Yo le canto al caos (Miscelánea)

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Con la cara roja de tanto esfuerzo, le sale de repente una aleta dorsal como globo al hincharse, y luego una ventral y otra y otra. Caminando hacia el mar va dejando un rastro de pelos hasta que salta al agua sonriendo. El depredador llega un instante más tarde olisqueando el rastro, el depredado le hace un corte de mangas desde el agua.

¿Es casualidad que a varios de los deportes favoritos de este mundo-el fútbol, el baloncesto, el tenis, el beisbol- se juegue con una esfera, forma compartida con los planetas? Quizás los dioses también juegan al fútbol y, nosotros, sin todavía saberlo.

Introduce sus piernas en el río y el frío gélido le hace olvidarse por un momento de su herida en el costado, el cual oprime con su mano izquierda. En la derecha sostiene una espada a duras penas. Con cuidado de no resbalar en los cantos rodados y algados, va cruzando la corriente con el agua hasta la cintura. Una flecha silba su melodía mortífera muy cerca mientras se agarra a una rama de un árbol en la otra orilla. Renqueante se guare de las sucesivas flechas en el tronco de un viejo castaño hueco. Con la espalda contra la madera y sentado, maldice la fortuna en el campo de batalla. La sangre se le escurre por las costillas lamiendo su piel hacia la cintura. Rechinan sus dientes con fuerza. Oye gritos y una nueva flecha se hunde en el exterior del tronco del castaño. Cierra los ojos, sabiendo que le queda poco tiempo. No obstante, aprieta con más firmeza su espada.

Un tigre se desvistió sobre el suelo y un elefante se olvidó sus colmillos sobre una mesa adornando un reloj digital. Las cortinas son de terciopelo y las sábanas más suaves que la seda. Él baila en calzoncillos con una botella de champán en la mano en medio de la habitación y ella sonríe tumbada desnuda en la cama. Acaba la botella y la lanza haciéndola añicos contra la pared. Acto seguido sale al balcón a observar la ciudad. Las luces potentes del distrito financiero hacen contraste con las barriadas más humildes de la urbe. Sonríe repasando todo lo que ha conseguido y enciende otro cigarrillo con satisfacción.

Ese chaval tiene el cerebro sometido al caos. No hay cohesión ni coherencia en lo que habla y escribe. Parece que su mente vaya por delante de sus actos y palabras. Me acuerdo de que en la facultad, cuando nos mandaban escribir algo, lo hacía como le daba la gana, sin tener en cuenta que los textos han de tener una estructura definida para facilitar la comunicación. Quizás no quiera comunicarse con éxito. Él decía que tal y cómo pensaba, escribía. Párrafos fuera de sitio, ideas que no vienen a cuento. Es como si su pensamiento fuese un eterno sistema de inflexiones.

Antonio apoya la cabeza contra el cristal de la ventana y se fija  en los postes que se suceden rítmicamente contra la luz del atardecer. Uno tras otro van pasando prácticamente sincronizados con el latido de su corazón. Cierra los ojos intentado sin éxito conciliar el sueño porque su cerebro no deja de producir ideas que apunta en una pequeña libreta. Cuidadosamente, recoge cada una de ellas a través de dibujos o simple caligrafía. Una preciosa caligrafía cursiva.

Los últimos rayos del sol se estampan contra las ramas creando sombras fantasmagóricas y efímeras. Sabe que su mente, por frágil, puede colapsarse en cualquier momento y aprovecha el tiempo para dejar todo por escrito en un intento quizás vacuo de lograr la inmortalidad. Ya lo retomará cuando venga la calma tras la tormenta. Mira a su alrededor ansioso. Últimamente evita a la gente y se siente incómodo rodeado de personas. Todo ese baile de ilusiones, todas esas apariencias y ojos huidizos. Prefiere el remanso de tranquilidad de su habitación. Los chillidos y los olores fuertes de aquí afuera le son demasiada información para procesar. Prefiere su caballete y el ordenado desorden de los óleos tirados por el suelo. Esta timidez crónica tampoco le ayuda pero hace ya tanto tiempo que es su compañera de viaje que la ha aceptado como causa de sus frustraciones y también alguna que otra  virtud. A la timidez le debe un rico mundo interior que le sirve de contrapeso a una realidad esquiva que trata de entender. Es cierto que, más veces de las que debería, se entrega a adornar su interior, ese que solo un puñado de gente conoce porque yace cubierto de capas y capas de  un escudo metódicamente armado a través de los años.

            Vuelve a reclinar la cabeza en el asiento. Ya está llegando al destino. El tren es engullido por la estación con sus altas cristaleras y su trajín. O al revés, quizás. El tren engulle la estación. Ella le espera en el andén. Sabía de memoria cada ángulo de su silueta. Sabía de memoria sus manías, sus filias y sus fobias. Sabía hacerla reír, y eso era importante, y fácil, puesto que solo tenía que hablar para que ella se riese de su fuerte acento del norte.

