Al despertar, lo primero que vi fue el rostro de mi hermana, que me contemplaba fijamente con sus grandes ojos oscuros. Esbozó una sonrisa y yo se la devolví.
—¡Hola! Ya era hora de que te despertaras —me saludó, con su tono de voz siempre alegre.
—Buenos días, Kim. ¿Llevas mucho despierta?
—No, solo un ratito así. —Juntó sus dedos, dejando un pequeño espacio entre ellos.
Me incorporé levemente de la cama y me quedé sentada un poco, desperezándome.
—Tenemos que levantarnos ya. Si no, vendrán a regañarnos.
—Me parece que no hay nadie en casa. No he escuchado nada y mamá siempre hace ruido cuando limpia.
Medité un momento sus palabras. Probablemente, esa sería la razón por la que había podido dormir tranquila durante toda la noche, en la mejor de las compañías y sin interrupción alguna. Lo que me extrañaba más era la ausencia de mamá, pero preferí no darle demasiada importancia.
Me puse de pie y invité a Kim a hacer lo mismo, ofreciéndole la mano.
—Bueno, si estamos solas mejor —sonreí—. Vamos a ver si encontramos algo para desayunar.
Imaginaba que, seguramente, no habría nada con lo que calmar nuestra hambre mañanera, pero, de la misma manera, sabía que Kim lo tomaría como un juego más. Ella tenía el don de encontrar lo divertido a cualquier cosa. Y así fue. Éramos dos aventureras en busca del alimento perdido.
Efectivamente, la casa se hallaba vacía. Apenas pusimos un pie en el salón, escuchamos un sonido insistente. Alguien estaba tocando a la puerta de la entrada, la que daba a la calle. Me apresuré a acercarme para abrir, no sin antes preguntar quién era, como bien me habían enseñado.
—Soy Andy.
Sentí los latidos de mi corazón acelerarse en cuestión de segundos. Demasiado rápido, para mi gusto.
—¡Hola, Yurani! —saludó risueño.
Y entró, con esa seguridad en sí mismo que lo caracterizaba, sin preguntar siquiera si era bien recibido.
—Buenos días —contesté con educación.
Volví al lado de mi hermana. Ella miraba a Andy con ojos curiosos.
—¡Hola, Andy! —saludó contenta.
Él se acercó un poco y pasó su mano por el revuelto cabello de mi hermana.
—Hola, pequeñaja.
Se dedicaron una sonrisa realmente bonita, una sonrisa de complicidad. Después, desvió su mirada hacia mis ojos.
—No están tus padres, ¿verdad? —afirmó, más que preguntó.
Negué con la cabeza.
—¿Cómo lo sabes? —le pregunté asombrada.
—Anoche estuve con tu padre, en el bar del pueblo. Bebió demasiado y se quedó a dormir en la casa de un amigo suyo. Dijo que no le apetecía ir a casa.
Asentí. La noticia no me pillaba desprevenida. Con bastante frecuencia mi padre se ausentaba de casa durante una noche entera, a veces más.
—¿Y mi madre?
Por un momento, temí escuchar la respuesta. Cuando mi padre estaba involucrado, no podía esperarse nada bueno…
—Me la encontré esta mañana —me informó—. Estaba en busca de tu padre. Le di la dirección donde podía encontrarlo.
Asentí de nuevo, comprendiendo. No era la primera vez que ocurría algo similar y, en situaciones así, mamá solía tardar mucho en convencer a papá para su regreso a casa. A veces, se demoraban incluso hasta el amanecer. Mientras tanto, nosotras no teníamos nada que llevarnos a la boca, pero compensábamos ese hecho con la idea de estar libres, deambulando por casa a nuestras anchas, durante un día entero.
Andy me sacó de mis pensamientos.
—Por cierto, estás realmente guapa.
Tragué saliva con rapidez, sintiendo cómo mi rostro se sonrojaba, sin poder hacer nada por remediarlo.
—Gracias —dije entre dientes.
De repente, sentí como la vergüenza se apoderaba de mí, al darme cuenta de mi estado. Me encontraba recién levantada y mi aspecto era una verdadera pena. Mi pelo oscuro estaba completamente alborotado, con los rizos cayendo por mis hombros sin orden alguno. Por no hablar de mi vestuario, que se limitaba al vestido tipo camisón de todos los días. Crucé los brazos enfrente de mi cuerpo, con señal de pudor. Y escuché a Andy soltar una carcajada, sinceramente divertido.
