ciudad grande las cosas cambian… el ambiente cambia. La gente se mueve más a su ritmo, según su manera de ser, según sus instintos. No según lo que dicta la sociedad. Ella lo sabía perfectamente y por eso estudiaba en Barcelona. Y me encantaba. Me fascinaba la idea de que trascienda y no actúe como todos los demás. No porque los demás hacían algo malo, sino porque todos hacían lo mismo.

Me encantaba que ella había previsto el ambiente al que se enfrentaría en Pamplona, a diferencia de mí, y por eso había decidido no ir. A pesar de que muchas de sus amigas estudiaban en Pamplona (motivo de su presencia en la fiesta), había hecho lo que más le convenía y se había quedado a estudiar la carrera en Barcelona.

Después de acabar la fila hacia el ropero y haber hablado un poco de todo, dejamos los abrigos e hicimos lo que queríamos hacer pero para lo que necesitábamos hacer esa larga fila: bailar. Bailamos y bailamos. Hasta en eso había química. La forma en la que nos movíamos acorde con el ritmo de la música era motivo de risa y se reflejaba en nuestros rostros. La noche no dejaba de mejorar. Para mí era evidente que en mi futuro con ella habría un beso. Pero no sabía si en un futuro cercano o lejano.

Salimos a fumar (sí, ella también fumaba), y después de conversar un poco más de nuestras vidas, me di cuenta de que, producto del alcohol, aún no le había preguntado a ella cual era su nombre. Entonces le dije: “Perdón por la pregunta, incluso tal vez ya te lo he preguntado antes, pero no estoy en muy buenas condiciones… cómo te llamabas?”, le dije sonriendo, y ella respondió: “Marta”. Por el interés que me había surgido dada la química mostrada entre nosotros, le pregunté por su apellido y me dijo sonriendo: “Martínez, Marta Martínez”, con un tono de haberse dado cuenta de que iba a buscarla en un futuro. Fue entonces cuando quise darle un beso y ella me detuvo diciéndome: “aquí no”, tomándome de la mano, y llevándome con ella.

Me llevó a un lugar apartado del castillo donde bajamos unas escaleras hacia una zona oscura, pero ligeramente alumbrada por la luna llena. Fue entonces, cuando me acerqué otra vez a sus labios y nos besamos. Nos disfrutamos, y mientras tanto nos reclamábamos un amor que quería, pero que no podía ser, por la distancia. Era como un corredor que podía romper todos los records, pero el destino lo sostenía con mucha fuerza y no lo dejaba correr, así era nuestro amor, con solo un par de horas.

Tenía que hacer algo al respecto, debía hacer algo al respecto. Porque después de un excelente par de horas, me dijo que debía partir a ver a sus amigas, motivo por el que ella estaba en Pamplona. Se fue sin decir mucho porque sería más fácil. A veces es mejor una simple partida que una triste despedida. No sé si ella habrá pensado que como se repite muchas veces el nombre de Marta Martínez, yo jamás sería capaz de encontrarla por redes sociales, pero se fue dejándome pensando. Pensando en si lo nuestro hubiera sido posible. Pensando en si estas cosas suceden porque la vida nos jode o para aprender a valorar a la persona que amas… cuando la encuentras.

Comentarios

  1. Mabel

    28 febrero, 2017

    Muy buen relato. Un abrazo Santiago y mi voto desde Andalucía

  2. GermánLage

    28 febrero, 2017

    Hola, Santiago; como que llevabas un tiempo sin aparecer por esta página; te echaba de menos; echaba de menos relatos como este que, le dejan a uno la miel en los labios y la duda en la mente. Buen relato, Santiago.
    Un cordial saludo y mi voto.

  3. VIMON

    1 marzo, 2017

    Muy bueno, Santiago. Saludos con mi voto.

  4. Lourdes

    3 marzo, 2017

    Hola Santiago!, me alegro de verte de nuevo por aquí, como ya te han dicho, te echamos de menos.
    Tu relato es genial!, yo no se a los demás pero a mi me ha sacado una sonrisa, sobre todo porque el protagonista de la historia se enamora en un par de horas y estando un poquito perjudicado…eso suele ocurrir sobre todo cuando uno está algo bebido y encima se encuentra con una chica guapa y simpática.
    Estoy segura de que se le pasará en dos días.
    Un beso y te doy mi voto porque me parece un relato fresco y divertido.

    • Santiago Accini S.

      3 marzo, 2017

      Muchas gracias Lourdes! También echaba de menos tus comentarios. Gracias por tu comentario sobre el texto y por tu sincera opinión. Un beso y muchas gracias otra vez.

  5. Mariana

    7 marzo, 2017

    Estupendo! Excelente! Que buenas imágenes. Me fascina como se unen las palabras para expresar una idea con atmósfera y emoción incluida, es tan mágico! Te leeré mucho y muchas veces.

    • Santiago Accini S.

      7 marzo, 2017

      Muchas gracias Mariana! Me alegro mucho que te haya gustado y espero que me sigas leyendo! Un cordial saludo.

  6. veteporlasombra

    21 marzo, 2017

    «Era una fila, dos personas, tres abrigos y las cuatro de la mañana.» Cuando he leído ese empiece me he dicho, «este relato no puede ser malo». Me ha encantado. Esa forma que tienes de ir avanzando los acontecimientos sin contarlos, y la de ir añadiendo datos que explican los detalles de la historia. Y el cierre, con esa reflexión sobre la vida, medio abierta. Me alegra haberla leído; un saludo…

    • Santiago Accini S.

      29 marzo, 2017

      Muchas gracias veteporlasombra! Veo que te he transmitido todo lo que me gusta transmitir y me alegra mucho. Un cordial saludo y espero que me sigas leyendo.

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