            Su voz exclamada parte el frío diciendo su nombre y a él se le eriza el vello de los brazos como si fuesen brotes germinando en busca del sol. Se dan dos besos formalmente y se miran a los ojos diez años más tarde buscando los cambios. Pero los irises son los mismos, las mismas estrías, los mismos círculos, el mismo tono. Él busca ávidamente ese colmillo rebelde que le da tanta personalidad, ella disfruta al ver su perenne pelo indomable que tantas veces ha acariciado viendo una película o tumbados en los parques esperando reenganchar con las clases las noches de alcohol, risas y cigarrillos.

-¡Cuánto tiempo, Lara!

-Y que lo digas, Antonio. ¿Vamos a tomar algo?

-Claro que sí. ¿Qué te parece el bar aquel cutre que tanto nos gustaba?

-¿El Xeitoso?  ¡Vale!

-Vamos, que hace frío y no nos vendría mal algo caliente.

Los dos comienzan a subir camino del bar. Las hojas ocres vuelan en espiral a su alrededor, como si celebrasen el encuentro. Pasan la plaza y se meten en el sitio convenido. Es una especie de pasillo alargado, a un lado las mesas, al otro la barra, capitaneada por aquel hombre cojo diez años más viejo. La luz es tenue, la televisión anuncia el comienzo de un partido. Las botellas de alcohol brillan en las estanterías como si fuesen estrellas tentadoras buscando marineros sedientos. Sentada en un taburete una mujer de párpados caídos mira un punto fijo del suelo. Tiene los dedos amarillentos.

-¿Qué tomáis, chicos?

-Un café descafeinado, por favor.

-Una cerveza.

            El dueño del bar se dispone a preparar las consumiciones y ellos reanudan su conversación.

-Te veo bien, Antonio.

-He dejado de fumar y no bebo más que ocasionalmente.

-Me alegro por ti. Tú que estabas día borracho y otro también.

-Sí, supongo que bebía más de la cuenta…Yo también te veo muy bien.

-Estoy bien. No me quejo del trabajo y la vida me ha tratado bien. Pero todo ha cambiado tanto…

-En el tren me he acordado de las vacaciones que nos pegábamos en la desembocadura del Miño. ¿Te acuerdas de que tú querías tomar el sol todo el tiempo y yo insistía en pescar? Éramos tan distintos pero era tan divertido discutir. Me acuerdo de lo graciosamente que te fumaste aquel porrillo como si hubieses fumado toda la vida.

-Me acuerdo muy bien de Caminha. Era muy chula, con todo a mano. Me acuerdo de la mezcla del agua salada con la dulce. Me acuerdo de ver el monte de Santa Tecla allí enfrente. Y, a pesar de tantos años, recuerdo especialmente un día soleado en que los bancos de niebla se tragaron el monte y avanzaron sobre la playa en un pispás.

-Ya llovió, ya. Sin embargo, parece que fue ayer. Parece que fue ayer cuando nos reíamos de todo. Todo era tan fácil…Fumando al sol en tu terraza haciendo un estriptís, paseando por las piedras del casco viejo, dormidos en cualquier cama. ¿Te acuerdas de aquella noche en que en durmiendo me arañaste el pecho? Yo me desperté lanzando improperios y tú, ajena a tus acciones en un sueño, te volviste a dormir.

-Sí…

-Siento lo que te hice sufrir a veces.

-Yo también siento el daño que te hice. Fui egoísta, tú pedías perdón por todo y yo creía que perdonar era una debilidad.

-No te preocupes. Ya pasó todo. Somos diferentes ahora.

-¿Tú crees? Yo me siento la misma con unos poquitos años más. El tiempo ha pasado de golpe y tal vez no me ha dado tiempo de cambiar. Es cierto que ahora tengo más responsabilidades pero me siento la misma.

-No sé qué decir…El cambio es lo único de lo que estoy seguro. Yo me siento cambiado pero tienes razón, quizás permanezca una especie de caja negra en nuestros cuerpos. Una caja negra que aúna todo lo que es innato, como mi timidez.

-O tu impulsividad.

-O tu belleza.

-Venga ya. Mira que eres…

-Es la verdad. Nada más que la verdad. Y sabes que no te digo las cosas porque sí.

-Bueno, vale. ¿Oye, y qué fue de Juan?

-Está en Ámsterdam. Le va bien. Hablamos de vez en cuando.

-¿Y Vicente?

-Como siempre, trabajando en lo mismo. Poca novedad.