—No tienes que ser tímida. No conmigo. Te pongas lo que te pongas, eres preciosa.
Me puse más colorada todavía, si eso era posible.
¡Dios! O ese muchacho tenía verdadera labia y esos piropos se los regalaba a muchas chicas más… o verdaderamente le gustaba. Y eso casi me asustaba tanto como me agradaba.
Decidí pasar por alto su comentario y, con actitud despreocupada, le pregunté:
—¿Te ha mandado mi madre venir a avisarnos?
Negó, sin desaparecer la sonrisa de su hermoso rostro.
—No saben que he venido.
Fruncí las cejas. No comprendía entonces el motivo de su visita. Andy me miró sonriente, casi leyendo mis pensamientos.
—Vengo a darte un recado. Quiero que le digas a tu padre que nuestro negocio ha terminado. Sí, ya sé que apenas habíamos comenzado a trabajar juntos, pero me ha salido una buena oferta en el extranjero. Una oferta que no puedo rechazar —añadió.
Sin previo aviso, una sensación de angustia invadió mi mente y mi cuerpo. Temía enormemente seguir escuchándolo.
Andy confirmó mis sospechas.
—Me voy del país. He venido a despedirme.
Tragué saliva. ¿Por qué de mí? ¿Por qué motivo un chico como él, al cual me había dado el lujo de rechazar, se dignaba a despedirse de alguien como yo? No había hecho nada para ganarme su atención.
Intenté con todas mis fuerzas disimular la decepción que me había causado su noticia.
—¿Cuándo? —pregunté, casi susurrando.
—Pasado mañana —se limitó a responderme Andy.
A pesar de que mi cuerpo empezó a temblar de arriba abajo, traté de sonar sosegada, tranquila.
—Te deseo mucha suerte. Si pudiera, yo también haría lo mismo.
Me arrepentí casi al instante de haber usado esas palabras. Habían salido de mis labios sin darme tiempo a pensar, siguiendo solo los impulsos de mi corazón, el cual anhelaba con ansias echarse a sus brazos y salir corriendo de ese lugar.
—Puedes hacerlo. Yurani, si tú quieres, tienes un sitio, en el avión… y en mi vida. A mi lado.
Abrí los ojos como platos. ¿De verdad estaba Andy insinuando lo que yo creía? Estuve a punto de pellizcarme para comprobar si esto no se trataba solo de un sueño más. En lugar de eso, apreté la mano de Kim con fuerza. Ella había permanecido durante toda la conversación a mi lado, en silencio. Seguramente, intentando entender algo de lo que hablábamos, sin resultados. Por muy inteligente que demostrara ser en numerosas ocasiones, al fin y al cabo, solo tenía 5 años.
Al no obtener respuesta por mi parte, Andy siguió hablando, atravesándome el alma con sus penetrantes ojos negros.
—Vente conmigo, Yurani. Me harías el hombre más feliz del mundo.
Negué con la cabeza, pero mis movimientos no fueron tan convincentes como hubiera querido.
—Mi padre no lo permitiría.
—No tiene por qué saberlo.
Entonces, lo comprendí. Él estaba al tanto de todo. Conocía mi situación y el infierno en el que vivía por culpa de mi padre. Tal vez él mismo se lo había contado, orgulloso de sus hazañas. Quise salir corriendo, escapar de esa situación tan subrealista que estaba viviendo; pero mi cuerpo se encontraba completamente anclado al suelo, paralizado.
Andy se limitaba a observarme. Quise evitar su mirada, pero no pude.
—No puedo —dije bajito, convenciéndome más a mí misma que a él.
—Sí puedes —insistió él, terco—. Y sé que también quieres. Algo me dice que, lo que siento por ti, es correspondido.
De pronto, me enfurecí. Una rabia inexplicable recorrió todo mi ser, y no pude más que dejarla salir.
—¡No! —exclamé—. Ya te lo he dicho. No puedo… y tampoco quiero. ¡No iré a ningún lado!
