– Usted me desobedeció. En esta ocasión tengo razones para no ser duro. Me debe una.
Mejor que no haya próxima vez. Va a estar cuatro días completos en el patio de la cancha de baloncesto y esta tarde se corta el pelo.
– Lo que Usted diga.
El Sheriff, como le llamaban los alumnos tenía buenas razones para no castigar más severamente a Jose. Su padre le había manifestado que creía que estaba en peligro por su orientación sexual y que debía impedir que se juntara con gente que tuviera esa tendencia. ´ En la habitación metió con Jose a los alumnos de su curso que le parecieron más definidos y lo de la chica, él sabía quién era Toni, suponía una excelente elección para el alumno. Había un riesgo, no obstante, y es que los chavales del pueblo entendieran que Jose le robaba algo y quisieran darle un escarmiento. En el patio José iba de la pared que daba el Sol a la que estaba a la sombra. Desganado, como un alma en pena hasta que apareció Fernando.
– ¿Sabes dónde está una boutique que se llama Novísima.
– Sí, es la tienda nueva.
– He quedado con ella, con Toni, en el recreo de las cuatro. ¿Podrías decirle que estoy castigado aquí hasta el jueves? Sólo podemos vernos esta tarde, a las seis cuando vaya a cortarme el pelo.
– Yo se lo diré, no te preocupes. Ahora voy a buscar a Alberto y Julio.
Desde el patio se fueron directamente a clase que se hizo interminable para Jose pese a que aquella mañana tenía Matemáticas y explicaron las ecuaciones de segundo grado que suponían un salto importante en el nivel del cálculo que habían estudiado hasta el momento. Pese a ello y aunque entendió el proceso la clase le pareció interminable. Se había enamorado o algo parecido de Toni y tenía miedo de que su relación se rompiera. Aquella chica había pasado de ser una coartada para tranquilizar a sus padres a… Si había sentido amor alguna vez, era esta. Deseaba volver a abrazarla, a estrujarla y explorar su piel recorriéndola bajo sus dedos, sentir como encendía el calor de su deseo y perderse en su boca. Pero es que además quería escuchar la dulzura de su voz, que le contara todo lo que era importante para ella, lo que veía en él. Quería ver su silueta en la distancia, su gracia bajando la escalinata del cine o el perfil de su rostro, su nariz mínimamente aguileña, sus ojos rasgados, su barbilla con la hendidura clásica de la belleza, sus pómulos marcados. Mientras Fernando tenía la encomienda de citarla para que se vieran unos minutos antes de que le cortaran el pelo, él se moría de ansiedad en aquel patio saturado por los balonazos contra las paredes, las porterías de baloncesto o restallando contra el suelo. El Sheriff no sabía el castigo que le había impuesto. La ansiedad se lo comía, el pulso se le disparaba. Parecía que se le iba a salir el alma por la boca, justo cuando Fernando entró en el patio sonriendo.
– ¡Qué…?
Durante unos segundos Jose no pudo articular palabra y Fernando se adelantó.
– Ha dicho que sí, que estará en la cafetería que está enfrente de la peluquería a las seis menos veinte. Me preguntó si te había pegado el Sheriff y me dijo que el año pasado había pegado a uno de Sexto en el comedor y que los alumnos le montaron un pollo que terminó con un montón de castigos. Desde entonces no ha vuelto a pegar. De todos modos me dice que no te expongas a que te castigue de nuevo. Había que volver a clase y después estaría con Toni.
– Venga, dame una hostia, si te atreves.
Cuando Jose y Toni se tomaban un refresco apurando los minutos que faltaban para ir a la peluquería se les acercaron cuatro jóvenes fornidos y sin mediar palabra uno cogió a Jose de la pechera y lo levantó en vilo.
– Te voy a matar a hostias, cobarde. Como vuelvas a acercarte a Toni te mazamos y te tiramos al rio.
– ¿Quiénes sois vosotros para prohibirme nada a mí?
– Los que te podemos mazar a hostias. Las chicas del pueblo son para los del pueblo y no para que las puteen los niñatos del colegio. Os despedís y no os volvéis a ver.
Con la misma rapidez con la que llegaron se marcharon
– Manuel, el que te levantó de la silla, estuvo detrás de mí y le di calabazas. Es un bestia y tenemos que buscar una estrategia para evitarlo.
