Larga ausencia

Escrito por
| 85 | 8 Comentarios
Has venido.
 
Tenía que hacerlo, linda.
 
A estas alturas, pensé que me habrías olvidado.
 
¿Olvidarte? Jamás. ¿No es cierto que el sol sale cada mañana? Me dije y te escribí que volvería por ti.
 
Pero ha pasado mucho tiempo.
 
Lo sé.
 
No supe como esperarte.
 
Lo entiendo.
 
No tenía nada a lo que aferrarme.
 
Sí, es verdad.
 
¿Y qué se supone que debemos hacer ahora?
 
No lo sé. Me prometí volver a buscarte. Eso he hecho.
 
¡Pero es que llegas muy tarde!
 
Bueno, entonces, entiendo que no te alegras de volver a verme.
 
No es eso, claro que me alegro. Fuiste alguien muy importante en mi vida. Me diste alas. Pero me las entregaste y me dejaste sola. Sin enseñarme primero a volar. Y me he pegado bastantes batacazos en este tiempo.
 
Tuve que hacerlo. Era una locura quedarme, las consecuencias si me capturaban sabes que podrían ser nefastas. Decidí sobrevivir.
 
Te esperé cada día, durante varios meses. Me sentaba en esta estación y veía pasar los trenes. Uno tras otro, durante más de media hora. Nunca apareciste.
 
Lo siento mucho. Debería haber sido más sincero contigo. Las implicaciones que tenía estar a mi lado… En lugar de eso, te aparté. No me habría perdonado ponerte en una situación difícil.
 
Me casé. Tengo hijos.
 
Vaya. Enhorabuena, aunque sea tarde para felicitaciones. Por la boda y por los niños.
 
No seas cínico.
 
¿Y qué haces aquí?
 
Nunca he dejado de acudir. Cada martes, a esta hora. No te esperaba, pero ya tengo el hábito cogido. Me resulta imposible marcharme sin haber visto pasar, al menos, 3 trenes.
 
Fue muy duro abandonarte. Abandonar el país. Empezar de cero en otro lugar.
 
Si, ya… El drama del refugiado.
 
Ahora la cínica eres tú.
 
Pues sí. No te voy a quitar la razón. Pero no ha sido fácil sobrellevar la situación. Al principio fue muy duro.
 
Cada día me despertaba pensando que debería haberte llevado conmigo. El último día que nos vimos ya sabía que en horas iba a huir. Pero no me atreví a decirte nada. Fui muy cobarde. Tú parecías tan dichosa, me relatabas tus planes para el futuro, ¿recuerdas? Había demasiada ilusión en tus ojos, no podía ponerte en esa tesitura.
 
¿Y qué pintaba yo en México? No. Yo no me habría separado de los míos. Y, además, estaban mis sueños. Aunque quizás si habría renunciado… No lo sé. Ahora es muy fácil decir lo que habría o no hecho, a posteriori.
 
Si te hubiera planteado la situación, te habría obligado a escoger. Sabes que no era mi estilo. Me lo habrías echado en cara toda la vida.
 
Bueno, eso es relativo. Te he echado en cara el haberme dejado, pero no estabas aquí para saberlo.
 
Vuelves a estar en lo cierto. Siempre fuiste una mujer muy lista. Ahora explícame: ¿Cómo sabes que estuve en México?
 
Lo supe hace algunos años. Un conocido común, familia lejana tuya, en realidad, lo averigüé ese día. Coincidí con esa persona en un velatorio, imagina, y me contó de ti. Me dijo que fue allí dónde huiste. No sabía de nuestra estrecha relación, no quise desvelar nada. Fue muy curioso.
 
Bueno, ahora ya no hay peligro. Se acabaron los años oscuros de la dictadura y la represión.
 
Me toca a mí, creo. Quid pro quo. ¿Cuándo volviste?
 
Hace un par de meses. Estuve un tiempo en Santiago, arreglando unos temas, nada importante. Hace dos semanas volví a Barcelona.
 
