Capítulo 9. La larga tutela del serbio Lokvicic

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Cuando pusieron rumbo al nuevo hogar, la noche pareció tragarles como boca de lobo. Mediante atajos y calles nunca vistas, les condujeron hacia el corazón de la nada, dónde la soledad confraternizaba con la paz, donde ningún edificio hacía sombra a los rayos solares y no se escuchaba más que el ulular de las lechuzas o el despertar madrugador de los gallos. Hectáreas y hectáreas de tierras, solares sin construir, edificaciones rudimentarias sin acabado, trampas subterráneas, ni rastro de vida cotidiana o social, todo era terreno empantanado y cercado, el suelo conservaba huellas de pisadas de hombre, y allá a lo lejos se alzaban hermosas e impresionantes llanuras y explanadas, inmensas y con horizontes infinitos. Algunos accidentes geográficos podían vislumbrarse a lo lejos. En medio de todo ese olor a campo, a barro y a polvo en los caminos, trazados con adoquines torcidos, rotos y sin color de tan antiguos, Alain se sintió un superviviente con piel, huesos y sentimientos reales por primera vez en su vida. Parecía tan diferente a la noche en la que aterrizó por vez primera… y he aquí su recompensa. Entonces, con el alma de un lobo solitario que tramaba integrarse en la manada, ganándose el respeto patriarcal, superando todo tipo de pruebas y sucumbiendo a las más salvajes jerarquías, con los ojos atentos y con la vida entera cargada sobre las espaldas, exploró mejor el territorio. Se metió su olor en el fondo de la memoria, y conservó las primeras sensaciones en el más fiel de los recuerdos. Ya no habían fogatas para malbaratar tan asfixiante sublimidad, ni cánticos soeces para corromper el apacible silencio envolvente de la naturaleza, sólo interrumpido levemente por el tímido susurrar del viento que coqueteaba con las hojas inquietas. Respiró hondo y se impregnó de vida inanimada, quiso perderse entre dunas y altiplanos, protegerse en una crisálida anidando donde las ramas más altas de las alsacias y las borgoñas, que parecían haber sido testigos de tantas cosas, cuyos troncos anchos y torcidos evidenciaban el transcurso de cientos de años. Cuántas vidas en un constante ir y venir habrían contemplado esas cortezas rugosas y duras, cuántos ciclos vitales, nacimientos y muertes, cargando tan pobladas y pesadas ramas. Se embriagó de terruño y labrantío, y decidió anclar allí sus propias raíces desde ese preciso momento, olvidando todo lo vivido antaño. Hacer todo lo posible para evitar desprenderse de esa magnanimidad espiritual e imperiosa que le empujaba hacia adelante. Y por primera vez, se sintió agradecido por el devenir de sus propios acontecimientos, y cogió aire.

Sólo la tutela, que era únicamente el inicio de todo un proceso, duró cerca de dos años; tras el aprendizaje vino un largo tiempo de prácticas repletas de desconfianzas, sudores y sacrificios. Fueron veinticuatro meses de entrenamiento arduo, con objetivos muy fijados llevándose consigo numerosas bajas, conociendo a hombres por los que luego daría la vida, forjando su pecho con el acero más indestructible, sufriendo todas las fases del dolor para poder finalmente conocer sus vertientes y vencerlo sin esfuerzo, y así acabar convirtiéndose en un controlador nato de la psique humana.

