Demasiado calor para ser invierno – Capítulo III (inédito)

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 Tras terminar de vestirse y hacer desaparecer el vaho que había inundado la totalidad del baño Sophie esbozó una bonita sonrisa. Estaba preparada para afrontar el día con la alegría que le había faltado desde que Michael se había ido. Aún dudaba sobre si su marcha era necesaria o buscada por él, pero no pensaba volver a comerse la cabeza condicionando su mente en base a una pregunta imposible ya de responder.

Era el gran día. Un día especial. Se había prometido olvidar a los hombres, sobretodo a Michael, pensar en el futuro y afrontar las consecuencias de todos sus actos. Se bastaba consigo misma. También en el sexo. Naturalmente ella había mantenido en su poder una serie de juguetes eróticos que empezó a utilizar a partir del momento en el que su sexualidad se liberó por completo. Dudaba sobre si aquella sería una buena forma de olvidar el pasado, aunque ese era un tema al que no pensaba renunciar. En absoluto.

Aquél maletín negro bajo la cama escondía sus mejores y peores secretos. Y los más placenteros. Guardarlos allí le resultaba incluso más excitante.

 

El futuro entonces era esa oferta de trabajo, o más bien esa entrevista que debía realizar antes de la hora de comer y que representaría cómo de bien iba a empezar el “pasar página”.

Precisamente haber sido tan recatada años atrás le ayudó a escoger el mejor conjunto para la ocasión. Se había puesto lo que consideraba más apropiado para parecer formal y discreta, aunque no demasiado. No le gustaba en absoluto que sus méritos fueran reducidos a unas buenas curvas o a unos ojos ensimismados con mirarle el escote. Lo último que necesitaba era a otra persona en su vida, otra que la hiciera sentir tanto y que le dejara tan poco abandonándola. Tampoco pensaba que nadie pudiera hacérselo tan bien como Michael. Ni sentir ni follar.

“Nunca encontraré a nadie como tú”, solía pensar, mientras una mezcla de sentimientos agitaban los latidos bajo su pecho.

 

Salió por la puerta de su apartamento decidida, con ganas de comerse el mundo, sintiéndose la única dueña de su vida y de su cuerpo. Libertad.

Ya en el ascensor, como de costumbre, perfiló un poco más sus labios y retiró suavemente su pelirrojo y rizado cabello del rostro, dejando a la vista unos ojos color miel que reflejaban una nueva actitud ante la vida. Un metro sesenta y cinco y una complexión delgada completaban una elegante pero sexy figura ante el espejo

 

—Entonces… tiene experiencia de dependienta, cuidando niños y de camarera. Todos contratos de muy corta duración… Estudios obligatorios… Nivel medio de Inglés… Estudiante de psicología en la Universidad… —Aquél hombre, que parecía más el jefe que alguien de recursos humanos, seguía leyendo una y otra vez su curriculum como si buscara algún indicio que la relacionara con el mundo de la moda. No había absolutamente nada.

Siempre había sido su pasión desde pequeña, cuando todo en su vida era tan gris que cada color representaba una infinidad de buenas sensaciones y motivos para sonreír. A pesar de tener algunos conocimientos sobre actualidad y nuevas tendencias le había sido imposible dedicarse a ello. Ni siquiera la carrera que estaba estudiando a media jornada tenía relación alguna.

Previendo una drástica negativa que pondría fin a su nueva y positiva etapa se decidió a hablar.

—Si… bueno… desde pequeña he soñado con un trabajo así y me gustaría ganar algo de dinero para poder seguir pagando la carrera. Aprendo rápido y me conformaré con observar y arreglar el papeleo. —Inmediatamente se arrepintió de haber interrumpido el repetitivo discurso sobre su historial. No pretendía ganar el puesto dando pena ni ofreciendo su conformidad con cualquier tipo de trabajo como si estuviera desesperada. Había hecho ambas cosas.

En contra de lo que esperaba, aquel hombre que aparentaba cuarenta y pocos años sonrío.

—Estarás a prueba. Un mes. Así podremos comprobar si vales para esto. A veces me toca el papeleo hasta a mí, así que por eso no te preocupes. —Entonces Sophie descubrió que la apariencia de jefe no era solo apariencia. Antes de que terminara de hablar la ilusión y las ganas de saltar como una loca volvieron a sus pensamientos. Se mantuvo tranquila, intentando quizás mostrar algo de profesionalidad.

No era un trabajo pero era una oportunidad, una oportunidad de cumplir los sueños que tanto tiempo se le habían escapado. Aún contaba con algunos ahorros de aquellos “trabajos a corto plazo” y algunas ayudas familiares. Podría con ello. Era el momento de luchar por un propósito que la hiciera completamente independiente.

