Lo que amenaza al amor

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Llevaba un traje de punto que marcaba sus caderas, el culo respingón, el nacimiento de los muslos… No sabía si era perfecta pero a él le había impresionado. Quería verle la cara pero cuando apretó el paso se acongojó, sintió que podía perder el control y eso le asustaba.

¡La matanza do porco,!

¡Galicia caníbal!

¡fai un sol de carallo!

La música de “Os Resentidos” le daba alas y avanzaba a trompicones para ponerse a la altura de aquella chica, pese al sentimiento de que se estaba metiendo en algo peligroso, como pudo comprobar cuando alcanzó a verla sólo de perfil. La nariz suavemente aguileña, los ojos grandes y castaños como el pelo que llevaba recogido en una coleta y sus labios naturalmente rosados que dibujaban una sonrisa de complacencia, mientras hablaba con un tipo muy alto de pelo alborotado que gesticulaba mucho.

Si no conseguía hablar con ella sería una aparición fugaz y no lo iba a consentir. En plena fiesta del patrono de ingenieros industriales lo que más podía apetecer era un combinado, un gin-tonic, y se fue a buscarlo en la barra que habían improvisado en el comedor del centro.

Con una mano ocupada con el vaso que llevaba hielo, limón y ginebra y el otro con tónica y la chapa a medio quitar para que no se escaparan las burbujas, se plantó delante de la muchacha que se quedó un poco turbada.

  • Me imaginé que en un momento como este te apetecería un gin-tonic, la ginebra es de marca y la tónica ya la ves.
  • ¿Por qué me traes esto? Yo no te lo he pedido.
  • Por una mirada de esos ojos castaños. Cógelo, por favor.

Ella coge el vaso y la tónica y él inicia un repliegue estratégico.

  • No te vayas ahora y dime cómo te llamas.
  • Me llamó Manuel, pero todos me llaman Manu.
  • Me llamo Carolina, Karol para mis amigos. ¿Eres de la escuela de Industriales?
  • Si, termino este año. Espero terminar en junio y dedicarme a la investigación aéreo espacial. Aquí hay un buen equipo de investigadores con buenos proyectos. ¿Tú que haces?
  • Estoy estudiando Traducción e interpretación y esperando que abran una facultad de arte dramático, aquí o cerca de aquí. Estoy en un grupo de teatro.

 

O magosto para agosto,

Mátallo carallo

Safaris do porco,

Mátallo carallo

Filloas de sangue,

Mátallo carallo

Galicia embutida.

La letra de la canción de “Os Resentidos” postmoderna y subreal casaba bien con el ambiente de la fiesta en la que se mezclaban las bebidas más anunciadas con los manjares ancestrales del cerdo. Eran mezclas de aromas y sabores. De gallego, español y alguna que otra frase o palabra en inglés. La Galicia nueva y joven de los años 80 que se empezaba a definir a sí misma.

  • Cuando entres en la Facultad de arte dramático te vas a llevar la carrera de calle, porque con esos conocimientos complementarios, experiencia y ese físico, te va a resultar todo muy sencillo.

Ruborizándose.

  • No sé el nivel que va a tener la Facultad aquí, pero siempre he estudiado sola, siguiendo los programas, pero en arte dramático hay multitud de técnicas que hay que aprender y normalmente los profesores no las dominan hasta que no llevan cierto tiempo dando clase. De todas formas yo estoy en contacto con un grupo de alumnas y actores y actrices que estudian estas técnicas y hacen seminarios y talleres.
  • Me das un poco de envidia, mi profesión está muy estructurada y tienes que seguir por caminos que han trillado otros, tú, sin embargo, puedes trazar tu camino.
  • Singularizarse en la profesión que he elegido no es un mérito, es una necesidad, por eso no me importa esperar si son mis trazos los que definen mi vida profesional y, también, la otra.

Mientras hablaba se iba acercando al aprendiz de ingeniero, a Manu, que en dos o tres ocasiones había estado tentado de dar un paso atrás aunque la cercanía de ella le embriagaba. Su olor que no estaba contaminado por ningún perfume, le arrebataba y su voz más aterciopelada a medida que bajaba su intensidad porque le hablaba al oído hacia más y más concentrada la química de la pareja.

El casi gigante se había ido con unos amigos en cuanto tuvo consciencia de que sobraba, despidiéndose con dignidad.

Parecía inevitable que se besaran y el dio el primer paso con la boca cerrada, pero ella buscó un beso más profundo y cuando las lenguas comenzaron su pugna se estrecharon tanto que en la penumbra de la fiesta parecían uno.

