Sinceramente pienso que, dentro de un tiempo, cuando recoja cada pedacito de mi roto corazón, te llamaré y te esperaré nerviosa sentada frente a una taza de algo caliente.
Me pondré guapa, pues querré que me veas tan bien como espero estar. Esperaré tu sonrisa y tu abrazo de bienvenida “ha pasado mucho tiempo” diremos.
Pienso que te miraré a los ojos con cariño y con todos mis recuerdos cristalinos visibles en ellos.
Querré que me cuentes que te va bien y qué me has extrañado. Querré que nos repasemos de arriba abajo con la mirada y sintamos la piel erizarse, recordando el deseo, la intimidad, el que una vez estuvimos el uno en brazos del otro.
Querré verte feliz, te querré cerca, te querré cómodo conmigo, como si el tiempo no hubiese pasado y no quedase ni una sola herida abierta.
Y querré verme riendo, hablando de todo y nada, y querré caminar contigo, uno junto al otro como solíamos hacer. Querré contarte mis últimos sueños y mis planes disparatados. Y querré sincerarme contigo y confesarte que, si no hubiese parado lo nuestro, esos planes disparatados míos se habrían quedado adormecidos por detrás de todo lo que suponía estar contigo y que, siendo sincera, quizás en el futuro eso habría hecho que me odiase a mí misma. Algo que considero inaceptable.
Querré contarte que voy a empezar una nueva aventura y que te llevaré en mi corazón siempre, allá donde vaya. Y esperaré que me sonrías y me digas “estás loca…pero te deseo lo mejor”. Y quizás te vea marchar, tu larga figura y tu ancha espalda moviéndose lentamente. Y pensaré que fui muy afortunada de amarte, que conseguiste que mi corazón se calentase por primera vez en mi vida. Y querré que te alejes con la misma sensación agridulce con la que yo me alejaré en la dirección opuesta, pero pensándome con cariño.
Y me confesaré a mí misma que fuiste el suelo que necesitaba pisar cuando te conocí, que por un tiempo deseé ser una roca y que me fijasen a tu lado, y nunca marchar. Luego recordaré que no se puede fijar al aire, pero que a veces se serena, se calma entre montañas y mece a los árboles con ternura, pero que termina marchando. Que es volátil y danza de un lado a otro.
Pensaré que quizás la clave esté en sincerarnos y aceptar lo que somos y lo que no. Y en caminar nuestro propio sendero, aunque sean completamente opuestos.
Y quiero ahora mismo, desde la calma de mi casa mientras escribo estas líneas y el sol de finales de mayo acaricia mis piernas desnudas, que todo esto acontezca en un futuro cercano.
Cuentos los días para volver a verte y que no haya dolor, espero el momento exacto para cambiar el rumbo y espero que estés ahí… todo tú, tu larga figura, tu mirada sincera, la quietud que te acompaña y tu reconfortante presencia. Todo tú… para desearme buen viaje.




Mabel
¡Excelente! Un abrazo Noelia y mi voto desde Andalucía
GermánLage
Buen relato, Mingus; un tema cargado de añoranza y racionalida, y bien escrito.
Mi cordial saludo y mi voto.