Pastillas, carreras y algún que otro dron

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Amaneció con mucho calor, como era habitual desde que tenía conciencia. Desde su ventana, tras la piscina de aguas verdes, las vistas más cotizadas de la ciudad. Estaba su casa situada en una colina, allá abajo la ciudad. Entre ambas, coches abandonados, montones de desperdicios, un regato de color negro y las enormes pistas del aeropuerto. En sus ratos libres se dedicaba junto a sus escasos amigos a despistar a los pilotos con un potente láser. Tomaban refrescos azucarados y consumían pastillas sintéticas que compraban en la red por unos cuantos chirimbolos. El chirimbolo era ahora la moneda nacional. Consistía en una aleación de diversos plásticos.

            Hoy era un día más. Se levantó y fue a la cocina pesadamente. Sus piernas ya no respondían con la misma celeridad y sentía un dolor agudo en el pecho. Abrió la puerta del frigorífico y sacó tres latas de cerveza unidas aún por el plástico en círculos que las mantiene de ocho en ocho. Se tomó la primera de golpe, al tiempo que consumía tres cápsulas naranjas para  aplacar el dolor de cabeza. Luego se sentó en el pequeño salón a ver la televisión, donde se terminó la segunda y la tercera cervezas. Al parecer, decía la televisión, habían encontrado un alijo de libros en un zulo a las afueras  de la ciudad. Malditos reaccionarios, se dijo mientras pulsaba un botón del sofá y pronunciaba “ocho cervezas”. Diez minutos después un dron sobrevolaba la piscina sujetando  un lote de birras. Él abrió la ventana y el dron se acercó y depositó en sus manos el lote diciendo “Muchas gracias por confiar en nosotros”. Acto seguido se sentó de nuevo y pulsó otro botón.

            -Tucho, ¿te vienes a ver la carrera?

            -¿A qué hora empieza?

            -Está a punto de empezar.

            -Vale, espera que me paso a comprar algo y ya voy.

Tucho llegó cuando la carrera llevaba ya doce vueltas. Le abrió la puerta desde el sofá, que disfrutaba del control de todos los dispositivos de la casa. Por poner un ejemplo, podía bajar las persianas de toda la casa sin moverse de allí. O encender el microondas. La tecnología había mejorado tanto todo que le resultaba difícil imaginar cómo había soportado su infancia sin todas estas ventajas.

              -Buenas, tío, ¿cómo van?

              -Rayo veloz va último, tuvo una avería en su silla en la tercera vuelta.

              -¿Y Julito el Rápido? He apostado la mitad de mi sueldo semanal por su victoria.

              -Va tercero ahora mismo. Es el de la silla de ruedas verde. Solo pesa cien kilos, eso juega en su favor.

              -¿Tú a quién apoyas?

              -Yo siempre apoyaré a la Bestia. Es más pesado pero también es más agresivo conduciendo y arriesga lo    que no arriesgan otros.

Los dos siguen bebiendo y viendo la carrera hasta el final. Allá afuera, otro pájaro cae fulminado tras haber comido en los campos que rodean la ciudad.

Comentarios

  1. Luis

    27 abril, 2017

    Si no fuera su desenlace tan tremebundo, me inclinaría por la risotada; de todas formas, te aconsejo que no vayas con esta actitud por la vida- en carne propia, habla-. Un abrazo y mi voto, Andrés!

    • AVM

      27 abril, 2017

      Agradecido por tu comentario y más por el consejo, que viene de experiencia vital. Un abrazo, amigo Luis. Nos seguimos leyendo, claro.

  2. Mabel

    27 abril, 2017

    Muy buena historia. Un abrazo Andrés y mi voto desde Andalucía

    • AVM

      27 abril, 2017

      Muchas gracias Mabel. Un saludo desde Galicia

  3. GermánLage

    27 abril, 2017

    Hola, Andrés; debo confesarte que cada vez admiro más esa habilidad tuya para ver la realidad desde un ángulo insólito; a veces con un objetivo inteligentemente distorsionado. Creo que a eso le llaman originalidad.
    Como siempre, ha sido un gran placer leerte.
    Un abrazo, paisano, y mi voto.

    • AVM

      27 abril, 2017

      Hola de nuevo paisano Germán. Me alegra tenerte presente entre los lectores de este relato. Este relato es un pelín pesimista, así que aciertas de pleno en tu valoración del texto. Como bien dices, está distorsionado. Mi perspectiva sobre la realidad no es, ni mucho menos, parecida a la que el texto esgrime. Me halagas demasiado con el resto del comentario. Un abrazo con afecto, querido amigo.

      Un abrazo,

  4. csquerea

    28 abril, 2017

    Buena historia. Invita a que la imaginación complete el mundo apocalíptico de allí-afuera.Me ha gustado.

  5. Desafinado

    12 mayo, 2017

    ¿Una visión profética? Fino humor, pero un trasfondo muy duro. Me encanta tu estilo, fresco y elegante.

  6. Sol

    12 mayo, 2017

    Bueno y original. Espero que no se convierta en profético 😀
    Un saludo y mi voto

  7. AVM

    12 mayo, 2017

    Un saludo y gracias por pasaros a comentar. Un abrazo compis

  8. Lourdes

    18 mayo, 2017

    Hola Andres!, no se si te lo he dicho alguna vez pero me encanta la ciencia ficción, algo que no soy capaz de escribir, por eso me encantan tus historias, tienes una imaginación desbordantemente original. Esta historia me parece increíble. Ah! y la nueva mondeda…fantástica!
    Me encanta leerte
    Un beso compañero!

  9. gonzalez

    25 mayo, 2017

    Excelente, Andrés. Coincido totalmente con Germán y con la bella Lourdes. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.

  10. Eva

    27 mayo, 2017

    Anda, pues a diferncia de Luis, el final es lo que más me gusta. Remata la historia.

  11. ginimar de letras

    2 octubre, 2017

    El futuro que nos espera… Buen relato. ¿Has visto «Idiocracy»? Creo que te puede gustar 🙂

    • AVM

      2 octubre, 2017

      Buenas! Sí, la conozco. La he visto dos veces y me gustó mucho. Ha sido una influencia en este relato, lo reconozco. Saludos y gracias!

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