Veinte días de confidencias compartidas y vueltas en la cama.
Veinte días entre sonrisas, canciones y sueños.
Veinte días que parecen más que veinte días.
Veinte días eternos.
Veinte días desnudando nuestras almas.
Veinte días saboreando nuestras voces, una mirada al infinito.
En veinte días con nuestra esencia servida en bandeja, para deleite del otro.
En veinte días, a mi mundo le diste la vuelta.
En veinte días he salido a la calle con una cara nueva, pintada y lista para revista.
Hace veinte días nadie me miraba al pasar por su lado, y hoy se giran los corrillos cuando paso por delante con mi aspecto de hembra empoderada.
Tan solo veinte días has necesitado para robarme el corazón y llevarlo lejos. Tan lejos y tan cerca, así te siento.
No me creo que hace veinte días me asaltaste, retorciendo mi mente cómo lo haces. Y no es eso lo peor, lo increíble es lo que has hecho conmigo. Si es que, casi, ni me reconozco. Has plantado una sonrisa en mi rostro, y hace ya veinte días que no se me borra.
Veinte días que se me hacen cortos y largos, todo junto, ¿es posible querer a alguien en sólo veinte días?
Si me lo preguntas hace veinte días, te respondo con un rotundo “no” y me río en tu cara. Si me lo preguntas hoy, en cambio, me trago el orgullo, y si quiero ser sincera, responderé de forma muy diferente.
Veinte días y ya sabemos que la vida del uno sin el otro no tiene sentido.
En estos veinte días, que nos han dado para tanto, me he convertido en la mujer de tu vida, y tú, en el hombre de la mía.
Veinte días que han sido los mejores veinte días de mi existencia hasta el momento. Pero que puedo augurar, no obstante, que no van a llegar ni a la suela de los zapatos de los veinte días que están por venir.
Acabamos por sucumbir a un deseo que lleva veinte días gestándose. Nos mantenemos unidos ante un mundo curioso que no sabe, ni puede siquiera, imaginar lo maravillosos que han sido nuestros últimos veinte días.
Tras un primer abrazo tímido, hace solo veinte días, y con los ojos brillantes por la emoción, hoy nuestras almas reconocen nuestros cuerpos y se funden en un beso tierno, suave, amoroso. Un gesto apasionado que sube de nivel con la caricia sutil de nuestros labios unidos. Porque en veinte días ya tenemos claro donde queremos estar los próximos veinte días, y es entre las sábanas y con nuestros cuerpos enlazados, como ahora.





Mabel
Muy buen relato. Un abrazo Jules y mi voto desde Andalucía
Jules
Gracias, Mabel. Siempre ahí, al pie del cañón
Planeta
jules una joya, una maravilla, me ha encantado. mi voto amiga
Jules
Gracias por el apoyo, Planeta
XaviAlta
Molt bo Jules, com ens tens acostumats.
Jules
XaviAlta, un plaer. I espero que els meus altres escrits també t’agradin.