Dos lágrimas púrpuras

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 (Imagen propiedad de http://soberingthoughts.info/pages/l/lagrimas-de-sangre/)

La recuerdo como si fuera ayer. Entonces éramos muy niños y ni siquiera teníamos idea de lo que significaba la diferencia de sexos, pero sé que nos queríamos profundamente, como nacidos el uno para el otro.

Martina era una niña despierta y ágil, juguetona a más no poder, siempre riendo sus propias gracias y disfrutando de su joven vida de diez años recién cumplidos. Ella vivía en el portal aledaño al mío, y todas las mañanas nos acompañábamos hasta la escuela que se encontraba a pocos pasos de nuestras casas, en la misma plaza donde se ubicaba el gran edificio de viviendas donde residíamos, un pequeño barrio obrero cercano a la fábrica de vidrio y la almazara industrial donde trabajaban nuestros respectivos padres.

Yo le llevaba apenas un año de diferencia, pero tengo que reconocer que su intelecto siempre fue de un nivel por encima del mío; si yo pensaba en comprar alguna chuchería, ella ya se había adelantado corre que te corre hasta el pequeño quiosco verde donde Armando, el viejo Armando, le surtía de sendos chicles que, sin darnos cuenta, casi engullíamos olvidando que eran sólo unos simples masticables; o si se me antojaba jugar con ella al piedra-papel-tijera camino al colegio, ella ya estaba escondiendo su mano derecha segundos antes de yo proponerle tan absurdo juego infantil… A veces me daba miedo, tenía la sensación de que leía mis pensamientos y que se reía de mí haciendo conmigo prácticas gratuitas de ese don tan especial del que yo carecía. Siempre se me adelantaba en todo, y ello –tengo que reconocerlo- me llevó a sentirme un poco acomplejado. Pero sé que todo lo hacía para hacerme feliz.

Martina no era una niña tan guapa como para que, con el transcurrir de los años, pudiera haber despertado varoniles pasiones; pero recuerdo que sus redondeados pómulos y sus grandes ojos le harían ser una mujercita muy “especial”. Sus miradas tiernas y escrutadoras proyectaban en mí unos profundos sentimientos de dependencia, amor y dejación de mí mismo; su influencia llegó a hacerse tan grande que llegué a pensar que jamás podría hacer algo en la vida lejos de aquella graciosa e inteligente personita de pelo liso y falda plisada, siempre oliendo a chicle, caramelo y tiza.

Martina no tenía amigas; sus juegos eran los míos, y míos los suyos, y recuerdo cuando todos nos miraban como si fuéramos marcianos mientras se decían unos a otros, tapándose la boca y en voz baja, “… son novietes, son novietes…”, y después se reían como se suelen reír las chiquilladas que desconocen el concepto y creen haber descubierto un misterioso secreto inescrutable.

Martina un día desapareció…

Fueron momentos de grave angustia para sus padres. No supieron nunca lo que podía haberle ocurrido. Aún no había cumplido los once años y una tarde de pleno invierno se la echó de menos. Los chiquillos decían en sus ruidosos corrillos que se la había llevado el “Hombre de la Manteca”, pero yo sabía que eso era una burda leyenda inventada por los adultos para meter miedo a los menores cuando se empeñaban en que hiciéramos algo.

Fueron tiempos muy duros.

Claro que intervino la policía… Y, después de meses de investigación, llegaron a la conclusión de que Armando, el viejo Armando del puesto de chucherías, era el principal sospechoso de la desaparición de la pequeña Martina, y todo porque el muy desgraciado tenía unos pequeños antecedentes por antiguos hurtos y, además, padecía una esquizofrenia paranoide. Fue apresado y condenado sin pruebas a treinta años de presidio en el psiquiátrico carcelario, y creo que el pobre allí falleció al cabo de dos años de condena gritando entre sollozos inconsolables que era inocente.

Al cabo de todo este tiempo, lustros después, he sentido todos los días la ausencia de la graciosa e inteligente Martina; la he echado mucho de menos y desde entonces he llorado amargamente sólo con la frustrada idea de haberla podido ver desarrollada como mujer, a mi lado, como siempre estuvo…

Martina, mi pobre Martina…

Ahora, en este rincón, la veo sentarse a mi lado y observarme con aquellos dulces ojos que siempre me ofrecieron amor y sosiego. Me dice en silencio, lo leo en sus labios, que no me preocupe, que ella se encargará de llevarme de la mano cuando llegue el momento…

Lo siento…. Lo siento mucho; a Dios le pido que por fin me perdone, y a ella que me acoja a su lado sin rencor, que me permita acompañarla y hagamos juntos el camino azul…