Andy frunció el ceño. Él no comprendía mi enfado repentino, mi actitud defensiva hacia él. No era capaz de entender que estaba revolucionando mi mundo en cuestión de minutos, dejando todo patas arriba con solo unas palabras. Estaba creando en mí una duda, la posibilidad de una vida nueva, un rayo de luz entre tanta sombra oscura. Y estuve tentada a caer en todo eso. Lo odié por ello. Y por solo atreverse a imaginar que me lanzaría a sus brazos y escaparía con él, sin mirar atrás, dejando a la deriva a la persona que más me importaba en el mundo. Apreté más fuerte la mano de mi hermana. Desvié la vista hacia ella y ella, a pesar de no ser consciente de la propuesta que Andy me había ofrecido, me miró con sus ojos tiernos, llenos de amor hacia mí. El corazón se me encogió. Mis ojos se empañaron y seguí apretando firmemente su mano.
—Está bien —dijo Andy—. Como tú quieras. Tenía que intentarlo.
Guardé silencio. Le hice una señal con la mano en dirección a la puerta y él comprendió muy bien mi gesto.
—Ha sido un placer conocernos. —Se dirigió hacia Kim, agachándose un poco para acariciar su mejilla—. Adiós, guapa.
—Chao —respondió ella.
Me di la vuelta, sin soltar a Kimberly, para no observar su partida.
Antes de marcharse, se acercó a mí y me susurró al oído:
—Piénsalo. Todavía tienes tiempo.
Y, acto seguido, abrió con delicadeza mi mano libre y metió algo en ella. El solo roce de su piel disparó en mí un sinfín de emociones y me electrizó la piel.
—No tengo nada que pensar. Nuestra conversación ha terminado —le respondí decidida, pero cerré mi puño con fuerza, guardando lo que me había dado.
Después, el sonido de la puerta al cerrarse llegó a mis oídos. Y fue el sonido más triste que había escuchado en mi vida.





Mabel
¡Excelente! Un abrazo Patry y mi voto desde Andalucía
Patry
Muchas gracias, Mabel.
Esteff
Se va…..se va al infierno. Y no se da cuenta porque ya está en uno. Se va una capa más abajo. Es tan horrible….y la verdad es que a esa edad los demonios reencarnados no se ven, no se vislumbran. Todo relatado con tu maestría enternecedora, con la mirada empática de esa niña, poniéndote en su cabeza, y sé que es complicado. Se me estremece el corazón. No sé si has visto una película soviética que se llama Lilya forever, que tiene muchos paralelismos con tu novela. Si no es así, te la recomiendo. Pelos como escarpias, igual que cuando te leo. Un beso, y felicitaciones.
Patry
No te equivocas para nada. Se va al infierno, queriendo salir de uno para sumergirse de lleno en otro peor. No quiero adelantar nada, pero Andy es un lobo disfrazado, y sabe perfectamente cuales son las presas fáciles. Las niñas como Yurani, jóvenes, inocentes y en una vida injusta, son las más sencillas de engañar.
No he visto esa película, pero me has dado ganas de verla. Escribir esta novela esta removendo muchos sentimientos dentro de mí, sufro por Yurani como si yo fuese ella misma… y me gustaría ver la trama de esa película. La verdad que es un tema complicado de narrar, pero el intento de hacerlo está resultando todo un placer.
Un beso, Estef. Nos seguimos leyendo.
XaviAlta
No nos hagas spoliers!!!
Capítulo menos intenso en cuanto a acción, pero importantísimo para el devenir de la historia.
Una vida tan dura como la de Yurani te despedaza iremediablemente o te convierte en el lobo más duro de la manada. Voto por su madera de líder
Patry
Así es, Xavi. Hay una frase que me encanta: “Lánzame a los lobos y volveré liderando la manada”. Yurani no va a ser menos, es una chica fuerte, o al menos, eso intenta.
Muchas gracias por seguir leyendo y por comentar y dar tu opinión. Un saludo.
GermánLage
Estupendo, Patry, en tu línea más pura.
Mi salud y mi voto.
Patry
Siempre en mi línea, Germán. Y siempre feliz de leer tus comentarios.
Un gran abrazo.
LARRY
Excelente. Mi voto. Un abrazo.
Patry
Muchas gracias, Larry.
Un abrazo.