No hay dolor que no venga acompañado

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—Te daría mi alma para cambiar todo ese tiempo que desperdicié en fiestas y banalidades, con tal de que me dejes pasar ese tiempo a su lado.
—No es posible —desde su silla respondió desinteresado mientras jugaba a darle vueltas a la punta de su cola.
—¿Por qué no, gran señor?
Se inclinó hacia adelante y, mientras despedía azufre por la nariz, burlón respondió:
—Porque hace años me vendiste tu alma para obtener todas esas fiestas y banalidades.

El hombre no pudo parar de llorar ante el cuerpo inerte de su amada y más que nunca detestó la ironía del creador. No sabía que ella había vendido su alma para salvarlo del tormento eterno. El diablo, jamás lo mencionaría.

Comentarios

  1. Mabel

    14 marzo, 2017

    ¡Me encanta! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. GermánLage

    14 marzo, 2017

    ¡Como para fiarse del diablo!
    Buen relato, Aback. Mi saludo y mi voto.

  3. Ratón

    1 mayo, 2017

    La aterradora doctrina del tormento eterno: Borges decía que al igual que su contraparte, la gloria eterna, resultaba completamente desproporcionada ya que el hombre es un ser finito, como todas sus acciones.

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