Mientras el alma duerme

Escrito por
| 49 | 6 Comentarios

Llevabas mucho tiempo dormida. Siempre te había gustado dormir mucho. Yo mientras pasaba las horas recostado a tu lado, observándote, y entre ratos, leyendo poesía. Afuera caía lluvia, y entonces para mí no existía nada más romántico que aquel momento de tenerte lejos, habitando otros mundos, conquistando otros sueños, y sin embargo sentir tu respiración sobre mi hombro. Yo te veía mientras dormías, a veces soltabas un chillido entre sueños, otras sonreías y hasta lograbas soltar una risa a medias, con los labios temblando. A veces parecía que hablabas, exclamando palabras sueltas y frunciendo las cejas, o por el contrario, liberando la tensión de tu frente y tu cuello. Yo te observaba, te observaba mientras dormías plácidamente. Veía cómo tus pestañas a veces se movían sobre tus párpados cerrados, como si pareciesen que estuvieran danzando. Veía los lunares sobre tu frente, tu cuello, aquellos sobre tu pecho. Alzaba la mirada para ver tus pequeños senos perfectos, aquellas dos curvas que apenas sobresalían de la blusa de tu pijama, viéndose tan suaves, viéndose tan redondos, a veces húmedos del sudor que desprendía la piel de tu cuerpo causado por alguna pesadilla o algún otro sueño. Veía tus pies descalzos que se asomaban al final de las sábanas blancas, tan pequeños, juntos el uno con el otro, dándose calor y buscando a los míos como por inercia. Subía un poco más la mirada y entonces alcanzaba a ver un poco de tus tobillos, después imaginaba yo el final de aquel recorrido: tus piernas, tus rodillas, tu sexo, tu ombligo… tu ombligo. Ay, si te vieras ahí dormida, tan pequeña, tan tierna, te hubieras amado tanto como te amé yo durante ese tiempo, te hubieras aferrado a esa cama, a esas sábanas, como yo lo deseé para toda la vida. Pero tú dormías sin imaginar siquiera que yo moría por besar esos tus húmedos labios, que en pequeños instantes se entreabrían y dejaban escapar uno que otro suspiro; yo moría por tocarlos con la yema de mis dedos, con la yema de mis labios, de mis dientes, con la yema de mi alma. Y tú dormías, como imagino duermen los ángeles entre camas de laureles con sus rostros de niños recién nacidos. Y yo te veía, contemplando tu belleza, tu silencio y todo lo demás que te hace ser tú, mi lejana princesa bella. Tu cuerpo dormía, hasta que una mañana, cuando no había más lluvia, al fin despertaste. Abriste tus ojos de par en par, e imagino que me sentiste a tu lado porque volteaste a verme por sobre tu espalda.

- ¿Has estado todo este tiempo aquí?- Me preguntaste mientras me obsequiabas la más bella sonrisa.
- Sí.- Respondí, mientras te rodeaba con un brazo y atrayéndote hacia mí.
- ¿Y qué estuviste haciendo durante tanto?- Me besaste el pecho.
- Esperándote.- Respondí. Y al fin te besé en los labios.

< VDL >

* Pintura de Pino Daeni.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    2 marzo, 2017

    Muy buena historia. Un abrazo Víctor y mi voto desde Andalucía

  2. Imagen de perfil de JGulbert

    JGulbert

    20 mayo, 2017

    Me ha gustado mucho el relato. Sensual y sosegado. Un abrazo

  3. Imagen de perfil de arcano

    arcano

    30 mayo, 2017

    Muy bueno, con una cadencia muy atractiva y sensual en la descripción.
    Felicidades y mi voto.

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Abrir la barra de herramientas