Probó en carne propia las consecuencias de fatales errores en la lucha, todo su cuerpo acabó soldado de principio a fin, una vez hubieron de introducirle implantes de titanio. Pero sobrevivió, como siempre hacía. Obnubiló su mente y la colmó de inmensa gratitud, seleccionando sus escrúpulos, que comenzaron a ser mínimos, madurando a pasos agigantados, aplicando perseverencia, temple y filosofía en cada una de sus acciones. Así se le pasaron dos años, en un aprendizaje sin descanso ni tregua, que consiguió hacerle más duro que el borazón. Así se fueron olvidando poco a poco sus padres, se le olvidó su hermano, su vida en las calles, sus robos a comerciantes, casi se le olvidaron las burlas, los abusos y su abecedario de signos y símbolos vengativos. Su mente se abocó, toda ella, en directrices estrictas, en ejercicio físico extremo y extenuante, en entrenamientos rigurosos y severos, en empuñar armas, en aburridas y repetitivas clases teóricas, en disparos eficaces, en golpes letales, en competir consigo mismo y con los demás, en potenciar su autoestima y luego complejo de superioridad, en conocimientos vastos de anatomía humana, en una buena defensa, en un buen uso de la psicología de percepción visual, en controlar traicioneras expresiones corporales a priori involuntarias, en técnicas para amedrentar, en hacerse el estómago de cemento a prueba de aprensiones y remilgos, en obedecer sin cuestionar a su padre adoptivo y a sus secuaces, que trataba como a familia y que tanto bueno le habían proporcionado; en proferirles cariño y respeto. Un sentimiento más profundo se le antojaba inadmisible en esa coyuntura, porque pasara el tiempo que pasara, seguía durmiendo con medio ojo abierto por si acaso amanecía con una daga clavada en el corazón.

“-Mi nombre es Stellan. Soy serbio. Mi vida fue tan áspera como lo ha sido hasta hoy la vuestra. No hay nadie en la faz de la tierra que os pueda entender mejor que yo, y por eso debéis confiar en mí. Soy duro, soy implacable, soy exigente y soy perfeccionista. Pero también soy comprensivo, paciente y protector. En estos terrenos se os hará hombres, se os adiestrará, os convertiremos en máquinas envidiables, no os podéis imaginar el alcance del poder que acabaréis conquistando, os haré fuertes e infranqueables, os haré de hierro. Prometo que todos los ataques rebotarán en vuestro armazón, en que se reconvertirá vuestro pecho, y quedaréis inmunes a ellos. Prometo no dejaros en la estacada jamás. Prometo velar por vuestras vidas y por vuestra dignidad, pero quiero algo a cambio Quiero vuestro compromiso y vuestra lealtad, quiero que os dejéis la piel cada día sin flaquear, luzca un sol inclemente, granice, llueva o nieve, que me demostréis que no me he equivocado, quiero que juréis mantener una disciplina incuestionable, que declaréis día tras día ser chicos con valores, con afán de superación; que prometáis no temer a nada, deseo escuchar con la mayor de la sinceridad que libraréis batallas uniéndoos a nuestro grito de guerra, que saldréis a la arena sin miedo a las consecuencias, que vuestro culo será el último en salvarse en caso de naufragio, que si el barco se hunde lo hará con ambos dentro.