Vaya. Te ha costado localizarme.
 
No. Nunca te he perdido la pista. Lo que me costó fue reunir el valor para acercarme a ti.
 
Te he echado mucho de menos, ni lo imaginas.
 
Pero ya estoy aquí. Dispuesto, si tú quieres, a continuar lo que dejamos a medias.
 
¿Estás loco? Ha pasado mucho tiempo.
 
Pues me miras con el mismo brillo en la mirada que entonces.
 
Una mirada bordeada de arrugas.
 
Yo también tengo arrugas, y el pelo cano. El tiempo es inexorable. Para ambos ha pasado por igual. Aunque tú estás estupenda, no aparentas ni por asomo tu edad.
 
Siento no poder decir lo mismo.
 
Mira, ya empiezas a meterte conmigo, igual que antes. No han cambiado demasiado las cosas entre nosotros, ¿lo ves?
 
No razonas. No se puede posponer el amor. No podemos volver a entonces, y seguir ahora con lo nuestro, sin más. Sí han pasado muchas cosas. Yo, sin ir más lejos, me casé y tengo hijos.
 
Tus hijos son ya mayores, y tu marido murió hace tres años.
 
¿Cómo lo sabes?
 
Siempre te seguí la pista, siempre. Siempre estuve a tu lado, aún lejos.
 
¿Es que has estado vigilándome en las sombras durante toda mi vida? Me estoy empezando a enfadar mucho, te lo advierto.
 
No te he vigilado. Pero sí he tenido mis contactos. Me han informado cuando pasaba algo relevante en tu vida. Me mantuve accesible a las personas que podían darme referencias tuyas.
 
Eso es casi enfermizo. Me estoy asustando.
 
No. No debes temer nada. No a mí, al menos. Jamás te haría daño.
 
Error. Lo hiciste. El dolor me acompañó mucho tiempo.
 
Ya te dije que lo sentía. Tengo la sensación de haber tirado por la borda mi vida, de haberla malgastado, lejos de ti. Sé que no puedo recuperar todo ese tiempo perdido, pero me gustaría saber si podemos revitalizar aquellos sentimientos. Al verte hoy, todos mis sentidos se han puesto sobre alerta. Me he sentido igual que entonces, hace tantos años. Incluso creo que mi corazón ha empezado a latir con el empeño en que lo hacía, fíjate. Y estás ahora incluso más bonita.
 
No, no me toques. No es el lugar ni el momento.
 
Pues vayamos a otro lugar donde podamos seguir hablando. ¿Podemos seguir hablando? ¿Prefieres que me vaya, descansar, recuperarte de la sorpresa, y quedar mañana?
 
No lo sé.
 
No volveré a desaparecer. Nunca más. No pienso irme a ninguna parte. Te he visto sonreir, no lo puedes disimular. Nunca fuiste buena actriz. ¿Quieres seguir hablando conmigo? Puedo sentir en tus gestos que sí.
 
Sigues tan observador como antes. Hay cosas que nunca cambiaran, ¿verdad?
 
Exacto.
 
Tampoco aceptarás una negativa a volver a vernos, me imagino.
 
Estás en lo cierto, linda. Veo que recuerdas lo obstinado que fui, y que sigo siendo.
 
De acuerdo. Ahora debería marcharme. Pero nos veremos mañana. ¿Recuerdas el café en el que solíamos tomar chocolate con churros el último invierno antes de que te marcharas?
 
¿No me digas que existe ese local, después de tantos años?
 
No. El edificio no resistió los últimos bombardeos. Fue demolido lo poco que quedó de él, cuando las cosas se calmaron y el país volvió a la “normalidad”. Pero un poco más adelante, en esa misma acera, hay otra cafetería muy coqueta. No he entrado nunca, pero parece muy acogedor. Se llama “Café Cabaret”, hace esquina y se ve su interior por los amplios ventanales.
 
Allí estaré. Dime a qué hora.
 
A las seis de la tarde. No, mejor a las seis y media. Nos vemos.
 