El tiempo se va deslizando cual serpiente viscosa transportando recuerdos y porvenires en uno u otro sentido hasta que se confunden. La noche ha caído y nuestros dos amigos salen a pasear por el parque. No hay deseo, no hay pasión ni rencillas. Solo una cierta complicidad. Solo, una, cierta, complicidad.

Una avioneta corta el aire del cielo y abre una trampilla en su vientre, dejando caer bombas y pequeños trozos de papel (Una de cal y otra de arena). Alargo una de mis extremidades y cojo un papelito, que leo en voz alta:

Perros de paja,

En la cumbre hoy,

En el cieno mañana.

 

Perros de paja,

Ardiendo como estrellas en la noche

Sin nadie que les eche de menos,

Locos absurdos que corren

Hacia ningún lugar en concreto.

 

Perros solitarios

Sin más corolario

Que el paso del tiempo,

Devorándolo todo hasta

Dejarnos en los huesos.

 

Solo paja, solo perros

Perros de paja ridículos

Intentando abarcarlo todo

Sabiendo que es vano.

 

Perros de paja

corriendo frenéticos

Hacia el final

Preguntándose cuánto quedará.

Acabo de leer el poema y miro de nuevo hacia arriba. Esquivo varias bombas y me vuelvo a las profundidades a ver qué se cuece. Una hembra me saluda coqueta. Palote pongo el tercer brazo derecho y lo hacemos sin más protección que la que nos da la cueva.

Yo le canto al aleteo de los pájaros, al sonido del agua precipitándose desde las montañas, a la forma de las nubes que pasan por mi ventana. Canto a los humanos que se saben animales, canto a las virtudes y también los defectos, canto a Fibonacci y los satélites y los potentes telescopios que nos permiten comprender mejor de qué va esto. Canto a la inocencia y la verdad. Canto con la voz y el corazón a todo lo que se mueve, a las plantas que toman el sol, a las golondrinas, a las corrientes marinas y el hielo de los polos. Canto a aquellos que ayudan a hacer el mundo un sitio mejor. Canto al sol. Y a la luna. Canto a cualquiera de tus perfiles y a las huellas que dejas en los caminos. Canto a las leyes naturales. Canto en silencio y en voz alta. Yo le canto al paciente que espera hasta el final. Yo le canto al caos. Yo le canto al caos. Sí, señores y señoras, a eso yo le canto.

Comentarios

    • AVM

      30 marzo, 2017

      Buenas Temor, gracias por comentar y votar. Un abrazo!

  1. Estefania

    29 marzo, 2017

    Cantemos todos al caos, pues.
    Me encantó tu relato. Los diálogos aún más. Y esas flechas que silban a milímetros de la cabeza de uno….
    Un saludo y mi voto.

    • AVM

      30 marzo, 2017

      Hola Esteff! Me aegro que te haya gustado en general y las flechas en particular. Uno no sabe de dónde vienen. Unabrazo!

  2. Mabel

    29 marzo, 2017

    Muy bueno. Un abrazo Andrés y mi voto desde Andalucía

    • AVM

      30 marzo, 2017

      Gracias de nuevo Mabel. Un gran saludo

  3. csquerea

    29 marzo, 2017

    Joder, me ha gustado. El cambio de tono de flujo turbulento a laminar y otra vez turbulento me hace cosquillas en las meninges. Por cierto, los dioses juegan a la petanca. Un saludo.

    • AVM

      30 marzo, 2017

      Jajaja, hola. Y yo sin saber que jugaban a la petanca. Gracias por el apunte y pasarte por aquí a votar y comentar. Un abrazo

  4. GermánLage

    29 marzo, 2017

    Un texto original donde los haya, tanto por el contenido como por la estructura. Su lectura ha sido un placer.
    Viendo desde mi ventana el monte de Santa Tecla, mi saludo y mi voto para ti, Andrés.

    • AVM

      30 marzo, 2017

      Hola Germán! Bonitas vistas por esa zona. La conocerás mejor que yo, paisano. Muy agradecido, como siempre, por comentar y valorar. Un abrazo

  5. Lourdes

    29 marzo, 2017

    Querido Andrés…creo que lo consigues. Al menos conmigo lo consigues. Me sorprendes siempre. Me gustaría saber si lo haces a propósito o es que te sale de esa manera. De cualquier forma me gusta.
    Un beso.

    • AVM

      30 marzo, 2017

      Hola querida Lourdes. Celebro que te haya gustado pues no creo que sea un texto muy atractivo desde el punto formal. Muchísimas gracias por pasarte por aquí y nos leemos.

      Bueno, a mí me sale así pero también requiere tiempo para casar las distintas partes o que tenga un mínimo mínimo de coherencia jaja. Un beso, compi

  6. gonzalez

    1 abril, 2017

    Me gustó mucho. Como extrañaba tus relatos, amigo. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.

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