La llamada telefónica.
En aquellos tiempos dormía hasta el mediodía, pero aquel día de Navidad me despertó mi madre mucho antes:” alguien llama por teléfono en francés, ponte a ver lo que quiere”. Me levanté de la cama y a toda prisa cogí el auricular del teléfono. Aló dije, me respondieron: “Monsieur Villa-Peré est décédé”. Así que había muerto el tío Pepe.
El tío Pepe.
Era un tío de mi padre que vivía en Tarbes desde hacía un montón de tiempo. Todos los años iba con mi padre a verlo a Francia, veíamos cómo estaba en su residencia, charrábamos un rato e íbamos a comer, normalmente a un restaurante de un italiano un amigo suyo -que no un restaurante italiano-. El tío Pepe se empeñaba en darme algún billete de 100 ó 200 francos, cosa que me venía muy bien ya que los ahorraba, cual hormiguita, para sufragar mis escasos vicios. Creo que a mi padre le daba billetes de 500 francos, los de la cara de Descartes (creo) lo que explicaría el fajo de billetes que guardaba en un cajón cerrado con llave en la mesa que había en el baño. Por cierto, no sé para que era ese dinero, yo fantaseaba que era para salir del país, si las cosas se torcían, y rehacer una nueva vida en Francia; no debe ser una idea descabellada pues oí abrir ese cajón a mi padre el día del golpe de estado de Tejero.
La fuga a Francia.
El tío Pepe vivía en Tarbes hacía un montón de años. Yo pensaba que acabó allí o bien por causa de la última guerra civil española o porque se fue allí a trabajar, como habían hecho tantos otros. Pero un día descubrí hablando con mis padres en 2007, comiendo después de salir del hospital de Barbastro, que fue a Francia huyendo después de clavarle un cuchillo a uno de sus hermanos. Por lo que me contaron, sus dos hermanos andaban siempre pugnando por la dirección de la Torre -una explotación ganadera y agrícola que compró la familia de mi abuela Joaquina en Algallón con el dinero de la expropiación de sus tierras en Plan cuando hicieron la presa de Plandescún-. En una de esas discusiones el tío Pepe perdió los nervios y le clavó un cuchillo a uno de sus hermanos. Asustado, sin duda pensando que lo había matado, huyó a Francia de donde soóo volvería una vez, durante un par de semanas a mi casa, siendo yo ya joven. Su familia ya nunca más le habló, sólo mi padre le visitaba una vez al año, le llamaba por teléfono todos los meses y le mandaba postales de Navidad.
La Morgue.
Volviendo a la historia, el día 3 de enero fuimos a Tarbes mis padres y yo a enterrar a el tío Pepe. Primero fuimos a hablar con la asistente social, que era con quien había hablado por teléfono. Nos hizo rellenar un breve cuestionario, sobre nuestra relación con él, sobre sus bienes y cuentas bancarias, qué queríamos que se hiciese con sus bienes y cómo queríamos que se le enterrase. Dijimos que no conocíamos más bienes del muerto, que podían hacer lo que quisiesen con ellos y que queríamos un funeral religioso y que lo enterrasen en el cementerio local. Nosotros pagaríamos lo que fuese necesario. Ella nos llevó a la morgue para reconocer el cadáver. Mi padre prefirió no ver el cuerpo de su tío muerto y se quedó sentado, con cara de perdido, esperando. Así que entramos mi madre y yo, entramos en una sala donde estaban almacenados y refrigerados los muertos en unos cajones de un gran armario (como los que se pueden ver que guardan los cadáveres en las películas). Un señor tiró de uno de los cajones que se abrió deslizándose suavemente y mostrándonos al tío Pepe muerto, gris y con una etiqueta atada al dedo gordo de uno de sus pies. Dije que reconocíamos al cuerpo del señor José Villa Peré y volvimos con mi padre.
El entierro.
Juntos fuimos a la iglesia que correspondía a la residencia en la que vivió el tío Pepe. Allí se celebró el funeral. Mis padres, el cura y yo éramos los únicos en la vacía y fría iglesia hasta que llegó un hombre que se dirigió a mí diciéndome: “Je suis un camarade de la residance”. El hombre me lo dijo en voz tan baja que por un momento entendí de la resistance en lugar de residance y por un momento imaginé un pasado heroico de partisano para el pobre tío. Cuando el cura acabó el viejo desapareció y nosotros tres y el cura nos fuimos al cementerio, no al de Tarbes sino al que correspondía al barrio. La imagen que pintábamos en el desangelado cementerio en un día de niebla todavía se me aparece en sueños y en los algunos momentos de melancolía durante la vigilia. Mi padre le dio unos francos al cura y me hizo decirle que se quedara con cualquier cosa que hubiese dejado el tío Pepe y se lo diese a los pobres de la parroquia.
