Con buscada parsimonia asió la maleta y, después de tomarse un breve momento para recordar los pocos detalles de la estrecha celda, firmó el consentimiento cediendo su mirada a la insistente mirada de su proponente.
El contrato era muy claro: sumar o restarse tras el contrapeso. Y si no, el olvido.
El educado anfitrión, consciente de su guerra interior, le guiñó uno de sus ojos en señal de comprensión y abrió la puerta de par en par, franqueándole el paso.
Esperó unos segundos tras él para seguirle muy pegado a su espalda, tan de cerca que así pareciera en aquella estampa cuasi temporal una enorme joroba recién surgida del saco de huesos del viejo Simón.
Le había prometido que el viaje sería tan largo como pleno de penosas sensaciones; y, al mismo tiempo, tan corto como el mudo suspiro de un gorrión.
Le había asegurado que en su compañía le hablaría de conocimientos y reminiscencias de vidas ajenas, mezcladas sabiamente para poder compararlas en el transcurrir del tiempo pasado.
Le había dicho que podría trocar con sus manos las venturas y desventuras de un mañana futuro -aunque ya imposible-, con pena, pero sin dolor… Y que al final del trayecto que cierra el Camino de los Viajeros quizá le esperaba el lugar donde el descanso colmaría para siempre el brutal esfuerzo por drenar ese pasado que había dejado de formar parte en su esencia…
Para ser uno más.
… O quizás un restando, por ser uno menos en el caldo universal de la Suprema Aritmética.
Y así anduvo el camino durante siglos y siglos el viejo Simón, advertido, sin engaños, arrastrando penosamente su cruz, de acuerdo con lo prometido y lo bien ganado…
Al llegar al final del viaje, asido de la paz de su mano, se dejó desvestir del blanco sudario y –a su orden- abrió el bastimento que le acompañaba, vació sus pecados en la boca del yacente íncubo y un rubio querubín pesó en la Romana del Bien el resto del bagaje de su extinta vida.
─Está bien pesado… Una diezmilésima parte de un gramo es lo que pesa su Amor, mi Señor… -clamó el aprendiz…
─… Que suma también, cierto es, aunque ínfimo… –susurró el ángel.
─… Mmmm… No sé, no sé –dudaba-… Penó sus pecados, no es suficiente, pero veremos qué dice de él La Unidad… -sentenció.
─Muchos pocos hacen un mucho… Hágase, pues… Dadle su entrada al sumando… -se oyó con estruendo La Voz.
Un único beso te compró el milagro. ¡Te salvó la Aritmética en el último asalto!
Setenta y siete años en Tierra y una eternidad para explorar las estrellas, un grandioso premio por tan poco precio, sí señor…
¡Qué suerte tuviste de gozar de un nieto que –por una vez- te arrancó el pellejo, viejo cabrón pecador!





Charlotte
Ay, Germán. Cómo me ha gustado. Creí que se trataba de un relato de ciencia ficción y me ha sorprendido el final y la moraleja que encierra. Un abrazo y mis felicitaciones
Manger
Muchas gracias por tu amable comentario, Ana. Te mando un fuerte abrazo.
Desafinado
No mes has sorprendido, Germán, porque sé que eres muy bueno y no se puede esperar otra cosa de ti. Exquisita narración que conmueve al final.
Manger
Muy agradecido por tu visita, amigo escritor, pero me parece muy exagerado cómo me calificas. Te mando un abrazo.
Mabel
¡Impresionante! Un abrazo Germán y mi voto desde Andalucía
Manger
Gracias, Mabel, por tu tiempo. Un abrazo.
GermánLage
Pues, no lo entiendo, tocayo. El contrato estará muy claro, pero, eso de “sumar o restarse tras el contrapeso” no lo entiendo. Ahora bien, como mi no entender lo atribuyo solo a mi poca capacidad, el voto te lo doy igual, porque el relato está muy bien escrito; y el abrazo también.
Manger
¿Poca capacidad tú, Don Germán…? ¡Modesto!