¿Puedo darte un beso como despedida?
 
De acuerdo. Me alegro de verte, de verdad. No pienses que no es así. Me alegro, y mucho. Solo que no lo esperaba.
 
¿Sabes qué? Hueles tan bien como recordaba. Nos vemos mañana a las seis y media.
 
***
 
Hola. ¿Hace mucho que esperas? Me entretuve con uno de mis hijos, lo siento.
 
No te apures. Llegué muy pronto. Me cansé de dar vueltas a la manzana y decidí entrar.
 
No, no es necesario que te levantes…
 
Por supuesto que sí. La educación la mantengo intacta. No seré yo quien no retire al asiento a una dama y le ayude a acomodarse. Un sitio muy bonito, como dijiste. Y tranquilo.
 
Siempre fuiste un caballero, es cierto. Y de trato agradable.
 
¿Y qué va a tomar la señora?
 
Un café solo, por favor. Bueno, pues ya me tienes aquí. Dispuesta a escuchar lo que me quieres decir.
 
Ahora no sé cómo empezar.
 
Pues como todo, comienza por el principio. ¿Si te pregunto algunas cosas me contestarás con sinceridad?
 
Por supuesto.
 
¿Tienes familia? Quiero decir… ¿has formado una familia?
 
No. No me mires con esa cara. No te estoy diciendo que no rehiciese mi vida, ni que haya vivido como un monje en el retiro de un monasterio. Hubo un par de mujeres importantes en mi vida, pero no formamos familia. Con la primera se intentó, pero no hubo manera. Con la segunda no me interesó tenerla.
 
¿Fuiste feliz?
 
En cierto modo, lo fui. Aunque siempre te extrañé y te pensaba. Tú sí te esposaste. No tardaste demasiado.
 
¿Intentas decirme algo?
 
No, no te apures, no te pongas a la defensiva. Entiendo que no ha sonado muy bien, conforme salían las palabras de mi boca, me iba arrepintiendo… Lo siento. No era eso que piensas lo que pretendía decir.
 
¿Ah, no? Pues me sonó a reproche.
 
No, por favor. No soy yo el más indicado para reprochar nada. Te abandoné de la noche a la mañana. ¿Qué ibas a hacer tú? Pues lo normal, seguir con tu vida.
 
Sabes que recibía una gran presión familiar para casarme con ese hombre. Muchos negocios iban a ser cerrados en torno a esa boda, te lo conté en su día. Nuestras familias estaban en absoluto acuerdo. Él estaba enamorado de mí.
 
Y yo me desaparecí.
 
Y tú desapareciste. Te marchaste. Me lo dijo uno de aquellos amigos tuyos a los pocos días, después de buscarte por todos los rincones que recordaba solías vagar, y después de muchas lágrimas vertidas a su suerte sobre el suelo.
 
Lo siento.
 
Todos los “lo siento” que ahora me digas no lograran que olvide aquel dolor en el alma. No me sirven ya para nada, ¿no entiendes?
 
Me lo merezco. Tienes razón. La muestra de mi arrepentimiento llega demasiado tarde. Cambiemos de tema, o acabaremos mal.
 
Bien. Cambiemos de tema. ¿Y qué te ha traído de nuevo por España? ¿Solo la muerte de la dictadura?
 
Siempre amé mi país. Por eso mismo no podía quedarme en la situación en que quedaba tras la guerra civil. Mis implicaciones políticas me habrían llevado a la cárcel o a algo peor. Llevo años siguiendo el curso de nuestra historia. Veo que en el día de hoy se avecinan cambios. Quiero ser parte de ellos.
 
¿Y vienes, entonces, para quedarte?
 
Sí. He vendido mi hacienda en México y liquidado allí todos mis negocios. Me he despedido de los amigos que me han ayudado durante estos años. Vengo a mi retiro feliz, en mi tierra. A saborear todo lo que ansiaba y a recordar cada uno de los rincones de mi patria en los que fui feliz. A conocer los que no conozco. A ayudar, si se me permite, a crear un estado nuevo, codo con codo con la nueva generación.
 