 

  Escóndete en el cuarto de los huéspedes,
solas a oscuras, no pueden verte.
Seguro que en la calle ahora habrá gente,
alguien te busca, alguien lo siente,
alguien lo siente.

Quédate a mi lado,
no te marches más.

Quédate a mi lado,
no te marches más…

Quédate a mi lado,
no te marches más.

 

Ella con un tío prisionero de sus prejuicios y él con una abanderada de la libertad no podían durar mucho, pero la pasión los arrebataba y él la llevó hacia su coche, a veces cogidos por la cintura o tomados de la mano, cuando tenían  que forzar la muralla de los celebrantes del patrono. Sentados en los asientos delanteros durante el primer beso, el con la colaboración de ella le subió el vestido de lana hasta la cintura, pero no era suficiente meterle la mano bajo las bragas, le cogió la cara con ambas manos y mirándola a los ojos la encaminó hacia los asientos traseros del coche. Allí para amarse como deseaban no tuvieron otra opción que organizarse y el desenfreno inicial que hacía imposible la faena dio paso a un ritual cargado de emoción en que cada prenda de uno seguía a la del otro, rematada siempre con besos profundos, intensos o con las dos características. Esa liturgia de la ropa y los besos, seguida por las caricias en el cuello, los pechos, la cintura y los muslos denotaba algo más que el deseo, que lo físico, porque en la penumbra de los asientos traseros del coche el brillo de los ojos rebelaba la querencia de las almas. Satisfechos la primera vez, sentado él  en la banqueta con ella encima, se reanimaron y después de intentarlo en diversas posiciones entre risas volvieron a la inicial aunque las caricias en esta ocasión fueron más sabias más propiciadoras del placer y más motivadoras del amor.

El portal de la casa de ella estaba casi al final de una calle que terminaba en infraviviendas, en chabolas, un arrabal de los cuatro a cinco que tenía la ciudad y de los no había habido ningún alcalde que no prometiese acabar con ellos, aunque allí seguían.

Quedaron para el sábado, tres días, un montón horas, para correr juntos en el parque más frecuentado de la ciudad, aunque a las diez de la mañana del sábado no habría mucha gente.

Al día siguiente, ya tarde, Manu había ido a la Escuela, estaban las notas del último examen y como esperaba había sacado un sobresaliente, cada vez estaba más seguro de terminar en junio e integrarse en un proyecto aeroespacial. Los satélites le gustaban y creían que allí estaba una parte del mejor futuro de la ingeniería. Bajó a la cafetería en la que había unas pocas chicas, ninguna tenía, ni de lejos, la belleza y la elegancia natural de Karol, pero todas, por el tono de voz, por el estilo, por la ropa por cómo se dirigían a los chicos, tenían algo que denotaba una clase social o, por lo menos, un nivel económico que su chica del patrono no tenía.

Esa misma percepción tuvo el sábado cuando Karol, sin tocarlo con las manos, le dio un suave beso en los labios. Iba vestida con un chándal color hueso que aunque iba a juego con su pelo y le alegraba la cara, estaba divina, se notaba que era una prenda barata, probablemente comprada en una gran superficie, con el mismo origen que sus zapatillas y su diminuta mochila. ¿Aquello era amor o sólo era pasión física y sexo?

¿Cuándo surgirían esas diferencias de valores? ¿La aceptarían sus padres, sus hermanas, sus amigos? ¿No habíamos ido demasiado rápido? Habíamos recorrido un camino de semanas o meses en sólo tres horas  Para estas preguntas no tenía una respuesta clara, creía que había algo más fuerte que el sexo, su intuición se lo decía, pero en todo lo demás las respuestas no eran favorables. Lo sensato era dejarlo porque se daba cuenta que si la relación se estrechaba le daría un cambio a su vida, a sus ilusiones, ya no sería él y él no quería cambiar.

Al verlo llegar con aquella sudadera, la camiseta y el pantalón de deporte de marcas que ni siquiera conocía y su prestancia, se dio cuenta que no era de su clase, pero en vez de asustarse, se alegró, porque además de gustarle por su delicadeza, le iba a gustar más por su educación, que era lo que más echaba de menos entre las personas de su mundo.

Todas estas reflexiones se habían hecho mientras intercambiaban frases convencionales y vanas, sin mirarse a los ojos, hasta que Manu la invitó a correr hasta el final del camino del parque. Muy tensos, comenzaron a correr, adoptando él la velocidad de ella y a medida que avanzaban la tensión se fue relajando. Manu se dio cuenta de que no había una sola persona que no mirase a Karol, en algún caso llegando a la impertinencia y la verdad, tuvo que reconocer que estaba muy hermosa pero eso aumentó sus temores y lo determinó más a acabar con aquella relación.