En esta casa nos regimos por una jerarquía de escalafones militares. Empezaréis por pertenecer a la simple tropa, soldados rasos en ciernes, tendréis que trabajaros los ascensos mediante méritos. Llevaremos a cabo una rutina inamovible y estricta sin dar lugar a excusas de ningún tipo. Cualquier pretexto, cualquier retraso, cualquier ausencia, será castigada debidamente triplicando lo evitado. Quedan descartados enteramente cualquier tipo de vicio, desde el tabaco hasta el alcohol, y cualquier derivado de los mismos. No soy tolerante respecto a la impuntualidad ni las faltas de asistencia, tampoco referente a las vacilaciones y a la aprensión. No quiero ningún vago pululando sobre mis tierras, tampoco a ningún cobarde. Cada día os levantaréis a las cinco de la mañana con el canto de los gallos y correréis hasta veinte kilómetros matutinos con un peso a vuestras espaldas que iréis aumentando paulatinamente. Llegará un momento que os sea incluso liviano. Desayunaréis y llevaréis a cabo una rutina de intenso ejercicio físico basado en carreras de obstáculos, con el fin de mejorar vuestra fuerza y resistencia, a contrarreloj. Quiero mejoras de las marcas diariamente, será algo inadmisible que no os esforcéis y, por lo tanto, no se vea reflejado en vuestra evolución. Y también os amonestaré por ello. Os arrastraréis por el fango en pleno suelo, con alambres de púas amenazantes sobre vuestras cabezas, controlaréis vuestra respiración bajo la tierra, saltaréis vallas a riesgo de romperos las pelotas, treparéis por cuerdas y os colgaréis de ellas hasta que lo consigáis realizar con agilidad y facilidad, saltaréis muros con el fuego pisandoos los talones. Escalaréis por esos obstáculos que habréis vislumbrado a lo lejos, con forma de escalera de hormigón a siete metros de altura y estrechez en el peldaño superior, así controlaréis cualquier temblor y toda muestra de nerviosismo. Porque no habrá nada que os pare el golpe ahí abajo, y ahí abajo lo único que hay es el suelo, inclemente y duro. Porque la realidad no dispone de colchones para las caídas. Así que más os vale aprender a concentraros y conocer vuestro cuerpo, dominarlo, también averiguar vuestras flaquezas, con tal de aprovecharlas y hacerles frente. Sólo si os enfrentáis a los miedos podréis conquistarlos. Venceréis vuestras fobias, y sólo resistiendo con tal exigencia os haréis más fuertes. Cualquier duda os hará caer, cualquier caída os hará morir, así que no os queda más remedio que henchiros de seguridad y de valentía. Os enseñaremos a defenderos en luchas cuerpo a cuerpo con armas blancas y cortas, haciendo el ruedo cada vez más estrecho, y no quiero ver almohadones ni acolchamientos: la única manera de aprender es pincharse. La única forma de conocer el valor de la herida es que sangréis vosotros mismos. Cuando sorteéis el peor de los navajazos, cuando uno de ellos acabe rasgándoos la piel, entenderéis qué es lo que se debe y no se debe hacer; cómo actuar, con qué y dónde. La única manera de aprender es viviendo las consecuencias en carne propia. Os instruiremos en movimientos básicos de boxeo: jab, cross, uppercut, crochet, hasta que os desmayéis de agotamiento, hasta que soñéis con esos nombres cómo si de vuestras novias se tratase, hasta que os ardan los nudillos por las noches. No es realmente importante, únicamente pretendo que tengáis nociones para luego potenciar vuestros instintos. A pelear se aprende peleando, y adquirir técnicas propias y válidas es uno de los objetivos de vuestro entrenamiento. Tras almorzar procederéis a las clases lectivas, se os instruirá sobre materias esenciales, la cultura siempre supone un poder; principalmente aprenderéis anatomía. Quiero que conozcáis cada punto del cuerpo humano, cada colocación de cada hueso, cada debilidad, cada posicionamiento de cada músculo y cada órgano, cuál es el más letal, cuál es el más duro, cual es el más débil, qué comporta despedazarlos, cómo ha de ser un golpe para que el resto de la maquinaria deje de funcionar, cómo se quiebra, cómo se fractura, cómo se consigue inmovilizar, cómo se consigue provocar el dolor más desgarrador que hayáis conocido jamás. Cómo se puede matar dejando vivir, cómo aplicar el más cruel de los sufrimientos. Más adelante, si os las merecéis, os obsequiaré con armas, aprenderéis a amarlas y a hacerles una ágil puesta a punto, sin dar tiempo a pestañear, a cargarlas incluso con los ojos cerrados. Al final del día, ayudaréis en los trabajos más precarios, os encargaremos ciertas labores básicas y fundamentales que acabarán avezándoos con tal de empezar desde abajo como meros peones, y a medida que demostréis vuestra valía, os iremos recompensando e iréis ascendiendo en competencias. Todo os lo habréis de ganar, y cuando lo hagáis, os aseguro que la satisfacción y la motivación serán incomparables, degustarlas lo mejor de vuestras cortas vidas.

Esto que tengo aquí es un contrato de franqueza y, aunque no tengáis edad, aunque no haya una responsabilidad legal que os respalde, necesito vuestra firma de compromiso. Aquí no se explica más de lo que yo os acabo de comentar. Esto es sagrado, quiero que durmáis con él bajo la almohada, es el papel de vuestro honor, de vuestra entrega, de vuestra responsabilidad, de vuestra dignidad y lealtad. Si falláis a este papel, me falláis a mí. Si traicionáis mis expectativas, me embargará la decepción. Y me haréis el más desgraciado e infeliz del lugar, por lo que habré de tomar decisiones cruciales que no deseo siquiera mencionar. Sólo tenéis que implicaros, esforzaros, confiar, y todo será fácil, llano y provechoso. Confiad en mí y os haré indestructibles.