Tras agradecer cientos de veces la oportunidad, Sophie abandonó la sala, que se convirtió en merecedora de asentarse de por vida en sus recuerdos.

Antigua pero formal, con mobiliario de madera y acero y un suelo de parquet blanquecino que había conseguido congelarse en su retina.

Aún podía imaginarla, mientras comía en un pequeño bar de la zona y hacía tiempo hasta su entrada a la Universidad. Tener clases por las tardes limitaba su disponibilidad para el trabajo de 8:00 a 14:00, pero seguía pareciéndole una buena idea con tal de progresar y expresar sus sentimientos de la forma que siempre había querido.

 

Una vez en el campus, al que había llegado una hora antes de su primera clase, empezó a recorrer los largos caminos que la llevaban de una facultad a otra mientras observaba los árboles, los pequeños edificios y un sol radiante que iluminaba un precioso paisaje en el que apenas habían estudiantes o profesores merodeando.

Se sentó en el césped, junto a uno de los edificios más aislados, agradeciendo por una vez la soledad. Estaba intentado que el tiempo pasara rápidamente y poder estar en casa lo antes posible celebrando por su cuenta la buena noticia.

Lo cierto era que no tenía apenas amigas. Su relación con Michael la había alejado de todo el universo a su alrededor, algo a lo que ahora le estaba costando acostumbrarse.

Se recostó sobre la fina hierba que tenía a su espalda y cerró los ojos.

Inevitablemente y, sin buscarlo en absoluto, empezaron a volver las imágenes que le recordaban cada momento de los últimos dos años. Trató de inhibirlos, una vez más, pero enseguida se dio cuenta de que era más fácil rendirse ante ellos.

 

El sexo oral no era lo único nuevo que probó una vez había decidido poner de su parte y complacer a Michael con su propia lengua. A los pocos días de aquello él también quiso sorprenderla y apareció en su casa con un regalo. No le dejó abrirlo.

Tan solo puso su dedo entre los labios de Sophie lentamente y la llevó a su habitación. Luego la tumbó y vendó los ojos con su propia camisa. Ella se dejaba hacer. Estaba intrigada, a la par que increíblemente excitada.

Mientras él la desnudaba ella se mordía los labios y empezaba a pellizcarse lentamente los pezones. La única condición era no bajar sus manos de sus pechos, y así lo hizo.

A los pocos segundos de empezar a mojar su ropa interior escuchó un ruido, una especie de vibración que sentía cada vez más cerca.

—¿Michael? —Preguntó en voz alta, sin poder evitar gemir mientras lo hacía. La oscuridad y la experiencia de no poder ver nada de lo que ocurría era tan misteriosa como increíblemente erótica.

Sin mediar respuesta sintió como su tanga de encaje recorría sus piernas hasta dejarla desnuda. Luego la vibración hizo que comprobara por si misma la sorpresa que Michael le había preparado.

Nada más notar cómo rozaba su clítoris gimió y apretó con más fuerza sus pezones, al borde de correrse en apenas segundos. Sintió como un extraño objeto entraba y salía de ella mientras Michael deslizaba su lengua entre sus piernas y se acompañaba de sus dedos para darle un placer desmesurado.

Fue ese día cuando empezó a sentir la necesidad de expresarse mientras follaba. Quería decir esas palabras que nunca se hubiera imaginado que saldrían de su boca. Deseaba que él también se las dijera. Solo quería más, más formas de disfrutar de su cuerpo y del de Michael.

 

—¡Me corro! —Solo hicieron falta un par de segundos más para que Sophie dejara de contenerse y empezara a humedecer las sábanas. También el rostro de Michael, que continuó sobrepasando cada límite de lo pasional hasta que ella le pidió que parara. Estaba exhausta.

Tanta intensidad en tan poco tiempo…

Entonces creía que nada podría ser mejor que aquello.

 

Con el tiempo aprendió que no era más que el principio.

Comentarios

  1. GermánLage

    6 marzo, 2017

    No cabe duda, David, que sabes atrapar el interés del lector, tanto por el tema, como por la forma de escribir. Tu estilo, fluido y preciso, me encanta. Desde el punto de vista novelístico, sigo a la espera de ver la trama.
    Mi cordial saludo y mi voto.

    • DavidGMescritor

      6 marzo, 2017

      Muchas gracias, amigo Germán. Me alegro mucho de que te vaya gustando esta novela y espero que siga siendo así con lo que vaya escribiendo. Respecto a la trama, debido a la increíble falta de tiempo que tengo ahora mismo y, al estar en proceso de creación de una nueva en la privacidad, intento que se trate de capítulos breves e impactantes que atrapen al lector. Un saludo y gracias como siempre!!

  2. Mabel

    6 marzo, 2017

    Muy intenso y profundo con una gran delicadeza en las palabras, me ha impresionado. Un abrazo David y mi voto desde Andalucía.

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