Sostiene Vitorio, con un enorme escalofrío, la carta que dictamina un desahucio inminente. Una brutalidad digna de almas sombrías. Almas desalmadas, crueles y despiadadas.
Sentado entre la lobreguez de su hogar resultaba difícil para Vitorio, aun entre terribles lágrimas, recordar todo el trabajo que tuvo que emplear para conseguir el cálido hogar que ahora tendría que despedir a la fuerza.
Con ochenta años tras su azotada espalda, recuerda su infancia desvanecida por la fatigosa labor del campesinado. Noche y día, día y noche labrando, desde los siete años, las fatigosas tierras. Derramando sangre, pensando en un esperanzador futuro que acaba de esfumarse.
Las lágrimas corrían sobre su tez, morena y arrugada, como un torrente de tristeza, mientras contemplaba los recuerdos enmarcados en las paredes de su casa.
La oscuridad parecía adueñarse de la minúscula habitación de Vitorio. Pensaba.
-¿Dónde voy a vivir ahora, si apenas tengo nada?
Golpes en la puerta. Los monstruos se acercan.
(Por la defensa de una vivienda digna para todo ser humano. Defendamos nuestros hogares.)





Mabel
Todo esto que sucede y está sucediendo es una brutalidad. Como tantas familias se quedan sin hogar que durante toda su vida han logrado con tanto esfuerzo. La vida sería de otra manera si pensáramos en ellos, solo nos reconforta el saber que en cualquier momento esto puede terminar, la esperanza es lo último que se pierde y es la que nos hace seguir adelante. Un abrazo Alma y mi voto desde Andalucía.
Lauper
Desgarrador, me ha encantado. Maravillosamente bien escrito. Conmovedor. Saludos y mi voto.