En la peluquería Jose pensaba que todo se había complicado en muy pocas horas. La relación con Toni se había complicado pero un minuto con ella valía micho más que un día de castigo. Mientras se estaba cortando el pelo pensó en una amiga de su hermana Mari Luz, Cayetana, que tenía sitio en casa y pensó en hablar con ellas para que invitaran a Toni a pasar un fin de semana en Madrid. Mari Luz aceptó pero bajo ciertas condiciones. A las diez en casa de su amiga y a las diez de la mañana sería la hora más temprana a la que podría Jose ir a buscarla. De diez a diez sería todo el tiempo para ellos.
La madre de Toni era viuda, a la muerte de su marido se había hecho con los negocios de la familia, tenía una flota de camiones, casas y tierras de labor. Era una de las familias más ricas del pueblo. Cuando su hija le propuso marcharse un fin de semana a Madrid, invitado por una amiga de Jose se enteró de quién era la familia del muchacho y le dio permiso a la hija porque la familia era de la clase alta madrileña.
No fueron en el mismo autobús para no provocar problemas con los jóvenes del pueblo, pero cogieron un autobús hasta Guadalajara y después el tren hasta Madrid. Antes de ir a su casa Jose la llevó hasta los jardines que están detrás del Palacio Real, Allí, de espaldas al enorme palacio contemplaron la vista del Manzanares y de la Casa de campo, en la que se adivinaba el lago y un pedacito del trazado del Suburbano.
– A veces el Palacio Real absorbe todo el interés, es un edificio hermoso, pero si se le da la espalda la vista sobre la Casa de Campo sobrecoge por su belleza, es una mancha de verde que se mantiene en una ciudad muy edificada.
– El año pasado vine a Madrid con mi Madre, nos alojamos en el hotel Plaza y vimos el Museo del Prado, pero no vimos sitios tan bonitos como esta tarde. Me gusta el paseo de Rosales y el templo de Debod.
– Para muchos madrileños el comienzo de la Castellana hasta Cibeles y el conjunto de la plaza de España, el templo de Debod y el paseo de Rosales es la zona más bonita. Para nosotros nuestro espacio vital será la Ciudad Universitaria, porque allí nos vamos a pasar cinco años y si los nuestro dura, estaremos allí juntos.
A Toni le encantó la ciudad universitaria, el tranvía, el metro y los coches que empezaban a tener algunos jóvenes. Un lugar con su pulso marcado por las horas de clase. Los alumnos salían en oleadas para coger el metro o el autobús o el tranvía y algunos privilegiados sus coches con las plazas libres casi subastadas, más por el status que marcaba el utilizar el coche que por la comodidad o el ahorro.
– Te quedas con nosotros, se lo decís a la familia de Cayetana. Si queréis se lo digo yo. No tiene ninguna lógica que Toni se quede allí. Tengo muchas ganas de conocerla, Papá también y vosotros aprovecháis más el tiempo. Toni, llama a tu casa. Jose llama a Cayetana y dile como cosa mía que Toni se queda en casa y dale mucho las gracias por el detalle. – Voy a llamar a Cayetana, vente Toni y llamas a tu madre que debe estar esperando la llamada.
– Que agradable es tu madre hace que uno se sienta como en su casa.
– Es una mujer muy dura y algún día te diré porque la notas tan bien contigo.
– Si, mañana te lo cuento, porque hace falta tiempo y el momento adecuado para contarlo. En realidad es la historia de un malentendido pero podía haberme hecho mucho daño si yo no lo afrontara.





GermánLage
Hola, Fiz; me gusta tu forma de narrar; tu estilo fresco y espontáneo. Me gustó la primera parte de tu relato, aunque debo decir que la segunda me ha dejado bastante descolocado.
Un cordial saludo y mi voto.
Fiz Portugal
Germán me gustaría que me dijeras porqué te ha dejado descolocado la segunda parte. Seguro que habrá muchas cosas que corregir o cambiar y te agradecería mucho que me dijeses alguna de ellas. La literatura es para mi un campo muy nuevo. He escrito miles de crónicas periodísticas e informaciones para prensa, radio y televisión y una gran cantidad de discursos para políticos, pero la Literatura, como te decía es un campo muy nuevo. Saludos cordiales.
GermánLage
Hola, de nuevo, Fiz. Al decir que me había dejado descolocado quería decir que me había encontrado detalles que no sabía a qué venían. Al entrar ahora en tu cuente observo que el relato de hoy es la tercera parte de un conjunto. Déjame leer los anteriores, y tal vez el “descoloque” se desvanezca solo.
Un abrazo, Fiz. Y, cuando te apetezca tomarte unas cañitas en Vila Praia, avisa, y está hecho.
Mabel
Es una historia muy bien escrita. ¡Me encanta! Un abrazo Felix y mi voto desde Andalucía