La senda terminaba en una especie de seto formado por aligustre y bambú y para ajustarse una zapatilla Manu se recostó sobre las ramas, lo que aprovechó Karol para intentarle darle un beso, pero el retiró la cara. Como no sabía si el movimiento había tenido otra finalidad que evitarla, volvió a intentarlo de nuevo con el mismo resultado, aunque esta vez la actitud era más evidente. Se dio la vuelta, con lágrimas en los ojos y comenzó a desandar el camino, sin despedirse. Él, sin decir nada, terminó de colocarse la zapatilla y esperó a que ella se perdiera de vista para desandar la senda y correr hacia su coche.

  • ¿Y así terminó vuestra relación?
  • Bueno, yo me di cuenta que había cometido un error muy grave, porque  regresé a casa y estuve casi un mes sin poder concentrarme. En mi casa se asustaron. Después la busqué en todos los sitios que se me ocurrieron, sin ningún resultado y es que sólo conozco su nombre de pila. En la facultad de Traducción e Interpretación no quisieron darme sus datos o decirme como encontrarla, le pregunté a un alumno de 4º y no quiso facilitarme ninguna información por cuestiones de intimidad, supongo. No era capaz de recordar cuál era su portal y nadie me quiso dar razón en los cuatro o cinco portales en los que pregunté. Lo mismo que si se la hubiera tragado la tierra.

A Manu le dio vergüenza contarle que durante todos estos años tenía un sueño recurrente, ella le besaba suavemente en los labios y se separaba de él dejando resbalar sus manos por sus antebrazos hasta que sólo estaban en contacto las yemas de sus dedos y en ese momento ella esbozaba una triste sonrisa que mantenía, mientras andaba de espaldas hasta desdibujarse en la bruma. Él se quedaba ovillado en el coche, como para hacer más soportable el dolor y se despertaba con una congoja que no le pasaba en horas.

Había conseguido unos excelentes resultados profesionales, su equipo tenía cuatro satélites en órbita y había publicado en las mejores revistas científicas y obtenido varios premios relevantes en Europa y Estados Unidos, pero si hubiera podido compartirlos con Karol le hubieran colmado de felicidad, estaba seguro, pero ahora sólo le llegaban a lo más externo, poco más que a estimularle para seguir trabajando duro. Durante estos años  había conocido a varias chicas, la mayoría en las dependencias de la empresa pública en la que trabajaba que no había hecho más que crecer con las aportaciones o la participación de la empresa privada. Aquellas relaciones habían sido muy cortas y no habían satisfecho su necesidad de afecto, en la cama se lo había pasado bien, pero poco más, ninguna de aquellas personas le había dejado huella

Aunque había intentado perdonarse y librarse de la culpa, argumentando que había recibido una educación equivocada, con unos valores orientados a privilegiar una clase social y mantener su estatus, no había conseguido consuelo porque el mismo día que conoció a Karol se enamoró perdidamente de ella y todavía no conseguía explicarse como en el parque había congelado sus sentimientos y como no entendió su propio dolor, asomado ya, cuando ella, despechada y dolorida, emprendió la retirada. ¿Y el dolor que todo esto le habría ocasionado a ella? porque su entrega en la fiesta era hija, estaba seguro, del amor que había sentido por él, igual que el suyo por ella.

Sigmund Freud habla del “ello” como el origen a los instintos modelados por el “superyó”, por las normas que nos damos, por la educación. Las almas gemelas perciben al otro en igualdad de estos dos elementos y se manifiestan con el “yo”. Habría algunas personas que conociendo todos estos extremos aplaudieran el comportamiento de Manu, pero otras muchas y entre ellas él mismo, lo sancionarían aduciendo que era un tonto que había renunciado al amor, casi el único sentimiento que nos hace grandes y felices.

De pronto Manu vio en televisión a Karol, interpretaba a una abogada que defendía a mujeres maltratadas. No era la protagonista de la serie, pero tenía un papel destacado.

  • Es ella.
  • ¿Cómo?

Le dijo su amigo.

  • Esa, chica, la abogada de la serie, Es Karol. Tengo que localizarla.

