Con la navaja en la mano me quedo mirando por la ventana cómo la raíz del olmo sobresale de la tierra. A través de un musgo verde y patinoso parece la articulación desesperada de un brazo que pugna por salir, y entre las falanges de sus sucesivas ramificaciones, una flor de color indecente, la orquídea, se aferra soberbia y orgullosa.
Siempre que estoy en ese consultorio mi mirada busca la flor que en tan estrecha comunión vive en el hongo que habita en las raíces, y siempre recuerdo a Miranda, era la misma simbiosis; yo necesitaba de ella para nutrirme, deseaba su inseguridad, su vulnerabilidad que por momentos me causaba repulsión; la miraba como un artista mira la obra que está esculpiendo, ese proceso de cambio era mi labor. Ver con qué facilidad podía suplir la percepción que tenía sobre si misma se convirtió en una práctica para mí.
A veces ella se rebelaba, me gritaba: soberbio, egocéntrico…no soy ni lo uno ni lo otro, soy autodidacta, he estudiado dos carreras juntas y sé hablar cuatro idiomas, tengo conocimientos de botánica y geología y un coeficiente intelectual de ciento treinta; si eso me da derecho a ser soberbio no lo sé, pero me otorga la habilidad de ver más allá de lo que la gente pretende mostrar de sí misma.
Miranda se enfrentaba a mí y eso era un desafío que me agradaba, aunque el remedio para esa clase de rebelión era fácil y el resultado patético… recurrir a la desdichada historia de mi niñez con voz cansina y emoción ficticia, ver cómo la sublevación en los ojos de ella se iba diluyendo.
En efecto, nuestra relación era la misma simbiosis que la de la orquídea y el árbol, porque Miranda necesitaba apego y dependencia, ella correspondía a mi dominio, a mi carácter superior. Éramos opuestos que se complementaban, dependíamos el uno del otro para la existencia. A veces estábamos tan íntimamente unidos al punto de perder, de confundir nuestra esencia; aunque cuando hacíamos el amor mi satisfacción no era plena, la única solución hubiera sido poseerla completamente en cuerpo y espíritu, sentir hasta sus pensamientos; y sin embargo si eso hubiese sucedido, ya no sería la misma Miranda, sería otra, un títere, un vago espejo de sí misma, de lo que alguna vez fue; y yo necesitaba sentir en ella una cierta resistencia para poder gozar de mi dominio.
Mi avidez por el conocimiento me llevó a aprender más sobre la orquídea y el árbol, sobre Miranda y yo; pero lo que aprendí en aquellos libros no fue más que un vaticinio de lo que vendría; la orquídea se relaciona hasta determinado nivel para luego iniciar otro, se desvincula para siempre del hongo que por un tiempo le suministró sustancias nutritivas, se independiza…esa fue la elección de Miranda cuando con una navaja se había desangrado, escondida en el hueco de aquel viejo olmo que ahora mismo estoy mirando por la ventana de este psiquiátrico en el que fuimos olvidados hace ya tanto tiempo. Su sangre alimentó la tierra donde la orquídea yace, donde la raíz parece surgir como un brazo descarnado que pide ayuda.
Ahora me toca a mí, pienso apreciando el filo aguzado de la navaja que siento redentora en mi cuello; después de todo la única constante en el universo es el cambio.





gmarcelo
Muy bueno! va mi voto.
Carmen de María
Muchas gracias Marcelo !
Sebastian Hoyos Zapata
Me ha gustado mucho. Un saludo desde Colombia para ti.
Carmen de María
Gracias Sebastian! Saludos desde Buenos Aires!
Mabel
¡Excelente! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida
Carmen de María
Muchas gracias Mabel !
GermánLage
Hermoso relato, Carmen, escrito con un estilo realmente elegante.
Mi cordial saludo de bienvenida y mi voto.
Carmen de María
Gracias por tus palabras Germán, viniendo de un escritor como vos son un honor.
Lauper
Maravillosamente escrito, Carmen. Saludos y mi voto.
Carmen de María
Muchas gracias Lauper !
matt1411
Muy bueno! va mi voto.
ContarEnBreve
Terrible simbiosis, uff. Buen relato, ya tienes mi voto. Saludos.
Carmen de María
Mil gracias !!
ContarEnBreve
Tienes mi voto. Inquietante relato. Saludos.
Ébou.Riffé
Me ha ocurrido algo que para mi es esencial a la hora de encontrarte un texto. Me he imaginado cada detalle y me he quedado con ganas de seguir leyendo. Me quedo con la facilidad de palabras, con tu elegancia y delicadeza en el relato.
No dejo voto ni nada; para mi vale leer y llenarse de cosas lindas y este texto tiene todo.
Cariños y eres bienvenida.
Nos leemos.