Yo una vez fui como vosotros, y un día, tras curar mil heridas, tras sufrir mil caídas, tras llorar mil lágrimas, tras cumplir mil castigos, resurgí del lodo y me abrí en canal para subsistir. Para seguir resistiendo. Y entonces me hice invencible, así como seréis vosotros. No os resultará un camino fácil, pero será nuestro camino, lo haremos juntos, y os aseguro que acabará siendo el más agradecido de todos los que existen.”

Los dos chavales quedaron un tanto intimidados y pétreos, como piedras, tras el extenso discurso explicativo, a veces amenazante, a veces reconfortante, una de cal, otra de arena.

Gabriel chocó con sus miles de titubeos internos, con sus propios inseguridades y traumas, tembló ante su torpeza e ineptitud referente al deporte y al esfuerzo físico, tembló ante las reacciones adversas y la desilusión que comprendía, sus articulaciones se agarrotaron y un cosquilleo le invadió por dentro, y esas obligaciones diarias le quitaron todo el entusiasmo anterior por los anteriores regalos y esas promesas de vida dichosa. De repente, ya no quería estar allí. De repente, las esperanzas se desvanecían y quería volver al internado, volver a sentirse seguro, allí dónde las obligaciones no eran tan severas, dónde las exigencias no eran tan rígidas, dónde no todo tenía represalias desconocidas. Ese hombre le inspiraba pavor.

Alain era todo lo contrario. La competitividad siempre fue su juego favorito, adoraba el deporte extremo, incluso recibiendo palizas, incluso tornándose contra su cuerpo, incluso hasta caer de agotamiento, poniéndose al límite y sacando el hígado por la boca. Le apasionaba la intensidad ardua porque le suponía una prueba del propio poder una vez conseguía el triunfo. Y ceñudo como era, ese triunfo siempre venía, más tarde o más temprano: darse por vencido estaba fuera de todo planteamiento. Curtirse en las peleas, destrozar al adversario, clamar venganza y hacerla plausible se convertía en una de sus mayores complacencias. Lo que a él le asustaba de veras eran esas horas lectivas, ese menosprecio en otras miradas cuando advirtieran su ineptitud, esas dificultades que le avergonzaban cada vez más a medida que crecía.

-Yo no sé leer.

Acertó a decirle al serbio, tajante, cuando éste les depositó ese contrato delante de sus narices, comiéndose su orgullo, mostrando con sinceridad y sin ánimos de fingir su flaqueza más transparente, la que más le corroía por dentro en silencio, la que hacía años que no le dejaba dormir por las noches. Lo único que exacerbaba su envidia para con los demás. Ahora exponía ante ese hombre imponente, con plena desnudez, el punto donde poder llegar hasta sus entrañas. Algo que congratuló y aprovechó el viejo Lokvicic.

-¿Sabes leer aunque sólo sea un poco? ¿Una palabra, una frase?

Alain, ruborizado y cabizbajo, no pudo mirarle a la cara porque eso era lo único capaz de encharcar sus ojos, y lo último que él quería en esos momentos era evidenciarlo con tantísima claridad.

-Palabras sueltas. Quizá frases, aunque me cuesta mucho. Las letras me bailan.

Con un paternalismo inaudito del que Alain nunca disfrutó, Stellan cogió la cara del chaval con las dos manos y la alzó para mirarle de frente, para trasvasarse en sus ojos y comenzar a hacerse un hueco en sus sentimientos. Empezar a instaurar su figura como imprescindible.

-No te preocupes, hijo. Lo conseguiremos, con tesón, poco a poco. Todo irá bien. Aquí todo irá bien. Jamás tendrás que volver a preocuparte por ello. Poco a poco. Cuidaré de ti. Aquí todo irá bien. Si tú miras por mí, yo miraré por ti.