Para llegar a Carolina Panero tuvo que romper el filtro de la productora y llegar al representante de la actriz acordando que sería ella la que le llamase. a cambio de que no incordiara más y dejase de hacer rebuscas para dar con ella. Cuatro días después, a las seis de la tarde, recibió la llamada que esperaba

  •  ¿Dígame?
  • Soy Carolina, Karol.
  • Soy Manu
  • Tú has pedido que hablásemos. ¿Qué quieres decirme?
  • Quiero verte y hablarte de lo que siento.
  • Me parece que es un poco tarde.
  • Al día siguiente, después de haber sido el más idiota del mundo en el parque, me puse a la faena de dar contigo, en tu facultad, entre los grupos de teatro, en el barrio donde te dejé la noche más extraordinaria de mi vida. Te busqué hasta la desesperación, pero te había tragado la tierra.
  • Vale, vale. La semana que viene estaré ahí, dame tu número de teléfono y te llamo.

Él le dio el número de teléfono y ella le respondió con un adiós y colgó tan rápido que no sabía si le había llegado su “hasta pronto” de despedida.

Necesitó un ansiolítico para dormir aquellos diez días, seguía viviendo con sus padres porque había intentado vivir sólo pero la soledad lo aplastaba.

Esperando la llamada había hecho toda clase de análisis de la llamada confundiéndose tanto que no sacó ninguna conclusión. Había hecho planes para mantener una cita en diferentes lugares y llegó a la conclusión de que si el tiempo acompañaba el parque debería ser el lugar ideal, para neutralizar el efecto de aquel recuerdo funesto, en el que él intento acabar con el amor, pero sólo le dio una puñalada, esperaba. Se recreaba pensando que si en él el cariño no había hecho más que aumentar, en ella, el amor se habría reforzado. No obstante, no perdía de vista que ella había recibido la puñalada, sin alguna razón que ella pudiera imaginarse salvo que él no la amaba. Cuando llegaba hasta aquí recordaba aquello de que “el corazón tiene razones que la razón no entiende” y esperaba que este verdad le favoreciese.

Estaba en el taller analizando uno de los mecanismos del nuevo satélite, que no conseguían bajar de peso y le sonó el móvil, era un teléfono desconocido, pero contestó enseguida.

  • ¿Dígame?
  • Soy Carolina. ¿Eres Manuel?
  • Si Karol, soy Manu.
  • Voy  llegar mañana a mediodía.
  • ¿Quieres que quedemos para almorzar?
  • No, llegaré un poco cansada.
  • En el parque han abierto una cafetería muy agradable, podíamos quedar allí a las seis para que tengas tiempo de descansar. Los coches llegan hasta la misma entrada.
  • Has elegido un lugar comprometido.  

No le dio tiempo de despedirse era una especialista en cortar por lo sano. Desde el primer momento se imaginó que ella no acudiría a la cita, pensó incluso que estaba en Madrid, pero al menos ahora tenía su teléfono.

Comió en la cafetería, se había llevado el portátil y estuvo trabajando hasta las seis y media y como esperaba ella no se presentó. Llamó al teléfono con el que ella le había llamado.

  • ¿Diga?
  • Soy Manu. Te esperaba en el parque.
  • No he ido, ni iré. Necesito que me compenses en mi ego el dolor que le causaste a mi corazón.
  • ¡Clic!

Comentarios

  1. Imagen de perfil de GermánLage

    GermánLage

    11 abril, 2017

    Buen relato, Fiz. Me han gustado mucho los diálogos, y, sobre todo, el final.
    Un cordial saludo y mi voto.

  2. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    11 abril, 2017

    ¡Me encanta! Un abrazo Felix y mi voto desde Andalucía

  3. Imagen de perfil de Fiz Portugal

    Fiz Portugal

    12 abril, 2017

    Gracias Germán, tus palabras me animan mucho.
    A principios de los ochenta hubo un movimiento postmoderno en Galicia, La Movida, que reivindicaba el renacer de la cultura autóctona sin limitaciones y manteniendo las referencias más activas. Fue un capullo transformado en flor prematuramente que se agostó con la misma rapidez. La música de Os Resentidos es una de las pocas cosas que nos queda. El relato pretende recrear el ambiente de La Movida.

  4. Imagen de perfil de Fiz Portugal

    Fiz Portugal

    12 abril, 2017

    Hola Mabel, gracias otra vez por tu valoración. Encontrarse un miércoles santo con estas palabras anima tanto como el buen tiempo que tenemos en las Rías Bajas. Un saludo muy cordial.

  5. Imagen de perfil de gonzalez

    gonzalez

    16 abril, 2017

    Me gustó mucho, Fiz. Mi voto y un fuerte abrazo.

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