Tiempo de eclipses 8

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Clínica Moncloa, las 6 de la mañana, Sandra luchaba contra los dolores del parto desde las 11 de la noche del día anterior. Por fin había llegado la hora, yo la cogía de la mano mientras le limpiaba el sudor de la frente, ella gritaba, la matrona la animaba a empujar.

–           ya lo veo, está saliendo, ya queda poco …un último esfuerzo Sandra, empuja.

No habíamos querido saber nada, Sandra quería que fuese una sorpresa, un niño o una niña. A mí me daba igual, era mi momento, nuestro momento, la vida me había citado hoy con mi destino en este hospital de Madrid, sin duda era el día más grande de mi vida. Si era niño le llamaríamos German, como mi padre, como mi abuelo y como yo, si era niña su nombre seria Daniela que viene a significar “justicia de dios”, me encantaba ese nombre desde niño.

Sandra hizo un último esfuerzo y nuestro hijo vio la luz

La matrona le dio una palmada y entonces rompió a llorar

–          Una niña, es una niña

Bese a Sandra en los labios, estaba exhausta. Era la mujer más radiante de la tierra.

–          Mi hija, dadme a mi hija

La matrona envolvió a Daniela en una toalla y se la entregó a Sandra. Ella la beso y rompió a llorar. Yo me acerque hasta ellas y retire la toalla de su carita, le acaricie las mejillas, la besé y entonces note algo raro en mi hija, ojos almendrados, la cara ligeramente aplanada…

 

–          Es síndrome de Down   –  nos informaba el médico dos días después.

 

Ya sabéis que se había roto dentro de mí, “justicia de Dios “, ¿justicia para quién?, fue como un empujón brutal al infierno de mis peores miedos, baje al submundo y allí construí una armadura de acero en el que encerré mi corazón, y le prohibí salir de allí y le impuse una pena de cadena perpetua, y le obligue a olvidar, y le enseñe a odiar y lo fui transformando poco a poco en una hiena y en donde antes hubo bondad ahora había tormenta y caos.

Descargue mi ira en Sandra y lo hice con la ferocidad de un lobo hambriento, la culpe a ella y lo peor, de lo que más me arrepiento, es de culpar a Daniela, la culpe por haber nacido. Así de duro , pero fue así .Ahora los que me leéis me podéis odiar, me da igual, nadie va odiarme como yo lo he hecho y nadie va a castigarme como yo me he castigado.

Hoy lloro, lloro como un niño mientras escribo estas líneas, son líneas de sangre. Mi sangre mezclada con dolor y desamor en un lugar en donde no existe el perdón.

Y un día intente liberar a mi corazón, le quite las cadenas , le condene la pena ,le quite la armadura de acero , pero el ya no era el mismo ya no era el mismo que se subió conmigo en el tren camino de Madrid y le lanzo un beso cargado de amor a mi madre , ya no era el mismo que se sentaba conmigo y con Sandra en la plaza santa Ana , no era el mismo que me enseñó a amar , era un extraño , un ermitaño , desconfiado , traicionero y ruin.

Y así se fue forjando el carácter de un cabron , de un canalla que nunca entendió que hace ocho años Dios no le castigo , le hizo un regalo , una niña preciosa , un ángel de ojos negros y almendrados que me debió haber robado un corazón que ya no estaba allí con nosotros porque estaba condenado.

Comentarios

  1. GermánLage

    29 abril, 2017

    Precioso relato, Tono; tierno, duro y lleno de amor a partes iguales. Muy bueno.
    Mi cordial saludo y mi voto.

  2. Mabel

    29 abril, 2017

    ¡Excelente! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  3. Patry

    1 mayo, 2017

    Cada vez me gusta más lo que leo. ¡Síndrome de Down! No me imaginaba esta parte nueva en la novela.

    Sé que hablo desde el desconocimiento, pues no he pasado por algo similar, pero debe ser muy duro… durísimo, vivirlo. Siempre he pensado y pienso que los hijos son hijos ante todo, son lo más bonito, el regalo más preciado que podemos recibir en nuestras cortas, o largas, vidas. Sean como sean, lo merecen todo. Pero me imagino la frustración, la impotencia. Como dices tú… ¿justicia para quién?

    Has narrado todo de una manera excepciona. Como dice Germán, duro y tierno a partes iguales.

    Mi voto y un abrazo.

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