Vaya, grandes planes.
 
Y tú en ellos, si fuera posible. Quiero conocerte y reconocerte. Ya no eres aquella joven estudiante que dejé. Ahora eres una señora hecha y derecha que ha vivido una posguerra y que ha sacado adelante una familia.
 
Recuerda que yo estaba en el otro bando. Tengo menos mérito. Ganamos la guerra.
 
Por favor, ¡qué cosas dices!
 
Te hice reír.
 
Cierto. Yo tan serio que era entonces, siempre me sacabas la sonrisa. Veo que esa capacidad tuya no la has perdido.
Creo que ahora cuesta menos que antes.
 
La edad, que no perdona. Me hicieron más simpático los años. Mira: esa risa es lo que mas ansiaba y lo que más he añorado. Por volver a escuchar tu risa, todo vale la pena. Permíteme disfrutarla, no pares…
 
Exagerado. ¿Dónde te hospedas?
 
Cerca de la Plaza Urquinaona.
 
Ah, no estamos lejos.
 
No. ¿Por qué quieres cortarme? ¿Te incomodo hablando en esos términos?
 
Soy una persona respetable. No es forma de tratar a una viuda.
 
Perdón. Pero no puedo asegurar que no vuelva a ocurrir. Estás tan guapa. Más de lo que recordaba.
 
Para o me levanto y me voy. Y no volverás a verme.
 
Eres una mujer cruel. De acuerdo. No me propasaré.
 
Vale. Volvamos a nuestras historias. Me toca: me casé casi por despecho, por quitarme la tristeza de un plumazo. Pensé que así te olvidaría. No fue tan fácil, pero los niños llegaron rápido y los años de crianza se encargaron de borrar los recuerdos, el tiempo pasa y es inexorable. No puedo negar que a veces me sorprendía pensando en que sería de ti, si seguirías con vida, o no. Fantaseaba que, a lo mejor, no volviste a por mí porque te atraparon y mataron en algún camino.
 
Pensé en volver una vez. ¡No te sorprendas! Estaba decidido a entrar en el país con la firme convicción de cumplir mi palabra. Pero me llegó la información de tu compromiso de boda. Hacia 8 meses de mi desaparición. Ibas a contraer matrimonio en apenas tres meses. No, no te apures, lo tenía bien merecido. Por no ser sincero contigo.
 
Aquí la vida seguía su curso. No me puedes echar en cara que continuara con mi vida, y si eso pretendes después de ser tú quien se fue sin dar explicaciones… Lo siento, pero en ese caso, ya hemos acabado con esta conversación.
 
¡No, por favor! No es eso. Te lo dije antes, nada más faltaría. Yo, al fin y al cabo, no era nadie. Y no soy nadie, ni ahora ni antes, para cuestionar tus decisiones.
 
¿Pues sabes qué en estos momentos saber eso me apena y me agrada por igual?
 
¿Saber que estuve a punto de volver por ti?
 
Sí. Es muy extraño. ¡Qué sentimiento tan confuso!
 
Podemos continuar lo que dejamos a medias.
 
¡No sabes de qué hablas!
 
Yo sigo queriéndote, más incluso. Con en el pasar de los años se ha incrementado lo que siempre sentí por ti. Y tú sientes algo, también, no puedes negarlo. Tus ojos son el reflejo. Me miras como entonces, aunque intentas parecer distante. No niegues con la cabeza, por mucho tiempo que haya pasado, aun te conozco.
 
No entiendo que pretendes, y casi que prefiero no hacerlo. Estás loco. Soy una dama, un miembro respetable dentro de la comunidad, no puedo comportarme como una cualquiera. Me debo a la memoria de mi marido. ¿Qué pensarían mis hijos?
 
No te pido nada más que retomar nuestra amistad. No busco ponerte en compromiso de ningún tipo. ¡Escucha lo que te digo!
 