Y así fue como Alain fue entrando en esa telaraña opresiva y sin salida casi sin darse cuenta, esa malla hecha con cientos de tejidos, con materiales recios y despiadados, con muchas intenciones sin salir a la luz, con finalidades poco claras.

El lobezno esquivo y aislado encontró una mano con comida, y no se planteó si ésta tenía veneno o era sana. Simplemente, hambriento y con todo el agradecimiento del mundo, se relamió de gusto y se dispuso a devorar, inocentemente sumiso, y a hacer méritos para devolver el favor, y así finalmente poder ingresar en la manada.

 

Comentarios

  1. DeepFunk

    10 abril, 2017

    Me ha gustado cómo lo has ambientado. Un saludo y mi voto.

  2. csquerea

    10 abril, 2017

    Esteff me ha gustado mucho, has descrito con agilidad e interés el ingreso de Alain en la manada, la escuela de samuráis, mercenarios, la tribu … en fin, la fuerza de la manada es el lobo y la del lobo la manada.
    Un fuerte abrazo, nos seguimos leyendo.

    • Estefania

      11 abril, 2017

      Muchas gracias!! Sí, aún no sé ni yo si el chaval se me ha ido de Guatemala a Guatepeor, pero a ver cómo salgo de ésta. Sobre la marcha y eso jeje Un abrazo y seguimos leyéndonos!

  3. Mabel

    10 abril, 2017

    ¡Excelente historia! Un abrazo Estefanía y mi voto desde Andalucía

  4. Patry

    10 abril, 2017

    Guau. Impresionante, Estef. Me ha gustado en especial el discurso que les ha dado Stellan. Me huele mal el asunto pero, sinceramente, no se qué es peor. Porque, allí donde estaba, sólo sabían hacerle daño, tanto físico como psíquico. La verdad es que, mientras lo leía, iba imaginando que yo era uno de esos muchachos y pensaba como Gabriel. Dios donde me he metido… me quiero ir dé aquí jajaja seré miedica!! Pero me gusta, me gusta el hecho de que conviertan a Alain en una persona tan fuerte. De los tres protagonistas, no se por qué, yo siempre lo he visto el más bueno. Ahora quiero ver cómo sigue el asunto… y me muero De ganas por conocer sus gustos esos raros jj.
    Un beso grandísimo y sigo leyéndote.

    • Estefania

      11 abril, 2017

      @patryzairamishel muchas gracias bonita! Sí, creo que ha mejorado, y aunque no está en el mejor de los sitios al menos se siente más reconfortado. Viniendo del infierno, cualquier otro sitio es mejor. De ahí la diferencia entre los dos chicos: Gabriel no tuvo que soportar tantos abusos.
      Yo soy igual de miedica que tú, por eso no te preocupes. Yo estaría llorando todos los puñeteros días jeje
      No sé si el más bueno de todos, creo que no hay ni buenos ni malos, solamente personas con traumas más o menos profundos -en esta historia, digo-. Pero, como ya sabes, siento predilección por el francés. Debe ser el conocido “charme”.
      Un beso, seguimos leyéndonos!

  5. Patry

    10 abril, 2017

    Yuhuuu. Con mi voto vas a portada jeje. Un abrazo guapa.

  6. GermánLage

    11 abril, 2017

    ¡Bueno!, otro breve descanso, aunque cargado de fuertes premoniciones. Ayer tocó viajar de nuevo.
    Desde Bruselas, un cordial saludo, Esteff, y mi voto, claro

    • Estefania

      11 abril, 2017

      @germanlr siento envidia sana. Mucha envidia sana jeje ¿Puedo ir contigo en el avión? No ocupo mucho, me cojo un libro y ya no se me oye, ya aprendería técnicas de contorsionismo jeje (bueno, en realidad sí que ocupo jeje pero ya aprendería a doblar más las piernas).
      Sí, vamos a respirar lento un poco. A ver qué pasa luego, a veces no lo sé ni yo. Espero que te siga gustando, y si no, que me lo hagas saber. Confianza absoluta.
      Abrazo para los dos y disfrutad!

  7. Bartu

    12 abril, 2017

    Relatos que en realidad son novelas. Muy bien escrito. Tienes mi voto.

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