Día de muertos

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Estábamos en el último año de la carrera de Leyes y el pequeño grupo se había consolidado muy bien. Éramos cuatro jóvenes altivos y dicharacheros, que disfrutábamos de la inconsciencia y la irresponsabilidad juvenil.

El chino Rhi, flaco y correoso, con la seriedad de un karateka núbil; el Cuate García, tremendo jugador de futbol americano, fuerte y ancho de espaldas; el simpático Toribio, siempre con sus oportunas ocurrencias; y yo, el poeta desaliñado pero contento.

Aquella tarde salimos temprano de clase y nos dirigimos, como casi siempre, a tomarnos unas cervezas en el bar de moda. Toribio, perspicaz como de costumbre, nos recordó que era el dos de noviembre, Día de Muertos: la fecha en que los mexicanos se reconcilian con sus difuntos. Como ninguno teníamos muertos cercanos dejamos pasar la mención sin decir nada. Pero al rato, el Cuate García, que siempre fue muy dado a la espiritualidad, lanzó el reto que nos iba a poner a todos en marcha: vamos al panteón, a visitar a los muertos ajenos, dijo, con una sonrisa que quiso ser macabra.

Los cuatro intercambiamos miradas guasonas, y como no teníamos otra cosa que hacer, estimulados por las cervezas, aceptamos la sugerencia del Cuate.

LLegamos al Panteón Municipal cerca de las cinco de la tarde y, como siempre en esta celebración mortuoria, encontramos el lugar hecho una verdadera romería. Aunque predominaban los vendedores de flores, había marchantes de todo tipo: desde los vendedores de la típica comida mexicana, hasta los que vendían ropa y baratijas. Por supuesto que no faltaban los que ofrecían el famoso pan de muerto o las calaveritas de azúcar personalizadas con nombres propios.

Estaban también los conjuntos de mariachis y los tríos de música romántica, dispuestos para acompañar a los deudos a llevar serenata a sus familiares y amigos que descansaban en santa paz en sus correspondientes sepulcros; porque en México este día no es de tristeza, sino de alegría y celebración, donde los vivos comparten su comida, su bebida y sus canciones, con los que ya se fueron.

Muchos aprovechan para contar a sus muertos sus cuitas y algunos hasta se confiesan con ellos o les piden perdón por ofensas, involuntarias o no.

En vista de que no teníamos a quien visitar, recorrimos el panteón deteniéndonos para acompañar a diversos deudos. Empezamos por los más tristes, y con toda sinceridad lloramos con ellos como plañideras, uniéndonos en su dolor para consolarnos después con los tragos de ron o de tequila que en todas partes nos ofrecían. Era increíble sentir como, en aquellos álgidos momentos, todos llorábamos por los muertos, propios o extraños.

Después nos mudamos a los duelos alegres, que, aunque parezca difícil, eran la mayoría. Acoplamos nuestras voces a las de los tríos o mariachis, y en total conjunción con los deudos interpretamos canciones rancheras o románticas, según nos informaba la familia de los gustos del muerto. El Cuate García, que siempre fue muy enamorado, sacaba graves tonadas de su ronco pecho, y hasta llegó a interpretar alguna pieza propia, que con el festejo y el tequila nos resultó muy sentida. La familia en turno quedó tan emocionada que como recompensa nos regaló otra botella de tequila.

Aquel duelo multifamiliar nos pareció extraordinario y todos felicitamos a Toribio por su afortunada ocurrencia. Así que, llorosos pero felices, continuamos un buen rato participando en calidad de deudos invitados, hasta que caímos en cuenta que llegaba la noche y el panteón se iba vaciando de visitantes. Sin embargo, era tanta la emoción compartida, que decidimos quedarnos hasta el final y seguimos acompañando a los pocos deudos que quedaban.

De pronto tomamos conciencia de que estábamos solos. La oscuridad era casi total, salvo por la tenue luz de algunas cuantas veladoras que quedaban encendidas sobre las tumbas. El chino Rhi, a pesar de su estado de ebriedad, fue el primero en darse cuenta y nomás soltó un ¨Ah caray, nos hemos quedado solos¨.

Entonces la ví. Todos la vimos: una figura delgada, de resplandeciente blancura, vestida de azul celeste, que se desplazaba como flotando entre las tumbas, a lo lejos. Toribio y el Chino quedaron paralizados, pero el Cuate García pretendió lanzarse en su persecución. Yo logré detenerlo a tiempo, pero al mirarle a los ojos noté que tenía la mirada perdida. Balbuceaba frases incoherentes, hasta que pude entender lo que decía: ¨La tengo que alcanzar; tiene que ser mía…¨

Toribio y el Chino despertaron de su catalepsia pero cayeron desmayados. Mientras me acercaba a socorrerlos el Cuate emprendió una loca carrera hacia la barda del fondo, donde había surgido la aparición. Entonces la luna, que había permanecido oculta toda la noche, salió de entre un cúmulo de nubes y alumbró el cementerio con su luz plateada.

En compañía del Chino y de Toribio corrimos a buscar al Cuate, que se había perdido entre los sepulcros. Buscamos durante un largo rato pero no logramos encontrarlo. Salimos muy deprimidos, pero por suerte, el Cuate apareció al día siguiente en la Facultad de Leyes tan fresco como si nada hubiera pasado. Nos contó que había andado buscando a la misteriosa aparición, pero que al no encontrarla había salido al rato del panteón.

Nunca supimos realmente que pasó, pero el Cuate se casó a los pocos meses con una hermosa muchacha, muy delgada, de resplandeciente blancura y vestida de azul celeste…

 

Comentarios

  1. Luis

    9 mayo, 2017

    Ay, esas juergas tan universitarias y tan amenas, siempre son de recordar. Buen texto, saludos con mi voto!

  2. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    9 mayo, 2017

    ¡Me encanta la historia, es muy buena! Un abrazo Vicente y mi voto desde Andalucía

  3. Imagen de perfil de Desafinado

    Desafinado

    9 mayo, 2017

    Me ha encantado conocer cómo es el día de los muertos en México. Un trabajo muy ameno y bien escrito. Tienes mi voto desde Alicante.

  4. Esruza

    9 mayo, 2017

    ¡Buen texto y bien descrito! Mi voto y saludos

    Esruza

  5. Imagen de perfil de Beatriz-Alvarez-Tostado

    Beatriz-Alvarez-Tostado

    10 mayo, 2017

    Bravo, VIMON! La manera tan acertada de narrar una experiencia como esa logra que el texto sea interesante y divertido. Mi voto junto con un regio abrazo.

  6. Manger

    11 mayo, 2017

    Entretenido cuento, típicamente mexicano. Y muy bien escrito, amigo Vicente. Un abrazo.

  7. Imagen de perfil de GermánLage

    GermánLage

    11 mayo, 2017

    Vamos, Vimon; a portada, que es donde corresponde estar a un cuento tan imaginativo y narrado con tanta maestría.
    Mi cordial saludo y mi voto.

  8. Imagen de perfil de gonzalez

    gonzalez

    11 mayo, 2017

    Vimon querido, como le dije a Germán, me saco el sombrero frente a vos, sos un fenómeno. Te dejo mi voto y un fuerte abrazo.

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