La protagonista

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Nunca esperas que te toque a ti.

Pero tu número está en el bombo, como el de cualquiera. Y un día sale. En mi caso en forma de un bultito en el pecho, pequeño como un garbanzo, pero con capacidad para cambiar la vida.

Era un día de primeros de abril y ni siquiera fue preciso tocarlo, pues recién duchada, ante el espejo, vi una sombra diminuta que nunca había notado ahí. Incredulidad, negación, no será nada.

Pero en urgencias me derivan a la Unidad de Diagnóstico Rápido, y eso hace que empiece a escamarme. El doctor no me tacha de exagerada, y aunque reconoce que a lo mejor no tiene importancia pide que me hagan una mamografía y una ecografía con biopsia.

Ya es bastante desagradable la mamografía, pues convierten esa parte de mi anatomía que me gusta realzar y modelar con sujetadores sexis y push-up, en un sándwich doloroso mientras sonrío hipócritamente diciendo que no molesta mucho.

Pero la biopsia es peor. Yo, que soy patológicamente curiosa, ya había investigado y sabía que podía hacerse de varias maneras. Confiaba en que a mí me tocase un pinchacito con una aguja similar a las de las inyecciones, pero no, el doctor me dijo que me anestesiaría localmente pues tenía que hacerme un cortecito con bisturí para introducir por él la aguja. Bueno, lo llaman biopsia con aguja gruesa, y desde luego no sé si es aguja, pero doy fe de que es gruesa. La anestesia es cierto que es local, pero también superficial. No noto como entra la aguja por la piel, pero luego si que siento como la mueven para colocarla dentro del tumor. Y cuando están satisfechos, con un mecanismo parecido al de un sacabocados cortan un trocito en forma de fideo. Y lo repiten cuatro veces.

Y cuando creo que se ha terminado, el doctor, que por cierto era un encanto, atento y amable, empieza a pasarme la sonda del ecógrafo por la axila, dice que hay un ganglio que no le gusta y que también lo va a biopsiar. Ahí fue cuando saltaron todas mis alarmas. Desde ese momento no me cupo ninguna duda de que el maldito bulto era maligno. Como es natural me sometí resignada a la extracción de otros dos fideos de mi anatomía, incluso bromeé con el doctor y la enfermera respecto a lo agradable que resultaba la prueba, pero por dentro estaba digiriendo la noticia y pensando en las implicaciones que tendría para mi vida futura.

En estas situaciones lo peor es la incertidumbre. Al menos para mí. Es un vaivén de cábalas y emociones y ninguna agradable. Lo primero es el fantasma de la muerte. Algo, que aunque es una de las pocas certezas de la vida, parece que nunca está uno preparado para afrontar. Siempre es demasiado pronto, quedan muchas cosas por hacer, muchos cabos que atar. Pero peor que la muerte es el dolor. No solo físico, sino psicológico. El miedo a la dependencia, a la indignidad, a la pérdida de la integridad corporal. Ser testigo y causa del sufrimiento de la gente a la que quieres, sin poder evitar el sentir una cierta culpabilidad.

Y rabia por la injusticia de que me haya tocado a mí.

Y una fantasía inútil de que todo esto es mentira, un mal sueño, que voy a despertar y no ha pasado nada, todo sigue como siempre, no hay ningún bulto ni nada que se le parezca.

Pero sin querer, llevo la mano al pecho y noto los apósitos que han puesto tras la biopsia, y el dolorcillo que va despertando al pasar el efecto de la anestesia.

Y una parte un poco perversa de mi personalidad siente una tremenda curiosidad, desea vivir esto como una experiencia nueva, saber de primera mano lo que se siente con la quimio, con la radio, entrar en un quirófano…tantas veces leído y visto en películas.

Pues ahora yo voy a ser la protagonista.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    13 mayo, 2017

    ¡Me encanta! Un abrazo Marisol y mi voto desde Andalucía.

  2. Imagen de perfil de Sol

    Sol

    13 mayo, 2017

    Gracias, Mabel y Albatros, por leer y comentar. Un saludo y buen fin de semana a los dos.

  3. Imagen de perfil de GermánLage

    GermánLage

    14 mayo, 2017

    Una persona muy allegada a mí está pasando aún por esas; por eso te entiendo perfectamente. Y lo peor es que no se acaba con la quimio ni la radio, sino que perdura en los efectos secundarios de los medicamentos preventivos que siguen y en el permanente temor a que se reproduzca. Un protagonismo para toda la vida.
    Mi cordial saludo y mi voto.

    • Imagen de perfil de Sol

      Sol

      14 mayo, 2017

      Si, Germán, esta película tiene innumerables “remakes”. Y aunque actualmente un porcentaje muy grande de mujeres logran supervivencias de muchos años, la verdad es que el tratamiento actual, en cuanto a barbarismo, no está muy lejos del de cauterizar heridas con un hierro al rojo.
      Las acuchillan, envenenan y achicharran (cirugía, quimioterapia, radioterapia), eso sí, todo muy medido para que sobrevivan y con la confianza de que las células cancerosas no superarán estas agresiones. Y por si alguna se ha escapado, las someten a una polimedicación con múltiples efectos secundarios, durante muchos años.
      Y siempre rezando para que la película no tenga una secuela: “Mi lucha con las metástasis”
      Un saludo, y como siempre, agradecida por tomarte el tiempo de leer y comentar.

  4. Imagen de perfil de Sol

    Sol

    22 mayo, 2017

    Maria Florencia, Michel, gracias a los dos por leer y comentar. Me alegro de que os haya gustado. Un saludo

  5. Imagen de perfil de Claudio_3

    Claudio_3

    23 mayo, 2017

    Un tema del que no he leído mucho por aquí. Me gustó como lo trataste. La primera frase me atrapó a tu relato: “Nunca esperas que te toque a ti”. Saludos y te dejo mi voto.

    • Imagen de perfil de Sol

      Sol

      23 mayo, 2017

      Muchas gracias, Claudio, Por leer y comentar.
      Un saludo

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