Me apresuro a contestarte a ti antes que al resto de nuestros amigos porque no me resisto a pedirte mil disculpas por no haber sabido comunicar correctamente el sentido de esas operaciones aritméticas, y especialmente lo del contrapeso. Ya veo que te he despistado, aún sin quererlo. Cuando un texto no consigue comunicar con el lector, nunca será un buen texto, por muy bien escrito que pueda estar; tan sólo sería eso: un texto muy bien escrito pero que en el fondo nada dice. Mi padre me solìa decir: “no escribas por escribir, escribe para explicarte, y explícate bien aunque escribas mal…” Hoy le he fallado.
Por eso me hubiera gustado recibir tu sana crítica, tal y como lo haces, pero no acompañada de ese valioso apoyo que gratuitamente me otorgas sin merecerlo.
Lo de sumarse o restarse al final del camino viene en razón a merecerse entrar o no entrar en esa Aritmética del perdón que pretendo pintar -sin haberlo conseguido, ya veo-, y lucubrar sobre el hecho de que una simple diezmilésima de un gramo de amor sirva de contrapeso al montón de toneladas de pecados que podamos haber cometido, logrando con ello el equilibrio frente a toda maldad, pese a tan grave diferencia. Ese era el simple sentido de esa frase en el contrato, pero ya veo que no he conseguido que se entendiera.
Prometo fustigar y corrregir mi redacción en el futuro para comunicarme mejor, mi querido amigo. No me siento merecedor de ese voto, renuncio a él; pero eso sí… no a tu abrazo de amigo, ese ya me le apropiado y no lo suelto.
Muchas gracias por tu análisis, y especialmente por tu sana amistad de escritor, querido tocayo.
Sol
Pues a mi me ha gustado. Tal vez tenga razón Germán y la frasecita de marras no se ntienda en el primer momento, pero según avanza el relato va cobrando significado.
De todas formas, me encanta que alguien ponga peros, pues eso puede hacer que mejoremos y sobre todo que conectemos mejor con el lector, sabiendo si hemos llegado a él.
No voy a negar, que me encanta que voten un escrito mío, pero de verdad, miro antes los comentarios que los votos. Un simple “me gusta” hincha el ego, pero si está razonado es mucho más valioso. Y si se detecta algún problema, creo que es muy conveniente decirlo, a sabiendas de que es una opinión subjetiva, pero que puede ayudar al compañero.
Un saludo a los dos Germanes.
Manger
Hola, Sol. Creo que hasta ahora no he leído nada tuyo, así que miraré tu rincón en cuanto pueda.
Respecto al comentario, creo que es muy acertado lo que dices: la “frase de marras” da sensación de oscuridad, pero era un elemento necesario para ir descubriéndolo a medida del avance en la lectura, como muy bien has expuesto.
Estoy totalmente de acuerdo contigo en que es más práctico al autor del texto el contenido del comentario que el voto mismo, siempre que sea constructivo, claro está; un voto sin comentario tan sólo lo justifico cuando un texto nos ha gustado y tenemos el tiempo muy tasado para seguir leyendo a otros autores, con la intención de apoyarlo y poder subirlo a Portada, donde más tarde podría comentarlo con más tiempo. Pero no siempre acierto, esa es la verdad, porque Falsaria tiene un ritmo infernal de publicaciones y son muchos los amigos escritores que esperan ser leídos.
Te agradezco mucho tu visita, amiga escritora, y quedo autoinvitado para tomarme pronto una copa de tu cosecha. Un abrazo.
Manger
Mando un fuerte abrazo también, junto con mi agradecimiento, a Ninfasu, JGulbert y Ada por vuestro apoyo silencioso.
LARRY
Tienes una prosa magnifica y es un gusto leerte. Mi voto. Un saludo.
Manger
Muchas gracias por tu amabilidad, estimado amigo; yo te estoy leyendo asiduamente y también me complace mucho tu forma de escribir. Un fuerte abrazo.
Manger
Mando un fuerte abrazo también, junto con mi agradecimiento, a Magali por tu apoyo silencioso.
Carmen de María
Increíble Manger, me ha encantado. Saludos
Manger
Muy agradecido por tu visita y por tu tiempo, amiga Carmen. Te mando un cordial saludo.
Manger
Mando un fuerte abrazo también, junto con mi agradecimiento, a Agaes por tu apoyo.
Manger
Agradecido también a Joaquín Esteban por pasarte a leer y apoyar el texto. Mis saludos cordiales.