La mañana estaba fría y oscura, con el cielo repleto de nubes negras que indicaban la inminente lluvia, con nosotros ya dispuestos en la cocina apunto de desayunar.
Había intentado de todas las formas convencerlo de que se quedara pero era en vano, él y su fanatismo y amor al trabajo podían más, así que me hizo levantar para que le preparara su café y lo acompañe en el despertar como casi todos los días de nuestra larga vida juntos, era una religión que siempre disfruté por más frío, cansada, enferma o cualquier otra vicisitud, total luego de su partida volvía a la cama a seguir durmiendo.
Esa mañana igual había sido diferente a todas, me había levantado con una angustia en el pecho que me comprimía y un sabor amargo en la boca que presagiaban, luego entendí, la tragedia.
Ya habíamos culminado la comida matinal y nuestras charlas, momento en el que se dispuso a marchar, recogió todas sus pertenencias y se despidió como siempre con un tierno beso y un abrazo que esta vez casualmente había sido el más largo y fuerte de los que yo recordara.
Ya sola en la casa y preparándome para acostarme cuando de pronto el sonido de un arma abriendo fuego me paralizó y una gélida sensación de muerte invadió mi cuerpo. Estuve petrificada parada en medio de la habitación por unos segundos que parecieron horas y de repente la desesperación me poseyó y salí corriendo hacia el exterior, en camisón y pantuflas, bajo la lluvia que ya había comenzado.
Una vez fuera reboleaba mi cabeza para todos lados tratando de ver algún indicio víctima de esa pistola y noté al cabo de unos instantes que el agua que circulaba fuerte por el cordón del pavimento debido a la tormenta venía sucia y de color rojo intenso, de color sangre.
Comencé a correr hacia la esquina de la que provenía el agua contaminada y el terror que sentía era cada vez más agudo y lo que pensaba se hacía cada vez más real.
Al llegar y girar hacia el lado de la cuadra me encontré con la horrible verdad; en medio del pavimento se encontraba el cuerpo de mi compañero, de mi hombre, del amor de mi vida, inerte y con un halo de sangre a su alrededor. En ese momento sentí que el corazón se me detenía, que la respiración se me detenía y noté que mis piernas desaparecían provocando que mi cuerpo se desplomara en el suelo con un mar de lágrimas que surgían de mis ojos.
Me arrastré casi sin fuerzas y logré alcanzarlo para llorarlo y despedirlo abrazada a lo que quedaba de él, despotricando contra la injusticia, contra dios, contra la sociedad, contra la vida, en medio de la lluvia y de vecinos curiosos que salían de sus casas alertados por lo acontecido y con la sirena de la policía que se escuchaba de fondo acercándose.





Mabel
Muy buena historia. Un abrazo Martín y mi voto desde Andalucía
MarGus
Muchas gracias Mabel siempre tan amable!! Saludos y nos estamos leyendo!!
GermánLage
Trágico, pero bien narrado, Margus. Me gustó la intensidad con que está escrito.
Mi saludo y mi voto.
MarGus
Muchas gracias Germán, es un honor!!! Saludos!!