Me cegué, no me quedó otro remedio, tenéis que entenderlo… Fue horrible, pero se había apoderado de mi voluntad, tenía que librarme de aquella absorbente influencia que me ahogaba, que me anulaba. Cumplí por desgracia mi plan, la llevé con engaños a la almazara cercana y la empujé sin esfuerzo para hacerla caer bajo la molturadora; la enorme carga de aceitunas cayó sobre ella, fue triturada y hecha pulpa, mezclándose sus esencias de ángel con un jugo púrpura y el olor del orujo reciente. Aquel color se fue poco a poco disipando para perderse al fin entre un óleo áureo y viscoso. Ni un solo grito salió de su boca, ni vi en sus ojos el menor reproche mientras caía y una sonrisa pintaba en su boca…

A lo largo de todo este tiempo, Martina me ha estado acompañando en mi celda, y siempre me ha venido diciendo que sabía que la mataría y cuándo lo haría; me ha dicho cientos de veces que se dejó empujar sin oponer resistencia con tal de hacerme feliz…

Ya viene el carcelero… Es mi turno de castigo… Satán reclama mi alma para seguir torturándola. Martina me mira y –como siempre, desde hace mil lustros que Dios me encerrara- deja escapar otra vez por sus ojos dos lágrimas púrpuras.

Comentarios

  1. Esteff

    2 mayo, 2017

    Me ha encantado.
    Adoro cuando se tiene el don de la sorpresa. De descuadrar. Hay pocas personas que tienen ese don, puesto que cuando empiezo a leer algo soy de las que se aventura en hacer pesquisas, y no es que me disguste acertarlas, pero me gusta más cuando me descuadran.
    El estilo magnífico, ya lo sabes qué te voy a decir yo, fluidez, manteniendo el interés, que es lo esencial.
    Me gustó mucho; abrazo y voto.

  2. Imagen de perfil de GermánLage

    GermánLage

    2 mayo, 2017

    Tremendo cuento, tocayo, en todos los sentidos de la palabra. El final me ha dejado, como diría Esteff, un tanto descolocado aunque, ahora que ya te voy conociendo, no del todo.
    Mi felicitación, mi cordial saludo y mi voto, todo en uno.

  3. csquerea

    2 mayo, 2017

    Duro como una patada en los huevos. ¿Quién no ha hecho daño a lo que más quería? Mi sollozante voto.

  4. Imagen de perfil de Charlotte

    Charlotte

    2 mayo, 2017

    Impresiona el contraste entre la inocencia de la amistad infantil y la brutalidad del crimen. Como dice Esteff, nos descuadras, nos descolocas, dejándonos sin aliento. Hay que volver atrás y leer de nuevo para recobrar la perspectiva. Magnifico, querido German. Un fuerte abrazo y mis felicitaciones

  5. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    2 mayo, 2017

    Muy bueno. Un abrazo Germán y mi voto desde Andalucía

  6. Imagen de perfil de Patry

    Patry

    2 mayo, 2017

    Como han dicho, he tenido que volver atrás y leerlo de nuevo. Magnífico, no tengo más palabras. Me ha gustado desde el primer momento, desde la primera frase.

    Primero, me ha emocionado el profundo amor que le tenía, la ternura y el cariño visto desde los ojos de un niño. Después, en un giro que no me esperaba para nada, me ha quedado sobrecogida. Angustioso y triste relato, que has sabido llevar a la perfección con un juego de palabras excelentes. Este es uno de los relatos que me gustan, de los que hacen sentir.

    Mi voto y mi saludo.

  7. Esruza

    3 mayo, 2017

    Que buena narración, aunque terrible final, sorpresivo. Increíble manera de relatar
    algo tan trágico. Se mete uno en el relato desde el principio sin esperar ese final.

    ¡Felicidades! y diez votos estimado Manger.

    Esruza

  8. Manger

    4 mayo, 2017

    Esteff, Germán, Csquerea, Ana, Mabel, Pastry y Esruza, muy agradecido por vuestros inmerecidos comentarios que los considero como un valioso apoyo para seguir aprendiendo. Os mando un fuerte abrazo.

    Muchas gracias también a Agaes y Carmen por vuestro apoyo silencioso. Un abrazo.

  9. Manger

    7 mayo, 2017

    Gracias igualmente a Jgulbert y a Estelarz39 por vuestro tiempo en la lectura. Mis saludos cordiales.

  10. Manger

    8 mayo, 2017

    Mando también mi agradecimiento a Walteralannief por pasarte a leer y apoyar el texto.

  11. Manger

    9 mayo, 2017

    Mando también mi agradecimiento a Júpiter por pasarte a leer y apoyar el texto. Nos seguimos.

  12. Manger

    15 mayo, 2017

    Muchas gracias, amigo Samat, por pasarte a leer.

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