La vuelta a España.
El cura se piró y nosotros nos fuimos a comer algo antes de salir para España. No era muy tarde, no estábamos muy lejos de casa pero en esas fechas la noche se echa encima rápidamente, la carretera era mala y estaría llena de coches que volvían a casa después de un día de esquí en Saint Lary Soulan. Así fue: por la carretera estrecha nos cruzamos con una larguísima serpiente de luz de los faros de los coches que iban en dirección contraria. Agotados llegamos a casa.
¿Qué queda?
La familia del muerto nunca nos dijo nada de él. El hombre sólo dejó un recuerdo cariñoso en su hermana, mi abuela: Joaquina, y en mi padre. Lo recuerda también mi madre, a veces hablamos de él, del tiempo que pasó en mi pueblo, de los viajes de mi padre y de su funeral. Hoy tanto mi abuela como mi padre están muertos, sólo vive en el recuerdo de mi madre y el mío. Da para pensar.
-x-
Olmos muertos en primavera
Sentado en el yermo en primavera, mirando la peña Llerga, las nubes de tormenta pasar y los árboles que hay detrás de la casa donde nací estaba solo esperando nada. Los olmos se han secado y sólo sirven de soporte a la hiedra que trepa por los troncos muertos y las ramas secas. La hiedra se convierte en árbol poniendo el verde a la estructura prestada de algo ya muerto. Entonces pensé si yo serviré de algo a alguien después de muerto. Creo que no, como mucho para que durante un tiempo alguien cuente una anécdota de alguna de mis ocurrencias, poco más. Incluso dudo que alguien suelte una lagrimita porque yo me haya ido. Supongo que soy siendo injusto, para variar.
FIN – Nota del autor
Voy a hacer al revés que los osos, que pasan el invierno dormidos en sus cuevas. Yo voy a desaparecer durante el calor, no por gusto. A partir de las fechas en que la temperatura sube de 25 grados centígrados mi cerebro no funciona muy bien y tengo que dejar sólo las actividades imprescindibles. Por eso voy a desaparecer como escritor hasta que acaben los calores. Espero volver a escribir en octubre, si el verano no se convierte en un verano eterno.





alice
Me gusta el aire de melancolía y el tema de recordar a nuestros antepasados y lo poco que sabemos de ellos. Y el miedo de que nadie nos recuerde, sobre lo que pienso a veces también. Algo largo para ser micro, más bien es un cuento.
Siento mucho que no vuelvas a escribir, csquerea, echaré de menos tus textos.
A mí tampoco me gusta el calor. Que te sea leve.
Un abrazo y mi voto
Mabel
Una historia maravillosa. Un abrazo y mi voto desde Andalucía y espero que regreses pronto.
GermánLage
Me ha encantado este relato, Csquerea, por la naturalidad de la narración, por ese trasfondo de añoranza y melancolía y, sobre todo por esa preocupación existencial con que concluye: al final ¿qué quedará de nosotros?
Volveremos a vernos, pues, en Octubre. Mientras tanto, mi cordial saludo y mi voto.
A disfrutar del verano.
Esruza
Un relato muy triste y muy bueno. Siempre es preocupante pensar quién se encargará de darnos cristiana sepultura y recordarnos. Al menos es lo que pienso.
Qué pena que regreses hasta octubre, es mucho tiempo de espera para leer tus relatos tan buenos como éste.
Saludos y mi voto. Por lo que me dijo Manger, siento mucho que a tí tampoco te hayan llegado mis votos.
Espero que ahora sí.
Buen descanso y saludos
Esruza
enriccarles
Hola Csquerea, como casi-nuevo integrante del troupe, no he leído mucho de ti, me ha agradado tu relato breve y se nota esat letanía propia de la reflexión agibiante detrás de una muerte, esa pesadez que queda impregnada en el personaje. El relato en primera persona ayuda que sea más palpable la nostalgia. El final es abierto como pra que el lector no tenga todo resuelto y el ambiente se transmite hasta el final, incluso la nota del autor. Un tono de despedida constante. Solo me molesta en la lectura el descuido de la redundancia de términos, que podrías mejorar con solo usar sinónimos. Perdona mi atrevimiento al criticar pero que soy así de tiquismiquis. También en una palabra (“solo”) deberías corregirla porque has puesto “soóo volvería…”
Por lo demás está bien estructurados los párrafos y las metáforas como la de los áboles secos. Un abrazo.
LARRY
Natural como la vida misma. Mi voto. Un saludo.
Manger
La descripción del paso de la vida. Hasta octubre, pues, amigo escritor. Mis saludos cordiales.
Ninfasu
Me ha gustado, en el fondo no somos nada y a la larga ni tan siquiera un recuerdo.
Buen verano y hasta pronto. Un saludo.