¡No me tomes por imbécil! Sé que buscas algo, así que dime, ¿te vas a quedar mucho tiempo en Barcelona?
Depende de varios factores. Por motivos políticos, debería mudarme a Madrid. Pero, de momento, tú eres mi prioridad. Que me perdones por lo que hice y me aceptes en tu círculo. Que me permitas acompañarte en público en alguna ocasión, como amigo.
 
Pides mucho, demasiado. Y algo me ocultas, pero no me importa. Debo marcharme. En casa ya se preguntarán donde he estado tanto rato.
 
Tengo una curiosidad, ¿qué les dirás?
 
Que fui a la Catedral a rezar y poner una velita por la salud de una querida amiga de la familia. En pocos días auguro velorio.
 
Lo siento. Mala cosa. Pero no has ido a rezar por ella, y siempre fuiste muy piadosa. Aún puedo recordarte al salir de la misa de doce, con tu madre. Te observaba desde el callejón, hasta que tomabais un taxi en la esquina, ¿tú lo recuerdas? Tus ojos me dicen que sí. Me mirabas y sonreías. Me sabías mirándote.
 
Fui antes de venir a verte. Quizás recé algo menos de lo que confesaré ante mi hijo, pero no le estoy mintiendo.
 
¿Porque no quieres hablar del pasado?
 
No es buena idea.
 
Nuestro recuerdo es lo que somos. En los recuerdos más felices que tengo, estabas conmigo.
 
Me voy.
 
Dame otro rato. Déjame acompañarte a otro café. Solo uno más.
 
No vamos a volver a vernos. Ya puedes marcharte a Madrid. Nuestro momento pasó. No puedes venir y pretender avivar un sentimiento muerto hace tantos años. Es un imposible. ¡Suelta mi mano, por favor! Podría vernos alguien y me pondrías en un compromiso.
 
Tienes razón, perdóname.
 
Gracias.
 
¡Quiero volver a verte!
 
Adiós.
 
No me digas adiós. No te marches aún. Dame unos minutos más…
 
Ya te lo dije… Es demasiado tarde. Adiós.

 

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    4 abril, 2017

    Una historia excelente. Un abrazo Jules y mi voto desde Andalucía

    • Jules

      4 abril, 2017

      Leí en los últimos tiempos un libro de José M. Guelbenzu, “Un peso en el mundo”, todo a base de diálogo y sin guiones, ni descripciones, nada. Quedé maravillada. Quise hacer mi pequeño experimento. Gracias por tu voto y comentario, Mabel, siempre estás ahí.

  2. Imagen de perfil de GermánLage

    GermánLage

    4 abril, 2017

    Pues, ¿sabes, Jules, que me ha gustado mucho tu experimento? Por la forma, también, pero, sobre todo por el tema; los recuerdos; el tiempo que hace que, aún permaneciendo lo esencial, todo cambie; que, siendo los mismos, hayamos dejado de ser lo que fuimos. Un tema que yo también traigo entre manos. Excelente.
    Mi cordial saludo y mi voto.

    • Jules

      5 abril, 2017

      Gracias, GermánLage, por tus palabras.

  3. Imagen de perfil de XoseFD

    XoseFD

    4 abril, 2017

    Me has gustado el tema, y la forma del diálogo. Y sobre todo como vienes escribiendo. Sigue por favor, no nos prives de ello. Nunca. Como alguien dijo, “Cuando sea grande quiero ser como tu”. Esos reencuentros son fabulosos. A pesar del tiempo. Sí, así es.-

    • Jules

      5 abril, 2017

      El mérito no es mío, es de quién puso en mi conocimiento ese relato y esa estructura. Cuando algo me reta, me motivo, y me salen estas cosas, XoseFD

  4. Imagen de perfil de XaviAlta

    XaviAlta

    20 abril, 2017

    Et trobava a faltar Jules.
    M’ha agradat molt tot i que la falta de guions (l’experiment) m’ha obligat a fer un esforç que ha valgut molt la pena.
    Jo també en vull més!

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Abrir la barra de herramientas